De golpes, pedales, levantarse y emprender

Cuando veo a un grupo de chavales golpeando el suelo una y otra vez con sus ‘skates’, bicicletas BMX o patinetes deportivos, suelo quedarme mirando algunos segundos, si tengo tiempo minutos. Conozco mucha gente que cuando se cruzan con estas ‘pandillas’ refunfuñan, se quejan o maldicen en voz baja. Hay gente que los percibe como molestos, intrusivos o mal educados. Cierto que el respeto por la convivencia y el uso urbano de muchos de ellos sería revisable, pero hay un grado de ‘molesto’ en lo que hacen que representa la esencia de muchas posturas sociales y de reacciones a infinidad de contratos que no piensan firmar.

Sin embargo, tras cada salto, cada caída, cada nuevo intento hay una filosofía de la excelencia, de la mejora, del levantarse tras cada error. Un giro en el aire de la tabla, un golpe lateral a una pared con las ruedas o cualquier figura con nombre anglosajón que desconozco y que ellos tan bien pueden listar en una conversación, son centenares de horas de intentos fracasados y dolorosos. Todos amontonados en un éxito aparente. Son así. Es la generación de ‘las vidas infinitas’, del ‘game over’ programado. Crecen asumiendo que tras una derrota en la ‘play’ hay otra oportunidad empezando desde el principio. Tras cada logro, una búsqueda de una figura, de un salto o de un giro aun más complejo y difícil. Viven persiguiendo retos.

Son una metáfora de cuanto debería de dictar nuestra vida cotidiana. El aprendizaje y la excelencia surge de la pasión y la dedicación a pesar de los errores, los golpes y las críticas. Me apena cuando alguien dice que ‘es lo que puede ser’ y no ‘lo que quiere ser’.

Ayer tomé un café con un buen amigo que se marcha de Dublín definitivamente. Me confesó acerca de sus anhelos y de cuanto cree no haber logrado aquí. Me temo que no sabe cuanto se lleva realmente. Todos los sinsabores son en esencia parte del asunto. Le conté que, en mi caso hace mucho que renuncié a cosas que considero complementarias y que no me ayudan a perseguir mis retos o sueños. Ya no cuenta como le contaba a nuestros padres o abuelos eso de tener donde ‘terminar tu vida’. Menuda mierda de expresión. Sabemos que la seguridad dejó de existir en términos económicos. Le ha quedado claro a quienes se embarcaron en ruinosas aventuras inmobiliarias, a los que dedicaron altos porcentajes de sus sueldos en planes de pensiones o preferentes que se han difuminado sin más. Prever el futuro es importante, pero vivir el presente es lo principal.

Ser feliz no depende del tamaño de las ruedas de tu coche sino de ese paseo tranquilo por tu barrio de la mano de quien quieres y pensando que la jornada que termina, aun habiendo sido un desastre, sólo era el día anterior a uno que mañana será genial.

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Le contaba a mi amigo que decidí hace mucho que mi trabajo sería global por que me gusta vivir sin fronteras, agotador porque disfruto con él como si fuera ocio, apasionante porque me permite conocer personas que saben mucho más que yo todos los días, enriquecedor porque a cada paso, a cada vuelo, a cada noche de hotel los minutos se convierten en un reto pendiente, vibrante porque cada nuevo proyecto que asumo es el primero, electrizante porque todo pasa a una velocidad digital e innovadora y brillante porque me ciega la luz que emite todo cuanto quiero hacer todavía. También le confesé que en un tiempo, no muy largo, levantaremos el pie del acelerador para descubrir otras cosas que a tanta velocidad te pierdes. Por eso es tan importante aprender de cuanto no sale como esperas.

Muchas veces las cosas no salen bien. Es obvio. Sólo en esas ocasiones debemos tener más claro que nunca cual es el siguiente paso. Como hacen los chicos del video y sus ‘BMX’, para llegar ahí, antes se ‘rascaron‘ brazos, piernas y cara. Por eso no hay otra que volver a intentarlo. No hay más.

Las noticias que llegan del futuro

Las noticias que llegan del futuro

La enorme transformación socioeconómica que vivimos tiene que ver con que los puntos conexión entre sociedad y tecnología se han visto afectadas de manera irreversible. Desde la economía a la educación, pasando por la tecnología o el empleo, vamos asistiendo a un nuevo escenario de relaciones como colectivo. La pertenencia a un grupo, la identidad del mismo, la gestión colaborativa, el valor difuso de la propiedad, lo virtual, el conocimiento como producto, los servicios agregados, la digitalización de la existencia, el recuerdo colectivo o cualquier nuevo patrón que vincule lo digital y lo humano se ha sublimado como nunca antes.

¿Qué puede hacer una pyme, una startup o un emprendedor ante esta tormenta bíblica? Probablemente ir hacia ella y entenderla y, para comprender exactamente por donde va, es preciso destacar los elementos sobre los que se apoya. Cualquiera que defina su modelo de negocio en estos días, ya sea como fundador o como directivo que quiere transformar su empresa deberá vincularse a la mayoría de estos factores en los que se sujeta la composición genética de la propia red.

La eliminación de fronteras y la capacidad de llegar a cualquier lugar del mundo sin necesidad de una presencia física aprovechando los sistemas inteligentes y de los objetos que los representan, alcanzar el punto de venta global como factor determinante y la eliminación de muchos factores tradicionales de venta que hasta ahora significaban muros infranqueables. La publicidad segmentada relanza todo ese enfrentamiento de nicho contra el supermercado.

La inmediatez, la posibilidad de gestionar los negocios en tiempo real a partir de la automatización de procesos que permitan autogestionar diferentes fases de la producción, de la información y de las relaciones complejas comerciales o laborales.

El acceso a un número indeterminado e inmenso de clientes y segmentos de compra, en el mercado del ‘long tail’, con nichos minoritarios de productos y consumidores que antes no era rentable abordar comercialmente o que en cuya demanda de tipo escaso era difícil de localizarse.

El valor de mejora de la información disponible, asi como una mayor posibilidad de intercambio de dicha información en procesos productivos y comerciales.

La nueva composición estructural de la cadena de valor, con una reducción de intermediarios y con las ventajas competitivas que nos llegan de la eliminación de fases que hacian menos eficiente cualquier segmento empresarial.

Y la cooperación, esa la posibilidad de que los consumidores aporten y compartan sus conocimientos y que de algun modo se conviertan en participes de la creación empresarial. El adelgazamiento de la linea que separa empresa y consumidor, trabajador o ofertante de servicios, cuando una plataforma otorga ese punto de conexión entre lo que aun no es legal y lo que es inevitable, provoca el nacimiento de modelos de negocio incomprensibles para muchos todavía, pero claves para comprender el futuro inmediato.

Por primera vez en la historia cualquiera de nosotros puede crear un contenido y subirlo al espacio de consumo masivo sin necesidad de edición o control previo. La supervisión es opcional y la autorización una quimera. Internet ha hecho posible que todos tengamos al alcance de un dedo la tecnología suficiente para crear y publicar un contenido de cualquier tipo y enriquecido con imagen y sonido. Todo sin costes excesivos y casi sin dificultad. Sucede con el material de consumo, pero también con todos los aspectos que nos ocupan como individuos sociales. Desde crear tiendas y vender productos hasta ofrecernos para conceder cualquier servicio.

