Twitter y sus problemas

Twitter y sus problemas

Parece que Twitter no logra convencer en eso que llaman ‘los mercados’ a pesar de facturar cada día más (y perder algo menos). Es un tema de expectativas, algo que provoca que cuando esperas mucho, aunque logres bastante, no es suficiente para dar credibilidad entre los voraces inversionistas que buscan el beneficio de su aportación lo antes posible. Y en cierta manera es normal. El problema es que mientras todo esto pasa, Twitter se va frenando, a la vez que sus expectativas no se alcanzan, su crecimiento se ralentiza y podría estar tocando su techo objetivo.

Puede ser incluso un tema generacional. Los que entran en esto de las nuevas tecnologías de forma natural, casi biológica, los milenials, a Twitter lo empiezan a ver algo pesado y poco nutritivo. Hay estudios que demuestran que ni la propia aplicación movil se adapta a un mercado tremendamente complejo en el que, por ejemplo, Snapchat u otros si supieron interpretar. De hecho hay que tener un buen conocimiento para que un usuario experimentado rentabilice campañas en la red. Hay ejemplos que permiten a cualquiera adaptarse y aprovechar la potencia de todo el ecosistema de las redes sociales incluida Twitter u otras y que de esa manera se logren interesantes resultados. Por ejemplo, campañas estratégicas multired como puede ser un concurso de fotografía capaz de integrar todas ellas hacia un sólo foco.

En esto de los cambios debemos incluir Facebook, al que se le ha sentenciado a muerte varias veces sigue su crecimiento gracias a la incorporación de nuevos modelos de uso, desde la integración con la red fotográfica Instagram hasta la sorprendente, en su día, apuesta por un Messenger que se convertiría de un modelo de mensajería a un teléfono gratuito o en videoconferencia realmente eficiente. Pasó con la integración y compra de Whatsapp por parte de Zuckemberg, quien pensó en lo importante que era tener a tiro cualquier cambio de tendencia en ese escenario donde tanto significa seguir creciendo.

Twitter ha ido comprando cosas, integrando. Desde formatos de video hasta cambios relativos a hacer más atractivo su uso y visualización. Pero no parece dar resultados tal y como se les exige. Al fin y al cabo viven, o deberían vivir de sus ingresos publicitarios. Desde que salieran a bolsa en noviembre de 2013 todo cambió. De no tener prisa en generar grandes ingresos pues las rondas de financiación los sujetaba en base a un ‘proyecto de futuro basado en la audiencia’ pasaron a una necesidad de facturación creciente para dar sentido a invertir en ellos en el mercado abierto.

La pasada semana a través de un tuit (tiene gracia el asunto) se filtró los resultados del trimestre pasado y eran bastante peor que lo que se esperaba. Aun se esperan. La combinación de los astros los llevó en pocos minutos a perder un valor del 18% en la bolsa norteamericana. Incluso se tuvo que detener su cotización durante un tiempo por riesgo a un desastre bíblico.

Twitter ha conseguido monetizar sus usuarios. Eso ya es una realidad, pero los usuarios no crecen suficientemente para llegar a cifras razonables entre coste e ingresos tras tanto tiempo.

Los casi 300 millones de usuarios no son clientes y eso es el asunto. Ingresan 168 millones menos de lo que gastan cada trimestre. Llevan cinco años perdiendo dinero, de hecho la cosa ronda los 1,5 billones de dólares en pérdidas desde que nació. Hay quien ya pone fecha a la sustitución Dick Costolo, el CEO que decidió cual seria la fórmula para ingresar y que ha ido decidiendo en que mercados aplicarlo y en cuales no.

Suponemos que Costolo no se quedará con los brazos cruzados esperando el desenlace. De momento ya se ha sabido que prepara acuerdos con la todopoderosa DoubleClick, el servicio de anuncios de Google y la compra de TellApart para medir mejor la eficiencia de los anuncios en Twitter, algo que también parece estar ahora mismo en tela de juicio.

Cuando salir de la crisis es un ‘deja-vu’

Cuando salir de la crisis es un ‘deja-vu’

Hoy participo en un programa donde se cuestionará si el final de la crisis es real. Esto es algo que desde hace años se cuestiona. Es como si por repetirlo vaya a suceder. De hecho hace tres años ya lo respondí en la propia Contra de La Vanguardia. Sigo pensando igual que entonces y, algunas de las cosas que temía se están dando lo que no hace más que ratificar que por aquel entonces se entró en una dinámica de parálisis definitiva a pesar del estribillo ridículo y pueril que los ministros sucesivos se esforzaron en pintar de colores diversos.

De hecho, ahora mismo se cuestiona si hemos salido de la crisis, o estamos saliendo, porque los datos de empleo y algún otro, así ‘lo demuestran’. La llamada recuperación está llegando dicen. Tal vez, pero maldita recuperación si de lo que hablamos es de recuperar lo que ya teníamos, de retomar la senda del absurdo acumular ladrillos por todas partes y darle valor por el mero hecho de intercambiarlos de mano mientras miles de personas pierden sus viviendas al mismo tiempo. Eso es lo que viene.

No se ha hecho nada, la oportunidad histórica que teníamos ante nosotros está pasando como pasan los trenes de mercancías que no paran nunca. La realidad que persiste tras esas cifras de papel cartón es siniestra. Huida de jóvenes y no tan jóvenes, de una sociedad esclerotizada, de una clase media hundida y de una política plomiza e intratable, descubres que no ha pasado casi nada. La reacción es mínima y ahora, incluso, inexistente. Es tanto el pavor a perder lo poco que nos queda que hemos enmudecido. Es tanta la inspiración que supone recuperar el modelo productivo improductivo que lo vamos a repetir.

El silencio de los corderos. Tenemos tan poco que pensamos indispensable vivir conservando la nada más absoluta. Nos estamos quedando sin libertad pero con más ladrillos en la sala de espera. Se nos pasa la cuenta de nuestro cambio de modelo como en otros países si están asumiendo y tomando en cuenta.

Cuando nos dicen que ‘estamos saliendo de la crisis’ porque el empleo mejora es de aurora boreal. Probablemente mejore todo, inclusive el consumo, pero quemar la tierra ya quemada hace apenas unos años la convierte en desierto tarde o temprano.

Desde que se inició la crisis en 2008, el único movimiento que se detectaba en el ladrillo era recesivo. La construcción perdió cerca de 2 millones de empleos en seis años, 6 de cada 10 puestos de trabajo destruidos durante la crisis eran de la construcción. Pero ahora resurge.

