Marc Vidal Marc Vidal

La revolución socioeconómica pendiente y sus riesgos.

Cuando el hombre vivió la revolución lítica, hace miles de años, nos asentamos en comunidades donde cada uno asumía una función y se especializaba. Hoy, la construcción de una sociedad ambientada en la automatización de todo también generará especialización, como ocurrió con cada revolución que afectara a la distribución del trabajo. Cada vez la dependencia del trabajo ha sido mayor, por lo que ahora debemos preguntarnos: ¿qué pasará cuando millones de empresas reemplacen (ya lo están haciendo) muchos de sus puestos de trabajo por robots y algoritmos?

Cuando el hombre vivió la revolución lítica, hace miles de años, nos asentamos en comunidades donde cada uno asumía una función y se especializaba. Hoy, la construcción de una sociedad ambientada en la automatización de todo también generará especialización, como ocurrió con cada revolución que afectara a la distribución del trabajo. Cada vez la dependencia del trabajo ha sido mayor, por lo que ahora debemos preguntarnos: ¿qué pasará cuando millones de empresas reemplacen (ya lo están haciendo) muchos de sus puestos de trabajo por robots y algoritmos?

Tal vez debamos revisar la historia para respondernos. Por ejemplo, en Estados Unidos, la agricultura era una de las fuentes de empleo más importantes. Los avances en la forma de cultivar permitieron una mayor eficiencia, lo cual redujo el número de empleos de más de 10 millones a 3 millones en apenas cincuenta años. Durante ese tiempo, la industria tecnológica estadounidense creó 6,5 millones de empleos. Obviamente no todos los agricultores pasaron a ser desarrolladores. Fueron sus hijos quienes, en lugar de trabajar en el campo, estudiaron programación.

En la década de 1970, un informe publicado en el libro ‘The Limits to Growth’ firmado por científicos del MIT argumentó que la civilización industrial estaba destinada al colapso si las corporaciones y los gobiernos continuaban buscando un crecimiento económico continuo, sin importar los costes. En aquel informe que te enlazo abajo, se pronosticaban 12 escenarios posibles para el futuro, y todos predijeron un punto en el que los recursos naturales se volverían tan escasos que un mayor crecimiento económico se volvería imposible y el bienestar se desplomaría.

En concreto hay una predicción que destacaba por delante de todas las demás. El crecimiento económico mundial alcanzaría su punto máximo alrededor de la década de 2040 y luego sufriría una fuerte recesión, junto con la población mundial, la disponibilidad de alimentos y los recursos naturales. Si bien era poco esperanzadora esa deducción, no significaba que ese será nuestro final como civilización, sino que, como si se tratara de un comic de Horacio Altuna, ese escenario sería en realidad un punto de inflexión social que vería caer los estándares de vida en todo el mundo durante décadas. Eso será, según aquellos científicos, en 2040.

Pero recientemente, Gaya Herrington (una prestigiosa analista de socioeconomía) ha revisado aquel documento y las variables que utilizaba: la población, las tasas de fertilidad, los niveles de contaminación, la producción de alimentos y la producción industrial. Esta científica ha incluido diferentes elementos que en 1972 no se podían saber ni valorar. Internet, la robótica, la inteligencia artificial y la capacidad tecnológica para reducir la contaminación y aumentar el suministro de alimentos aunque se agoten los recursos naturales tradicionales. Herrington criticaba aquel documento, pero también lo hace con algunos de los modelos de prospección que ahora se utilizan.

Y en eso que nos quedan 18 años para que en 2040 estemos en ese escenario tan chungo. Menos de dos décadas. Igual te parece mucho pero recuerda que estabas haciendo en 2004 y así verás pasa volando. Llevo un año largo diciendo que no vivimos ninguna recuperación, que esto es un rebote. Ahora por fin lo ha aceptado el mismísimo FMI. Desde este organismo han asegurado que se prevé un enfriamiento mundial de la economía y que la inflación no parará hasta entrado 2023.

El Fondo Monetario Internacional ha alertado del enfriamiento de la economía mundial, con un drástico recorte en sus previsiones de crecimiento. Ahora se sorprenden de que ‘la economía global entre este año en una posición más débil de lo esperado. ¿Las causas? Desde el gran reinicio del que te he hablado en un vídeo anterior, problemas energéticos de los que también te he hablado, de la inflación o la deuda de los que puedes ver vídeos con mi opinión y análisis en este canal.

El futuro, tal y como nos pinta el informe del MIT a medio plazo y el FMI a corto plazo, no son buenos. Por eso es importante que no se manipule la realidad según los intereses de quién la explica. En primer lugar porque es mejor para tomar medidas, y en segundo lugar para no crear falsas expectativas. Ante todo, debemos exigir a cualquier discurso oficial acerca del empleo y la creación de puestos de trabajo de forma masiva que muestren claramente cómo piensan hacerlo.

Porque no vamos a un escenario de mayor empleo, sino todo lo contrario. Cada vez habrá menos empleos, ya que cada vez la automatización será más eficiente. Esto será exponencial, y donde ahora hay tres humanos haciendo algo pronto habrá un software o un robot haciendo lo mismo. En apenas cinco años veremos una importante reducción de empleos disponibles, y no un incremento. Contra esto no bastan discursos imposibles de cumplir, sino que hay que trabajar y prepararse para un escenario inédito. Inédito que se puede amortiguar o no, si se tienen en cuenta algunos factores problemáticos que nos afectan ahora mismo y a corto, y que si no se abordan, no lograremos superar los desafíos a medio plazo.

Deberíamos poner en cuarentena la recuperación mundial, especialmente la de España e Hispanoamérica allí donde digan que se está produciendo. Deberíamos coger los datos existentes y enfrentarlos directamente con una dura realidad. Vamos a ver los factores de esa dura realidad:

  1. El enorme crecimiento de la pobreza. Uno de cada cuatro trabajadores españoles, por centrarlo aquí, es pobre según la Organización Internacional del Trabajo. El número de personas que ganan menos del 60 por ciento del salario medio aumentó en cuatro puntos porcentuales en la pasada década, del 18 por ciento al 22,2 por ciento. El número de hogares que no tienen fuente oficial de ingresos alcanzó un máximo histórico de casi un millón. Si no fuera por la llamada economía sumergida, una lacra real para el crecimiento de un país a medio plazo, el tejido social español se hubiera roto por completo ya.

  2. Desactivación progresiva de la población. El desempleo ha caído por debajo del 14 por ciento, pero la población activa sigue disminuyendo a un ritmo importante.

  3. La generación invisible. La mayoría de los nuevos pues- tos de trabajo creados no son para los jóvenes. Casi uno de cada dos no lo logra. Además, los pocos afortunados tienen un salario en caída libre. Según la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), el salario promedio mensual de los jóvenes trabajadores es mucho más bajo que el de sus mayores.