Es lógico que se esté molestando los del sillón hereditario. Tanta revolución no gusta a quienes puede remover sus cimientos. Pero es imparable. Todo está en constante transformación y cada vez es más profunda y más rápida, como cuando dejamos caer algo desde una altura considerable. Toma aceleración hasta que la caída es a velocidad constante. Nuestro mundo aun está lejos de alcanzar ese punto de crucero, de momento, sólo acelera.

vaticanIdéntico escenario y motivo, diferente seguimiento. Esperando la ‘fumata bianca’ en la Ciudad del Vaticano.

La suerte que supone vivir en un momento de la historia como este no todos lo valoran. No todos identifican lo extraordinario y único que es para el género humano asistir a tanta transformación, inventos, cambios y de manera tan gigantesca. No es una pena, es una suerte. Vivimos tiempos en los que todo cuanto conocemos está bajo una mutación rápida e inédita. Nada será igual. Pensar en términos del pasado es retrasar el desenlace. Ni pensiones, ni propiedades, ni modelos de protección social, ni el acceso al trabajo, a la información, al debate, o lo que sea, seré en apenas diez años como ahora creemos. Todo será sustituido por algo. De todos depende que esos cambios inevitables se aprovechen para mejor.

Los molestos son los de siempre. Los que ven peligrar sus privilegios. Sin embargo esta revolución está liquidando el viejo modo de generar información y de distribuirla para, a partir de la tecnología exclusivamente, cambiarlo definitivamente. Ya no hay directores de opinión. No hay quien define la línea editorial como monopolio de la opinión pública. Al igual que la Iglesia perdió el control del conocimiento, la red ha logrado que la información circule sin intermediarios que puedan retocarla a su gusto. La censura en Internet es un oximorón en la mayoría de los casos.

Y es que Internet está todavía muy en sus inicios. Solo vemos el primer capítulo de lo que significará. Conectar objetos será la segunda parte y luego vendrá una propiedad exponencial y de consecuencias imposibles de imaginar: una red que piense por si sola y que vincule cosas, datos y opiniones.

Las grandes compañías, empresas más pequeñas o lobbys económicos se debaten entre proteger sus negocios tradicionales o en acelerar la transformación. Cada noticia que nos llega del ‘futuro’ nos indica que ese debate en si mismo es viejo e innecesario. Miremos al pasado. Kodak tenía cuatro mil empleados y era el repositorio universal de imágenes cotidianas. Hoy, Instagram, con apenas cuarenta es lo mismo. Lo inmediato siempre gana. No esperes.

‘Limitar’ combina mal con ‘Futuro’

‘Limitar’ combina mal con ‘Futuro’

Los estudios que relacionan tecnología y felicidad aseguran que el futuro dependerá en gran medida de cómo se interpreta el primero de estos conceptos en cada caso. Es un desafío social, económico y cultural. Si mantenemos el grado de mercantilización con respecto a la tecnología nos estaremos perdiendo algo gigantesco que está por encima de dispositivos o deseos de adquisición. Si hacemos una análisis justo y focalizado en lo trascendental veremos que ese futuro es independiente de tanta anécdota. Clarificar el papel de la tecnología, de la robótica, de la interconexión nos abre un mundo de felicidad cibernética que intuimos cuando, tras un twitt o un post en Facebook, un cúmulo de sensaciones exportables, exponenciales y colectivamente compartidas se desatan. Felicidad y tecnología van de la mano con futuro y libertad.

Hay países que se esfuerzan por localizar los espacios de felicidad futura tratando de entender como será y que inconvenientes deberemos superar. En lugar de prohibir o regular por exclusión, debaten el papel legal y casi ‘humano’ de algunos productos que ahora son simplemente prototipos. Hablamos de lugares donde, cuando se pone sobre la mesa una software capaz de escribir como cualquier humano pero sin errores, se lanzan a la definición de un nuevo ‘puesto laboral sintético’.

Hace unos días estuve en Londres en una cena donde estaban un miembro del grupo de estudio ‘Robolaw’. Con él comentamos de ‘las leyes del futuro’ con respecto a las máquinas, software inteligentes y autónomos y, posiblemente, de comportamiento para los robots. Es importante destacar que no hablamos de ‘regulación’ de tramos comerciales, hablamos de ‘leyes’ sobre límites de comportamiento para máquinas autónomas y casi ‘pensantes’.

¡Que ventaja nos llevan! En el Reino Unido, precisamente, estos mismos señores del Robolaw’ participaron en la exposición de la estrategia nacional de robótica. Hasta el momento no hay nada igual y, como siempre, el primero que lo ataca con valentía puede ser claramente el líder mundial. En este caso en algo tan nutritivo para el futuro como serlo en sistemas robóticos y autónomos.

Muchos países están a tiempo. De hecho hablamos de planificar para hacer. Invertir y creer. Apoyar empresas y startups que apuesten por estos modelos. No es mucho más que eso, pero para ello hay que tener lo que hay que tener: visión a largo plazo.

Los británicos han decidido que quieren ser una nación líder en la carrera para crear una nueva generación de herramientas y servicios más inteligentes que utilizaremos en nuestros hogares y lugares de trabajo en el futuro a medio plazo. No hablamos solo de maquinaria inteligente ‘sellando plantas nucleares’ o trabajando en condiciones ‘que un humano no podría soportar’, hablamos de cosas más complejas e, incluso, morales.

Precisamente ahora que el debate sobre el papel de los diferentes sistemas inteligentes, autónomos o derivados se pone sobre la mesa ‘legal’, los países que asuman los riesgos de legislar con visión a lo inevitable lograrán una ventaja trascendental. Quien acepte el uso de ‘drones’ autónomos antes para el transporte aventajará en el uso logístico y de eficiencia a otros. Quien regule antes el transporte autopilotado también.

La política vive a años luz de lo que los avances suponen y ya casi estamos acostumbrados. Aceptamos el retraso que suponen todos estos gestores públicos con deportividad y lo descontamos del propio presupuesto genérico. Recuerden como las Google Glass se han tenido que enfrentar a diversas prohibiciones, especialmente en los coches.

Los gestores se defienden diciendo que ‘es muy difícil para la ley mantenerse al día del ritmo del desarrollo tecnológico’. Yo creo que el error es ese, ‘que la ley espera’. En Londres han decidido no esperar y por eso la regulación ‘sobre robots’ se adelanta a la propia existencia cotidiana de ellos. El famoso ‘RoboLaw’ europeo va por ahí. ¿España tiene algo que decir? Lo digo porque mientras los grupos de presión y lobbys sigan actuando con el poder del modo que lo hacen, igual nos estamos perdiendo algo.

Hemos asistido a la discusión de leyes que nos envían directamente a otro siglo por incomprensión de lo que supone Internet, por ejemplo. Obviamente también por la evidente demanda de a quienes les importa un carajo el futuro si éste no les pone a ellos en una posición de privilegio y control.

Que difícil debe ser discutir de esto en según que despacho. Me lo imagino. ‘Oye, Ministro, que deberíamos de unirnos a eso de la Ley de los Robots, que parece muy importante’. La respuesta sería: ‘llama al Presidente (del grupo empresarial que sea) y dile que si le interesa que nos metamos en eso…’.

La regulación debería impulsar, no limitar. Adelantarse para ganar, no para detener. También para explicarle a algunos sectores económicos que su modelo de negocio está tocando a su fin. Imaginen las compañías de seguros de coches en un mundo de coches autónomos que no chocan nunca. Pues eso, ¿qué sería un robot en términos de debate legal? ¿Está preparada Europa para ver coches conducidos por sistemas inteligentes? ¿y para el primer accidente provocado por un fallo del sistema? ¿A quien se debería de condenar?

