SAN TRICHET

Trichet
Que el banco central no subiera los tipos ayer es una mala noticia. Puede que la crisis financiera global no sea tan
leve como se ha asegurado hasta ahora
. Además, hoy mismo Trichet
ha tenido que subastar recursos debido a que el Eonia se acercó inusualmente al
4,5%, cuando lo normal es que sobrepase apenas unas centésimas el precio del
dinero. La desconfianza interbancaria y la poca disposición a los préstamos
entre entidades están obligando al BCE a inyectar liquidez continuamente en el
sistema. Es un secreto a voces que muchos bancos tienen problemas con la
liquidez diaria, lo que pone en riesgo el sistema financiero.

Sin embargo lo de ayer es un retraso en la subida de tipos y no una ruptura
con la línea que mantiene en los últimos tiempos. Trichet se ha escudado tras
la incertidumbre. Ha remarcado que hay que estudiar la situación actual antes
que precipitarse con otra subida. Al francés le han temblado las piernas. Pocas
veces un banco central se desdice de una estrategia explicada previamente. Cuando
incurre en algún paso en falso o en una contradicción pierde credibilidad y
genera incertidumbre. Trichet sabe que las presiones inflacionistas siguen ahí. El BCE ha
considerado, de momento, que es prioritario dar un respiro a los mercados y a
los bancos que vigilar la inflación. Pero esto no puede seguir así
indefinidamente, la inflación es muy negativa para una economía y puede
provocar desajustes insalvables a largo plazo. Trichet ha pensado que si mantenía su dinámica de escalada de tipos y la
situación financiera se complica en los próximos meses, se le acusaría de
participe necesario, mientras que, aplazando esa subida, gana tiempo para
detectar el alcance de la crisis. Trichet tenía seis motivos para
hacer lo que ha hecho:

  1. El alcance real de la crisis hipotecaria y crediticia aun no se conoce por lo que la situación requiere prudencia
  2. Mantener los tipos aporta una notable dosis de moral a los agentes económicos y financieros que ya habían descontado una subida de tipos, por lo que en términos de mercado se ha producido un descenso que inyecta confianza
  3. El BCE demuestra una capacidad de respuesta ante los problemas que hasta la fecha no había sabido escenificar.
  4. Dentro de una semana se conocerán las nuevas revisiones de crecimiento económico de la zona euro y de cada país en particular. Serán datos negativos que establecerán un descenso en esos números con respecto a previsiones anteriores. Un aumento de los tipos hubiera frenado el consumo inmediato y, por derivación, estrechar aun más el callejón por el que ha de pasar ese crecimiento.
  5. Aumentar la apreciación del euro con un aumento de los tipos hubiera puesto en graves aprietos a los sectores exportadores que se las ven y se las desean para competir internacionalmente desde hace unos meses. Además la Reserva Federal piensa reducir los tipos norteamericanos el próximo 18 de septiembre.
  6. La temida inflación de momento se mantiene por debajo del 2% legal. Aunque el peligro es latente, se hace difícil justificar la subida de tipos con un incremento del ipc europeo de un 1,8%.

El Bundesbank no habría variado su
criterio por aspectos que le son ajenos a sus funciones. Recordemos que los
bancos centrales, ahora integrados en el europeo únicamente deben procurar un
control efectivo de la inflación y abstraerse del resto de asuntos que dependen
de decisiones políticas y de gestión pública.

Lo curioso del tema es que a los
hipotecados, a los que dependen de un baremo matemático y decimal, les interesa
que la crisis norteamericana se alargue unos meses más. Lo cínico es que
mientras en el ambiente flote un airecillo tibio de crisis financiera
planetaria, el BCE no podrá acreditar ningún aumento de tipos. Ahora bien, si
esa crisis se alarga y es excesivamente severa, ni San Trichet nos podrá
salvar.

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