Otra punto de vista del crecimiento de Irlanda

Otra punto de vista del crecimiento de Irlanda

Hoy participo en una charla sobre el estado económico de Irlanda en el DIT. El tema de debate radicará en un análisis sobre las cifras de crecimiento que sobre este pais se publicaron hace unos días. Existe una doble percepción acerca de lo que realmente supone tal repunte y si se debe exclusivamente a las empresas tecnológicas, a la exportación, al turismo o a una curiosa realidad derivada de la contabilidad fiscal. El gráfico que acompaña el post refleja la potencia de un sector exterior que es la envidia de muchos y en ese hay un peso gigantesco de alimentos y bebidas.

De hecho la duda que le quedan a muchos analistas como Cormac Lucey del Economic Outlook del Times es que la gente no percibe en su día a día ese crecimiento del 7,7 % del GDP o el 9% del GNP. En cualquier conversación la gente te compara esas cifras con su propia realidad, que para nada ha crecido ninguna de esas dos cifras, diciendo ‘if things are so good, how come I feel so bad?’.

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Esto nos suena guardando las diferencias, pero en España se habla de ‘recuperación’ de la economía (con el mercado inmobiliario asomando por el horizonte de nuevo) pero la realidad familiar sigue siendo dramática para millones de personas. La teoría de porque pasa esto en Irlanda es distinta a la de otros países. En el caso del ‘tigre celta’ puede estar detrás, también, de las empresas tecnológicas, su realidad extrema de un nuevo modelo económico sin fronteras y universal y su fiscalidad diferenciada con el resto de países de su entorno.

Tras unos días circulando la noticia del liderazgo irlandés en el crecimiento en Europa el descontento ha ido en aumento. No ha parecido sentar tan bien como preveían desde el gobierno, pero sin embargo la opinión general es que tarde o temprano, la bonanza se distribuirá entre todos.

Pero debemos ser más exactos y no lanzar datos tan positivos sin analizar la ‘cara b’ del asunto. Una de las razones del descontento social radica en que, a pesar de la estadística oficial, es que gran parte de esa fría mejora se ha producido a expensas del bienestar de las personas que se ha lanzado a trabajar por cuenta propia que aquí, como en España, te coloca directamente en una zona ‘pensionable’ de menor valor. La falta de empleo se ha traducido en una eclosión emprendedora que, a diferencia de España, aquí no se ve con tanta buena cara. Se considera que el ‘emprendedor’ no siempre lo es por gusto y a la aureola mágica del mismo se le pone una corona de espinas.

Pero la razón fundamental para que el crecimiento que las estadísticas reflejan no acabe de sentirse en el cuerpo social puede estar detrás, precisamente, del modelo tributario y de la tipología de empresas que lideran la productividad en Irlanda.

El ejemplo que pone Irwin Stelzer suele poner en este caso es sintomático. Si un microchip manufacturado por Intel en su planta irlandesa se vende por 100 euros, todo ese bruto va directo al Irish GDP a pesar de que 40 euros de esos pueden ser la parte del beneficio que reclamará la matriz de Intel, principalmente los accionistas en Estados Unidos. Pero, por el contrario, el producto nacional bruto utiliza el enfoque de propiedad cuando se trata de determinar una renta de país. Por ello ese ejemplo repercute en que sólo 60 euros de ese microchip serían atribuibles a los propietarios no nacionales o delegaciones como la irlandesa. Esto sucede con casi todas las tecnológicas en este país que tributan aquí pero derivan parte de ese beneficio a accionistas o equilibrar balanzas de las matrices.

Defiendo que la economía ha cambiado mucho básicamente porque el terreno de juego es otro. La tecnología digital lo ha permitido. Los que definen como ‘trampa’ el tributar en Irlanda, incluso a pesar de tener a miles de empleados aquí, se olvidan precisamente de que no estamos en un modelo del siglo pasado donde la tipología de empresa no permitía esa movilidad. Pero no todo es como lo pintan y la cara b muchas veces es tan importante como la principal pues sin una no hay la otra.

Una fiscalidad baja para las empresas estimula su creación, instalación y crecimiento. A la vez este tipo de ecosistema crece gracias a las empresas de rango tecnológico pues les es más fácil ‘desmantelar’ sus plantas en cualquier parte y trasladarse donde obtengan beneficios más altos por tributar más bajo.

Ese despliegue de empresas tecnológicas anima a otras a que vengan, el intercambio de conocimiento y talento se hace evidente en algunos lugares de este país de manera vibrante. Cada vez son más y mejores. Personas de todo el mundo que quieren trabajar en ‘las grandes’ se acercan aquí en busca de su contrato estrella. Y lo logran muchos. Otros, al calor de tanta tecnología, deciden probar su propio proyecto y lo hacen aquí por esa tributación baja, las ayudas al emprendimiento y la atmósfera propicia.

Pero tanta empresa de este perfil repercute en lo que comentaba al principio del post. Nada es bueno o mal, hay grises. Ya comenté el encarecimiento de todo, el alto rango de tasas e impuestos indirectos que pagamos lo ciudadanos de este país, pero hay otro elemento que no es equiparable a la realidad estadística de unas cifras, que siendo muy buenas, se dejan algún factor importante.

De ese crecimiento bruto hay un alto porcentaje que no se puede trasladar a la sociedad, no directamente puesto que pertenece a ese tipo de empresa que, si bien se beneficia de su ADN digital, también lo utiliza para trasladar sus ventas a su matriz.

No obstante, prefiero crecer al 7,7% y que una parte de ese valor tenga un origen en la industria que ‘eleva’ a sus empresas de Estados Unidos una parte importante de las mismas, a no crecer. Al fin y al cabo, si esas empresas ganan dinero seguirán invirtiendo aquí y contratando más y mejores empleados que cada vez tendrán mejores salarios y cada vez consumirán muchos más productos o servicios. Sin dejar de mirar los datos al detalle, sin permitir que los datos oficiales cieguen por lo brillantes, debemos también reconocer de donde salen y en que repercuten en su conjunto.