Al parecer se va a trabajar en dos sentidos. En regular y en concienciar. La ley deberá aceptar un nuevo mundo y la sociedad entenderlo. Se sabe que la Autoridad de Aviación Civil de Estados Unidos ya trabaja con la hipótesis de que prohibir el uso de drones será una guerra perdida e inaceptable en términos de progreso. Admiten que sería lo mismo que limitar ‘las mapas en Internet’ por decir algo. El mundo podría estar en la antesala de algo mucho mejor, pero dependerá de que unos lo lideren.

El futuro será de los países innovadores, eso está claro, pero sobretodo de los que legalmente acepten los compromisos y debates que se abren al respecto de la tecnología. Limitar es una palabra que combina mal con Futuro.

 

El liderazgo ya no depende (sólo) de los líderes

El liderazgo ya no depende (sólo) de los líderes

Tengo una manía secreta. Se trata de identificar en cualquier periódico o publicación general el lugar que le conceden a la tecnología. Me gusta saber en que punto exacto de la relación medio y lector considera la dirección del primero que debe situarse todo aquello que tenga que ver con la tecnología. En la mayoría de los casos es ‘sociedad’.

La sección ‘tecnología’ rara vez la puedes encontrar en economía por ejemplo. Tampoco en deporte, cultura o política. Debo admitir que tras años observando este hecho he llegado a la conclusión que una sección sobre tecnología no debería de existir realmente y, su aparición, debería ser transversal al propio medio.

Sin embargo y teniendo en cuenta que la visión integral de todo lo que tenga que ver con tecnología digitalizada, esperar que ésta aparezca en todas partes como elemento consustancial a la existencia de una sociedad es impensable en términos actuales y, si sucede, será en publicaciones muy concretas, innovadoras y enfocadas al futuro.

Todavía leo en papel. Cuando tomo el primer café del día a las 6:30 de la mañana, ojeo el Irish Times que suele estar en la mesa donde me siento unos minutos. A partir de ahí no regreso al ‘papel’ excepto para anotar alguna cosa a lo largo del día. Precisamente, éste, es uno de los medios que relacionan economía, tecnología y futuro de manera natural y cotidiana. En Irlanda se respira, en algunos lugares, una tremenda comunión entre lo que representan los cursos tecnológicos y la fiabilidad económica del país.

Cuando un medio titula su sección económica en papel ‘Business+ Technology’ es que ha entendido el momento actual, las implicaciones que para la economía real tiene todo ello y, sobretodo, el papel evangelizador que se le presupone a fin de que, la sociedad en general y los políticos en particular, se direcciones hacia ese punto de encuentro tan potente y nutritivo como es ‘la Nueva Economía’.

En términos generales vivimos en una Europa retrasada y lenta. Exceptuando algunos lugares, el escaparate político es pura ‘telerealidad’ y debate desnutrido. Además, España va en el grupo de cabeza de ese pelotón de la pena. Por eso cuando exigimos un liderazgo que sea capaz de incorporar esta revolución histórica a la forma de entender los nuevos negocios, los desarrollos económicos, lo hacemos bajo la desesperación de ver como el tiempo pasa y nada pasa.

No nos van a esperar. No porque no lo merecemos. Durante decenios nos hemos dedicado a acumular ladrillos inservibles en cualquier esquina, sobrevalorando a los diez minutos de colocarlos mal y con algo de mortero para revenderlos un sinfín de veces. La especulación económica no es mala en si misma, ni tampoco debe borrarse todo lo que significa una economía apoyada en la construcción. Lo grave es que cuando el dinero circulaba de manera bíblica, nadie quiso pensar en que algo de eso podía ser útil para invertir en un nuevo modelo de crecimiento, pues el de los ‘tochos’ tarde o temprano se vendría abajo.

Escuchar las ruedas de prensa de la mayoría de políticos evidencia una de dos cosas. O bien no hay nadie con criterio o los que tienen criterio no salen. No se puede decir en los medios que ‘estamos ante una de las noticias más alentadoras que ha recibido la economía española en decenios’ apuntado a los datos de paro de ayer. Datos buenos, si, pero que se pueden tomar con mucha cautela. Viven en una realidad paralela. No se puede aprobar con el apoyo de todo Dios una ley restrictiva en el mundo digital y pensar que has logrado controlar lo incontrolable. Están de médico.

Se necesita liderazgo y no lo tenemos. Se necesita con urgencia pues los dirigentes actuales ni tan siquiera se han enterado de lo que estamos viviendo y de lo que va todo esto. El nuevo escenario ellos lo contemplan como si fuera una versión del actual pero con ‘twitter’. No se lo huelen. Siguen pensando que la ‘crisis’ es un bache coyuntural y que ‘estamos saliendo’. Siempre estamos saliendo.

No saldremos de nada pues no entramos en nada. No ven que esto es el epicentro de una revolución en todos los aspectos de la vida. Este tsunami va tomando fuerza y poco a poco va engullendo a todo y a todos. Hay que adaptarse, establecer espacios donde valorar los cambios y ganar el futuro. Quienes lo hagan, quienes lo están haciendo, tomarán una ventaja definitiva.

Políticos, banqueros, periodistas y otros no ven que esta revolución se lo ‘comerá’ todo. Ya lo hace. Devora el transporte, la logística, la energía, la distribución, las decisiones, el manejo de datos, la política, la oligarquía bancaria o el propio análisis de la realidad. Por cierto, todos esos modelos de negocio ‘tan actuales’ se verán engullidos por mínimos detalles, por pequeños procesos tecnológicos que se desarrollaran en la palma de la mano de millones de ciudadanos.

Los que abusaron de su espacio y condición de poder no entienden que está pasando y ejercen el poder de la represión. Sin embargo Internet y la tecnología digital es como el agua: circula, y si la quieres atrapar cerrando la mano, se te escapa pero te moja.

Podemos incluso detallar. Los grandes bancos son empresas del Pleistoceno. También las grandes cadenas de retail físico. Es cuestión de tiempo. Hay quien asegura que los grandes del negocio pueden estar divisando el final de sus modelos de gestión. Intocables tocados. De estos gigantes también es obligación estimular los cambios, ponerse en manos de expertos y solicitar mecanismos para entroncar con el futuro inminente.

Y ante todo este cambio ¿que piensan hacer las ‘clases dirigentes’? ¿La casta seguirá malgastando el dinero público? Hace unos años se llamó Plan E, ahora se llama ‘aumentar licitaciones a todo trapo’. Falaz y peligroso. No se enteran de la misa la mitad y por eso siguen con los mecanismos de siempre. Lo que hacen es grave. Conducen a una sociedad a la pobreza y a la miseria. Le niegan las opciones de progresar y de ser protagonistas del futuro, empujan a que la gente se vaya. Son unos irresponsables con coche oficial. Están demostrando no sólo ser incapaces, sino un obstáculo contra unos cambios que finalmente barrerán lo que ellos mismos representan.

Una vez se analiza ‘qué’ y ‘cuánto’ se usa para potenciar negocios determinados te das cuenta del daño irreversible que puede estar haciendo un grupo de ‘líderes’ alrededor de ellos mismos, debatiendo entre ellos mismos, con sus mismas risas de lata y sus mismas frases pueriles sobre el bien y el mal, con sus mismos millones de euros repartidos entre los suyos y con los mismos focos que les alumbran irremediablemente. Estamos a tiempo, pero viendo lo visto, y sabiendo que los representantes son reflejo de los representados, el murmullo del futuro lo hablaremos todos. Por eso construirlo es obligación de todos, de los que mandan, de los mandados, de los que se quedaron y de los que nos fuimos.