  4. La precariedad laboral crónica. España ha creado miniempleos como churros. Según las estadísticas del propio Ministerio de Trabajo, los contratos de trabajo firmados normalmente cada mes son mayoritariamente temporales. La nueva reforma laboral que dicen evitará eso, tal vez no lo logre. Posiblemente muchos contratos pasarán a indefinidos, cierto, pero muchos otros no pasarán a nada. España tiene una dependencia del empleo cíclico y eso no se coordina bien con la contratación indefinida. Veremos.

  5. La década perdida (la pasada). Mientras se habla de crecimiento del PIB, el nivel real de la producción registrada en 2020, por ejemplo, después de años de «recuperación» era prácticamente igual al nivel registrado en 2010. Teniendo en cuenta la evolución de estos indicadores, se puede hablar de «década perdida» cuando se quiere describir el período posterior a la crisis española. Ahora ya sabemos que una década te la ventilas fácilmente. Perderla es relativamente fácil. Ganarla es más complicado. De eso va, de ganar o perder otra década. La que viene, en la que estamos, pinta parecido. Tenemos una producción muy inferior a 2019 con los mismo ocupados. La matemática es muy clara en esto.

  6. El futuro no se construye por inercia. Los fondos para la investigación, el desarrollo y la innovación se redujeron durante toda esa década perdida. La creación de polos de atracción del talento que se fue y de otro talento para vincularlo a la construcción de un país moderno y encauzado a los tiempos que vamos a vivir en Occidente siguen en punto muerto. Los fondos europeos no parece que estén cambiando esa dinámica. Las grandes industrias son clave, las pequeñas empresas tecnológicas también. Crear un nuevo modelo económico no es algo rápido, pero, o se empieza ya y de manera estratégica o no habrá tiempo efectivo de hacerlo.

A todo esto, la falta de visión panorámica del mundo en el que vivimos es de aurora boreal. Estamos ante un mundo, muy cercano, en el que trabajar apenas dos horas será suficiente y en el que el resto del tiempo tendremos que pensar qué hacer. No será necesario trabajar más, y sin embargo deberíamos ser igual de rentables gracias a la sofisticada ayuda de robots y algoritmos.

Habrá que recolocar a millones de personas en un mundo sin empleo tal y como hoy lo conocemos. Sin embargo, muchos empleos permanecerán. Cada vez que ha vivido un momento como éste, el ser humano ha avanzado más que nunca. La posibilidad de disponer de más tiempo para ac- tividades humanas, creativas, filosóficas, científicas, gracias a la reducción de tareas mecánicas, repetitivas o superables por una tecnología cualquiera, ha supuesto siempre avances inéditos que han permitido vivir cada vez mejor a todos.

Las recesiones generan innovación. Apple, Google, Microsoft o Facebook nacieron en momentos de crisis. Alrededor de 1870, durante una de las mayores crisis que ha vivido la humanidad, se patentaron la bombilla, el teléfono, el fonógrafo, la red eléctrica y el metro urbano. Volverá a pasar. En todas las cosas que los robots y el software nos sustituirán tendrán que ver con la fuerza física o la fuerza bruta computacional ya sea vinculada al cálculo o a la inteligencia artificial derivada. De momento, mientras llega la «singularidad tecnológica», ese momento en el que los robots no nos necesiten para existir y regenerarse, no afectará a la creatividad, al detalle, a la empatía o las relaciones humanas.

No obstante un punto ciego aparece en ese vértice. Las muestras más recientes sobre androides, inteligencia artificial y robótica asociada explican un mundo donde algunos elementos «sólo humanos» también podrían ser modificados. El científico computacional Raymond Kurzweil asegura que «el futuro de los robots es más social de lo que pensamos, y pasaremos de ver en pocos años con naturalidad robots articulados con ruedas que lleven pizzas de un lugar a otro, a drones llevando objetos a sus clientes, a coches autónomos desplazándonos, a tener conversaciones con amigos virtuales capaces de simular interés, enfado, alegría o amor». Entonces esto va de un mundo de interrelación más que de sustitución, me temo. Nadie habla de esto. O, como mucho, se comenta como algo exótico. Esto es real y hay que abordarlo en todos los escenarios de decisión.

La sociedad ha cambiado gracias a este cosmos digital. Ha mutado con las redes sociales. La tecnología lo ha transformado todo. Casi sin aviso, sin planos que nos indicaran cómo hacerlo. Lo trascendental es que lo que ha pasado hasta ahora es sólo el prólogo. Muy muy pronto empezará el primer capítulo, un capítulo que llamaremos «quinta revolución», porque hay que diferenciarla de lo que ahora se está sembrando y que nos regalará tiempo útil. Los cambios masivos traerán tiempo para innovar si sabemos cómo afrontarlos. Si no hacemos nada, las crisis vividas hasta la fecha habrán sido una caricatura comparada con la que se nos viene encima.

Fuentes:
https://www.livescience.com/collapse-human-society-limits-to-growth.html https://www.vice.com/en/article/z3xw3x/new-research-vindicates-1972-mit-prediction-that-society-will-collapse-soon https://onlinelibrary.wiley.com/doi/abs/10.1111/jiec.13084 https://racef.es/archivos/galeria/stiglitzracef2013.pdf

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Marc Vidal Marc Vidal

¿Cómo deben ser las clases de informática en la escuela?

Este vídeo reflexiona acerca del papel que la tecnología y su enseñanza debe tener en la formación secundaria. Esto viene a partir de que en la última reforma educativa, el Ministerio de Educación y Formación Profesional español ha eliminado del Bachillerato y, en general, del currículo preuniversitario, las materias relacionadas con la Informática. De este modo, entre las 42 materias incorporadas para todas las modalidades, no hay lugar para la esta en concreto. Este vídeo analiza que supone esto y porque hay quien considera que es una buena decisión y quien no.

Este vídeo reflexiona acerca del papel que la tecnología y su enseñanza debe tener en la formación secundaria. Esto viene a partir de que en la última reforma educativa, el Ministerio de Educación y Formación Profesional español ha eliminado del Bachillerato y, en general, del currículo preuniversitario, las materias relacionadas con la Informática. De este modo, entre las 42 materias incorporadas para todas las modalidades, no hay lugar para la esta en concreto. Este vídeo analiza que supone esto y porque hay quien considera que es una buena decisión y quien no.