Westinghouse

Westinghouse

La primera semana de diciembre saldrá el primer número de la nueva revista económica Westinghouse, Future Economy. El nombre se inspira en el que fuera nominado a recibir el Premio Nobel de Física en 1901, George Westinghouse. En el primer editorial explicaré con detalle la elección del nombre y la espectacular y brillante vida de un inventor, investigador y, también, empresario que impregnó en cada uno de sus proyectos personales la huella de la innovación, su voluntad de transformarla siempre negocio y la búsqueda de trasladar en los demás su visión humanista de todo ello.

La nueva revista constará de secciones vinculadas a la Nueva Economía pero también se acercará a aspectos poco conocidos, didácticos y muy divertidos de la propia economía. Con un valor atemporal y buscando ser interesante en cualquier parte del mundo, tendrá, por supuesto, diversos elementos de actualidad que permitirán enlazarlo todo de un modo interactivo y estimulante.

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La redacción que ya está trabajando en el primer número estará compuesta por Jacobo Ferrando, Killian Sevilla, Javier Salso, Inma Tortajada, Jorge Segura, Carlos Guerrero, Pepe Crespo, Ricardo Moreno, Isaac Gonzalez, Alejandro San Nicolas, Eloi Serrano, Ivan Gimenez, Rafael Calle, Jacinto Llorca y Carles Enric López y escribirán en los apartados ‘Nuevas tendencias económicas’, ‘Emprendedores por el mundo’, ‘Milenials’, ‘Hoy presentamos a una StartUp’,  ‘Bootstrapping’,  ‘Models de fondos e inversión’, ‘Como será el mundo, como fue…’, ‘ los otros Sillicon Valleys’, ‘The conference’, ‘Freemium’, ‘The next X Think’, ‘Cloud and Big data’, ‘Econofunny’, ‘Zooeconomia’, ‘Filmeconomy’ y ‘WTF!’.

Lo dicho, hasta primeros de diciembre no tendremos el primer número listo, a partir de entonces, cada principio de mes un número.

Invertimos en la nueva manera de vender de ‘PayRandom’

Invertimos en la nueva manera de vender de ‘PayRandom’

Hay que apoyar a las startups que aporten algo nuevo y diferente al mercado. En este caso lo hemos hecho de manera importante con una apuesta dirigida a PayRandom. Una innovadora compañía que ha cerrado la entrada en su capital de nuestro fondo Sitka Capital y que ya pasó por el concurso Conector en el eShow de Barcelona con muy buena acogida. PayRandom es una innovadora propuesta que ofrece a los e-commerce una alternativa al habitual proceso de compra y, recientemente, ha sido reconocida por la Generalitat de Cataluña, que la ha elegido una las 7 mejores empresas TIC de Cataluña.

Con apenas dos años, PayRandom se ha convertido en una de las startups más innvodoras del sector del ecommerce en nuestro país. Esta entrada pretende aportar solidez al proyecto, dejando claro que el futuro de las compras online también podría pasar por una ‘user experience’ más divertida y, por supuesto, segura.

A título personal considero que esta startups está en condiciones de dar el salto a mercados anglosajones. Dublín bien podría ser un trampolín que a buen seguro significaría un paso más para un equipo que está haciendo muy bien las cosas. Son ya casi una decena las empresas que se han venido aquí con nosotros y estoy seguro que el acceso a fondos privados y a la facilidad para enlazar con estímulos públicos bien podría ser una oportunidad irrepetible para la empresa liderada por Arnau Torné, Adriá Muixí y Jordi Pineda

En el blog ‘Ecommerce y Marketing’ describen muy bien esta prometedora startup diciendo que ‘PayRandom ha diseñado una ruleta de ocho casillas. Cada una de ellas contiene un precio o un descuento (según lo prefiera el ecommerce), y cuando el usuario accede a jugar, la ruleta gira hasta detenerse en una de las casillas. Es de este modo cómo se determina el importe final del producto, de una manera 100% aleatoria.’.

Con mucha creatividad y esfuerzo PayRandom ha inventado una nueva forma de vender, y permite a los ecommerces ofrecer un nuevo canal de venta a sus clientes, aumentando considerablemente el reclamo de sus ofertas. En breve veremos las opciones de integrarlo en la plataforma Openshopen entre otras.

¿Por qué le llaman prensa cuando quieren decir negocio?

¿Por qué le llaman prensa cuando quieren decir negocio?

Es sorprendente, y lo digo con pena, la escasa imprevisibilidad que los medios escritos por la llegada de dispositivos digitales y redes sociales tuvieron en su momento. Sigue siendo curioso ver como del estupor y la desidia se ha pasado a un ‘cuando la tormenta pase’. Y no pasará, sencillamente el clima ha cambiado.

Como asegura Clay Shirky, los ingresos de la impresión de anuncios han caído un 70% en una década en los países más desarrollados, 2013 vio el índice más bajo jamás registrado, y 2014 será incluso peor. La revolución que vive el mundo, mucho más que una crisis, responde al posicionamiento de las piezas de un puzzle socioeconómico y vital entre hombres, tecnología y política. Una economía en funcionamiento que se ajuste a la nueva realidad precisa de compradores y de vendedores y si queremos vender deberemos de activar todos los mecanismos para que así sea. La empresa privada, la banca, los sindicatos, la política y, por supuesto, la prensa deberán poner de su parte. Todos están en condiciones de entenderlo pero no todos están dispuestos a hacerlo.

Todavía hay quien defiende la impresión en papel como se defiende el libro físico. Apelando a un romanticismo por el aroma de la tinta, del encuadernado o del café manchando las páginas durante el desayuno, algunos aseguran que el papel nunca desaparecerá. Si revisas todas las tablas acerca del uso del mismo y el crecimiento exponencial del consumo de revistas y periódicos en formatos digitales exclusivamente, parece absurdo mantener esa afirmación.

Coincido con el artículo de Clay Shirky en que el cierre de un periódico local no debería ser más destacable que el cierre de una agencia de viajes de barrio. La diferencia, notable, es que la primera la componen los que escriben noticias. Por eso nos parece como una especie de cataclismo, una catástrofe inaceptable que va en contra de la ‘libertad’ y el conocimiento. Pero la verdad es que no responde a nada más que la voraz y rápida adecuación de nuestros tiempos.