Cortafuegos que avivan llamas

Cortafuegos que avivan llamas

Mientras La revista The New Yorker pone su archivo online disponible de forma gratuita otros limitan incluso los enlaces que puedes ‘regalarles’. Estamos acostumbrados, por lo que no nos asombra, a ver como desde los espacios de decisión política se intenta narcotizar a la sociedad cada vez que esta toma las riendas de su propia existencia. Además como son lentos de narices, como eso del progreso les pilla lejos, no suelen actuar hasta que las cosas ruedan y les rozan. Ahora toca, ante la incredulidad de medio planeta, atender de nuevo a los grupos de presión frente a la lógica de los tiempos que vivimos y vienen.

La deconstrucción de procesos se instaló ya en nuestro modelo productivo y de gestión. Nuevos se van creando y nuevos son los modelos que los ejecutan. Ya nada es tan claro como diferenciar entre generador de contenido, soporte donde publicarlo, consumidor, intermediario, gestor de acceso, interpretador de titulares, opinador, establecimiento de flujos de lectores, estimulador de plataformas que redirigen el tráfico, etc. Si en apenas unas décadas todo el plan de gestión de una empresa era el de tener claro cada día lo que le tocaba a todo el mundo hacer, eso ha cambiado radicalmente.

En la prensa, pero también en la construcción, en el sector agrario, en la bolsa, en los mercados en muchos lugares, la clave del éxito estaba en que todos los integrantes de una estructura tuvieran claro que les tocaba hacer al despertar cada mañana. Romper esas cadenas suponía un deterioro en el proceso que repercutía en graves consecuencias. Imaginemos el campo donde todos los integrantes de una granja tienen claras sus funciones, taras y actividades durante todos los días de la semana y horas del día. Eso nunca cambió y permaneció siglos igual.

Hoy en día nada es así y los procesos ya no pertenecen a los protocolos sino a los análisis de necesidad, riesgo y acción. Esa deconstrucción de procesos ha llevado a industrias poderosas a reinventarse. Establecer modelos que amputan la libre evolución de los tiempos y generan barreras legales bajo el tinte de la ‘regulación’ no hace más que retrasar lo inevitable, y en este caso atendiendo al momento histórico que vivimos, ese retraso puede ser definitivo y fatídico. Ahora con una ley que pretende dar pasos hacia atrás el asunto se torna aun más dramático.

La Comisión que ayer discutía la aprobación del canon AEDE cuyas implicaciones nos afecta a todos de forma directa e indirecta. Por supuesto, un debate acerca de las afectaciones tecno sociales y digitales de una ley fue discutido por ‘expertos’ que no entienden de tecnología, de Internet o del uso social y económicamente exponencial que supone todo ello para el progreso de una sociedad que debe liderar los cambios inminentes. Discutida una ley que puede amordazar a una sociedad y a sus empresas de manera irremediable por aquellos que solo oyen las presiones de la ‘Industria’ de contenidos.

Ayer me decía alguien afincado en Boston que las noticias que le llegaban de la ley esta las estaba ‘ordenando’ en la misma carpeta temática donde tiene algunas recientes sobre Turquía, China o Irán.

Algo tan básico como ‘el derecho a la cita’ quedará eliminado a la vez que se derrumbará con él la propia ‘libertad de expresión digital’. Esto no va contra Google, esto va de salvar medios grandes y de paso cargarte los molestos más pequeños, que por casualidad responden muy bien a la dicotomía viejo/nuevo. Si no te has dado cuenta, esto va de callar y escuchar. Va de crear cortafuegos que eviten la expansión de modelos de negocio o campos de transmisión del conocimiento que pudieran afectar a los de siempre. El Canon AEDE permitirá que todos los medios afiliados a esa organización cobren una tasa a todas las webs que se considere se beneficien por hacer citas de contenidos publicados por dichos medios. Esto será unidireccional pues los beneficios que puede obtener un medio por recibir visitas desde el ‘enlazador’ no parece que se tengan en cuenta.

Los medios tradicionales ya no logran ser rentables en la mayoría de los casos y en lugar de reflexionar sobre el modelo de negocio, sobre las implicaciones sociales de un tiempo exponencialmente cambiante y sobre la hipersociedad conectada a millones de complejos sistemas de consumo de datos, para así crear algo nuevo y ser mejores, prefieren prohibir, sancionar, cobrar con modelos caducos y poner puertas en el campo de las reglas de la Nueva Economía.

Es casi como una suerte, no obstante, que quien legisla no se entera de la misa la mitad. Al parecer, si no se paga, un juez establecerá la limitación de acceso desde España a la web en cuestión. Si está en servidores nacionales los cerrará, multará o juzgará. Si están en máquinas fuera de España y afectados por legislaciones que no penalizan los enlaces a medios, podrá decidir que a esa ‘IP’ no se podrá acceder. Sus señorías van a tener mucho trabajo. No me imagino, aunque en esta vida todo es factible, queriendo acceder a Google News y descubrir que España lo ha baneado. Técnicamente lo que defiende la ley es que Twitter no podrá permitir los links o Facebook deberá evitar que los enlaces a webs españolas no sean susceptibles de denuncia. Va a ser divertido.

Obviamente el Gobierno no pretende que Facebook o Twitter paguen un canon por el hecho de que sus usuarios enlacen noticias en sus muros. Supongo que no esperan hacer eso por lo imposible de aplicar. Lo que nos demuestra que las deficiencias de conocimiento de estos temas por parte de los que lo están votando es brutal, pues no entienden de tecnología ni de Internet.

Y es que esto de ser super europeo pero legislar a tu bola es como muy chusco. Este tipo de arreglos legales que se monta de tanto en tanto el gobierno español, en este caso secundado por otros partidos drogodependientes de salir bien en las portadas de la mayoría de esos medios defendidos, deberían de pasar por la ratificación de tratados internacionales pues la verdad es que tiene una pinta de papel mojado que no te cuento. Casi tan mojado como aquella ley de emprendedores que ahora ya no es ‘cool’ recordar por cierto.

Otra cosa será el análisis de la justificación de los susodichos. Dicen que enlazar a una noticia poniendo en el texto del enlace un titular infringe la propiedad intelectual. Con ello se cargan de un hachazo el ‘derecho de cita’ que ampara la utilización de frases sueltas de un texto incluido el título. En EEUU existe lo que se llama ‘fair use’ y que se comporta aun con mayor flexibilidad que nuestro europeo ‘derecho a la cita’. La imagen patética de esos legisladores ayer atendiendo con voces dubitativas, preguntas fuera de contexto y falta total de conocimiento de lo que discutían era la prueba más visible del tamaño de la paradoja.

Probablemente lo que si debería de cambiar es la propia ley de la Propiedad Intelectual que desde su nacimiento es un error conceptual como va demostrando el peso de lo razonable. Ya quedó demostrado con aquel truño de ley que en la mayoría de espacios de poder culturales, políticos y mediáticos hay demasiada gente que no entiende cómo circula la información en Internet, y los pocos que la entienden creen que no les conviene.

Resulta que el acceso a la información actualmente proviene de muchas fuentes. La red ha permitido que la información sea fácil de transferir. Como ha pasado con miles de otros activos. Eso ha permitido que nacieran medios y herramientas de lectura de todo ese contenido que nos permitan acceder de manera ordenada a tanto material. Mename, Flipboard, Zite, Feedly o Google News, pero también Facebook, Twitter, Google+, Linkedin y otros estructuran sus páginas en base a miles de enlaces y contenidos provenientes de medios diversos, ya estén ilustrados o no, con entradillas o no.

el artículo 32 del texto en cuestión: “La puesta a disposición del público por parte de prestadores de servicios electrónicos de agregación de contenidos de fragmentos no significativos de contenidos, divulgados en publicaciones periódicas o en sitios web de actualización periódica y que tengan una finalidad informativa, de creación de opinión pública o de entretenimiento, no requerirá autorización, sin perjuicio del derecho del editor o, en su caso, de otros titulares de derechos a percibir una compensación equitativa. Este derecho será irrenunciable y se hará efectivo a través de las entidades de gestión de los derechos de propiedad intelectual”.

