Ayer, mientras atendía a un colaborador, su hijo me solicitó que le dedicara uno de mis libros. Apenas tiene doce años. Le pregunté si se lo había leído. Me confesó que sólo las primeras treinta páginas, los primeros seis capítulos. Le pregunté el motivo y su respuesta fue aún más sorprendente: “sólo me interesa lo que usted ha vivido”. Reconozco que mientras le firmaba un ejemplar que él mismo trajo pensé que todo era obra y estrategia de su...