No obstante habrá quien querrá encontrar una dimensión moral en el colapso de los periódicos, como si la dependencia de empresas, modelos de pensamiento e intereses fuera algo que fuera imposible de manejar por más tiempo. Siglos nos observan y demuestran que debe ser algo más tecnológico, menos espiritual y mucho más evolutivo. En España hay medios profesionales convertidos en modelos disruptivos que estudian y exploran métodos digitales innovadores pero también mecanismos de financiación mucho más realistas con nuestro momento.

De explicaciones sobre la escasa objetividad de la prensa, el que las personas pueden informarse por otros medios ‘no manipulables’ o derivados quedaría bien en un ‘meeting’ pero no se ajustaría a la realidad completa. Hablamos de un asunto general, global, donde las fronteras no las marca la capacidad para ser objetivo del colectivo periodístico, sino el despliegue tecnológico asociado en una u otra sociedad. La caída en Uganda es más lenta que en Canadá por poner una comparación relativa.

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Pero lo que ha pasado, sencillamente, es que los anunciantes se están yendo. Nada más. Lo que se debe averiguar es el motivo y debe estar en aquello de ‘business is business’. Siguen habiendo versiones de lo ocurrido que se alejan del problema real. Se asegura que en menos de un minuto algunas cosas volverán a su sitio. Parece que no se interpreta el momento adecuadamente y las llamadas a la ‘recuperación’ no son más que cantos de sirena. Que la economía mejorá es obvio, por comparación debe hacerlo, pero el territorio que deje no tiene porque ser el mismo que antes de la eclosión, digamos que seguramente será antitético.

La desaparición de cualquier medio es algo dramático, pero lo más grave no es eso, lo es la fuga de conocimiento y talento que se va por las cañerías cada vez que eso sucede. Si eres periodista o lo quieres ser, deberás estar preparado para serlo de otro modo. Tengo la impresión que el periodismo, la comunicación en general, será, de nuevo, quien en primera instancia sufrirá en su epidermis el frío de un nuevo paso hacia esa sociedad tecnológica y automatizada. Otra vez, me temo, habrá quien nos mostrará la crudeza de esos cambios, pero a la vez, tendrá la oportunidad de mostrarnos la puerta del futuro entreabierta. Un nuevo giro al molino de este ‘cambio de época’ está ya larvándose.

Tal vez nos toca a emprendedores y actores económicos entender que en los medios de comunicación hay un escenario donde se puede ver el futuro. Si queremos preservar las hectáreas de conocimiento, razonamiento, información, debate y distribución de la inteligencia que el periodismo supone, tal vez, deberíamos poner de nuestra parte. Menos subvenciones para soportar redacciones del siglo XIX y más implicación social y empresarial en la construcción de los canales por los que nos hacemos mejores ciudadanos gracias a la información. Si la prensa es solo periodismo seguramente no logrará encajar en un mundo que exige eficiencia y beneficio. Si quiere ser negocio no debería dejar de ser periodismo. El cruce es sencillo y sofisticado a la vez. Negocios adecuados a nuestro nuevo tiempo tecnológico, social, inmediato, robotizado y automático, pero garantizando el implacable factor humano que repercute en el análisis de nuestra realidad.

Y es que un periodista tienen la obligación moral de mostrarnos el mundo tal y como es y no como los poderosos quieren que nos digan que es, por eso el equilibrio es complejo. Además no podemos dejar en manos de las redes el formato informativo. Las redes sociales son un espacio, un territorio idóneo para que encuentren el equilibrio cierto entre la verdad oficial y la exacta. Creo que los periodistas deben convertir en un chorro asequible parecido al de un grifo, el tremendo caudal de una bomba antiincendios que supone la red. Si intentamos beber directamente en esa boca de incendios nos mojaremos completamente y seguiremos teniendo sed pues es imposible beber.

Invertimos en la ‘multirealidad’ de Viuing

Invertimos en la ‘multirealidad’ de Viuing

Una nueva apuesta se suma al ‘pool‘ de startups donde estamos invirtiendo. De la mano de la gestión de Sitka Capital hemos entrado en Viuing, una de las más destacadas apuestas de nuestra aceleradora Conector. La verdad es que el equipo que dirige la compañía y los socios que se han sumado recientemente presagian un muy buen destino para este proyecto.

Un equipo fundador formado por Sergio Palomino, Marc García y Toni Felguera y con mentores del calibre de Jorge Lasheras, ex-presidente de Yamaha Motor España, y mi socio en tantos ‘líos’ Carlos Blanco, emprendedor que recientemente ha ganado el Premio Mejor Emprendedor de los X Premios Pyme Expansión-IFEMA, que asegura un buen tiro con esta entrada en el capital de la empresa.

Viuing consigue que el espectador asistente a grandes eventos no se pierda ninguna parte del espectáculo a través de un dispositivo basado en tecnología TV, muy económico, sencillo y funcional, que retransmite de manera precisa y a tiempo real todo lo que ocurre. Acabado el espectáculo, el espectador puede llevárselo como recuerdo o depositarlo en unos contenedores para su reciclaje. Tantas veces hemos hablado de esto del multidispositivo y la multipantalla pero nunca hemos atendido a la multirealidad. Es algo superior a la realidad aumentada, os lo aseguro.

Me encanta participar en proyectos de este tipo, disruptivos, innovadores y que arriesgan por el lado del entretenimiento tecnológico. Ya os iré contando. Estos días estamos entrando en varias nuevas startups y creando un nuevo vehículo de inversión radicado en objetivos más internacionales y que permita la entrada con importes muy asequibles.

Prueba un ‘analizador de sentimiento’

Prueba un ‘analizador de sentimiento’

Normalmente en este blog comentamos que se está haciendo por el mundo tecnológicamente hablando. Cuando hablamos de coches autopilotados o robots nos parecen temas a los que solo acceden los implicados. La verdad es que la velocidad de implementación social de muchos de esos temas será rápida pero no inmediata. Sin embargo no es preciso ir a las complejas cavidades de la robótica para poder ‘jugar’, guardando las distancias, con el futuro.

