Sobre la actitud

Mi columna de esta semana en ABC se titula “Reconstruir el Puzzle” (pdf), e intenta plantear la importancia de la actitud en el momento de afrontar la dificultad de lo que vivimos y combinarla con algunos patrones de estímulo económico. En concreto considero que la baja tributación y la actitud por emprender se diluyen de manera inmejorable. En mi reciente viaje a Irlanda, donde vamos a poner en marcha las nuevas oficinas centrales de la matriz de mis empresas en unos meses, pude comprobar ese espíritu en las personas y el modelo de estímulo político. En unos días os explicaré mis reuniones con emprendedores, cargos públicos, profesores universitarios, alumnos, gestores, tecnólogos y amigos y lo compararé con mis últimos meses en Londres. Hoy os dejo con el artículo de ayer y con el maravilloso mini relato que nos regala Rafa Camacho y que describe metafóricamente la clave de todo el cambio que precisa este mundo.

RECONSTRUIR EL PUZZLE

El aeropuerto de la capital de Irlanda se llama sencillamente Aeropuerto de Dublín. Su nombre en gaélico es “Aerfort Bhaile Átha Cliath” que viene a ser lo mismo. Ellos son así. Una vez llegas a este maravilloso país te cuentan que están bajo el yugo de la intervención europea, que la burbuja inmobiliaria explotó hace años y que, no obstante, tras haberlo pasado muy mal ahora están bien. Definen que su incipiente crecimiento se debe a su especial modelo impositivo y a ese espíritu de lucha y superación que, de una manera tremendamente humilde y amable, este pueblo es capaz de afrontar. Creo que la suma de los estímulos públicos y la actitud de un pueblo es la clave. Dicen que por esto la clase media está recuperando espacios y que lo hace atendiendo otros modelos socioeconómicos y aceptando elementos que eran impensables hace años. Es una nueva clase media emergente que no se mide por su capacidad económica sino por su actitud socioeconómica.

El sueldo medio en España en 2006 era de casi 20.000 euros al año. Cuatro años antes era de algo menos de 20.000 también. En los tiempos que la economía española vivió su mejor época los salarios cayeron en términos brutos. Algo que se mantiene ahora. La clase media tiene los días contados. Esta “crisis” aparentemente sólo afecta a unos cuantos mientras otros siguen consumiendo como si nada. Es la evidencia que se está estrechando la clase media, el estrato intermedio que componía este invento raro en el que habitamos. Esta “crisis” repercute en tedio y desgana. Sin embargo podría ser el detonante energético de una manera de ver la vida más emprendedora, “más de uno mismo”. Convivimos con una generación perdida compuesta de gente anestesiada frente al expolio de sus sueños. Está gestándose un nuevo sistema social polarizado, con una clase tecnócrata reducida y crecientemente más rica en un extremo, y en el otro un tumulto social sin clase donde se confunden las antiguas clases media y baja, con una capacidad de consumo cada vez más limitada. ¿Por qué no tomamos el espíritu naranja, verde y blanco de los irlandeses y nos inventamos la tercera vía: aquellos que no escuchan a los tecnócratas y se niegan a ser tumulto. Montemos este viejo puzle pero con estas nuevas piezas. Como dicen Paddy y Mary, al final todo es más fácil de lo que parece y sino siempre nos quedará el “country”

Y ahora la historia emocionante sobre un niño que decidió reconstruir un puzzle. Sentémonos a pensar que tenemos que reconstruir, un mundo dels que no disponemos planos o una vida que sabemos como estimular.

EL PUZZLE, EL CIENTÍFICO Y SU HIJO

Un científico estaba trabajando en su laboratorio cuando entró su hijo de cinco años dispuesto a ayudarle. El científico, que tenía mucho trabajo y no quería ser interrumpido, pensó en darle un entretenimiento al niño para que no le molestase.

Recortó de una revista un mapa del mundo, lo cortó en muchos trocitos y se lo dio a su hijo para que lo reconstruyera. El científico pensó que tardaría horas en hacerlo porque su hijo nunca había visto ese mapa.

Cuál fue su sorpresa cuando al cabo de unos minutos el niño le dijo: —¡Ya está papá, ya lo terminé!

El científico se quedó sorprendido por unos momentos, pero se giró pensando que no vería más que una chapuza típica de un niño de cinco años. Sin embargo, el niño le mostraba el puzle totalmente hecho y con todas las piezas en su sitio.
Le preguntó asombrado:

—¿Cómo lo has hecho, hijo?
—¡Muy fácil, papá! Cuando lo recortaste de la revista, me di cuenta de que detrás del mapa, había la foto de un hombre. Cuando me diste los trocitos, les di la vuelta e hice el rompecabezas del hombre. Cuando terminé de arreglar el hombre, le di la vuelta y me di cuenta de que había arreglado el mundo…