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Las 10 principales tendencias tecnológicas de 2022

El siglo XXI no empezó hace veinte años. En realidad empezó a mediados de marzo del año pasado. Y lo hizo de muy mala manera. El siglo XXI nos abofeteó pretendiendo hacernos despertar, pero el resultado ha sido muy distinto al esperado. El mundo ‘avanzado’ se ha vuelto se ha vuelto débil, dependiente de dogmas que se inoculan de un modo cada vez más burdo y menos sofisticado.

El siglo XXI no empezó hace veinte años. En realidad empezó a mediados de marzo del año pasado. Y lo hizo de muy mala manera. El siglo XXI nos abofeteó pretendiendo hacernos despertar, pero el resultado ha sido muy distinto al esperado. El mundo ‘avanzado’ se ha vuelto se ha vuelto débil, dependiente de dogmas que se inoculan de un modo cada vez más burdo y menos sofisticado.

Cada vez es más evidente y cada vez somos menos capaces, como sociedad, de revelarnos contra todo eso. Ahora sabemos que un estornudo en la fábrica del mundo, en China, paraliza la logística, la dependencia del discurso verde sale muy caro y, que cualquier excusa es buena para obligarnos a bajar la cabeza e incomodar nuestra vida. 

La economía planetaria tuvo una caída brutal en su modelo de producción hace ya casi dos años. Ahora ya sabemos que parar el mundo es mucho más fácil que arrancarlo. Arrancarlo ha supuesto el regreso de la inflación sin control. Una inflación, que si se revisa correctamente, cuando se interpreta bien el hipotético crecimiento y recuperación y se ve que no es más que un rebote por consumo inicial, cuando todo se mete en el mismo saco, descubres que hemos rozado la estanflación realmente.

Pero también sabemos que los gobiernos, incapaces de gestionar una crisis sanitaria adecuadamente, sin daños colaterales, sin desmontarlo todo, han descubierto que no sale tan caro, ni desgasta tanto, argumentar cierres quirúrgicos o restricciones de movilidad y acción. Se han dado cuenta, que si nos limitan, podría ser que la inflación no se descontrole tanto. Si no consumimos, si la demanda baja, los precios también lo harán. Al no poder subir tipos de momento, en Europa especialmente, la idea de reducir la flexibilidad de la economía, los precios podrían estabilizarse. 

¿Recuerdas que te te dije que el BCE está atrapado? Si retiran estímulos, se cargan la recuperación. Si suben tipos se cargan la recuperación. Si no hacen nada y mantienen todo como está, la inflación se ventilará la recuperación. No sé si ellos lo han llegado a definir, pero la realidad es que ‘encerrarnos’, poner en estado de shock informativo a la población, equilibrará la inflación. Recordemos también que, pueden pasar muchas cosas malas, muchas, pero lo que se suele llevar por delante un gobierno, un concepto sociopolítico como es Europa, es que al ciudadano medio, todo le salga más caro y que con su sueldo, no llegue a lo que llegaba antes. 

Pero también hemos descubierto que dependemos de la tecnología como nunca. Ese bofetón que nos dió el siglo XXI a principios del año pasado nos recordó que teníamos tecnología disponible para vivir de otro modo y no lo hacíamos. La duda es saber si lo hemos entendido. Nuestro mundo ya no es el mundo en el que vivíamos antes de la crisis sanitaria. Tecnologías que van a modificar nuestra vida más pronto que tarde y que en 2022 ya se van a poder identificar claramente. Te voy a listar algunas:

1- Empezará “la Gran Reorganización”. Según los datos de empleo en todo el mundo, especialmente en EEUU, va a seguir algo que el este pasado ya sucedió de manera inédita. Le llaman la gran reorganización y representa que millones de trabajadores dejaron sus trabajos y muchos otros contemplaron cambiarlo. Esta tendencia está tomando velocidad. La gran revolución estará en la nueva denominación de ese contrato social llamado empleo. 2021 es el año en que nuestra relación con el trabajo cambió para siempre. Nuestros patrones de trabajo y vida cambiaron, y las personas de todo el mundo comenzaron a repensarlo todo. Lo llaman la Gran Reorganización. Aun no tenemos muy claro cuales son, pero en 2022 las nuevas normas sociolaborales se volverán más visibles. Se habla de que el propio concepto que define el contrato social denominado ‘empleo’ empezará a cambiar. 

2- Las Big Tech podrían superar a los gobiernos en el escenario global. Los estados nacionales han sido los principales impulsores de los asuntos globales durante casi 400 años. Como conducir la guerra y la paz, proporcionar bienes públicos, redactar y hacer cumplir las leyes y controlar los flujos de información, bienes, servicios y personas. Eso se acabará. Los gigantes tecnológicos como Meta (Facebook), Google, Amazon y Alibaba actúan cada vez más como organismos soberanos, rivalizando con los estados por la influencia sobre nuestras vidas. La influencia de los gigantes tecnológicos provocará muchas reacciones violentas por parte de los líderes de muchos países. Ya lo hemos ido viendo en múltiples formas de buscar el modo de paralizar sus crecimientos. 

Pero no creo que ninguno de estos esfuerzos llegue hasta el final, en parte porque los líderes no están alineados con la naturaleza del problema, en parte porque carecen de la experiencia para regular las Big Tech de manera efectiva y en parte porque temen que la extralimitación podría obstaculizar la innovación y el crecimiento. Lo que significa que, al menos en el futuro cercano, el poder de las empresas de tecnología está a punto de crecer más allá de la capacidad y voluntad de los gobiernos para restringir su autoridad. 

3- El metaverso tomará el campo de batalla.  Por una vez, no todo el botín irá a parar a las grandes tecnologías. La próxima evolución de la web está llegando y está saliendo de nuestras pantallas. Es el metaverso, un término que describe las experiencias de inmersión y colaboración en 3D que ya se están abriendo camino en nuestras vidas. Di la palabra “metaverso” y la mayoría de la gente pensará en unos auriculares que nos transportan a un mundo pixelado en el que interactuamos con avatares digitales. Pero, el metaverso es mucho más. Desde experiencias aumentadas existentes. Hasta mundos de juegos de alta gama. 

Esperamos que el metaverso sea inmersivo, ubicuo y de libre acceso. Se enfocará digitalmente y potencialmente involucra entretenimiento, conexión social, productividad laboral y modificación de comportamiento a escala. Creará un ecosistema completo para desarrolladores, aplicaciones, anuncios y nuevas innovaciones digitales. El metaverso facilitará la conveniencia, el consumo y un acceso sin fricciones a los servicios. Hoy en día, solo unas pocas empresas tienen una participación real en el metaverso. ByteDance, Tencent, Facebook, Spotify, Zoom, Amazon (Twitch), Alibaba, Snapchat y Huawei. 