La startup gallega Cilenis es una de nuestras empresas participadas. Tal vez, de todas, es la que con mayor intensidad trabaja cada día el espacio de la investigación y el desarrollo. Han sido finalistas en del Building Global Innovators del Massachussets Institut of Technology de Boston y han logrado finalizar un ‘road map‘ de creación de herramientas lingüísticas como establecimos hace unos meses.

Sin pretensiones inasumibles, el producto final, Linguakit ya ha logrado reconocimientos por parte de comunidades que estudian este tipo de productos y es una buena manera de acercarse a los automatismos de este tipo. Os propongo que hagáis uso de las funcionalidades de lo que poco a poco irá siendo la escritura robótica. En este caso todo cuanto se puede obtener está basado en las demandas de los profesionales de la escritura, el análisis de datos y la lingüística compleja. Parte del futuro de la comunicación pasa por ahí.

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El portal ofrece tecnología útil para el día a día: un corrector ortográfico y gramatical, un metra traductor que elige el mejor traductor automática para hacer tu traducción y la gran novedad, un resumidor automático de textos. En la parte lingüística, un analizador morfológico, sintáctico y un buscador de palabras en contexto y palabras más frecuentes.

Ahora bien, la herramienta de este ‘pool‘ que ha obtenido un reconocimiento reciente es el ‘analizador de sentimiento’ que se sitúa en el top 3 en lengua española y el top 25 a nível mundial con la lengua inglesa. El gestor de palabras claves por interés semántico, el extractor de multipalabras y el de entidades como personas, lugares, organizaciones, cantidades y fechas, es impresionante. Pruébalo, está todo en una plataforma común que reúne alta tecnología para todos. Dispone de modelo freemium y también de integración via API para empresas. En los próximos meses vamos a procurar obtener la gasolina necesaria para que se lancen a ‘las grandes ligas’ y seguir avanzando en el campo de la ‘traducción en tiempo real’, la gestión del ‘big data lingüístico’ y lo que llamamos ‘periodismo robótico’.

Y permitidme una primicia y que tiene que ver con el uso de la tecnología de este tipo y algo en lo que estoy implicado con algunos de los lectores de este blog. Como dije hace unos días, voy a dirigir una revista económica y, entre otras innovaciones, ya podemos decir que tendrá una sección escrita y tratada por el software de periodismo robótico que aportará Cilenis. Es emocionante pensar que a nivel de analíticas textuales y extracción de información podamos componer parte de un medio de comunicación.

La emergencia de una nueva publicidad

La emergencia de una nueva publicidad

Los datos son la llave maestra. Los son para Google y también para Facebook. Lo son para cualquier empresa que maneja centenares de millones de usuarios o ‘clientes’. Empresas que ofrecen productos sin coste para lograr armar perfiles con todo detalle de cual el uso que haces en sus plataformas o herramientas. Digamos que ambas compañías ofrecen a los usuarios un contrato claro. Si me das acceso a tus productos sin tener que pagar nada, tu puedes obligarme a consumir publicidad totalmente segmentada.

Lo curioso de este hecho es que, cuanto más peso tiene nuestro ‘pool’ de datos, cuanto más nos abrimos a esas plataformas, mejor y más interesante se muestra la publicidad recibida. Digamos que la experiencia de usuario se beneficia de nuestra ‘confianza’ en el soporte. La integración y transformación sistemática de la información puede generar la aplicación inteligente de diversos procesos, entre ellos la inserción de publicidad. Si asumimos como principio fundamental que las redes sociales, independientemente del uso más o menos mercantilista que pueden tener en momentos concretos, son redes de conocimiento, veremos que el proceso dinámico del propio conocimiento desarrolla espacios compartidos que otorgan más, y nuevo, conocimiento.

Recordemos que el conocimiento en la red se basa en la creación de ideas, en la búsqueda e intercambio de información, en el apoyo de decisiones en base a la comunicación y en la administración de cuanto obtenemos debatiendo y desarrollando conceptos. No es bueno satanizar la publicidad porque esta venga del origen televisivo, radiofónico o textual. No es lo mismo.

Igual que centenares de oficios y profesiones se están viendo afectados por este nuevo tiempo, los publicistas buscan su encaje, los gestores de contenidos publicitarios también y el ‘branded content’ aparece como alternativa. No tengo ni idea de por dónde acabará desembocando pero tengo claro que hay una revolución pendiente en el sector y va mucho más allá de la gestión de banners, interpretación de ‘adwords’ o la más o menos creativa atención a ‘influencers’. Me temo que lo que se avecina en este campo tiene que ver con los datos, pero unos datos masivos, socializados y conjugados entre máquinas y humanos. La creatividad es, de momento, un territorio biológicamente reservado a las personas, pero nadie puede asegurar que sea para siempre.

De momento los datos van tomando espacio. Las compras de empresas con millones de usuarios por precios desorbitados y que desencadenaron críticas furibundas, van tomando sentido. Los usuarios de Instagram en el Reino Unido comenzarán a ver los anuncios en sus feeds desde hoy mismo. Es un claro ‘paga por el contenido’ pero tranquilo que te pondremos lo que realmente te interesa.

La prueba piloto utiliza marcas de primer nível, pero es eso, una apuesta inicial. Las seleccionadas son Starbucks, Cadbury, Channel 4, Rimmel London, Sony Music, Estee Lauder y Waitrose. Muchos usuarios (clientes ahora) de Instagram pensaran que es una ingerencia en su ‘timeline’ que ellos no pidieron. Probablemente muchos se darán de baja o reducirán el uso, pero lo que es cierto es que con los datos que Facebook posee sobre ti y tu cuenta de Instagram enlazada, lo que te van a mostrar en el futuro es lo que quieres comprar antes de que lo sepas.

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El modelo elegido es mostrar fotos y videos de alta calidad y reservando el estilo de una revista ‘cool’. Digamos que el usuario ha ganado algo: la publicidad ya no se atreve a meterse sin cuidar antes las formas. Otra cosa será cuando y que decidirá mostrar.