El sector que se llevó la economía y la sociedad por delante, por aquello de que culturalmente en España es bueno tener propiedades, jugar con ellas y especular con su acumulación, porque todos podían ser promotores y todos vendedores, traders de viviendas o lo que fuera, ahora es el motor del nuevo empleo. Ya lo es. No lo es la tecnología, ni lo dependiente de una economía moderna y actualizada. Se nos llena la boca a todos de ‘futuro’ pero construimos pasado.

Según la última Encuesta de la Población Activa, que elabora el Instituto Nacional de Estadística, los parados de la construcción han pasado de 1,857 a principio de 2013 (en su nivel más alto) hasta 1,43 millones a finales de 2014. La cifra se ha reducido en 427.000 personas. El sector ha pasado de destruir empleo a crearlo a un ritmo equivalente en términos anualizados de cerca del 9%. No digo que sea malo crear empleo, en cualquier sector es bueno, pero cuando es desequilibrado otra vez, dependiente de unos factores concretos y a la vez expulsa de ese crecimiento a los que deben llevarnos a ser competitivos en el mundo que se está creando, la cosa es grave. Muy grave.

Es un empleo volátil y temporal. Con gran rotación y de baja cualificación. Por no decir lo absurdo de iniciar la conquista inmobiliaria en un país donde hay más de medio millón de viviendas vacías. No se aguanta por ningún sitio que sigamos pensando que eso es una recuperación o salida de la crisis.

Vamos a convertir lo que es un cambio de época, un nuevo modelo socioeconómico al que podíamos subirnos, no sin sufrimiento, no sin esfuerzo, en nada. Vamos a dejar pasar la oportunidad de dejar a nuestros hijos un mundo mejor a cambio de dejarles un nuevo ‘pack’ de hipotecas.

De hecho la EPA del primer trimestre de 2015 dice que el paro bajó en 13.100 personas en los tres primeros meses del año pero que se destruyeron 114. 300 empleos. Aunque se trataba del mayor descenso del desempleo en un primer trimestre desde 2005, el paro subió ligeramente, desde el 23,7% hasta la el 23,78%. Hay menos personas buscando empleo porque no confían en lograrlo o sencillamente ya no están.

Por sectores es de traca. El empleo cae en los servicios en 136.000 personas y en la agricultura (-9.000); mientras que aumenta en la construcción (en 30.000 personas) y en la industria (3.000). Porcentualmente asusta. La gente preparada y joven se va, los que necesitan un empleo aunque sea precario se apunta a la lista de la próxima obra.

La crisis dicen que se va. Que se lo cuenten a los nuevos 27.300 hogares que no tienen a nadie currando y que viven ya en el umbral de la pobreza. Se suman a los casi dos millones que existen. Eso si es salir de la crisis.

¿Y que deberíamos haber hecho? Que se debía haber tenido en cuenta en este tiempo, en el futuro inmediato tal vez, mucho más. Asumir el momento y haber aprovechado que la dureza de un parto social, revolucionario, de entrada a un mundo distinto requería de poner cimientos para ello. Además veníamos de las vacas gordas, había pasta para cambiarlo todo, pero daba miedo parar la máquina que finalmente se paró y ahora quieren arrancar de nuevo.

Recientemente se hizo referencia a un informe que decía que el 47% de los puestos de trabajo que existen en el mundo son susceptibles de ser automatizados en las próximas dos décadas. Una mayor automatización supone una mayor eficiencia para las empresas, por ende, mayores ganancias y menos necesidad también de puestos de trabajo. Maquinistas, traductores, electricistas, gestores, e incluso vendedores, se prevé que desaparezcan.

Esto que puede ser muy malo podría convertirse en una tremenda ventaja en cuanto a la construcción de un mundo mucho más ‘mental’ y menos ‘físico’. Me imagino personas disfrutando de cosas que no son accesibles ahora porque precisan de costosas cadenas de valor. No obstante, de momento, solo detectaremos lo malo, lo que convierte este momento en un auténtico desastre socioeconómico, veremos que esa dinámica solo enriquecerá a los que puedan desarrollar máquinas inteligentes o logren establecer aplicaciones sustitutivas de la mano de obra. Eso sería terrible. Sería la continuación a las últimas tres décadas en las que la participación de la mano de obra en la producción se ha reducido a nivel mundial del 64% al 59%.

Me niego a pensar en clave negativa y me gusta pensar que poco a poco, cambiando los tractores que conducen este cambio, personas por delante de líderes que no tienen perspectiva, podremos lograr un nuevo modelo de crecimiento basado en cosas que ahora nos parecen ciencia ficción.

Crear empresas, con nuevos planteamientos era la clave. Si no se estimula las políticas que apoyen a la creación de empresas con base tecnológica o vinculadas a la nueva economía, todo este ‘resurgir’ serán fuegos artificiales que nos van a quemar a todos. Algunos ya no están, se fueron, y nos fuimos donde hay oportunidades para retomar proyectos que se ajustan socialmente a lo que es un momento extraordinario de la historia. Hay paises que lo dejarán pasar y cambio dirán que están ‘recuperando’ no sabemos que, otros, a cambio, las pasarán putas para subirse al tren del futuro.

Esto no es una crisis, sencillamente es una revolución. Recordemos que cuando en el siglo XIX entró una máquina de vapor a una fábrica de 400 trabajadores para que la llevaran sólo dos, hubo 398 personas que creyeron estar en una crisis absoluta y no sabían qué hacer. La sociedad nombró “crisis Industrial” a lo que siglos más tarde hemos llamado “Revolución Industrial”. Aquella sociedad aprendió a colocar a todas esas personas en diferentes sectores y a mejorar la vida de todos. Nosotros estamos aprendiendo a modificar nuestros ritmos vitales, económicos, sociales, políticos para que la gente se incorpore en esta revolución tan absoluta. Hoy la respuesta al momento actual no está en recuperar nada, ni en hablar de crisis, sino en intervenir teniendo en cuenta que estamos viviendo una revolución en todos los sentido

Reparto de papeles: startups, capital riesgo y administración

Reparto de papeles: startups, capital riesgo y administración

El papel de las Start-ups es muy relevante, más de lo que pensamos. Si nos podemos escapar de esa ventolera que lo mete todo en la misma tormenta veremos que muchos proyectos tecnológicos con alto potencial de crecimiento y que necesitan de rondas de inversión continuas hasta llegar a un producto viable y vendible han transformado definitivamente nuestra manera de vivir y de entender la economía, las relaciones, la transmisión del conocimiento y en general la vida en sus términos más absolutos.