Al igual que en el cambio a la tecnología móvil, las grandes empresas de tecnología intentarán hacerse con el mayor control posible sobre este nuevo panorama. Pero a diferencia de los paradigmas tecnológicos anteriores, el metaverso será mucho más difícil de aislar y controlar gracias a dos fuerzas importantes. El primero es blockchain, que permitirá a los participantes del metaverso construir y usar tecnología descentralizada, en lugar de depender únicamente de los jugadores de Big Tech. El segundo es que los artistas y tecnólogos que están sentando las bases iniciales para el metaverso no están en deuda con las grandes tecnologías como antes. Gracias a blockchain, tienen un medio descentralizado para ganar dinero. Esta versión de la web tiene el potencial de ser abierta; uno que recompensa a los creadores individuales por sus contribuciones. Si a eso le sumamos la web3, de la que te he hablado ya, tenemos un escenario tecnológico, descentralizado y nuevo apasionante. 

4 - La mayor interconectividad de la historia. A medida que el trabajo remoto se vuelve algo común, la confiabilidad de Internet se ha vuelto más vital que nunca. Internet de las cosas (IoT) hace que Internet sea una parte más integral de nuestras vidas, y los desarrollos en todos los niveles de la red continuarán impulsando la investigación e impulsando la economía de Internet.

Según la actualización del pronóstico del índice de redes visuales de Cisco para 2018 , habrá 1.400 millones de personas más utilizando Internet para 2022, en comparación con 3.400 millones de usuarios en 2017. Esto equivale a casi el 60 por ciento de la población mundial, asumiendo una población de ocho mil millones por 2022. Para entonces, se espera que los usuarios de Internet consuman 4,8 zettabytes de datos por año, 11 veces la cantidad de tráfico IP generado en 2012, con 437 exabytes.

Si bien 5G puede estar en su infancia, veremos un mayor enfoque en 6G en 2022. China comenzó a investigar sobre 6G en 2018. A fines de 2020, el país había lanzado un satélite para probar la transmisión de señales de terahercios. Corea, Japón y algunos países europeos han comenzado a considerar seriamente el 6G por cierto. 

5- Empezará a funcionar la informática de alto rendimiento. Dado el reciente crecimiento de la investigación y el análisis basados en big data y la computación en la nube, espero que el uso de la computación de alto rendimiento aumente en 2022. Desde el descubrimiento de fármacos hasta la investigación del cáncer y la exploración espacial, la computación de alto rendimiento será cada vez más importante y la tecnología de computación cuántica necesita mantenerse al día con la demanda empresarial.

Pero lo cierto es que ya hemos visto un desarrollo masivo en el espacio de la computación cuántica por parte de jugadores como Google, IBM, Microsoft, Amazon y Alibaba. Startups como Rigetti Computing, D-Wave Systems, ColdQuanta, 1QBit, Zapata Computing y QC Ware han superado las expectativas de la industria en su tecnología y su crecimiento.

Esperamos un rápido progreso en la computación cuántica durante 2022, porque la alta demanda de máquinas de mayor potencia acelerará el desarrollo en este sector. Es probable que veamos anuncios de grandes desarrollos de qubit en el nuevo año. Todavía no veremos un ordenador cuántico poner en juego el mundo de las criptomonedas. Pero ese es otro tema para hablar largo y tendido.

6- Las plataformas NFT se dispararán. Un token no fungible (NFT) es un objeto digital: es un código de computadora y datos, que transmite la propiedad de algo. La propiedad puede estar en línea, por ejemplo, bienes raíces virtuales en el mundo digital o equipos especiales en un videojuego. O podría ser real: una propiedad inmobiliaria, una pintura o un lugar en el concierto. Un NFT también puede ser un híbrido, por ejemplo, el derecho a decidir quién puede alquilar una habitación en un espacio de vida cooperativo. Un cromo de fútbol, el primer balón de Messi o Ronaldo, un automóvil antiguo o un terreno en el centro de Madrid: todos son únicos y pueden transferirse como NFT.

En 2022, es probable que veamos NFT en todas partes; esto incluye películas, programas de televisión, libros y más. Las NFT son parte de la economía digital y se están generalizando porque permiten a las personas poseer algo que representa una parte de algo más grande que ellos mismos: una obra de arte o un personaje, por ejemplo. La economía digital se compone de una variedad de mercados en línea, que incluyen economías de juegos, bienes raíces virtuales e incluso plataformas de redes sociales como podría ser Meta, Youtube o LinkedIn.

7- La robótica tomará la iniciativa. Esperamos ver un mayor uso de la robótica en la vida cotidiana durante 2022. El uso incluirá los sectores de salud, agricultura, automoción, almacenamiento y gestión de la cadena de suministro, y veremos más automatización basada en robótica que seguirá progresando. 

El uso de la automatización de procesos robóticos (RPA) ayuda a automatizar las actividades que se realizan repetidamente. Esperamos que RPA crezca en 2022 y se convierta en una tecnología estándar para las empresas. Quien no tenga un RPA en 2022 dejará de ser competitivo. Finalmente, estamos viendo un aumento en la nanorobótica, pequeños sensores con una potencia de procesamiento importante y que se van a dirigir a nanomedicina o a identificar y destruir células cancerosas o administrar medicamentos. Este tema, que lo iremos viendo, abrirá debates éticos importantes.

8- La tecnología blockchain crecerá más que nunca hasta la fecha. La tecnología Blockchain ha disfrutado de una adopción masiva y continúa alterando muchas industrias. Según International Data Corporation, las empresas habrán gastado casi 6.6 billones de dólares en soluciones blockchain en 2021, un crecimiento del 50% con respecto al año anterior. Se espera que este número crezca más allá de los 12 billones en 2022. Con el aumento de NFT y metaverso, blockchain se volverá más importante en 2022 sin duda.

9 - La privacidad estará en juego. A medida que avance el año, poco a poco, nuestra propia libertad de acción estará supeditado a múltiples datos que serán monitoreados de manera constante. Te recomiendo leer un libro llamado ‘el espejo rojo’ en el que se explica como la vida controlada que tienen los chinos, podría ser un espejo en el que se refleja el futuro de europeos especialmente. El debate, en este aspecto.

10 - Y finalmente, nos quedaremos todos mirando hacia el futuro. Hay pocas dudas de que 2022 verá un rápido progreso en estas y otras tecnologías, a medida que el mundo emerja tras el lío que estamos viviendo. Veo una excelente oportunidad para que las empresas emergentes, las corporaciones y los inversores inteligentes aprovechen estas tecnologías emergentes y las tendencias comerciales para tener más éxito que nunca. Esperemos que la innovación resultante mejore el mundo para las personas y las empresas de todo el mundo.