Esto de la publicidad targeteada aun está lejos del uso certero que tendrá en los próximos años. Recuerdo cuando Facebook era capaz de interpretar que me estaba divorciando o que me podía interesar un tratamiento para las uñas. Un desastre si atendías a los anunciantes de la columna derecha. Eso ha ido mejorando, se basan en tu ritmo de navegación, conexiones y complejas fórmulas que entregan mayor veracidad e interés a lo que podrías querer. Sin embargo eso acelera. Cada vez será más sofisticado y eficaz. El uso del big data es el origen, pero la interpretación social de todo ello, el destino.

James Quarles, jefe de Instagram, justificaba la apuesta publicitaria de la red de las fotos ‘vintage’ diciendo que ‘la gente viene a Instagram para expresar su creatividad y ser inspirados, y los negocios siempre han sido una parte significativa de esa experiencia. Nuestra comunidad en el Reino Unido creará hermosas imágenes patrocinadas’. Veremos. Poco a poco la publicidad deberá de ir tomando conciencia de su nueva condición. Los que primero lo hagan mejor publicitará.

Cuando los robots nos pidan ayuda

Cuando los robots nos pidan ayuda

Ayer estuve en un laboratorio de robots. Me costó dormir. Se acerca algo nuevo. Le llaman la nube robótica. La verdad es que es una suerte poder ver estas cosas de primera mano. En el conocido Sillicon Dock de Dublin hay varias empresas que tratan estos temas conectadas directamente con laboratorios científicos y empresariales de otros lugares como el MIT de Boston. El tema que les ocupa ahora mismo va más allá de la Internet de las Cosas, el Big data, el periodismo robótico o los coches sin conductor. Esto va de todo ello y mezclado. Sin anestesia. Hablan de memoria sin límites, de una nube robótica que lo enlazará todo, pero también de cómo nos relacionaremos los humanos y los robots, y como los robots se relacionarán con sus ‘semejantes’.

Digamos que en tiempos donde la memoria empieza a ser algo menos fácil de definir pues, independientemente de nuestras capacidades biológicas y de los límites que podamos tener como humanos, la memoria añadida y la gestión de la misma ya no está en nuestras manos, depende en gran medida de nuestras habilidades digitales. Pero ahora imaginemos que nuestra memoria se enlazara a la inteligencia artificial y a los objetos conectados. Imaginemos un mundo en el que, cuando perdemos la memoria, un robot, un software o el conjunto de objetos conectados en nuestra vida inminente nos proporcionaran todo cuanto es preciso para normalizar una vida sin recuerdos.

Muchos dicen que esto es ciencia ficción y que los robots nunca podrán descartar o reconocer cosas que ni tan siquiera han visto antes, aportar valor con datos que le son inéditos o tomar decisiones cuando se enfrenten a imprevistos. Los robots de tipo doméstico con los que ya se está experimentando tienen una conexión wifi que les permite acceder a tiempo real a cada vez más información y así proporcionar respuestas y soluciones a problemas que vayan surgiendo en el inmenso universo de lo imprevisto. El big-data tiene la respuesta y la gestión de todo ello desde la nube es el camino para que, lo que no sea posible almacenar, sea accesible a tiempo real.

Ayer y hoy he estado con unos jóvenes que están desarrollando un proyecto sobre la Internet de las Cosas y su vinculación con la nube. Me ofrecieron ser mentor durante esta fase inicial de definición del proyecto y, a pesar de que me siento como un niño y a años luz de lo que estos tipos saben hacer, he aceptado pero para aprender yo más de lo que pueda enseñarles yo mismo. Es una startup irlandesa muy interesante que ha logrado un fondo enorme para trabajar tranquilamente en este proyecto y darle viabilidad a través de un modelo de gestión robótico.

Resulta, y esto me lo han contado ellos, los robots están empezando a utilizar un enfoque estadístico conocido como ‘el espacio de creencias’. Hay películas que hablan de ello y que, guardando sus distancias podemos tomarlas como inspiración. Recuerdo las repercusiones de la película Her por aportar ese género de un mundo donde un sistema operativo casi humano te aportaba elementos gracias a la conexión constante a la nube.

Estamos, como he dicho antes, en la antesala, en pañales de todo cuanto va a pasar en apenas diez años. Ahora mismo sabemos que la búsqueda de soluciones por parte de una máquina requiere una enorme cantidad de potencia de cálculo. Algo que ya sabemos que no es un problema. Capacidad y velocidad quedan superados por la tecnología existente. Además, los humanos estamos cada vez más conectados y el intercambio de información no hace más que crecer de manera exponencial. Pero lo tremendamente disruptivo de verdad será cuando los robots se relacionen entre si.

Considera la posibilidad de que un market place como Amazon, que tiene que llenar rápidamente miles de pedidos y cajas de embalaje disponga de decenas de robots interactuando entre ellos. De hecho eso ya pasa. Una compañía llamada Kiva vende unos robots que hablan entre sí y se organizan de manera inteligente. Trabajan en equipo y se estructuran automáticamente. El hombre, el técnico que los dirige, sólo incorpora factores que modifican algún aspecto. Lo impresionante del tema es que los ‘equipos’ de robots llegan a aprender como un solo individuo y cuestionan algunas de las decisiones ‘directivas’ del humano en cuestión.

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Me contaban estos desarrolladores que cuando un robot encuentra un inconveniente alerta inmediatamente a los otros para evitarlo. Digamos que el aprendizaje del software y los robots es la escala inminente. Diseñar y proponer aplicaciones para este tipo de proyectos es una apuesta segura aunque difícil. Imagino un programa a incluir en estos robots que permita que compartan datos de un modo sustancial y que permita que en la entrega de códigos entre ellos mejoren su rendimiento colectivo y a su vez el de cada artilugio en particular.

Es algo así a como será el mundo de los coches autopilotados. Cuando los robots determinen cómo y por donde se debe ir a un destino con nuestro automóvil y nosotros solo podamos observar y asumir que vamos por el mejor lugar posible, entonces, estaremos ingresando en la conducción socializada y compartida. Digamos que estaría bien diseñar un software capaz de comunicarse con todos los vehículos autopilotados en marcha o pendientes de salir. Una vez detectado la ruta y el tiempo el software (como un gran hermano universal) decidirá la ruta definitiva, incorporando variantes en base a factores como el tráfico, las obras, etc. Suena raro, puede que de respeto o moleste, pero es lo que viene. Mejor pensar que podemos hacer para mejorarlo, trabajar en ello o lo que sea, que mostrarse impasible y esperar que nos supere.