El cambio que ha vivido nuestra cadena de valor ha convertido muchos productos en meros servicios que requieren de un análisis distinto. El recorrido de una empresa ahora, cuando su función es crear un software, una aplicación, un elemento disruptivo que genere un cambio relevante en su entorno, es largo y complejo. Son muchos los meses y los equipos que se van a ir sucediendo hasta llegar a algo que, o bien no existía (atentos a eso) o bien se procura mejorar de manera importante (atentos también). Se llama innovar y solo es factible la innovación si el mercado la acepta. No obstante, hasta que ese servicio o producto tecnológico está en posición de ser o no aceptado por un mercado líquido como el actual precisa de que se confíe en él, se apueste y se les acompañe. Los tiempos son muy diferentes entre lo que era una puesta de largo de una empresa hace un tiempo, incluso ahora si hablamos de un modelo tradicional, y el que precisa un proyecto tecnológico.

Aceleradoras, capital público y privado, mentores, ecosistemas y una sociedad receptiva son claves para que un país yerto donde la creación de empleo estos días vuelve a enfocarse en la construcción, asuma el reto histórico que puede todavía abrazar y lanzarse a hacia el futuro. Se lo debemos a nuestros hijos. Parte de esa deuda tiene que ver con modelar una economía del conocimiento, de las tecnologías digitales y de la información, de la red, de los entornos automáticos, del futuro inminente en definitiva. Sobrevivir es para el presente y suele traer mucha hambre después. Ya lo hemos visto.

Las start-ups acaban con lo innecesario. Así debe ser. La focalización y un eficiente mecanismo para sacrificar aquello que no sirve al plan estimulante del conjunto serán imprescindibles si quieren sobrevivir. Deberán priorizar identificando el verdadero negocio. Una start-up es esencialmente un nuevo modo de entenderlo todo. Obligan a sentir la vida de otro modo, a interpretar el futuro a partir de los retos y de las conquistas a cada minuto. Una sociedad tecnológica depende de este tipo de proyectos, pero es que además, una sociedad emprendedora, exploradora y aferrada al futuro precisa de gente que a cada día, su proyecto, propio o no, lo sienta como parte del cambio que vivimos como sociedad.

En una start-up cada trabajador, cada empleado, puede y suele sentirse como un director general. Son responsable de su trabajo, pueden sentirse parte fundamental de todo cuanto afecta a la empresa y a la cadena de conexiones que tienen. Son de base tecnológica y de alto valor de crecimiento como definición, pero también lo son cuando definen a cada fragmento que componen el proyecto.

Ahora es el momento de apostar por la tecnología y por las empresas que la fabrican. Escuchar a los políticos estos días que he estado en España es de aurora boreal. Siguen a lo suyo, con esa cancioncilla y con la misma estrofa repetida. Recuperación unos, vocabulario manido otros, tertulias que son una falta al respeto de la gente y siempre dando vueltas en el mismo lugar. Parece como si el mundo fuera por un camino y todos ellos por otro. Lo preocupante es cuantos se los creen y se van con ellos.

Lo digital y el cambio van de la mano y precisan de actores que lo estimulen. Descartada la acción pública en muchos casos, nos queda el que podemos hacer el resto. El capital privado, el capital riesgo, puede estar tomando partido de nuevo y haciéndolo de manera importante. Y lo necesitamos como agua de mayo. El dinero vuelve y lo hace con la vista puesta en la transformación de nuestra vida, con la idea de mejorar cuentas corrientes pero también con capacidad para mejorar nuestra existencia inmediata.

Una economía del conocimiento parte del número de start-ups que nacen en su ecosistema. Israel, Irlanda, Estados Unidos, Suecia y tantos otros que están apostando de verdad por este tipo de modelo empresarial no esperan que el apoyo venga de la Administración (que también), sino que son su sociedad civil, su entorno privado y la cohesión entre inversores y emprendedores los que permiten que todos, de una vez, se la jueguen en común.

El que quiere estimular cambios debe implicarse y no solo pedir que otros lo hagan. Cada uno pone su granito. Hace unos días presenté nuestro nuevo y modesto pledge fund que busca ocupar un espacio concreto y que puede ser importante para dar salida a startups españolas hacia destinos muy ambiciosos y a dar un escenario real a pequeños inversores que quieran participar de esas ligas sin arriesgar demasiado.

El capital riesgo llega a Europa, eso es bueno. Quiere decir que se confía en lo que se hace. Nuestra obligación es mostrar a las startups españolas que están en disposición de que las saquen a bailar. Según los datos del último Dow Jones VentureSource la inversión de capital riesgo en compañías europeas ascendió en este primer trimestre de año a lo que sucedía en los gloriosos años 2001 y 2002.

En Europa se recaudaron 2.600 millones. La mayor operación fue la inyección de capital que Rocket Internet realizó en la compañía berlinesa Delivery Hero (288 millones de euros). Además, en este período, el número de adquisiciones, fusiones y ofertas públicas de venta ascendió a 140, estando más de una tercera parte de las mismas respaldadas por capital riesgo lo que supone claramente un recorrido atractivo para los fondos americanos.

Hace unos meses el ’2014 European Tech Report’, ya hablaba de un incremento en la cuantía de las operaciones de capital riesgo tecnológico en Europa a lo largo del año pasado. En capital americano sigue siendo líder Irlanda, pero en el global es Alemania quien más acapara. Triplica con 921 millones al Reino Unido. España es la quinta siendo superada por el ecosistema austriaco. Hay que potenciar que esos fondos alcancen a nuestras startups, que las vean viables, que las entiendan en su modelo internacional. Hay que ir más allá de un plan de ‘internacionalización’ que incorpora países en un Business Plan, hay que asumir un proyecto internacional con un producto sin fronteras.

El futuro está compuesto de mil cosas, pero hay una que va a especificar sus vértices y tonos. Se llama tecnología y el como la sociedad la acepta. Las protagonistas de eso son las startups. Son buenas noticias que el capital riesgo regrese y se sienta cómodo invirtiendo en Europa, pero, hay que facilitar los caminos para que ese reparto sea equitativo. La tarea es brutal, pero apasionante. Es una aventura que precisa de liderazgo y mucha gestión con visión de futuro. No vale hablar de recuperación y poner las luces cortas. Esto va de tener un ‘road map’ claro y arriesgado. ¿Por qué van a arriesgar su capital algunos fondos si no interpretan que ese escenario se está enlazando con lo que ellos representa? Que venga capital riesgo es factible, preparemos el escenario, demos opciones para que sea algo atractivo, aprovechemos el momento para cambiar nuestro modelo productivo. Dejemos de mirar en corto y miremos con perspectiva.

Spotify vale más que la toda industria musical americana junta

Spotify vale más que la toda industria musical americana junta

Mi hijo no ve la televisión. La escucha. Es algo accesorio, complementario al uso audiovisual que hace de otros emisores. Es como un acompañamiento del que poco importa lo que hagan, sólo está ahí. Lo realmente destacado para él es lo que selecciona en su Mac. Está suscrito a decenas de ‘youtubers’ en varias lenguas, que explican partidas de videojuegos, reflexiones acerca de tribus urbanas o sobre lo que a millones de niños y jóvenes les interesa.