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Aún no se saben los límites, pero podría ser que los que escribimos blogs también tengamos que pagar el canon por enlazar si se determina que ‘incurrimos en la práctica de agregación’. Obviamente eso tiene un remedio rapidito: no enlazo a ninguno de esos medios ‘protegidos’ y santas pascuas. De hecho tiene una pinta tremenda que la ley y la protesta puede generar un efecto Streisand potente como ya pasó con otros casos de otros tipos.

Obviamente estamos ante un pago de favores. Se espera frenar la crisis que viven los medios y culpando a Internet. Se trata de obstaculizar el crecimiento de los nuevos medios y de paso asegurarse el control de algo incontrolable. Obviamente ni la crisis de los medios tradicionales tiene que ver solo con ‘los enlaces’ ni los medios emergentes dejarán de nacer y crecer.

Esta claro que usar ‘conocimiento’ no implica usarlo, ni transferirlo implica perderlo. La sociedad que se está construyendo en paralelo a la política y al poder, la gestión social del aprendizaje y las relaciones humanas ya ha dado algún susto a los ‘que mandan’ pero parecen no darse cuenta de la velocidad a la que va todo esto. Y es que el ‘conocimiento’ es abundante pero la habilidad para usarlo es cada vez más escasa en algún estamento caduco y más intensamente nutritiva en los espacios sociales.

Lo dicho, que a sus señorías, al contrario de lo que creen estar logrando, el tiempo les va a exigir que se den prisa en adaptarse al mundo, pues el mundo no va a adaptarse a ellos.

A pesar de todo, los ‘drones’ repartirán

A pesar de todo, los ‘drones’ repartirán

A pesar de todo y contra todo, el peso de lo razonable se irá instalando. Amazon, por ejemplo, insiste en que sus envíos en el futuro puedan ser gestionados por ‘drones repartidores automáticos. De momento ya ha pedido permiso al gobierno de los Estados Unidos para poder hacer algunas pruebas.

En un futuro no muy lejano caminaremos por las ciudades y un dron de Amazon nos sobrevolará con un paquete destinado a cualquier vecino. Lo que a unos les parece una locura, una agresión a la lógica, algo parecido a lo que se dice de Uber con respecto a los taxistas o a lo que se dijo hace unos años sobre la música y Napster, resulta ser, no obstante, el método más eficiente y directo de retirar todo tipo de fricción en la cadena de valor y de transporte derivado.

El mandamás de Amazon ya dijo que su objetivo es crear, a través de Amazon PrimerAir, un modelo de gestión logístico que permita tener en el poder del comprador cualquier paquete de menor tamaño en menos de media hora. El comercio electrónico instantáneo. En el futuro, el propio dron podrá manejar datos y gestionar transacciones, derivar descuentos e incluso sugerir compras de última hora.

Considerar los drones como una injerencia en el espacio es no aceptar los beneficios que a su vez nos pueden aportar. Todo instantáneo, eficiente y sin errores. La intervención humana sería muy menor, lo que, ya sabemos, evita problemas visto lo visto.

Sin embargo la Administración Federal de la Aviación de EE.UU negó esa posibilidad en primera instancia alegando que ‘el uso de drones comerciales para reparto es algo que debe estar regulado y porque faltaba mucha información acerca del funcionamiento y alcance del proyecto’. Preguntas como ¿volarían muy alto? o ¿por zonas pobladas?.

De todos modos Amazon ha pedido permiso a la FAA para desarrollar el PrimeAir y hacer pruebas cerca de su sede en Seattle, por lo que ya sabemos que el peso máximo de los drones rondaría los dos kilogramos y, por derivación, la carga no sería muy superior. Según se estima por los ingenieros de Amazon los trayectos aéreos seguirían trayectos lineales que reproducirían en el aire las carreteras, autopistas o calles. De ese modo la afectación a peatones sería mínima en caso de caída o colisión inesperada. La FAA ha dicho que necesita estudiar de nuevo el tema, pero ya no se ha negado de plano.

Hay profesiones que van a desaparecer de la noche a la mañana se pongan como se pongan, se manifiesten donde se manifiesten o chantajeen a los gobiernos que chantajeen. Tarde o temprano habrá un equipo político en algún lugar que aceptará como evidente que los tiempos han cambiado y que la tecnología impone sus reglas por la eficiencia y la exactitud.

Es cuestión de tiempo, solo de eso, pero en breve veremos manadas de drones cuadricópteros montados en camiones de reparto y despegando puntualmente a medida que se acercan a sus destinos establecidos desde una plataforma digital. En Amazon aseguran que ‘la eficiencia de estos repartidores aumentaría si en vez de hacer repartos del punto A al punto B, lo hiciesen desde el camión a la puerta del cliente. Técnicamente el repartidor no tendría que volver a pararse en una ruta, tan solo desacelerar y dejar que el dron haga la entrega.

La insistencia en paralizar el progreso por miedo o por que no afecte al sillón de Alcántara, la visa oro corporativa y la tranquilidad dominguera de saber que lo tuyo no lo toca ni Dios, no durará mucho. La vida es como es y el peso de lo inevitable es plomizo. Lo fue con la Spotify, lo será con Airbnb, con Uber, con decenas de proyectos que van llegando y otros que esperan pacientemente su momento.

Ver en la tecnología a un agresor es ridículo. Insistir en el discurso de que los ‘robots nos quitarán el empleo’ roza una especie de ‘tecnoxenofobia’. ¿Tan difícil es aceptar que la tecnología no hace más que aprovechar determinados factores de un modo más eficiente a fin de permitir que los costes ya sea en logística, coordinación, comunicación, organización o lo que sea, sean mucho menores y así generar un punto de encuentro entre demanda y oferta con ventajas para ambas? ¿No es fácil de ver que eso no tiene vuelta atrás? ¿Por qué insistir en paralizarlo con regulaciones complejas, intervencionistas y que, como en el caso de Uber, solo buscan salvaguardar modelos económicos del pleistoceno?

Los contrarios a Airbnb, PrimeAir, BlablaCar, Uber u otros dicen que todo esto deshumaniza el comercio y el trato entre cliente y empresa. Eso no se aguanta ni con pinzas de madera. El caso del primero, Airbnb, es paradigmático. Miles de propietarios utilizan sus propios pisos, los alquilan sencillamente, cómodamente y procesan aspectos desde le punto más humano posible: el dueño espera al cliente, lo conoce, le habla y hasta se mejora el trato final. Pues eso que lo mismo pasa con el ‘taxista Uber’ que ofrece valor añadido informando, generando transacciones en paralelo de otros servicios y el cliente. (Acepto que un dron no es muy humano, pero ya hemos hablado alguna vez que Google está comprando empresas que desarrollan robots que puedan caminar hasta la puerta de tu casa y darte conversación si es preciso).