Finalmente podemos encontrarnos el modo error. El robot en modo ‘not found’. Estos de Kiva contaban que los robots a veces se ‘aturullan’, fallan, se quedan como en blanco. Buscan información y no la encuentran y deciden parar. Es una metáfora de la vida humana tremendamente simpática. Ahí, hay quien está trabajando en un modelo de respuesta, aplicaciones que permitan que ese robot acabe en brazos humanos. Si no encuentras la respuesta, si esta exige algo que los códigos y datos no te dan, tal vez, y digo solo talvez, debería hablar con un humano.

Aquí se están diseñando cosas como lo que podría ser el teléfono de la esperanza de los robots. Un software que incorpora la posibilidad de que un robot nos pregunte. Tremendo. Se abren mil dudas. El nivel de confianza del robot, el modelo de conversación, etc. De momento las pruebas se basan solamente en una conversación escrita y en lenguajes informáticos pero, como todo, la realidad futura está tras la puerta de entrada de lo que ya va llegando.

A estos chicos les pregunté ayer mismo como se combina esto con el comercio electrónico. Su respuesta la reservo para otro post, pero adelanto que es increible cuanto se está trabajando para que la compra ‘de la nevera’ no sea un hecho aislado y que el ‘personal shopper’ del futuro no es una ‘blogger de moda’ andando entre tiendas, sino más bien un artilugio conectado esperando un dron de un ecommerce cualquier, tal vez el tuyo.

¿Por qué crece Irlanda al 7,7% y lidera Europa?

¿Por qué crece Irlanda al 7,7% y lidera Europa?

El pasado viernes supimos que la economía de Irlanda ha experimentado un crecimiento del 7,7% en el último año. Un crecimiento estimulado por la inversión y por las exportaciones. Tened en cuenta que este país exporta 118.100.000.000 de dólares anuales con una población que no llega a los cinco millones. Por comparar, España exporta apenas tres veces más y posee una población diez veces superior.

Tengo claro que las cifras de crecimiento tan abultadas suelen ser habituales después de una recesión. Es pura comparación con periodos inmediatamente anteriores, pero es destacable no obstante, que estén en eso que llaman ‘la salida de la crisis’. Importante sería atender si esto es ‘la salida’ de algo o sencillamente el asentamiento de un modelo económico, una apuesta tributaria y una gestión adecuada de la tecnología.

Este punto, el de los impuestos, que suele ser motivo de críticas muchas veces sin gran conocimiento del hecho concreto, debe también analizarse dentro del concepto de la Nueva Economía. Se quiere prohibir la práctica de las empresas digitales que minimizan sus facturas en países donde la tributación es alta y la amplian donde eso no es así como el caso de Irlanda. La verdad es que la naturaleza del producto que venden estas empresas no deja de ser la materia prima de nuestro tiempo, datos, bits y activos digitales. Algo que se puede ‘producir’ en cualquier lugar y venderlo por el mundo. La decisión de vender algo ‘no físico’ desde Irlanda, con miles de trabajadores en tus oficinas, y tributarlo ahí parece hasta lógico. En lugar de pelear contra lo irremediable, como pasa con otros asuntos que caracterizan nuestro tiempo, tal vez tocaría adecuar las ancianas leyes fiscales que rigen el mundo como si fuera todavía el de la Revolución Industrial. Como todo en esta vida, la adaptación a los tiempos de algunos les proporciona ventajas.

Guste más o menos esto permite que se respire otro oxígeno. Mientras los países que hablan de recuperación, como España, lo suelen hacer amparándose en los modelos de siempre, aquí las noticias son que ‘Airbnb ofrece 500 puestos de trabajo que piensa ubicar en las antiguas oficinas de Facebook, la cual se ha ido al lado de Google para poder albergar a nuevos cientos de nuevos empleados. La diferencia es notable.

Volviendo al crecimiento. Mi impresión es que el ‘tigre celta’ se acomodará en un crecimiento medianamente largo de un 3%, o un poquito más, durante la próxima década. La garantía de que el gobierno de Dublín no piensa interferir en esta súbita ‘recuperación’ estaría detrás de la fiabilidad del momento. Veremos. Los que vivimos y trabajamos aquí sabemos que un impuesto de sociedades más bajo estimula la inversión, favorece que exportes más y te permite contratar más gente. No tocarlo sería la idea. De hecho siguen con su planteamiento de, cuanto menos impuestos, mayor beneficio. Lo hicieron con el turismo hace un año, donde la reducción de tasas que gravan las diferentes actividades del sector como aeropuertos, hoteles, restaurantes, dispararon su crecimiento.

La recaudación fiscal sigue aumentando a pesar de ese bloqueo fiscal. Esa es la clave. La guerra por mantener una presión fiscal baja a las empresas está proporcionando una capacidad de crecimiento a las mismas muy importante. Sin embargo que nadie se lleve a engaño. Si quieres tributar desde aquí, deberás estar aquí. El resto de opciones no son compatibles con la legalidad o por lo menos con la legalidad inminente. Google, Apple, Ebay, Amazon y decenas de grandes compañías tecnológicas no tienen aquí un P.O.Box como parecería según lo que se lee por ahí. Aquí decenas de miles de trabajadores de esas empresas currando, gastando y viviendo. Cuando fabricas algo desde algún lugar determinado es normal que lo cobres y lo tributes allí.

Cuando el gobierno irlandés hizo una apuesta por la reducción del impuesto que consideraron más tóxico para el crecimiento nadie les dijo nada. A sabiendas que sería muy duro, de golpe, reducir los ingresos y que eso generaría una situación muy difícil para la economía del estado. Fueron años duros, tardaron mucho en llegar a una especie de ‘break even’ que les proporcionara tranquilidad. Pero pasó. Años después, con esa reducción de la tributación corporativa muchas empresas decidieron instalarse aquí. Primero, y hay que aceptarlo, fue por lo atractivo de pagar menos. Segundo, y esa es la razón por la cual vienen ahora más que antes, por el ecosistema tecnológico, las oportunidades ofrecidas y la cercanía logística y efectiva con los Estados Unidos y con el Reino Unido.