Y eso ya ha pasado a ser habitual cuando entramos en el mundo ‘Netflix’ y su sección infantil. La música, jamás la busca en el las entrañas de su disco duro. No hay nada. Ni tan siquiera cuando utiliza su procesador de textos para algún trabajo en la escuela abre ningún programa. Todo lo tiene en la nube o en streaming. Otra cosa es que en la escuela, tema aparte, no comprendan que los trabajos escolares que hace están en un lugar llamado ‘nube’ y que podría ser muy interesante tratarlos a tiempo real independientemente de estar o no en la escuela. Alumnos del futuro en escuelas del pasado dijimos una vez.

Pero regreso al tema. La conducta de mi hijo es genérica en su generación y transversal socialmente ya. Sabemos que los ingresos por servicios de streaming ya supera las ventas de CD por primera vez en la historia. Incluso hoy sabemos que Spotify ya vale, según The Wall Street Journal, más que toda la industria musical de Estados Unidos junta.

La última ronda de financiación ha puesto a la empresa en un valor cercano a los 8.400 millones de dólares, cuando los ingresos de toda la industria en 2014 fue $ 6.970 millones. Cierto que es comparar con algo de trampa pues Spotify es una plataforma a nivel mundial y la comparación no sería equitativa pero es significativo destacar lo que supone el volumen de un nuevo modo de acceder a los contenidos ya, cada vez, menos sujetos a un soporte.

También es cierto que comparar valoración con ingresos puede llevar a engaño. La valoración de una ‘startup’ se determina mediante una estimación de los beneficios futuros, y en eso Spotify flojea pues en realidad nunca ha dado beneficios, sino todo lo contrario, es una máquina de música y de perder dinero.

Sin embargo parece que si los inversores tienen paciencia y la tienen pues mantienen su apuesta con esta ronda de 400 millones frescos que acaban de aportarles y que valoran la empresa en ese punto, los ingresos por streaming aumentaron ya un 25% en el último año mientras que la caida de ventas digitales o descargas permanentes fue del 8,7%. Es decir, se tiende a no almacenar y a acceder al contenido mediante cuota que da derecho ilimitado. Es un concepto cultural incluso. De producto a servicio.

Y es que los jóvenes prefieren el streaming. El 76% escucha la música directamente de YouTube cada día. YouTube y Spotify son con mucho las fuentes de música más populares en todas las encuestas. YouTube es el servicio más utilizado para escuchar música. Incluso los usuarios activos de Spotify visitan YouTube a menudo para complementar la selección musical todavía incompleta en Spotify.

La popularidad de YouTube es abrumadora. Casi todo el mundo lo usa para escuchar música y ha transformado el mundo como lo hizo el propio Google. Aun no tenemos ni idea de lo que supondrá.

Ya no hay vueltra atrás. Un nueva crónica de una muerte anunciada lleva el nombre de Mp3, CD o descarga musical. A la vez que todo esto pasa, incluso la radio y sus listas de escucha híbrida empiezan a notar cambios. Se sabe que hay millones de personas que no escuchan ‘la radio’ tradicional, van directamente a su lista de ‘emisoras’ y seleccionan las emisiones digitalizadas. A lo mejor el ‘video no mató a la estrella de la radio’, pero si lo hace ‘el streaming a la carta’.

Mi opinión es que los servicios de música en streaming también requieren la búsqueda de música y crear listas de reproducción. Los servicios digitales han ofrecido nuevos tipos de experiencias de radio, pero el futuro está en los sistemas híbridos que combinan las preferencias humanas con las recomendaciones inteligentes, poco a poco tendiendo a menos humano y más inteligente. Esto ha quedado raro, pero casi lo dejo así.

Una App contra la desorientación

Una App contra la desorientación

Hemos hablado de tecnología y tercera edad. Me interesa mucho como ese segmento generacional al que todos deberíamos llegar tarde o temprano podrá beneficiarse de cuanto tiene que aportar la digitalización de la vida y de haberlo hecho en formatos cotidianos y asequibles para todos.

El Grupo de Bioingeniería y Telemedicina de la Universidad Politécnica de Madrid ha desarrollado una App de localización mediante Smartphone para detectar episodios de desorientación espacial de manera rápida y que con cierta frecuencia sufren las personas de mayor edad con algún deterioro cognitivo leve.

El software, la aplicación disponible, ofrece la detección de ese momento de desorientación y pérdida y pone en práctica la gestión de datos que dispone a tiempo real. Tiene en cuenta información del contexto de la persona mayor, cercanía a su domicilio, lugares de interés o uso habitual, si está acompañado por un familiar, si se está moviendo en transporte público, o intervalos de tiempo determinados. Cuando ocurra un episodio de desorientación, la aplicación pone automáticamente en contacto a su contacto más próximo para confirmar si la persona necesita ayuda.

Nuestra sociedad envejece. El gran reto tecnológico es ofrecer respuesta a un mundo con menos capacidad de trabajo físico y más necesidades en edades determinadas. El deterioro cognitivo puede ir de la mano de un modelo de aprendizaje tecnológico que lo equilibre. Este caso simple de lo que se conoce como Mild Cognitive Impairment y que se reproduce en cualquier momento y sin previo aviso, incluso en zonas de absoluto conocimiento por el afectado, es un buen ejemplo de cómo se puede mejorar aspectos muy detallados.

La sanidad y las aplicaciones tienen un futuro espectacular. De hecho, aquí en Irlanda, este es uno de los espacios de mayor auge de la mano de la Universidad Trinity College o del propio DIT. Hace apenas unos meses ya comentamos como una App diseñada y desarrollada aquí pasaba a ser una de las más solicitadas en su campo. Se trataba de Beats Medical que hace la vida de los enfermos de Parkinson mucho más llevadera.

En el caso de este proyecto basado en la tecnología de redes inteligentes de comunicación, la IMS, que ayuda a almacenar información estática mediante un perfil de cada uno de los usuarios registrados en esa red. Es un ejemplo más de cómo las TIC están abordando el apoyo a personas mayores. En este caso, una aplicación para smartphone es capaz de algo tan simple como extraordinario: permite a personas con este problema un mejor modelo de vida. Sin llegar a imaginar un futuro lejano, ni un escenario repleto de automatismos, este es uno de esos casos, que sin ir muy lejos, alcanzamos la cumbre.

¿El Big Data puede ayudar a mi startup?

¿El Big Data puede ayudar a mi startup?