Esperemos que seamos capaces de crear un mundo tecnológicamente más humano. Tengo claro que los países que lean correctamente la lista que te acabo de enumerar, subirán de división. Los que no, descenderán. Mi temor es que, los que vamos a recibir miles de millones de euros, no seamos capaces de aprovechar esta oportunidad. Temo que se malgasten los fondos por parte del gobierno. Temo que una sociedad anestesiada no entienda que esta es la última oportunidad para varias generaciones. Temo que la gente siga pensando que para luchar contra la inflación lo mejor es comprar pisos como se hizo en 2008. Y temo que la dependencia de unos burócratas europeos que tardan siglos en tomar decisiones se convierta en el modo político central.

Como siempre, la decisión tendrá que ver contigo. Con las cosas que estimes hacer. Mi recomendación es que no te tomes ese tazón de cloroformo en el desayuno tal y como te invitan a hacer cada día y a todas horas. Desayuna conocimiento. Fórmate, aprende, lee. Que este 2022 sea un año donde la tecnología nos ayude a ser mejores no dependerá de quienes la fabrican o la desplieguen, dependerá de lo que cada uno de nosotros estemos dispuestos a hacer con ella. Hay mucho de bueno en cada avance, en cada innovación. Sigo confiando en eso, pero eso, no será ni gratis, ni fácil.

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Fuentes: https://www.inc.com/anis-uzzaman/the-top-10-technology-business-trends-of-2022.html https://www.cisco.com/c/en/us/solutions/service-provider/index.html https://www.inc.com/steven-i-weiss/bandwagon-fan-club-nft-blockchain-covid-pivot.html https://www.inc.com/kevin-j-ryan/amazon-aws-robotics-fleet-iot-roborunner.html https://www.inc.com/gabrielle-bienasz/global-startup-ecosystem-report-robotics-artificial-intelligence.html

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El desafío de transformar un municipio: Cambrils 2030

Desde Allrework hemos desarrollado el ‘Plan Integral de Transformación Digital y Modelo Estratégico para Cambrils 2030,’ bajo el encargo del Ajuntament de Cambrils. Un plan para transformar digitalmente esta maravillosa ciudad que no sólo es turística y que tiene un enorme potencial social y económico. El proyecto fue liderado por Fèlix Laencuentra y Lara Oliveras y determina la hoja de ruta para el desarrollo del proyecto 'Cambrils Futur 2030'. Así se hizo eco la prensa local.

Vienen tiempos de cambio, de tecnología y de darle un sentido humano a esa transformación. Tengo la certeza de que uno de los tractores sociales en el futuro inmediato serán los municipios. Por esa razón, en la consultora que fundé, nos ilusiona y estimula enormemente trabajar en proyectos que establezcan la hoja de ruta para convertir ciudades con alto potencial, en #smartcities.

Desde Allrework hemos desarrollado el ‘Plan Integral de Transformación Digital y Modelo Estratégico para Cambrils 2030,’ bajo el encargo del Ajuntament de Cambrils. Un plan para transformar digitalmente esta maravillosa ciudad que no sólo es turística y que tiene un enorme potencial social y económico. El proyecto fue liderado por Fèlix Laencuentra y Lara Oliveras y determina la hoja de ruta para el desarrollo del proyecto 'Cambrils Futur 2030'. Así se hizo eco la prensa local.

Durante meses hemos trabajado duro junto a gran parte de la sociedad civil, política, empresarial y asociativa del municipio. El documento final es sin duda una gran carta de intenciones, pero lo mejor y de lo que estamos más orgullosos, es que es un modelo de ejecución, en el tiempo y en el detalle. Da gusto trabajar con gente entusiasta con lo que la tecnología sin olvidar su papel para mejorar la vida de las personas.

Sabemos que ha empezado una carrera de fondo que precisa de un sprint inicial. Ahora toca ponerlo en marcha. En palabras del propio consistorio toca 'abordar aspectos digitales inaplazables y básicos simultáneamente al desarrollo de otras líneas de actuación que afectan a todos los departamentos en mayor o menor medida. Se trata de que la tecnología sea uno de los ejes imprescindibles de las políticas públicas en el momento de su planteamiento'.

Si te interesa conocer en detalle este trabajo o estás pensando que en tu organización o empresa necesita diseñar una hoja de ruta para afrontar el reto de implementar proyectos de modernización a tenor de los fondos ‘Next Generation’, no dudes en contactarnos. Sabemos como hacerlo.

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¿Cómo te afectan la Inteligencia Artificial y el Big Data?

Los avances tecnológicos están marcando el ritmo del futuro. Conocer cuáles están siendo estos cambios y hacia dónde nos dirigimos es esencial para actuar en consecuencia. Nunca el cliente fue tan escuchado. El big data y la inteligencia artificial han logrado tal intimidad con él que las empresas no solo cubren sus necesidades, sino que las predicen.

Los avances tecnológicos están marcando el ritmo del futuro. Conocer cuáles están siendo estos cambios y hacia dónde nos dirigimos es esencial para actuar en consecuencia. Nunca el cliente fue tan escuchado. El big data y la inteligencia artificial han logrado tal intimidad con él que las empresas no solo cubren sus necesidades, sino que las predicen.

A veces, no somos conscientes, pero aquí y ahora, estas tecnologías nos analizan, conocen y deciden por nosotros. La clave es conocer que hacen y cómo. Este es el primer episodio temático del documental sobre como la Inteligencia Artificial y Big Data que hice junto a la empresa Unísono. Vivimos una revolución tecnológica y los datos mandan ¿Qué papel jugamos nosotros? ¿Qué mundo nos espera?

En este primer episodio, de cuatro te descubriré cómo aprende la inteligencia artificial; el sesgo de los datos; quién pone los límites a la IA o cómo esta tecnología se ha convertido en la nueva revolución. Para lograrlo he entrevistado a unos profesionales de primer orden: David Carmona – general manager, AI & Washington Microsoft Sergio Blas – analytics & artificial intelligence IBM Jorge Velázquez – digital transformation manager Sanitas Javier Lázaro – digital hub director Ferrovial Francisco Pou – chief executive officer Mediacrest Concha Monje – researcher in robotics and systems control Roboticslab Fabiola García – neuropsychologist Universidad Complutense de Madrid Alberto Calero – advisor, Menlo Park California Facebook Connectivity

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Más de 200 millones de turistas decidiendo donde ir.

En octubre de 2016 escribí sobre el turismo poniendo el foco en lo importante que es incorporar los avances tecnológicos en cualquier sector, a pesar de que el negocio marche viento en popa. Algo que, visto lo visto, vamos a percibir con su mayor virulencia. Se acerca la ansiada apertura. Algo que estimulará el turismo. Eso es bueno, sobretodo para los países que dependen especialmente de este modelo de crecimiento. El problema, si es que se puede considerar así, es que, para el mismo pastel, existen los mismos comensales que antes o incluso más.