Por mucho que insistan, el muro sigue construyéndose. A un lado quedará gobiernos, empresas y ciudadanos que sigan estimulando restricciones, propuestas artificiales y normativas incoherentes con los tiempos que vienen y nos tocará vivir. Nuestros hijos circularán entre drones voladores, reservaran hoteles directamente por habitaciones, interacturaran con software legal que les defenderá en juicios y causas, establecerán lecturas organizadas en diarios escritos por robots, atenderán a sus clientes desde lugares remotos y asistidos por diferentes modulos digitales. Todo eso pasará en menos de diez años. Hay países que legislan y estimulan a sus startups para que vayan construyendo en ese camino y otros que siguen creando normas del siglo XIX. Que no sufran, que nos dejen hacer. Todo vendrá.

La humanidad podría no estar tan jodida

La humanidad podría no estar tan jodida

Hace años, cuando escribí que ‘una bola de estiércol se avecinaba por el horizonte y que lo hacía a velocidad uniforme y sin pausa’, no hice más que sintetizar datos y opiniones que unos pocos se atrevían a lanzar en un momento de bonanza como la se vivía en aquellos años. Era casi automático. Decías que todo se vendría abajo y te catalogaban de agorero o pesimista. Digamos que en eso de ver, interpretar o analizar la socioeconomía y lo que la rodea no hay un consenso aparente y de ahí lo apasionante que resulta. Probablemente ahora estamos ante algo parecido pero al contrario. Decir que vamos a mejor como especie tiene muchos detractores, que vivimos el momento y revolución más brillante desde el Renacimiento, muchos enemigos.

A la tecnología no se la interpreta bien muchas veces, se la considera enemiga de lo humano, cuya frialdad la convierte en un ‘agresivo’ método de selección que irá retirando a los humanos de los espacios de valor. Sin embargo parece evidente que, comparando con cualquier momento de la historia, la gente de este planeta actualmente es mucho más saludable.

En el informe ‘The World in 2025: 10 Predictions in Innovation’ que Thomson Reuters ha publicado recientemente se lanza esa teoría sobre la bonanza conceptual que nos espera como sociedad en los próximos diez años. Una lista de predicciones como la energía solar convirtiéndose en la fuente de energía predominante en el planeta, bebés recibiendo de manera rutinaria sus genomas asignados para evaluar riesgos de enfermedades en el futuro, y la transferencia de materia capaz de transportar cualquier elemento no humano.

Según ese estudio los problemas alimenticios en el mundo provocados por el acceso y la fluctuación de precios de los mismos será cuestión de muy pocos años. Al parecer ‘en 2025, los cultivos modificados genéticamente se cultivarán rápidamente y de forma segura en el interior de cualquier lugar a la vez que ya empiezan a hacerse capaces de resistir cualquier daño o enfermedad, logrando así rendimientos específicos tal y como sean necesarios en cada caso’.

En esto tengo alguna diferencia de impresión. Estoy de acuerdo en que los precios y sus altibajos podrán controlarse debido a que el riesgo de malas cosechas se reduzca, pero lo que no tengo tan claro es que la especulación derivada en otros elementos como la escasez voluntaria o forzada no sea un factor que modifique tanta buena voluntad. Hay otros informes que detallan un aspecto llamado ‘hambre oculta’.

:::A pesar de que la proporción de personas en el mundo que pasan hambre se ha reducido de más del 30 por ciento desde 1970 al 15 por ciento hoy en día, la FAO estima que el 30% (2.000 millones de personas) sufren de ‘hambre oculta’. Así se conoce el hecho de que aunque la ingesta de calorías es suficiente, la cantidad de vitaminas y minerales no lo es, puesto que la agricultura industrial reduce el contenido de nutrientes de los cultivos’.

En el informe ‘The World in 2025: 10 Predictions in Innovation’ las conclusiones reflejan cómo la tecnología y la empresa vinculada a esos avances determinarán claramente el mundo de nuestros hijos. Tengo claro que los modelos de negocio y la capacidad como sociedad para adaptarnos a esas nuevas funcionalidades nos exigirán de un compromiso que como ciudadanos aun no hemos logrado entender. Lo tremendo, y de eso seguiremos hablando otro día, es como gobiernos y poderes fácticos se esforzarán en retrasar algunos avances debido a que cada paso por un escenario social más horizontal y equilibrado genera ‘descontrol’ y pérdida de poder (casi feudal) de algunos de ellos. A mi modo de ver, destacan para mi las siguientes:

1. Todo digitalizado, en todas partes, con todo.

Ya lo hemos comentado aquí antes, pero no está de más señalarlo por lo trascendente que va a ser. Desde los objetos personales más pequeños hasta los más grandes, todo el mundo estará conectado digitalmente, y muy pendiente de cada una de nuestras necesidades y gustos.

El mundo digital como lo conocemos hoy en día parecerá algo ridículamente sencillo y rudimentario en apenas una década, en 2025. Piensa como era la red hace apenas diez o quince años. Si tienes la sensación de que estamos ahora muy avanzados, no obstante, tengo claro que seguimos en los albores, en la antesala de la mayor revolución sufrida por la humanidad en toda su historia.

Gracias a la mejora de los semiconductores, los nanotubos de carbono, el grafeno, las redes de células, la tecnología 5G, las comunicaciones inalámbricas dominando nuestro entorno, la inteligencia artificial difícilmente diferenciada de la natural, los robots, los datos a velocidades imposibles, la retirada de intermediarios y elementos en las cadenas de valor (a pesar de los esfuerzos de gobiernos y gremios), la automatización de coches, barcos y aviones y la emergencia de un modelo empresarial basado en otro concepto menos conservador y mucho más arriesgado como las ‘startups’.

El mundo que según este informe habla de vehículos y viviendas que respondan a nuestros deseos, de aparatos que piensan por sí mismos y de geografías interconectadas, desde tierras de cultivo remotas a las ciudades superpobladas, todos, ya es perceptible, viviremos a ritmo digital. El estudio habla de una África completamente conectada digitalmente. Ese día tendrá lugar durante el año 2025.

2. Una sociedad con más memoria y capacidad de análisis, más sabia.

La comprensión del genoma humano y de mutaciones genéticas permitirá mejorar la detección y los métodos de prevención de enfermedades neurodegenerativas como la demencia y el Alzheimer. El análisis y comprensión del genoma humano tendrán efectos de largo alcance en el año 2025. Los Baby Boomers van llegando a los 80 años. El acceso a la memoria infinita que supone la red nos permitirá pensar independientemente de nuestros recuerdos y sus conexiones, la gestión de los datos y la información se trasladará entre modelos sintéticos y naturales sin problemas y la interacción mental entre máquina-humano se irá estandarizando.

3. La energía solar se convertirá en la principal fuerza energética del planeta.

Los métodos para la recolección, almacenamiento y conversión de energía solar son tan avanzados y eficientes que se convertirán en la principal fuente de energía en nuestro planeta. Gracias a las mejoras en la tecnología fotovoltaica, enlace químico y fotocatalizadores a nanoescalas tridimensionales, el uso del sol como fuente primaria del mundo de la energía será de uso masivo.

4. Será una norma la realización del mapa del ADN al nacer.

La evolución de los sistemas de microanálisis (análisis de una sola célula) y los avances en la nanotecnología, junto con las tecnologías más extendidas sobre Big Data, provocarán que se ejecuten automáticamente mapas del ADN como norma en todos los recién nacidos como parte del examen médico inicial. A medida que el volumen de la materia que puede ser manipulado en el laboratorio se hace más pequeño, mayores posibilidades de reconocimiento médico emergen. Los análisis de sangre potencialmente serán cosa del pleistoceno.

