SOCIALISMO LIBERAL

El PSOE de Catalunya, conocido vulgarmente como PSC, tiene un nuevo ideólogo. El heredero de Carlo Roselli se llama José Zaragoza. Un hombre sombrío que aparenta escasa formación y que conduce el engranaje interno del aparato socialista, ahora se erige como ideólogo. Desde la calle Nicaragua, éste profesional de la manipulación orgánica, se atreve con la ciencia política. Y lo hace abrazando el Socialismo Liberal con un artículo de vergüenza ajena en La Vanguardia. El pobre, que no da más de si, hace años que pertenece al círculo socialista del Baix Llobregat más cercano a Montilla y ahora es parte esencial de su barricada humana. Zaragoza habitualmente escupe un discurso gris plagado de referencias al país, al Estatut y a la realidad catalana que no se cree ni él ni nadie. Detrás de esa semántica vacía se esconde una incomprensión total hacia lo que significa tener un perfil nacional y su esencia. Zaragoza es el mayor exponente de ese desconocimiento real de lo que es Catalunya y lo que significa. Ahora el hombre ha decidido iluminarnos sobre el liberalismo de izquierdas.

Es cierto que ser liberal ahora está de moda. Incluso los socialistas, de la mano de un Secretario de Organización acostumbrado a tachar y subrayar nombres en listas electorales, quieren el término liberal como apellido. Socialismo liberal, que no liberalismo social. Ni los enemigos del término se atreven a condenarlo sin adjuntarle el prefijo neo. Es un vocablo en gracia. El PSC reivindica para los socialistas la herencia de esa noble tradición. Sin embargo para ser socialista y liberal se requiere algo más que un articulo dominical, es preciso saber de que hablas y, sobretodo, intentar trasladar medidas concretas en ese sentido.
No se puede defender el Socialismo liberal y englobarse en el mismo, gracias a una hipotética política innovadora por parte del gobierno de Zapatero. En ese sentido, por poner algún ejemplo, no se puede diseñar un mapa empresarial a partir de intereses políticos, sacrificando intereses de accionistas y consumidores, como ha hecho el PSOE. Tampoco se puede definir como socialista liberal quien nombra personalidades con carné conocido como responsables de organismos reguladores. Es poco liberal el dispendio en cheques que priman determinados usos de los recursos a partir del reparto de subvenciones y deducciones a colectivos específicos en función de criterios que respeto pero que me parecen en muchas ocasiones discrecionales. Otros aspectos que alejan al PSC-PSOE de ser herederos del Socialismo Liberal, aunque podamos estar de acuerdo con ella, es la ley de igualdad que consagra una discriminación positiva, tan real como deseable para algunos, pero en ningún caso puede ser entendida desde el punto de vista liberal.

El socialismo liberal no pasa por ser una erupción cutánea del iletrado Zaragoza, es algo más complejo, mucho más rico. ¿Que se puede esperar de gente que considera a Montilla un estadista?

El socialismo liberal estaría encabezado por Castells, Maragall, Tura, Solbes, Blair, Strauss Khan e incluso la Royal. A pocos centímetros, Bayrou, Prodi, Duran, Edwards y, en algún sentido, Gallardón, representarían el liberalismo social. Ahora bien, ni Montilla, ni Zapatero, ni la mayoría del socialismo catalán y español pueden ahora englobarse en ninguna de las dos modalidades de liberales con tono socialista.