Ración de optimismo

Hoy os dejo con la traducción del último post que ha publicado “the optimist”, uno de mis blogs de cabecera. Es una de las secciones fijas que se publican en el Foreing Policy. Os lo recomiendo. Suele ser un espacio que reflexiona sobre todo aquello que puede motivar, estimular y ayudar a afrontar el día con cierto optimismo. Es correcto pensar que todo está muy mal, yo soy de los que piensan que lo que nos espera en general no es nada bueno, pero también pienso que es labor de todos que lo afrontemos con dignidad. No tengo claro como debemos hacerlo, sólo sé el método que a mi me permite continuar. Lo hago enfrentándome con entusiasmo a nuevos retos y proyectos. Para ello, como todo hijo de vecino, de vez en cuando, uno necesita su vaso de cloroformo calentito. Cada uno tiene la gasolina que tiene, y yo me recargo los tanques con blogs como este que hoy os enlazo.

Durante los últimos 200 años, la historia de los ingresos mundiales ha sido única.  Los ricos se han hecho más ricos y los pobres se mantienen en la pobreza. El profesor de la Escuela Kennedy de Harvard Lant Pritchett lo explicó en un artículo de 1997. Argumentaba que en 1870, el país más rico del mundo era nueve veces más rico que el país más pobre. En 1990 esa brecha había aumentado a una diferencia de 45 veces. Y las poblaciones crecieron rápidamente en muchas de las economías estancadas en el extremo equivocado de esta divergencia. En 1981, según el Banco Mundial, 1,9 millones de personas, o la mitad de la población del mundo en desarrollo vivía en US $ 1,25 al día o menos.

Es fácil suponer, ante las imágenes de la miseria continua en zonas rurales de África y Asia meridional, que las cosas solo pueden que empeorar, pero no es así. De hecho, en las últimas dos décadas, el patrón se ha invertido. El mundo tiene mucho menos pobres y la naturaleza de la pobreza que sigue ha cambiado de manera importante.

Comienzo con los números: En la década de los ochenta, el PIB medio per cápita de la tasa de crecimiento en los países en desarrollo fue de 1,4 por ciento, según datos del Banco Mundial. En la primera década del siglo XXI, sin embargo, el promedio había aumentado hasta un 4,4 por ciento, considerablemente más alta que las tasas de crecimiento en los países ricos. Como resultado de esta explosión económica, el número de países clasificados como de bajos ingresos, es decir, con un PIB per cápita de menos de unos 1.000 dólares, ha caído de 60 en 2003 a 39 hoy.

No es sólo que los países se hacen más adinerados, las personas individuales también, hay más ricos. En 2005, el número de personas que viven en la pobreza absoluta en todo el mundo, o en 1,25 dólares o menos al día, fue alrededor de 1.300 millones, según estimaciones de Laurence Chandy y Geoffrey Gertz de la Institución Brookings. Los mismos investigadores sugieren que fue por debajo de 900 millones el año pasado. Desde la mitad del mundo en desarrollo en 1981, estiman la proporción de personas en la pobreza absoluta a menos de una sexta parte.

Esto no es sólo una historia de los tigres chinos y elefantes de la India, incluso África está recibiendo ese impulso. Sin duda, el continente llega tarde a la fiesta, pero en los últimos 10 años han experimentado un crecimiento impresionante en todos los países, tanto los ricos del petróleo y los pobres sin litoral.

De acuerdo con Xavier Sala-i-Martin y Maxim Pinkovskiy de la Universidad de Columbia y el Instituto de Tecnología de Massachusetts, respectivamente, África está en camino de reducir a la mitad el número de personas que viven en la pobreza absoluta entre 1990 y 2017. Ya, las tasas de pobreza de 30 por ciento menos de lo que eran en 1995.

¿Que quieren que les diga? Que ojala eso respondiera a un impulso equilibrado, pero mucho me temo que no es así. Sin embargo, cada día son más los emprendedores que me comentan que se van a África sobretodo a montar sus proyectos. ¡No sabes lo que se mueve allí! Me comentan. Es cierto, he ido a la África subsahariana y francófona y he podido ver y establecer pequeños proyectos que suponen un claro estímulo para los que buscan nuevos territorios. Lo mejor del continente negro: su gente y su honestidad, su sentido de la generosidad extrema y su emprendeduría imprescindible en un mundo sin seguros sociales. Hace años impulsé dos organizaciones en ese lugar. Ahora una ya no existe, se llamaba África Nené y la otra ha vuelto a renhacer con la ayuda de algunos empresarios franceses: Africa S’engagé. Más adelante os hablaré de ella.

Igual que digo habitualmente sobre América, en África cada país es un mundo, o peor, cada región (independientemente de sus fronteras artificiales) es un planeta y una manera de entender la vida. Sudan del Sur se ha independizado con naturalidad pues el 99% de la población así lo ha estimado, el norte del continente se ha puesto de frente a su propio destino y ahora en otros entornos los cambios se producen o se producirán. Desconozco lo que va a pasar, pero me gusta pensar que la pobreza en general se está reduciendo y este mundo, poco a poco ofrece a todos alguna opción. Estamos lejos de que eso sea universal, pero talvez algún dia…