5. Y finalmente, el teletransporte será realidad.

Técnicas cinemáticas utilizarán las partículas de Higgs Boson. La cinemática es una forma de la mecánica clásica que estudia el movimiento de los puntos, los objetos y grupos de objetos independientemente del ímpetu para el movimiento. Estamos en el punto de inflexión y, actualmente, es un campo de investigación emergente. Los primeros indicadores apuntan a una rápida aceleración de la investigación que conducirá a la prueba de teletransportación (no humana) cuántica aproximadamente en 2025.

Pensar que lo mejor está por llegar es una buena manera de vivir. Le llaman optimismo, esperanza o vitalidad. A mi me gusta definirlo como ‘pasión por explorar’. Mientras vivo el presente, ya estoy deseando que llegue el futuro.

El futuro no es gratis

El futuro no es gratis

A veces nos preguntamos porqué unos viajan a la velocidad de la luz y otros a la de un carro de trotones. Hay naciones que pasaron de sumergidas a emergidas sin apenas darse por aludidas cuando las denominaban ‘emergentes’. Otras no se dan por señaladas cuando sencillamente se han hundido. El ser más o menos en el panorama internacional tiene ya poco que ver con lo que fuimos, con lo que decimos ser o con lo que nuestros dirigentes insisten aseguran que seremos.

Es ridículo poner el adjetivo ‘valley’ a todo recinto que desarrolla tecnología aunque esta aporte poco o nada al conjunto de la economía donde se encuentra. Digamos que, por mucho ‘valley’ que le pongas a un polígono industrial o a un campus tecnológico, no lo conviertes en un polo de atracción para las grandes innovaciones o los grandes desarrollos.

Hace falta mucho más. Para empezar que alguien se lo crea. Los pilotos de la innovación conducen startups. Muchos de ellos no lo hacen bajo el flujo de la tecnología más avanzada del planeta, ni tan siquiera necesitan grandes computadoras que procesen sofisticadas ecuaciones infinitas. Hablamos de emprendedores que utilizan lenguajes de programación simples, ideas sencillas y paradigmas disruptivos. Uber no deja de ser una idea que rompe con estereotipos, no es una máquina tecnológica que colisione con la teoría de la física cuántica.

Blablacar, Airbnb, Twitter o el mismo Facebook, cualquier App doméstica, miles de desarrollos influyendo en nuestra vida cotidiana, aplicaciones domóticas, matemática computacional basada en algoritmos tradicionales, analistas de procesos que ordenan el mundo con tecnología existente pero bajo otro prisma, impresoras 3D que marcan dinámicas de producción o ‘drones’ que nos explican donde va la futura cadena de valor comercial. Sin necesitar a científicos candidatos al Premio Nobel, estamos con empresas que nacieron bajo la influencia de un ecosistema de desarrollo y de pensamiento distinto.

Hay universidades, investigadores, diseñadores, venture capitals, consultores, ingenieros, científicos, comunidades, innovadores, creativos y líderes políticos que deberían ponerse en marcha en su conjunto y acelerar la máquina que, por comparación con otros lugares, parece parada. Líderes de innovación empresarial, emprendedores comprometidos con la innovación y políticas públicas capaces de estimular tanto talento que, estoy seguro, se desvanece a nuestros pies.

Pero solamente en algunos países logran que estos elementos se despliegan logrando un impacto determinante en la vida económica de su entorno. Hoy en día es fácil distinguir a los países que apuestan por el futuro real y los que lo simulan. También a esas instituciones financieras o semipúblicas que se ofrecen a estimular al tejido emprendedor o al desarrollo tecnológico y tras publicar una cifra récord de beneficios trimestrales que ronda los tres mil millones de euros, ofrecen un programa de apoyo a los emprendedores de diez. Y hacen publicidad y todo que les cuesta uno.

Hay países, remotos o no, donde se ha entendido que el emprendimiento (y tecnológico) son motores reales de competitividad económica y de cambio social. Los paises que simulan tanta innovación pero que nunca arriesgan son las que suelen definir todos sus ‘parques tecnológicos’ como el ‘x’ Valley de turno.

Llamar a según que lugar el ‘Sillicon Valley’ de la zona ‘X’, a parte de ser ridículo es un problema de concepto pues, quien quiera innovar y de verdad para modificar los procesos sociales y económicos e influenciar en el futuro deberá crear su propio modelo basado en la eficiencia y en el gasto real con sentido. Hay que invertir e invertir en startups, tecnología y valor añadido. Quien se detenga o dude en hacerlo deberá contemplar el futuro desde las filas del fondo.

Quiero señalar la noticia que se ha publicado estos días acerca de que el gobierno de India ha explicado que destinará algo más de 1.600 millones de dólares exclusivamente para invertir en startups. Igualito que en España y sus 35 millones. A pesar de que la India es gigantesca y que su potencia se intuye de cara al futuro, cabe establecer su economía actual con respecto, por ejemplo a Europa. El PIB en 2013 del país asiático fue de 1.408.457 millones de euros y el de España, por ejemplo, de 1.023.000 millones. Los cuadros comparativos no son tampoco tan extraordinariamente distintos por cierto.

Resulta que como parte del presupuesto del año 2014, el gobierno de India anunció que destinará esos 1.600 millones a las empresas tecnológicas que florecen en su país. Lo que parece extraordinario no lo es tanto allí. Esta inversión es la continuación varios centenares de millones que en los últimos años se llevan invirtiendo para liderar, desde las instituciones, la estimulación de ese cambio.

El gigante asiático es uno más. No es el único que ha decidido aprovechar la oportunidad que los nuevos tiempos ofrecen a los que, con liquidez, afrontan el reto de construir un futuro tecnológico, económicamente más competitivo y tremendamente estimulante. Cambios sociales, nuevas tendencias, eliminación de elementos laborables que ahora son un lastre socioeconómico en esos países se irán convirtiendo en algo mejor. Poco a poco el nuevo mundo se va vislumbrando y, exceptuando a Estados Unidos, el resto del escenario está siendo vendido a nuevos actores.

Hace unos meses que una de nuestras empresas opera en Nigeria. En el proceso mismo de creación del proyecto de internacionalización hemos visto que de las dificultades surge el conocimiento y el respeto, pero también que, en los casi dieciocho meses que llevamos gestando esta operación, la velocidad con la que, en este caso el gigante africano, asumen y digieren la tecnificación y la tecnología asociada es brutal. Cabe también hablar a parte de las enormes inversiones que se hacen desde los dirigentes públicos y privados que, en muchos casos, se han formado en las grandes universidades del planeta. Un país y un continente más a tener en cuenta si queremos ser globales.

En Latinoamérica, al contrario y asistiendo a mi propia experiencia, se puede estar perdiendo la mayor oportunidad de la que ha gozado ese continente. Existen iniciativas para acelerar los proyectos tecnológicos, pero se diluyen lamentablemente al no existir apoyo real y consideración por parte de los gobiernos. Hay mucha publicidad implícita en muchos países de estos y poca creencia real del costo que tendría. En algunos casos me recuerdan a Europa, a España especialmente. Durante los años de bonanza en los que el dinero rebosaba por las cañerías se hizo nada o muy poco por las grandes ideas, por la innovación, por la creación real de empresas de hilo tecnológico, por la nueva economía por la realidad futura y si se hizo mucho por las obras inservibles, por lo monumentos a la idiotez y por la hipoteca puente interminable. Poco por la formación y mucho por las vacaciones, el Chayenne y la tele de plasma implícitos en la hipoteca renegociada gracias al nuevo y extraordinario valor de la vivienda familiar.