En octubre de 2016 escribí sobre el turismo poniendo el foco en lo importante que es incorporar los avances tecnológicos en cualquier sector, a pesar de que el negocio marche viento en popa. Algo que, visto lo visto, vamos a percibir con su mayor virulencia. Se acerca la ansiada apertura. Algo que estimulará el turismo. Eso es bueno, sobretodo para los países que dependen especialmente de este modelo de crecimiento. El problema, si es que se puede considerar así, es que, para el mismo pastel, existen los mismos comensales que antes o incluso más. 

turismo-futuro-mascarilla-postcovid

La fisura en el mercado se produjo hace más de un año. Tiempo suficiente para parar máquinas y establecer una estrategia de cómo abordar el futuro. Un futuro tecnológico sin duda. Por aquel 2016 decía que, en el sector turístico ‘digitalizados lo están casi todos, transformados no. Digitalizarse es utilizar tecnología para hacer cosas similares de un modo más eficiente, obtener nuevos modelos de negocio gracias a esa tecnología es transformarse'.

A todo esto, la campaña de vacunación en los grandes mercados emisores de turistas y la mejora de la situación sanitaria ha puesto en modo optimista a todo el sector turístico español. Muchos ven que a partir de ahora el clima depresivo tras trece meses consecutivos de parálisis, acumulando millones de pérdidas en las cuentas de resultados, podría ya empezar a ser una pesadilla del pasado. Si el pasado verano España tan solo recibió 6,1 millones de viajeros, la previsión es que la cifra se triplique. Muy lejos de los 37 millones recibidos en el verano de 2019. Pero el problema no está en ‘recuperar’ los turistas, sino en cómo los pensamos recuperar y si estamos preparados para mostrarnos mucho más atractivos que nuestros competidores. Sabiendo que, la mayoría de esos competidores, ya han empezado a trabajar en esa carnicería comercial. Vamos algo más tarde que algunos de ellos. Mallorca hoy no es el destino preferido del turista alemán por primera vez en décadas. Ahora es Creta.

España no está sola en esta olimpiada turística. Los grandes destinos españoles van a tener que competir con Italia, Grecia, Chipre o Malta para atraer a turistas de la UE ansiosos por viajar. Está por ver si a esa tarta se unen Turquía, Egipto, Túnez y Marruecos. Por lo tanto, la batalla para atraer turismo europeo, cerca de 200 millones de turistas apuntando a la baja, van a decidir en los próximos dos meses dónde piensan gastarse la ingente cantidad de dinero ahorrado disponible. 

El sector que aportaba el 15% del PIB y empleaba a cerca de 3 millones de personas va a tener una inversión en su modernización por debajo del 6%.

Pero para lograrlo es preciso innovar, ser disruptivo y abrazar la tecnología existente sin recelo. El famoso discurso del jefe de Nokia que terminó entre lágrimas dejaba claro que el mundo cambia extremadamente rápido y que, ni haciendo las cosas ‘bien’, tienes la garantía de que tus competidores no lo estén haciendo mejor. Fueron derrotados. La historia demuestra que la ventaja que tienes hoy, o ayer, puede ser remplazada por tendencias emergentes, sistemas o herramientas cualquier competidor adquiera. De momento sólo sabemos que de los ansiados ‘planes de recuperación’ y de los 30 epígrafes generales que se han enviado a Bruselas, únicamente 3400 millones de euros se destinarán a la modernización del turismo. Sólo 3.400 de 70.000. Ojo a esto. El sector que aportaba el 15% del PIB y empleaba a cerca de 3 millones de personas va a tener una inversión en su modernización por debajo del 6%. Genial.

La innovación será la única salida. Cuando el mundo cambia, el que decide cambiar no siempre gana, pero el que no lo hace siempre pierde y en el turismo eso va a ser clave. El turismo del futuro a medio plazo va a ser muy distinto donde las tecnologías relacionadas con el ‘contactless’ se van a quedar. La inversión en tecnología será fundamental y no debe considerarse un gasto sino una inversión. La industria del viaje ha tenido una gran capacidad de transformarse gracias a la tecnología, pero esa transformación se ha convertido en una necesidad en tiempos en los que el cliente cuenta con mucha información y demanda ser usuario por delante de consumidor.

El viajero inmediato exigirá esa tecnología pues querrá que nos anticipemos como industria en los problemas que pueda tener. Los viajeros comprarán si saben que si hay un problema se podrá solucionar con un simple click. Los expertos coinciden en destacar la proximidad o las reservas de última hora como algunos de los factores que cobrarán especial relevancia para los viajeros. Ahí la tecnología toma un sentido extremo.

Qué estamos haciendo para recuperar uno de los motores de nuestra economía? ¿Qué estamos haciendo para que ese motor sea moderno, tecnológico y más complejo? ¿Qué estamos haciendo para que nuestros clientes futuros sientan que sus vacaciones sean la mejor experiencia de su vida y no un espacio temporal fácilmente sustituible por otro en cualquier otro destino? Esto no va de playa y sol, va de que el sol y la playa aporte una experiencia fundamental. Recordemos que hemos pasado de ‘la experiencia de cliente’ por un ‘cliente con experiencia’.

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Marc Vidal Marc Vidal

El turismo será tecnológico o no será.

El turismo, un sector de futuro, siempre que acepte la tecnología como motor de cambio. Así empecé mi participación en el Segundo Congreso Online del Agente de Viajes Digital, que se celebró recientemente. La pandemia ha producido un triple ‘shock’, de oferta, de demanda y de valor patrimonial de las compañías, que se traduce en un cuarto, un shock laboral que se irá ampliando y donde pronostico que las compañías que abracen la tecnología estarán a la cabeza de la recuperación, porque serán más eficientes, automatizadas y conocedoras del cliente.

El turismo, un sector de futuro, siempre que acepte la tecnología como motor de cambio. Así empecé mi participación en el Segundo Congreso Online del Agente de Viajes Digital, que se celebró recientemente. La pandemia ha producido un triple ‘shock’, de oferta, de demanda y de valor patrimonial de las compañías, que se traduce en un cuarto, un shock laboral que se irá ampliando y donde pronostico que las compañías que abracen la tecnología estarán a la cabeza de la recuperación, porque serán más eficientes, automatizadas y conocedoras del cliente.

turismo del futuro

Y es que la complejidad económica de un país, es decir, la dificultad de las empresas para sustituir a sus trabajadores, como consecuencia de sus capacidades y habilidades, un indicador en el que Alemania se sitúa muy por encima de España, sirve para pronosticar qué países serán los primeros en sobreponerse a los efectos de la pandemia. La automatización o la Inteligencia Artificial no provocan paro, sino que generan mayor eficiencia, productividad y empleo, pero en posiciones distintas y para funciones diferentes. Animo a no poner regulaciones o muros a la tecnología, porque va a ser clave para afrontar el futuro con garantías. 

