La deuda soberana, la pública y los emprendedores

Me preguntaba un amigo economista ayer en el aeropuerto de Bogotá como veía España. Le dije que sino ganaba a Chile pintaba mal. Se rió y me volvió a preguntar en detalle ‘me refiero a lo de la deuda que dicen se está solucionando‘. Se refería a la deuda soberana, obviamente no a la deuda pública. Esta última seguirá subiendo hasta que el crecimiento en España roce el 3%. La conversación fue entre didáctica y apasionada pues a mi modo de ver se han perdido muchas oportunidades de cambiar cosas y ahora tampoco se está cerrando bien la herida.

Confieso que la confianza sobre la deuda soberana en la zona euro en su conjunto es positiva. A pesar de que hay riesgos de mantener la sostenibilidad de la deuda pública, la verdad es que estamos ‘técnicamente’ mejor. Sin embargo nada está resuelto y hay ‘otras deudas’ que deben preocuparnos.

El BCE alertaba hace un par de días que tanta relajación no era buena aunque lo decía en otro campo, el de la deuda pública que no quiero mezclar con la deuda soberana. No tienen enlace directo pero se mueven con patrones parecidos. Es más, si los intereses subieran debido a la búsqueda de rentabilidad de los inversores, se iba a liar parda. Lo que pasa es que seguimos, como unidad económica, precisando de una financiación importante. Los bancos lo saben y están incrementando sus carteras con deuda soberana no sea que el cambio de intereses ponga en pérdidas a las entidades financieras.

Resulta que no tienes bastante con enfrentarte a mil dificultades cada día como emprendedor que tienes que preocuparte de una losa plomiza que sobrevuela tu cabeza por la mala política de otros. Si no hay crédito tiene mucho que ver con esta terca modalidad de disfrazar la situación del sistema bancario.

Pero, ¿que es eso del mercado de la deuda que podría volver a poner en peligro tantas cosas? El mercado de la deuda existe porque estados, administraciones, bancos y empresas buscan financiar sus propias inversiones o, lo que suele pasar con los primeros y segundos, taponar sus déficits. Lo que pasa es que como no suelen tener fondos suficientes se embarcan en la emisión de cupones fijos o variables que se deben remunerar en meses o años.

¿Dónde se compran esos bonos? En una cosa que unos llamamos subasta y otros mercado primario. Las cantidades de deuda emitida en Europa ha superado a veces en dos veces el PIB español para hacernos una idea del volumen. La diferencia entre el precio que establecen los emisores y el que desean pagar los inversores es la rentabilidad.

Cuando trabajé en bolsa y compra venta de activos podía ‘asistir’ a ese mercado primario pero obviamente es un ‘lugar’ reservado a los institucionales, los estados, fondos o bancos. Allí no hay particulares salvo cuando al emisor le interesa como fueron algunas emisiones autonómicas hace unos años.

¿En que se basa el mercado para valorar una deuda u otra? En las agencias de rating. Si, esos bichos malos que tanto se equivocaron hace siete años. Posiblemente la fastidiaron y bien, pero ellas solo señalan en base a los datos que se ofrecen. Marcan el perfil de riesgo y en base a eso unos pagan más o menos a la vez que se determina el tipo de interés de esa deuda.

¿Qué es el mercado secundario? Los bonos, las letras del tesoro, las obligaciones de un estado o cualquier tipo de deuda, valen durante su vida útil y reembolsan al vencimiento una rentabilidad determinada. No obstante durante ese período su valor puede ir oscilando por lo que se puede especular, ganar o perder antes de que venza. Eso sucede y se produce en un casino gigantesco llamado ‘mercado secundario’. Es el lugar de la liquidez. Sin él el asunto se quedaría seco. Lo normal es que un inversor particular se acerque a este mercado a través de la renta fija.

¿Qué tiene que ver el ‘riesgo país’ en todo esto? Esto es lo que al BCE le trae por el camino de la amargura. La evolución del mercado secundario que combina tipo de interés y cotización de toda la deuda en circulación oscila y lo hace en base muchos factores. Cuando la percepción de que un país va bien o irá mejor el rendimiento baja pues es menos arriesgado. Sin embargo, el abuso de intereses bajos puede ir ‘dopando’ el modelo por lo barato que sale endeudarse. Técnicamente es lo que le pasó a millones de ciudadanos que se hipotecaron pensando en lo ‘bajo que estaba el tipo de interés’. Cuando subió se rompió todo.

Y los mercados, ¿qué son? Mi amigo Daniel Lacalle me dijo bromeando un día que ‘los mercados son monstruos de dos cabezas siempre al acecho’. Obviamente los mercados no son más que lo que nosotros mismos somos. Los movimientos, las correcciones y cualquier cambio brusco se produce en base al miedo, a la credibilidad y a mil factores ‘humanos’. Aludes de ventas por miedo a suspensiones de pagos dispararon rentabilidades en el pasado y eso, cuando pasó, propulsó los costes de esos mismos países para financiarse.

Que lejos queda eso ya. Parece que la tormenta pasó pero recordemos que hemos vivido rescates de países enteros. Vivo en uno de ellos, Irlanda, y si bien es cierto que nadie quiere hablar de ello, los efectos se han dejado ver claramente en muchos aspectos de la vida cotidiana.

A mi me preocupa como se va a revertir tanto gasto que se fue a bancos e ‘intereses’, para que acabe en manos de proyectos, de innovadores, de emprendedores. El dinero para la innovación, el cambio de modelo, eso de digitalizar y transformar Europa en lo que no es. Como se pretende ser competitivos tecnológicamente con Asia o Estados Unidos.

Estaría bien que el Banco Central Europeo contribuyera a ese cambio de modelo y a ese crecimiento económico real. El empleo es el motor y se le daña cuando en lugar de facilitar el crédito o el coste del dinero se les obliga a pagar el triple de lo que cuesta. Si en algún momento aparecen dificultades en la capacidad de los deudores la cosa puede ponerse otra vez fea y afectar a los de siempre.