Si bien la mayor parte del capital indio se proporcionará en manera de préstamo, India acaba de poner el listón bastante alto en eso de apoyar a los emprendedores tecnológicos. Ha dejado en ridículo cualquier idea que se tenga de los centros tecnológicos Latinoamérica o de Europa.

Transformar los templos del fútbol

Transformar los templos del fútbol

El domingo pasado acabó el mundial de fútbol de Brasil. Una especie de encuentro patriótico donde diversas naciones enaltecen el valor de serlo, gracias a los derechos de explotación de la imagen de los deportistas más destacados del planeta. Sin embargo, tras una épica escenografía y una arquitectura majestuosa se esconden años de trabajo y muchísimo dinero invertido, no siempre eficientemente.

Precisamente los estadios y sus áreas deportivas suelen quedar en semiabandono o en un uso menos destacado que para lo que fueron creados. Pongamos el caso de los casi tres mil seiscientos millones de dólares que la organización brasileña se ha gastado en convertir antiguos estadios en modernas instalaciones y campos desiertos en coliseos gigantescos.

Pero resulta que estos monumentos al ‘business’ deportivo ya han demostrado antes que tienen escasos beneficios económicos a largo plazo. Eso en un país como Brasil donde las revueltas previas al mundial se taponaron con promesas y subsidios efímeros podría ser una bomba de relojería a medio plazo. En el país carioca no se han terminado la construcción de todo cuanto estaba previsto, incluso se desestimó hacerlo para no dañar más todo el proceso mismo una vez llegaran las cámaras y los periodistas de todas partes. Pero hay otras obras en marcha, de mayor calado incluso, con mayor sintonía con el posterior abandono que pueden sufrir esas monumentales construcciones. Hablamos de las futuras Olimpiadas que, también, se llevarán a cabo en el país de ‘moda’ en América. Por lo menos hasta hace poco lo era.

Pero hoy quería tratar una idea de dos arquitectos franceses. Hay una propuesta, lejos de la tecnología que aquí tratamos pero que responde a criterios de innovación que si nos ocupa a veces y que da respuesta a un problema recogiendo una oportunidad. Puede incluso ser un modelo de negocio, híbrido entre lo inmobiliario, lo público y lo social, a medio plazo en muchos lugares. Se trata de que, en lugar de dejar que esas cajas enormes que suponen los estados sigan vacías, se conviertan en bloques de viviendas asequibles.

El equipo de arquitectos que lo han pensado lo llaman Casa Futebol y plantea un interesante debate acerca de que hacer con según que infraestructuras en los países que acogen eventos de este tipo. Visto lo visto podrían inspirarse algunos gobernantes de otros países que, si bien no han organizado nada reciente, si han construido mucho espacio que ahora está en desuso o desahuciado. Hablamos de aeropuertos que iban a liderar el cambio de época en zonas donde no aterrizan ni los ‘drones’ y de edificios ‘emblemáticos’ que siguen esperando el emblema pertinente pues no hay político que se atreva a fotografiarse en el ‘farwest’.

Axel de Stampa y Sylvain Macaux son los arquitectos que han propuesto este tipo de soluciones a los problemas de arquitectura. Os recomiendo su web si te interesa este tipo de temas pues cada semana presentan un proyecto. Lo llaman, una semana un proyecto y llevan ya veintinueve.

El modelo que presentaron para el asunto de los estadios brasileños es simple. Viviendas modulares diseñadas para encajar entre los postes de hormigón que rodea el exterior de un estadio como el de Maracaná, de manera que, según explican, han diseñado las hipotéticas casas para que el estadio pueda seguir funcionando como un espacio que albergue todo tipo de eventos y, que parte del dinero recaudado de la venta de entradas, se utilice para financiar la construcción y mantenimiento de las viviendas.

Axel y Sylvain aseguran que no serían ‘favelas de diseño’ sino viviendas de clase media con ventajas que generasen activos por el mismo hecho de estar donde están. Una teoría de reutilización para un mundo en transformación que, mientras elimina intermediarios en todo tipo de transacciones, no puede permitirse generar espacios sobredimensionados.

Cuando la alta tecnología deriva en algo doméstico

Hay quien está edificando el futuro. Son empresas que a partir de la colaboración de muchas personas a través de un modelo ‘crowdfunding’ o a partir de una inyección económica de un ‘venture capital’, están en este preciso instante desarrollando cosas que serán normales en el futuro inminente. Ayer supimos de dos de estas.

Por un lado ‘Ekocycle’, una bonita impresora 3D que pretende acercar el concepto de la fabricación de objetos a partir de desechos domésticos como botellas vacías de refresco y por otro ‘Spark’, una startup que pretende aplicar inteligencia a cualquier objeto doméstico al fin de que pueda conectarse a la Internet de las Cosas. Dos pistas donde se van a correr las grandes carreras en poco tiempo.

La transformación tecnológica de nuestra sociedad atravesará conceptos como la impresión en tres dimensiones y la conexión de datos y objetos. Todo ello ya está pasando y estos ejemplos de hoy no son más que los arquetipos que muestran los modelos iniciales de cuanto está por venir. ¿Recuerdas el aspecto que tenía una PDA? ¿Y lo que hacía? Tal vez ahora ves el reflejo de aquellas máquinas lentas y desconectadas en tu ‘smartphone’, de hecho algo hay, pero es increíble cuánto iba a evolucionar todo antes de que pudiéramos ni siquiera intuir el cambio.

Sobre la primera de las empresas que hoy estamos mirando, la Ekocycle, poco que añadir a lo que ya describen en Phys.org. Por algo más de mil dólares se podrá tener un aparato en casa que convierta botellas de CocaCola en cualquier objeto que te apetezca tener y que pueda ser susceptible de fabricarse en un material plástico. Sin embargo, lo que me interesa es el detalle de que ha trascendido que en 3DSystems están trabajando junto a Hershey’s para que cualquiera pueda ‘imprimirse’ los chocolates de la marca en la forma que uno quiera.

Poco a poco se van vislumbrando como otros intermediarios (tiendas) darán paso a un nuevo activo: los programadores de archivos 3D que podrán ser, perfectamente, ‘cocineros 3D’. Parece bastante evidente por donde van los tiros.

La otra empresa a la que nos referimos, Spark, es de esas de las que ya sabes que vas a poner en tu radar. Pretenden transformar tu universo inmediato en un complejo sistema de enlaces y conexiones que genere inteligencia y eficiencia a lo más cotidiano.

La tecnología de Spark quiere conectar el Spark Core, un dispositivo parecido a un microordenador instalado en cualquier producto eléctrico, con el Spark Cloud, que es el componente en el ‘cloud’ y que dispone de su propio sistema operativo de código abierto para que los desarrolladores puedan crear aplicaciones ‘conectoras’ sin problemas.

El fundador de Spark asegura que le vino el interés de conectar cualquier cosa con la Internet de las cosas al querer ayudar a su padre, con problemas de oído, con un sistema que hacía parpadear la luz cuando se tocaba el timbre. Algo básico que conducirá a algo complejo.

La teoría nos dice que ‘la Internet de las Cosas’ convierte en inteligente un objeto en el momento justo que se lo conecta a otro dispositivo o canal de datos. Si eso se puede hacer con una cafetera, una aplicación la convertirá en ‘inteligente’ y a partir de ahí dispara tu imaginación. ¿Cuantos desarrolladores de ‘apps’ para iOS o Android vieron desde el principio las posibilidades de crear aplicaciones hace ya unos años? ¿Quiénes están creando aplicaciones para iWatch o para las Google Glass? ¿Sabes quienes están pariendo software concreto para el Google Car? No se si se me entiende.

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