Como cada martes, hoy toca autor invitado. Hoy es otro de los autores de Westinghouse Future Economy, la revista digital que puedes encontrar en el quiosco virtual de Itunes o de Google Play. El post que hoy he elegido trata de unos de esos temas que a veces nos puede parecer inmensamente complejo y que sólo pueden atender o utilizar grandes corporaciones, el Big Data. La gestión de datos masivos es algo que se hace imprescindible y tratarlos adecuadamente debe ser una parte sustancial de nuestros proyectos empresariales. En la consultora tecnológica, Idodi Only Different Ideas, tenemos un departamento que se encarga de ayudar a la gestión de datos masivos a Pymes y Startups y sacarle el rendimiento más adecuado. Por esta razón me pareció hoy interesante elegir esta gran reflexión de Iván Giménez Chueca, un ejemplo del gran material que tratamos cada mes en WFE. Aquí os lo dejo:

¿El Big Data puede ayudar a mi startup?

Big Data es la palabra que hoy en día está en boca de todo el mundo. Al igual que lo sucedía hace unos pocos años con las Redes Sociales, hay debate sobre si una pequeña empresa se lo puede permitir, o es un terreno reservado para las grandes empresas porque requiere una gran inversión poder manejar esa gran cantidad de datos.

Según IBM, las compañías han recopilado más datos en los últimos tres años que en los 2.000 anteriores. La cantidad de información que se maneja nos hace empezar a trabajar con unidades como el petabyte (equivalente a 1.000 terabytes) o el yottabyte (1024 bytes). Unas dimensiones que pueden resultar abrumadoras para más de uno, por lo que no es extraño que muchos pequeños empresarios y emprendedores crean que sólo pueden encargarse entidades con grandes recursos.

Pese a esta apariencia, no se trata de una cuestión de tamaño del volumen de datos, sino de saber qué hacemos con ellos. Es decir, lo importante es tener clara una estrategia para utilizar toda esa información que está ahí fuera, y que generan mis clientes (ya sean actuales o potenciales). Los usos que ofrece el Big Data son muy variados, por ejemplo, permite ayudar a mejorar la logística, o con los indicadores que hemos recopilado puedo realizar predicciones financieras.

Es decir, en el caso de las startups tienen que saber hacia dónde queremos enfocar nuestros esfuerzos en el terreno del Big Data. A partir de ahí, con la información que obtenga una empresa se puede empezar a trabajar en tres grandes campos de acción.

En primer lugar, conocer mejor el entorno donde se mueve la empresa. Si se delimita bien la información que puede ser de interés y se utilizan las herramientas adecuadas, la startup seguramente tendrá un conjunto de datos de alto interés que le pueden se de ayuda a la hora de tomar determinadas decisiones para el negocio. Antes, las compañías podían tener el conocimiento en bruto, pero no había tantos mecanismos de gestión como ahora.

En segundo lugar, esta información se puede monitorizar en tiempo real, algo que puede ayudar a agilizar la toma de decisiones para corregir errores y/o aprovechar oportunidades. Por ejemplo, el seguimiento que se puede hacer hoy en día a determinadas campañas con herramientas como Google Analytics o Google Adwords ha abierto nuevos e interesantes campos de actuación.

En tercer lugar, con la información que una empresa capta, le permite conocer mejor a sus clientes. Asimismo, otro punto fuerte en este ámbito es que se pueden segmentar más detalladamente los mensajes que se envían a los consumidores. También puede ayudar mucho a saber en qué canales están nuestros actuales y potenciales compradores.

Una vez tenemos la estrategia, es cierto que hacen falta herramientas. Algunas son muy costosas y complejas de utilizar; pero también hay algunas muy interesantes para las startups.

Por ejemplo, existe Hadoop, un software de código abierto que nos permite manejar miles de nodos y petabytes de datos. Otro instrumento interesante es Insight Squared que por 35 dólares ya permite al empresario empezar a trabajar con ella, y ha sido recomendada en múltiples canales como especialmente útil para las pymes. Por último en este repaso conviene destacar Canopy Labs, orientada principalmente a identificar a los clientes que puedan aportar más valor a la empresa.

Por lo tanto, el Big Data puede ser una herramienta clave para el futuro de una startup. Con una estrategia adecuada puede aportar una información que ayudará a su crecimiento y desarrollo. Se trata de saber encontrar la oportunidad, tal y como se explica en este artículo de Entrepreneur del pasado mes de agosto. Pero no todo queda aquí. El Big Data en sí mismo también es una gran oportunidad de negocio para las startup. Todos aquellos emprendedores que estén buscando su idea pueden encontrar un terreno abonado en este ámbito.

Como siempre, hay que ir a buscar uno de los países referentes en innovación empresarial como es Estados Unidos. El McKinsey Global Institute ha publicado un informe donde identificar cuáles son los campos con más oportunidades para desarrollar un negocio vinculado al Big Data, y son tan variados como el marketing de segmentos, la sanidad, dispositivos de seguimiento, Social Media, o la investigación científica.

Para comprobar estas oportunidades de negocio que ofrece el Big Data a las startups solo hay que ver como en algunos medios económicos de referencia comienzan a realizar rankings para que se conozcan las empresas más prometedoras en este ámbito, como por ejemplo esta lista que publicó Fortune el verano pasado.

@Iván Giménez Chueca

Emprender en un momento único

Emprender en un momento único

Ayer se publicó en Axesor, la primera agencia de rating española, un artículo que me solicitó Fernando Martínez. El post debía tratar acerca del papel que juegan los emprendedores, la valoración que se tiene de ellos y si realmente son ellos quienes deben liderar el cambio de modelo que vive nuestra sociedad en muchos ámbitos. Os lo replico parte del mismo y os enlazo con la ubicación original, está aquí.

Emprendedores para un momento irrepetible

La OCDE tiene la manía persecutoria de fijarse en los países con menor interés por emprender. De hecho publican cifras en que alrededor de la mitad de los jóvenes españoles que tienen ocupación (afortunados), trabaja en algo que requiere menos habilidades de las que tienen. De lo que se desprende siempre que la juventud de este país no va al trabajo pendiente de vivir retos, sueños o de conquistar expectativaspara crecer emocional y profesionalmente.

En cierta manera tenemos lo que nos merecemos. La educación es pura instrucción, no hay debate, pensamiento o crítica. Nadie enseña a nuestros hijos el valor del fracaso cuando es sólo un error, a perseguir sueños a pesar de no ser rentables, a emprender como valor moral y no sólo como factor de enriquecimiento. No les enseñan a entender que un negocio es mucho más que una oficina, una fábrica, un campo de cultivo, un comercio o un escenario de venta, nadie les indica que también son espacios de conclusión, de rescate espiritual y de relación humana, de cooperación, de suma intelectual, de talento y de prosperidad.