Sin embargo las cosas no son tan fáciles como parecen o tan bonitas como las pintan. Los impuestos que afectan a las familias son altos. No por el IRPF de aquí, sino por el conjunto de tasas y pagos secundarios que afectan a todos los aspectos del día a día. Son infinitos. El coste de la vida en Irlanda es mucho más alto de lo que a priori podría parecer y lo evidencia un salario mínimo que supera los 1.600 Euros al mes. La obligación de contratar irlandeses en tu empresa y de pagarles ese mínimo cierra el círculo de un momento económico en esta isla que no se puede mirar desde el puro titular sobre un hipotético crecimiento generalizado. No todo va tan bien como indica el titular, pero está claro que han empezado antes que otros a enfocar el futuro.

Pero hay dos irlandas. La tecnológica e industrial y la rural que a veces se mezcla con la turística. Están tremendamente diferenciadas. Las dos son atractivas y las dos saben como sacar partido a todo. La primera es evidente que afecta a un modelo económico nuevo que va llegando y el segundo se adapta. El crecimiento de este país no se entendería sin la potencia de su turismo tampoco. La verdad es que vale la pena perderse por aquí.

La semana pasada estuve en una reunión en la sede del Ministerio de Finanzas, varios emprendedores locales y extranjeros, inversores o gestores de fondos, fuimos invitados por mediación del Ulster Bank para explicarnos que la Administración estudia ahora en qué invertir una recaudación fiscal más elevada de la prevista. Las diferencias de método y de planteamientos son interesantes cuando comparas con lo conocido.

Nos dijeron que un año después de haber terminado los tres de supervisión del programa de ajuste de la Unión Europea y del Fondo Monetario Internacional podían empezar a gastar en lo que consideraran oportuno y que a todas luces sería en más empresa, más tecnología y más turismo.

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Pero hay siempre un ‘pero’. Irlanda todavía tiene enormes deudas tras el rescate de su sector bancario, y miles de familias permanecen con el patrimonio neto negativo a pesar de un resurgimiento en los precios de las casas. Es peligroso ver como el precio en Dublín ya ha aumentado un 23% en el último año.

Si buscas piso por aquí lo tienes crudo. Hay poco disponible y lo que hay está alejado de todo o es tremendamente caro. Vivir en mini apartamentos de 18 m2 por 1200 euros al mes empieza a ser normal. A eso súmale un coste elevado de una imprescindible calefacción durante nueve meses al año, una electricidad carísima o el agua gravada por mil factores. Aquí el riesgo es ese. El boom inmobiliario y todos sus derivados. Si no planifican adecuadamente se reproducirá. El ‘corporate tax’ será bajo, pero el resto de tasas, recargos, reducción de servicios e impuestos casi lo equilibra.

Es más, el ministro Noonan ha asegurado que todavía planea imponer más medidas de austeridad para no disparar los precios. Amenaza con un nuevo impuesto al agua que se implementará en el país este mes y así reducir el déficit de 2015 por debajo del límite de 3% del PIB.

¿Que pueden aprender otros países que todavía están pendientes de ‘salir’ de la crisis? A desarrollar una política impositiva que sea capaz de impulsar al motor de la economía, la empresa privada, a invertir más y a crear más puestos de trabajo. A impulsar una reducción de esas cargas fiscales que ahogan a tantos emprendedores y que no llevan a más que al circuito cerrado de la imposibilidad de generar riqueza. A generar una política de eliminación de trámites, requisitos y trampas a quienes si quieren montar su empresa.

En Irlanda tardas minutos en tener lista tu compañía. Durante la primera etapa desde la fundación se te exoneran un buen número de tributos para que puedas dedicarte a hacerla crecer. Nadie te pide nada al empezar, solo que trabajes. En España, por ejemplo, con varios millones de parados siguen exigiendo pagos imposibles al que empieza, esperas tóxicas para poder ejecutar tu proyecto e impuestos adelantados cuando apenas has cobrado tu primera factura. No es que aquí sean mejores, pero cuidan, con cuidado, el motor de unas sociedad desde el punto de vista económico. Tal vez por eso cada vez que el mundo entra en recesión, ellos salen los primeros.

Un mundo mejor (y tecnológico) en manos de todos

Un mundo mejor (y tecnológico) en manos de todos

Cuando hablamos de robots pensamos en fábricas, grandes factorías o lugares donde unos brazos armados fortísimos sustituyen a grupos de humanos en una cadena de producción. Sin embargo eso no es exacto. Los robots sustituirán a los humanos en una infinidad de lugares aparentemente reservados para nuestra especie como despachos u oficinas. Las relaciones entre empleo y empleador, jubilación, organigramas y procesos de decisión cambiarán hasta el punto de que muchos de esos conceptos, en tan sólo un par de décadas, serán vocablos que se podrán escuchar en películas que se ambienten en nuestros días.

Sin embargo nada es lo que parece. Este es un momento histórico, único, inédito en el que los que se esfuerzan en llamarle crisis perecerán y los que lo acepten como una revolución absoluta podrán disfrutar de este cambio. Pero no estamos en la antesala de un mundo ocioso. Para nada. Se abre la puerta, robótica y automática, de un mundo exigente de trabajo y formación continua, donde lo importante no será lo que has estudiado sino lo que estudias, donde el conjunto de cuanto has aprendido en una universidad tendrá un valor relativo con respecto en lo que te estés formando y, por supuesto, donde lo destacable será estar en un estimulante aprendizaje permanente.

En otros momentos de la historia la humanidad tuvo que digerir la industrialización y los despidos masivos. La evidencia era cruel en primera instancia. Una máquina a vapor hacía en minutos cualquier cosa mejor, más rápido y sin agotarse que diez hombres durante horas. No obstante se adaptó y en lugar de crear un mundo más ocioso, se forjó otro donde la formación y el conocimiento ganó espacio. Tiempo para aprender, momentos para utilizar la tecnología de aquellos días.

