El chatarrero digital

Que hay españoles emprendedores en cualquier parte del mundo es una realidad que supera cualquier novela. Ayer, desayunando en la sala club del aeropuerto Juan Santa María de Costa Rica, estuve charlando con algunos empresarios hispanos que allí afrontan  el reto de rodear el escenario económico en Europa. No huyen, no escapan, sólo intentan tener la oportunidad de prosperar, de perseguir sus sueños.

Hablar de emprender lejos de tu país no comporta olvidarte de él, sino todo lo contrario. Ninguno de los presentes contemplaba el impulso de sus empresas deslocalizándolas, más bien, planteando modelos de gestión que permitieran la internacionalización de sus productos y marcas.

La verdad es que, atendiendo a la gran farsa que se está orquestando en España, poca gana queda de ser cómplices del desmantelamiento. A mí no me la dan. Si quieren seguir llamando reestructuración a la voladura controlada de todo el sistema financiero encabezado por las cajas de ahorros, adelante, lo miraremos desde la butaca en primera fila.

Estuvimos leyendo prensa, algunos ya tenían los titulares de los diarios digitales que hablaban de la rueda de prensa de la  ministra Salgado. Otros comentaban no sé que de Laporta. Cada uno a lo suyo. No obstante, que el ejecutivo español decidiera comunicar ayer a bombo sin platillo que se van a nacionalizar las cajas y su posterior privatización, no es más que ratificar tanto lo que unos llevamos denunciando hace años y otros negando hace tiempo. No va a quedar ni el Tato.

No tiene nada que ver, lo acepto, pero todo está relacionado. El gobierno sigue sin entender donde está el problema, la banca continúa sin redimir sus pecados y otros permanecen sentados frente al televisor esperando su cucharada de cloroformo semanal. Pues eso, que el banco resultante de la operativa Caja Madrid y Bancaja precise 10.000 millones adicionales para el arreglo del dobladillo es un insulto a todos cuantos están cerrando sus empresas y dejando sin ingresos a sus familias por falta de crédito y liquidez. Hemos pasado del país de los parados al país de la parálisis. O ponemos remedio a esta tomadura de pelo o no nos van a dejar espacio para emprender, para afrontar nuestras vidas y nuestros objetivos con posibilidades para crecer.

En esa conversación de ayer tuve la oportunidad de conocer a un empresario asturiano que tenía un negocio aparentemente imposible de modernizar, de digitalizar, de estructurar en un modelo de vanguardia. Había llegado a la conclusión de que sólo podía internacionalizar si replicaba el modelo en otro país, había escogido Costa Rica y Panamá. Le demostré que eso no era necesariamente así y le conté una de las experiencias profesionales de las que más orgulloso estoy.

Hace un par de años un amigo me llamó para pedirme ayuda. Su negocio estaba en quiebra. Tenía un desguace de vehículos y, contrariamente a lo previsto, la crisis no le estaba beneficiando. Sus ventas habían caído en picado. Su modelo de negocio dependía de que los automóviles que debía descuartizar no eran suficientes para ofrecer un recurso atractivo a los escasos compradores que se acercaban a su superficie en las afueras de una pequeña población al norte de Barcelona.

Me instalé en su empresa durante dos semanas. Examiné los procesos y hablé con los implicados. Al poco le ofrecí una solución que resultó ser muy beneficiosa. Lo primero que le comenté era que su sistema de desguazar los autos debía estar sintetizado. Para ello compré una base de datos que aportaba la mayoría de modelos y marcas del mercado. El sencillo software que instalamos en una PDA permitía que el desmontaje se codificara y concediera una ubicación ordenada de todas la piezas. Asi se lograba una eficaz distribución y una eficiente inventario a tiempo real. Ese listado se incorporaba a una base de datos en las oficinas de la empresa.

Hasta ese punto nada nuevo, nada especial. No disponíamos de ninguna característica que diferenciara ese negocio de otros que ya hacían algo parecido. La singularidad, el diferencial, el valor añadido se logró en el preciso instante que esa base de datos, esa eficiente máquina de ordenar las existencias, se digitalizó en la red. A partir de ese instante las ventas online empezaron a producirse. En menos de un año la facturación aumentó a niveles impensables durante la crisis.

A pesar de todo esto, no nos paramos. Ramón, que así se llama el hombre que decidió no detenerse ante las dificultades, preguntó si era factible vender piezas de coches clásicos por Internet. Fue posible. Esa es ahora una de sus principales ofertas. Se ha convertido en un hub de captación para los coleccionistas y un conector para los exclusivos clientes que se esconden tras el apasionado mundo de los coches de autor. Ahora sus ventas se miden por países y no por comarcas.

Escuchando a los que nos gobiernan y atendiendo a los que garantizan nuestro ahorros, no puedo más que pedir a todos los que nos encontramos aquí que no se detenga nadie, que no se duerman, que hay oportunidades pero todas requieren afrontar los retos con entusiasmo y valor. Si una chatarrería clásica pudo convertirse en un referente digital, que no podemos conseguir cualquiera de nosotros.