La innovación será la única salida. Cuando el mundo cambia, el que decide cambiar no siempre gana, pero el que no lo hace siempre pierde y en el turismo eso va a ser clave. El turismo del futuro a medio plazo va a ser muy distinto donde las tecnologías relacionadas con el ‘contactless’ se van a quedar. El sector turístico ha trabajado muy bien para ofertar esos servicios salvaguardando la seguridad, mientras que no se está reconociendo al sector motor de la economía española que ha hecho un esfuerzo notable, y se le castiga sin tomar medidas adecuadas o poco uniformes en el tiempo.

La flexibilidad y la sostenibilidad de los procesos obligarán a que cada persona necesitará desarrollar nuevas habilidades porque el proceso de transformación va a ser más rápido que nunca. Pero que quede claro que los viajeros volverán. No en la misma cantidad pero volverán. La oportunidad que nos ofrece este tiempo muerto es la de ejecutar la necesaria transformación tecnológica del sector. 

La inversión en tecnología es fundamental y no debe considerarse un gasto sino una inversión. La industria del viaje ha tenido una gran capacidad de transformarse gracias a la tecnología, pero esa transformación se ha convertido en una necesidad en tiempos en los que el cliente cuenta con mucha información y demanda ser usuario por delante de consumidor.

El consumidor ahora tiene muchísima información y no está esperando la oferta, tiene capacidad de juicio y busca conceptos que antes no buscaba, como la sostenibilidad, por lo que no valdrá con ofrecer un paquete que valga para todo tipo de cliente, sino que se deberá optimizar la oferta a través de los datos. Para gestionar esos datos, transformarlos en información y, finalmente, darle un sentido para convertirla en conocimiento, será necesaria mucha tecnología. No demasiado compleja, pero sí intensa.

El viajero inmediato exigirá esa tecnología pues querrá que nos anticipemos como industria en los problemas que pueda tener. Los viajeros comprarán si saben que si hay un problema se podrá solucionar con un simple click. Los expertos coinciden en destacar la proximidad o las reservas de última hora como algunos de los factores que cobrarán especial relevancia para los viajeros. Ahí la tecnología toma un sentido extremo.

Los clientes exigen garantías y es por eso que las políticas de cancelación favorables y la transparencia serán la base fundamental de las condiciones de las reservas para estimular así la demanda. Se instalará un modelo nuevo. Las staycation (vacaciones en casa o a pocos kilómetros), que antes eran una tendencia alternativa, serán pauta de consumo durante un largo tiempo. Tendrán mayor protagonismo los destinos no masificados frente a las grandes urbes, así como el turismo rural y de naturaleza. Ese nuevo modelo exige también automatizar procesos, conocer al cliente y generar valor en esa proximidad.

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Marc Vidal Marc Vidal

La relación entre crisis, innovación y tecnología.

Entre las economías más innovadoras del mundo no está España. Tampoco ningún país latinoamericano. La revista económica Bloomberg presentó recientemente su clasificación anual sobre las economías más innovadoras del planeta, que en esta ocasión encabeza Alemania tras adelantar a Corea del Sur. Este video explica en qué consiste el indice de complejidad económica y como incide en que unos países salgan antes y mejor de las crisis y otros no.

Entre las economías más innovadoras del mundo no está España. Tampoco ningún país latinoamericano. La revista económica Bloomberg presentó recientemente su clasificación anual sobre las economías más innovadoras del planeta, que en esta ocasión encabeza Alemania tras adelantar a Corea del Sur. Este video explica en qué consiste el indice de complejidad económica y como incide en que unos países salgan antes y mejor de las crisis y otros no.

También explica como afrontar el reto de hacer más innovadora una economía abrazando la tecnología. Recuerda que si dejas eres uno de los ganadores del concurso que se listan al final del video por ser subscriptor y haber dejado un comentario en el anterior tienes uno de 10 libros de 'La Era de la Humanidad' dedicado.

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Economía, Industria 4.0, Innovación Marc Vidal Economía, Industria 4.0, Innovación Marc Vidal

Mejor 'Reiniciar' que 'Reconstruir' en la 'Nueva Normalidad'

El pasado 5 de febrero publiqué un artículo titulado ‘Invertir en innovación cuándo las vacas gordas se ponen a dieta ’ en el que explicaba la cruda realidad de la innovación y la inversión en desarrollo tecnológico en la que estábamos por aquel entonces. Nadie hablaba de ‘nueva normalidad’ por aquel entonces. Pero, aunque cueste acordarse, el punto de partida que teníamos ya era malo. Ahora hablamos de reconstruir, de volver a poner en marcha o de meriendas diversas, pero la realidad es que el punto de partida no es el mejor lugar.

El pasado 5 de febrero publiqué un artículo titulado ‘Invertir en innovación cuándo las vacas gordas se ponen a dieta’ en el que explicaba la cruda realidad de la innovación y la inversión en desarrollo tecnológico en la que estábamos por aquel entonces. Nadie hablaba de ‘nueva normalidad’ por aquel entonces. Pero, aunque cueste acordarse, el punto de partida que teníamos ya era malo. Ahora hablamos de reconstruir, de volver a poner en marcha o de meriendas diversas, pero la realidad es que el punto de partida no es el mejor lugar. 

Photo: Plastique Fantastique

Photo: Plastique Fantastique

Por aquel entonces sabíamos que España, algo trasladable a todos los países latinoamericanos, invertía mucho menos en industria 4.0 que los países de nuestro entorno. En concreto, 23 veces menos. Y ahora estamos ante el mayor desafío económico al que nos hemos enfrentado los que estamos en edad de pagar impuestos. Los datos son terribles. Cuando termine la crisis del coronavirus, el déficit estructural de España superará ampliamente los 30.000 millones de euros. Esta cuantía es superior a la recaudación anual del impuesto sobre sociedades y un 50% superior a toda la recaudación de los impuestos especiales. Tal desequilibrio no se corrige sin esfuerzo y, por mucho que se quiera ganar tiempo y trasladarle el problema a otro ejecutivo posterior, la realidad es que se tendrá que acometer el año que viene. De ahí que vivamos como en una prórroga lisérgica que no nos deja ver la realidad económica. Los ERTEs y las ayudas a autónomos, intervienen el mercado laboral con cifras que no responden a la dimensión de la tragedia. 