Pero es ahora cuando todo esto toma una mayor intensidad. Es en nuestro tiempo cuando la educación y el conocimiento ganan el mayor grado de importancia pues transpira en cada paso que damos. Lo malo, lo difícil y el reto radica en que para que esto sea cada vez más efectivo y real, lo que debemos hacer con nuestro aprendizaje previo es borrarlo. Hay que aprender a desaprender para poder empezar desde el punto de partida idóneo. Tomar un camino nuevo como sociedad, mirando como niños cuanto nos queda por recorrer.

La tecnología no nos entrega el futuro, lo empaqueta en papel celofán y espera que nosotros mismos saquemos conclusiones. Si el resultado que obtenemos es lo mismo pero con nuevos ‘juguetes’ estaremos fracasando y repitiendo los mismos modelos inservibles de otros momentos pero mucho más ‘rápido’ y ‘cool’.

Con esto me refiero a la importancia de las empresas, emprendedores y organizaciones mucho más multidisciplinarios, digitales, colaborativos, capaces de horizontalizar la toma de decisiones, con la frontera entre cliente, consumidor, proveedor, usuario indistinguible. Todo nuevo pero desde el origen, no desde el arreglo de una fachada social.

Deberemos aceptarlo. Mejor dicho, deberán. Porque todo cambia y lo hace porque la tecnología nos hace más inteligentes. Se pongan como se pongan, los hoteles cambiaran, los taxis, los periodistas o lo que se os ocurra, cambiaran. Todos estamos afectados y es cuestión de alegrarse por ello. Saber más nos hace avanzar. Sobretodo porque cuando sabes más detectas lo que está mal, sabes que algo necesita de arreglo. Si no sabes nada nunca podrás saber que aquello ‘iba mal’.

Cuando esa percepción humana se desarrolla en el campo de la opinión, los deseos, las frustraciones o de la conciencia de grupo, entonces ya los cambios pueden ser de alto contenido y nos afecta como sociedad. Es difícil entender sin contemplar el papel de la tecnología cualquiera de los enormes cambios que está sufriendo el mundo desde el punto de vista político o social.

Incluso es bueno comprender que hay cambios que sin producirse, larvados en la conciencia de millones de personas, pueden generar eclosiones aparentemente ‘sorprendentes’ cuando la digitalización de la misma se transfiere sin descanso y aportando conocimiento entre tuit y tuit.

Ya no hace falta que nadie nos publique nada. Lo hacemos nosotros. Lo subimos a la nube con la facilidad pasmosa de mover un dedo. Escribes en un teclado táctil, replicas o derivas una opinión, un concepto o una frase estimulante. El conocimiento rueda, corre e impregna a miles, millones de personas. Muchos de ellos ni sabes quienes son, son amigos de los amigos de tus amigos y eso hace que cada vez sea mayor el grado de conocimiento, y a su vez, de raciocinio.

Ahora hablamos de robots en nuestras manos. De información inteligente, de automatismos para publicar, pero también para analizar, para diseccionar y para poder aprender más rápido y mejor. Cuando hablamos de Internet, de las redes y de cómo transmiten una opinión casi como un virus, deberíamos de observarlo como un aspecto más del aumento global del conocimiento, de la inteligencia colectiva.

Curiosamente, los que dicen que las redes nos idiotizan, suelen buscar como bloquearlas. Ya no hay exclusiva en la opinión, ya no son los editores los que deciden. Internet es la imprenta que acabó con la Edad Media. Fue esa máquina del demonio que replicaba textos la que permitió que las personas cada vez con menos recursos pudieran acceder al conocimiento, y con él, a ser más libres.

Parece que llevamos mucho tiempo en la Red. Pues no. Esto acaba de empezar. En unos años miraremos nuestra red de redes como una especie de arquetipo lejano, inservible y obsoleto como cuando ahora, muchos cuarentones, miramos nuestro viejo modem 9.600. Esto acaba de empezar. Queda mucho por ver, es tremendamente estimulante pensar cuanto se aproxima, cuanto vamos a saber. Es excitante saber que van a desaparecer millones de empleos para crearse nuevos modelos de vida aprisionados en el saber y en el conocimiento mientras administramos el tiempo y el concepto trabajo de un modo mejor.

Los robots no son malos. Ni buenos. Son el futuro como lo es tu hijo o el mío. De ellos es todo esto. Nosotros solo estamos con la puerta entreabierta, ellos la abrirán de par en par.

Siéntete importante. Has vivido, estás viviendo y seguiremos en el futuro disfrutando el hecho de ser parte esencial de todo cuanto va a cambiar el mundo. Espacios digitales capaces de permitir la deliberación, la participación y los mecanismos de voto o de aceptación de la realidad se irán imponiendo como lo hicieron otros temas.

Hubo modelos de negocio que cayeron por no aceptar el momento tal y como venía. Hay modelos de negocio que, por mucho que se esfuercen los que ‘acostumbran a bloquear’ el progreso asociada a la tecnología, retrocederá también. Habrá negocios donde el modelo aun no lo podemos ni intuir. ¿Quién iba predecir algunos de los más exitosos modelos actuales?

Robots, software, conocimiento, cambio. Tecnología a toda velocidad. Hay quienes dirán que esto de la tecnología, la digitalización de todo, no es más que superficie y que al final los cambios no serán tan radicales. Que en otras épocas de la humanidad la tecnología no fue tan horizontal y que al final el control quedó en manos de los poderosos.

Podría ser, pero no lo es. Ahora, por primera vez y a diferencia de otras revoluciones, la tecnología disponible está en las manos de cualquiera. La minoría poderosa ahora es la que se siente amenazada. Si antes podían establecer los criterios y las bases del uso de esa tecnología, ahora eso no es así.

Este es el principio de un mundo mejor en manos de todos, con mayor conocimiento, capacidad para decidir, para emprender nuestros propios proyectos, con la eliminación de intermediarios y con una conjunción casi imperceptible entre máquinas y humanos. Digitalizate, serás protagonista de este cambio. No esperes.

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