Emprender hoy en día es, también, un encargo histórico. Un método social para adentrarnos en el futuro. Cada nuevo proyecto, cada nueva idea que se transforma en empresa y ésta se basa en la innovación y utiliza las costuras de la Nueva Economía para armar un nuevo escenario, son los pasos que un país, una sociedad, precisa para convertirse en próspera. Ofrecer futuro no es gratis, de hecho el futuro no es algo que pueda rentabilizarse en el presente, pero si puede cultivarse.

Hubo un tiempo, mil años atrás, que mis referentes me decían que la vida ‘ahí afuera’ era una jungla, una competencia feroz donde solo sobrevivían los más fríos y calculadores, los que lo tenían todo seguro. Me lo creí. Tardé tiempo en ver que así no se disfrutaba y que no era el mundo que yo quería comerme. El pastel del que me hablaban era indigesto y lo que me apasionaba siempre estaba detrás de los cristales de aquellos despachos grises y abarrotados de personas grises.

Puedes leerlo completo en Axesor

Dejar de ser la especie más inteligente del planeta

Dejar de ser la especie más inteligente del planeta

El pasado sábado mantuve una conversación ‘telefónica’ muy animada con un robot. Fue durante una presentación para inversores que se hizo en la zona del Silicon Docks de Dublín en conexión con el MIT de Boston. Participaron un buen número de sorprendidos amantes de la inversión tecnológica. En mi caso, el engendro, bromeó con alguna palabra en castellano incluso. Te descoloca a la vez que te emociona. Te la impresión que estamos cerca de dejar ser la especie más inteligente del planeta.

No era el caso de este, pero en algunos especímenes, componen música en un minuto, hablan como nosotros con errores que generan confianza, bromean pues eso abraza la humanidad y tienen su propia ética que se compone del análisis de la nuestra mientras no puedan, o quieran, ir pariendo la suya.

Hablando con los técnicos que hicieron posible la conexión, éstos afirmaban tomando el café, que si nos confesaran lo que ahora mismo ya son capaces de hacer algunos de sus desarrollos en materia de inteligencia artificial nos asustaríamos. Te dicen, sin mirarte a los ojos y removiendo la cucharilla del café, que no estamos preparados para dar el relevo a otra especie superior, a un símil de post humanidad inminente. De momento, dicen, les vamos a ir dando trabajo. Luego ya veremos que hacemos.

La mayoría de los últimos avances en inteligencia artificial, como aplicaciones móviles que convierten la voz en texto son el resultado de aprendizaje de una máquina con enormes conjuntos de datos para buscar patrones. Sin embargo, el avance actual radica en hacer que las aplicaciones de aprendizaje se basen en lago llamado ‘lenguajes de programación probabilísticos’, que permiten a los investigadores mezclar y combinar técnicas de aprendizaje automático.

Investigadores del MIT han demostrado las máquinas están aprendiendo a aprender. En un lenguaje de programación probabilística, el trabajo pesado se realiza por el algoritmo que reajusta continuamente probabilidades sobre la base de nuevas piezas de datos del entrenamiento previo. Digamos, para entendernos que esa rama de investigación tiene como objetivo resolver todas las tareas que precisa un ordenador para entender el mundo tal y como nosotros lo vemos, sus dimensiones, complejidades y relaciones.

El 19 de febrero de este mismo año fue presentado en España un tal Watson, el ordenador más inteligente del mundo. En aquella ocasión, en la sede de IBM se hizo una demostración que consistió en una conversación en lenguaje natural sobre la adquisición corporativa sugerida por parte del robot a un hipotético consejo de administración.

Nada nuevo sin embargo por muy rebuscado que parezca. Como aquí dijimos, ya hay diversos ‘robots’ dirigiendo alguna empresa del mundo. Ya están sentados en los consejos de administración tomando decisiones y no tanto ayudando a tomarlas como se creería en un primer instante.

Vamos a tener que convivir con ellos. Seguramente habrá de muchas formas y modelos, unos simplemente serán brazos armados que prepararán el almuerzo, otros simplemente un software que ‘hablará’ con nosotros paseando por tu casa acerca de cómo ha ido el día en tu ausencia, otros conducirán taxis, otros llevarán tus encargos de la compra a tu casa, otros darán las noticias en televisión sin presentadores, otros limpiarán los despachos y, finalmente, llegarán los que tendrán un aspecto más o menos humanoide con los que será más fácil interactuar en situaciones más cercanas.

Y no es algo tan lejano. Ya llega. La inteligencia artificial está mucho más avanzada de lo que el público en general piensa. Si supieramos donde se encuentra todo esto, no daríamos crédito. Como en todo, nos llegará, será disruptivo y lo digeriremos con cierta naturalidad. De ver a ese tal ‘Watson’ ganar un concurso televisivo en 2011 a lo que ahora es capaz de hacer hay años luz.

Ya no es tanto que sea capaz de analizar datos, es factible observar en su funcionamiento un cierto grado de ‘razonamiento’. De hecho pocos saben que Watson ya no es una máquina gigantesca que está en algún lugar para uso y disfrute de sus programadores. Ahora es un rentable trabajador multitarea de la multinacional IBM. Empresas del Ibex35 españolas y 25 empresas más de otros países utilizan a Watson como tecnología comercial accesible pues ahora está ‘en la nube’.

Watson habla varios idiomas, delicados y modernos por cierto. Es la primera computadora capaz de aprender a medida que trabaja y acumula información que puede interactuar con el ser humano en un lenguaje natural. Es decir, un paso desde ‘el mundo de los ordenadores que sólo entienden el lenguaje de programación, hacia un nuevo paradigma en el que las máquinas pueden alimentarse de lenguaje hablado’. Este ‘bicho’ se siente cómodo hablando como los humanos. Lee libros, centenares al día. Escucha la televisión, conversaciones, películas. Tiene datos de cómo somos y como nos gusta ser tratados. Aprende de ello y se adapta.

Según el MIT, estamos a muy poco de dar el salto definitivo. De momento las máquinas ‘inteligentes’ sólo analizan datos como lo hace un humano, se basan en estructuras de datos que gestionan, ordenan y procesan. El salto se producirá cuando técnicamente sean más inteligentes que nosotros. Ahora son como nosotros pero más rápidos. Nada más. El eterno debate sobre si ‘piensan o no’ cada vez es más obsoleto pues pensar no deja de ser un proceso gigantesco de datos y un cruce de probabilidades, por lo que a la pregunta, ¿el ordenador más inteligente del mundo piensa? La respuesta ya es sí.

Pero, ¿para que queremos ordenadores que piensen? En todo caso lo que queremos es que hagan algo que nosotros no podemos hacer o hacemos mal. Es lo mismo que un brazo armado, un robot físico. Lo queremos para que haga cosas que nosotros ya no podemos alcanzar.

Cuando estos ordenadores inteligentes, pensantes, entren en Internet e interactúen con los usuarios aprenderán aun más de ellos. Son insaciables, les encanta saber cada vez más. Watson, sin ir más lejos, no da la misma respuesta a la misma pregunta siempre pues en realidad no la busca en una base de datos ni en el cruce de estos, los grandes computadores pensantes, lo que hacen es aprender y hacerse cada vez más inteligentes y modificar, si es necesario, sus respuestas a la misma cuestión. Incluso, si lo ve preciso, mentir.

De todos los elementos donde la inteligencia artificial tiene un aspecto para mí más interesante es en la medicina. La idea es utilizar la inteligencia artificial para poder mejorar los diagnósticos y ofrecer mejores terapias a cada paciente, de una forma personalizada. El caso de Watson concretamente es también un ejemplo. El figura se ha leído más de 20 millones de publicaciones científicas y ha establecido conexiones entre todo ello. Si le damos a ese, u otros ordenadores toda nuestra información genética a título personal, podemos estar ante curas hasta la fecha totalmente inalcanzables.

Hace mucho, desde que a finales de hace dos siglos Ada Lovelace creara una cosa parecida a un programa informático, hemos puesto rumbo la post humanidad y nos hemos preguntado siempre cómo lograremos hacer pensar, si es que es factible, a una máquina. Ese estadio posterior a que el género humano no sea la especie predominante en esta tierra de ‘reyes’ efímeros. Al fin y al cabo, hace muy poco que estamos aquí y nos creemos los reyes del mambo.

Estuve pensando que le podía preguntar a un robot durante días. Sólo podía hacer una o dos. Finalmente el pasado sábado le cuestioné: ‘What do you think about the human race?’ su respuesta fue, ‘sometimes I think that you aren’t intelligent’. Se refería a noticias que ‘lee’ acerca de decisiones que tomamos los humanos que nos llevan a desastres o que, incluso, por ser demasiado ‘humanos’ dejamos que pase. Tal vez se refería a eso, o tal vez no. ¿Quien sabe lo que hay en la mente de un ordenador?

Oportunidad para pequeños inversores en Startups internacionales.

Oportunidad para pequeños inversores en Startups internacionales.

Desde varias décadas, Irlanda se ha convertido en un país atractivo para la inversión extranjera directa. En concreto, desde hace unos años, es la base global que algunas de las corporaciones más grandes del mundo han elegido para sus negocios a la vez que, los grandes fondos de inversión tecnológica se vuelcan continuamente en impulsar startups que residen o pasan por aquí. Esa inversión genera más trabajos per cápita en Irlanda que en cualquier otro país de la Unión Europea. En lo que llevamos de año, no hay ningún país de europeo que pueda decir que ha recibido más capital riesgo que el acumulado en el Tigre Celta.

En los años que hace que vivo aquí he podido conocer y localizar los espacios de inversión y los fondos que mejor trabajan en ese ámbito. Junto a mi equipo, hemos aprendido cual es el patrón a seguir y el modelo de inversión a realizar cuando hablamos de startups. Aquí se celebran los eventos más importantes de Europa para que esas empresas en sus fases iniciales se den a conocer a inversores norteamericanos sobretodo. Son muchas las grandes compañías que tienen sede a pocos metros de donde escribo esto. Pero no tan solo son sus Headquarters, también son sede de los fondos de inversión con los que ellos trabajan.

En ese contexto planteé hace unos meses la idea de crear un Venture Capital, un fondo para invertir en aquello que considero tremendamente rentable a medio plazo y que diera respuesta fácil a quienes, por lejanía o desconocimiento, no puedan entrar en este mercado tan nutritivo. De hecho, lo que hoy presento, incluso antes que en prensa, es el fondo Idodi Venture Capital, con sede en Barcelona y Dublín y que está destinado a micro inversores que quieran no arriesgar mucho pero sí participar de un escenario de inversión impresionante y tan atractivo.

Sin embargo, no quería que se tratara sólo de un fondo irlandés. No, lo que realmente me apasiona, y en eso llevo 24 años, es estimular en la internacionalización de proyectos que nacen en España. De eso va también Idodi Venture Capital, de traer, de lograr que vengan con garantías y para exponer su proyecto a lo que se conoce, y aquí eso es real, como el Silicon Valley europeo. A muchos lugares se les llama Silicon Valley, sobre todo cuando se acercan elecciones, pero sólo aquí se puede listar a las mayores tecnológicas del mundo y visitarlas en una sola jornada pues están en pocos kilómetros cuadrados. Irlanda ocupó el puesto 10 a nivel mundial por la cantidad de trabajos creados en el área de tecnológica en un estudio realizado por IBM resaltando el papel de la inversión extranjera directa para ello.

En España hay talento, proyectos que nos llegan cada día y que con algo de impulso podrían estar en condiciones de enfrentarse a los grandes players de su sector. Desde España han triunfado grandes startups. Eso es real, pero son miles las que se quedan en la sala de espera del éxito. Veo cada día como llegan a los coworkings, aceleradoras u oficinas cercanas a la nuestra en Dublín, startups francesas, alemanas, italianas, británicas incluso, pero pocas españolas. Veo como en los grandes foros de inversión se vuelcan en ellas y cómo en pocos meses se lanzan, acompañados por fondos normalmente americanos, a la conquista del mercado mundial y especialmente norteamericano.

El gran capital riesgo norteamericano invierte más en startups ubicadas aquí que en ningún otro lugar de Europa. Una gran opción de hacer ‘exits’ de gran valor a medio plazo en cualquier participada que pase por aquí. Parece que 2015 y 2016 serán los mejores años para este sector en Irlanda, así lo permite identificar la cantidad de capital americano que se maneja en los foros a los que asisto y participo. Tanto en volúmenes de inversión como en captación de nuevos fondos es el momento.

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Pensé que ¿porqué no unir ambas opciones? Un fondo de inversión localizado en España, que invierta en startups españolas mayoritariamente y en cuya estructura, ADN u hoja de ruta esté el pasar y crecer en Irlanda. Hay muchos casos que se nos acercan para eso, con grandes posibilidades, pero que al no disponer de un fondo para ello no podíamos dar respuesta. Ahora, desde hoy, si.

En eso nos pusimos hace unos meses. Quise disponer de un equipo que sepa de esto y que sepa más que yo. Por eso, al frente y dirigiendo el proyecto estarán dos cracks. Carlos Guerrero, miembro de Fornesa Abogados y director del fondo Sitka Capital que ha logrado situar un fondo de microinversores como uno de los más activos en España en los últimos años. Por otro lado Josep Mora un experimentado economista conocedor de los modelos de inversión tradicional vinculado a GVC y que me pareció bueno disponer en este proyecto de cara a profesionalizar mucho el como se explica el plan de inversiones y sus resultados mensualmente.

El resto del equipo en España lo forman Oshcar Vidal de Idodi Only Different Ideas y Miguel Lobón también de Fornesa Abogados. A parte de ellos, en España contamos con casi una decena de ‘advisors’ que nos ayudarán a la localización de buenos proyectos donde participar e invertir. Nuestra vinculación con aceleradoras como Conector nos da una posición privilegiada para localizar esas startups con alto potencial internacional y de crecimiento.

En Irlanda, tenemos vínculos con el Ireland Enterprise, el Digital Hub, una decena de entidades públicas y privadas con las que ya trabajo hace años y a los mejores gestores y expertos legales para que nos ayuden en el entramado legal irlandés cuando se produzcan los saltos a este mercado desde España. Actualmente el fondo está formado por capital español e irlandés pero es un fondo con sede fiscal en España que invierte indistintamente en startups españolas e irlandesas, gracias a la dualidad residente de los miembros.

Por eso, si quieres invertir en un fondo de inversión especializado en startups, cuyo patrón es la búsqueda, localización, asesoría, acompañamiento y exposición en la combinación España e Irlanda para rentabilizar en la suma de estos factores, este es tu fondoLa entrada es de las llamadas micro inversión, es decir, el ticket mínimo es excepcionalmente asequible. Escríbeme aquí y te pondré en contacto con los directores de este ilusionante proyecto.

¿Porque invertir una pequeña cantidad en un fondo y no directamente en una startup? Es una opción como otra. Yo recomiendo hacer las dos cosas y diversificar. Obviamente invertir en un fondo de capital riesgo tiene menos ‘riesgo’ que hacerlo solo en una startup, pues el fondo en si se encarga de repartir tu inversión en diferentes empresas. Si una de ellas logra un gran éxito y el resto no, te beneficias en la proporción establecida, algo que no sucede cuando sólo inviertes en una startup y esta no logra los objetivos esperados.

¿Es divertido invertir en fondos de capital riesgo? Mucho, por lo menos a mi me entusiasma. Tienes acceso a mucha información, muchos proyectos, conoces emprendedores y temáticas desconocidas, conectas con el futuro y con los exploradores que están cambiando el mundo. Además, hacerlo con cantidades tan bajas por la morfología del propio fondo, lo hacen mucho más tranquilizador.

Por eso hoy te presento Idodi Venture Capital antes de que lo puedas leer en ningún otro lugar. Me lo han permitido sus directores. IVC es una firma independiente española e irlandesa que invierte en startups tecnológicas en fases iniciales. Es el único Venture Capital que conecta el ecosistema emprendedor español e irlandés y que proporciona de esta manera un ámbito internacional a su portfolio de inversiones.

¿Te interesa? Ponte en contacto conmigo y mi equipo te informará de esta oportunidad para micro inversores. Si ya eres miembro de otros fondos este lo complementaría muy bien. Significa una diversificación eficiente y sencilla de la inversión al invertir en todas nuestras participadas a la vez y vinculados al escenario internacional claramente. Un potencial en la selección de proyectos innovadores al tener unos contactos de primer orden dentro del ecosistema español e irlandès que nos permiten conocer de primera mano cuales son las mejores oportunidades del mercado en cada momento. Un equipo multisectorial, internacional y con amplia experiència inversora en este tipo de vehículos de inversión y una selección de proyectos realizada por un comité de expertos profesionales que valoran en cada momento cada una de las oportunidades de negocio que se nos plantean.

¿Tienes una startup que consideras que podría ser parte de nuestro portfolio de inversión? ¿Está en fase inicial pero ya factura y tiene un producto en el mercado con clara visión internacional? También nos interesa. Ponte en contacto con nosotros y evaluaremos tu proyecto.

El negocio de los coches autónomos

El negocio de los coches autónomos

En el estudio que hace apenas unos días por la consultora norteamericana McKinsey & Company se muestra un algo de lo que llevamos tiempo hablando y que, a medida de que se vayan sucediendo noticias derivadas, iremos naturalizando hasta el punto de no sorprendernos demasiado al ver grupos de coches autónomos por el mundo organizándose de manera automática y coordinada.

El estudio en cuestión es interesante porque cuantifica por primera vez algo que siempre se considera ‘el talón de Aquiles’ de este importante cambio: lo que perderán las marcas de coches. Algo parecido a cuando se pone en duda el avance rápido de las energías alternativas al petróleo por el control absoluto de las empresas y gobiernos dependientes y el coste que resultaría ‘evolucionar’ hacia un escenario sin energías fósiles.

La verdad es que ambas cosas pasarán y lo harán por el peso de lo inevitable. Además, como decía, no está tan claro que no hay un negocio rentable y nutritivo, también para las grandes marcas de siempre, en esto del coche autónomo. El informe McKinsey proyecta que la industria de autos de conducción autónoma en un futuro próximo provocará una ingente cantidad de ingresos cifrada ya en miles de millones de dólares anuales.

El análisis publicado no deja de ser prospectivo, de hecho ‘toma variables como el tiempo que pasará el usuario sin tener que conducir y la reducción sustancial de accidentes relacionados con la mala conducción. La utilización masiva de vehículos autónomos podría llevar a una merma sustancial del 90% en accidentes al volante en los Estados Unidos, lo que significaría un ahorro de hasta 200.000 millones de dólares con respecto a gastos médicos’.

Imagino el uso del tiempo libre. Cincuenta minutos de conducción autónoma permitiría ‘al pasajero’ mayormente estar conectado a Internet y, como es lógico, comprar productos, incluso y curiosamente, para su ‘chofer’. Tu propio coche comprando sus propios recambios.

El informe dice que ‘por cada minuto que un usuario pase en Internet durante su viaje se generarán 5,6 mil millones de dólares al año, asumiendo un escenario donde los coches autónomos fueran utilizados masivamente’. Las ganancias, de todo ello, de momento irían a las grandes corporaciones del tipo Google, Netflix, Amazon, Facebook, etc, pero obviamente, si las marcas descubren donde está el click que las enlaza con esa ingente capacidad de beneficio, el salto será inmediato.

Sin embargo, para mi, lo más relevante de lo que llevamos de momento en esto de comernos el tiempo y descubrir como nos vamos a mover por el mundo, es el caso de la marca nipona Nissan cuando anunció que se asociaba con la NASA para el desarrollo y distribución de vehículos autónomos. Ya llegan, es cuestión de horas.

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