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Todo esto imposibilita, de momento, un discurso sobre la innovación. No se ha sido capaz de poner tecnología en la propia administración para tramitar desempleo y expedientes de regulación temporal, o no se disponía de tecnología e inteligencia artificial para luchar contra la crisis en el ámbito sanitario, no se sabía ni para que servía el propio ‘blockchain’ para gestionar la logística de mascarillas o lo que fuera. Se venden ministerios de ‘transformación digital’ o secretarías de estado de ‘inteligencia artificial’ que ni se les ha visto, ni se les espera. Mucho me temo que seguirán siendo un adorno en los presupuestos, un moderno epígrafe con poca aportación real a la ‘reconstrucción’ (prefiero llamarle ‘reinicio’) de nuestro modelo productivo, industrial y económico.

La deuda pública se va a desmadrar. En 2021 se situará en el entorno del 122% del PIB y todavía seguirá subiendo, ya que el déficit público será superior al crecimiento del PIB. Esto significa que estará ya casi 30 puntos por encima del nivel de deuda que había en 2019. Para corregir esa deuda serán necesarios muchos años y un enorme sacrificio que todos sabemos a quién se le va pedir que lo asuma. Nos van a crujir a impuestos y no sólo a los ricos. Por cierto, quién te diga que los impuestos en España son los más bajos del mundo mundial o que hay margen para subirlos, le puedes decir que ‘la presión fiscal en España es un 8% superior a la media europea y que, por poner un ejemplo que afecta a la capacidad de inversión de las empresas, el impuesto de sociedades, es un 16% superior a la misma media europea’. Nos superaran en esa presión países escandinavos y alguna excepción. Pero nosotros no somos Finlandia.

Para comprender la magnitud de las cifras, basta comprobar que en los años de la burbuja inmobiliaria, con el PIB y la recaudación de España repleta de dopamina, se tardaron diez años en rebajar la deuda esos 30 puntos referente al PIB. Ahora hay que hacer esa increíble gestión sin ninguna burbuja a la vista, sin ningún pinchazo real de un sector ni con la economía saneada previamente. Veníamos de un problema estructural: una economía débil en innovación y en la que se invertía poco en transformación digital. 

Por todo esto es urgente plantear si la ‘reconstrucción’ es volver a un modelo anterior o aprovechamos para replantearlo todo. La ingente inversión pública que se destinará al llamado ‘escudo social’ debe tener en cuenta que amortiguar la crisis social está ligada a la composición de un nuevo modelo de crecimiento. Visto que no se puso la economía a cero podríamos ponerla en un punto de partida lo más adecuado posible para afrontar los desafíos inminentes. De quedarnos fuera del espectro tecnológico global para siempre dependerá lo que se haga ahora. 

Vivimos una transformación social y económica como nunca antes. Vamos paso a paso a un mundo en el que no será necesario trabajar como ahora lo hacemos. Aunque parezca un guión de una película de ciencia ficción no lo es. Piensa en el mundo hace veinte o treinta años. Míralo ahora. Piensa en el mundo en diez o quince años. Casi todo es susceptible de ser automatizado. Lo iremos viendo. La transformación digital es la antesala a un universo robotizado, automático. Un mundo robotizado para hacer más humana la vida pero no sin estrategia previa. Para ello se precisa una 'transición tranquila hacia el mundo de la ‘abundancia'. Curiosamente lo que estamos viviendo ahora bien podría ser el detonante de un mundo mejor. Un mercado complejo pero interesante, donde, pequeñas empresas, nacidas con una buena idea se convierten en un proyecto capaz de integrar los elementos que nos llevarán a la Quinta Revolución Industrial.

Nos van a pedir retrasar esa innovación. La excusa será que hay que crear empleo donde sea. Que con un 25% de paro no estamos para ponernos exquisitos. Que lo primero es comer. Que hay que dar peces, que lo de la caña de pescar no es prioritario. Sabemos que por cada 10 personas que obtienen acceso a Internet, se crea un empleo y una persona sale de la pobreza. Así lo aseguraba el fundador de Facebook en el Foro Económico Mundial de Davos de 2016 en la presentación del informe ‘The Future of Jobs’. No debe ser tan malo eso de aportar tecnología a cada rincón del planeta, tampoco lo es en la integración de sistemas tecnológicos en cada rincón de la economía. Probablemente, este cambio precisa de tiempo, de una transición compleja, de mucho sacrificio. Pedirle a todo el mundo que afronte esas dificultades durante cuatro o cinco años y que el producto final de ese esfuerzo sea volver a un modelo económico antiguo, de escaso valor añadido, con sueldos precarios y fácilmente sustituibles por máquinas y automatismos, sería terrible y desolador. 

El mayor riesgo es hacerlo sin un plan. Si las empresas y los gobiernos no comprenden que antes de iniciarse en la innovación intensa y profunda, en focalizar en los avances tecnológicos, en la ‘Era de las Máquinas’, no se invierte antes en las personas que deberán comprender esos cambios, el error puede ser mayúsculo. Para que esa ‘Era de la Tecnología’, esa ‘Nueva Normalidad’ a la que nos querrán meter tarde y mal, sea realmente la ‘Era de la Humanidad’, se deberá utilizar este momento inteligentemente. Toda la inversión pública prevista, todo el esfuerzo fiscal y laboral que se va a necesitar, tiene que ir destinado a ‘reiniciar’ el mundo, no a reconstruirlo. 

Hay gobiernos que no lo han entendido. Hay empresas que tampoco. La mayoría de personas que esperan que sus ERTEs se transformen en su puesto de empleo tradicional siguen sin verlo. Todos asumimos que ‘el mundo no se acaba’, pero dependerá de cada hoja de ruta prevista que sí se acabe ‘un mundo’. Un mundo ineficiente, incapaz de aprovechar lo que la tecnología nos proporciona, de como nos hace más humanos y de como nos permite hacer lo que mejor sabemos hacer: crear ideas, pensar, ser creativos. 

La dichosa nueva normalidad no es más que la ‘nueva realidad’ social y de comportamiento. Que sea o no un espacio de crecimiento o por el contrario se acabe convirtiendo en un barrizal, depende de lo que hagamos ahora mismo, de lo que se determine desde las estructuras de estado y supranacionales. Lo que decidan sus señorías en los próximos cinco meses, afectará a los que vivamos los próximos quince años. No es una broma. Verlos discutir sus mismas miserias de siempre no es ‘reiniciar’, es ‘recuperar’ su política pequeña y miserable, su minúscula capacidad para interpretar que la historia nos reservaba un punto y aparte. Eso de la nueva normalidad no es vivir encerrados en una especie de burbuja protectora temporalmente. Nada nos va a proteger de la ineficiencia económica. A ver que tal…

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Agrotech, Economía, Innovación Marc Vidal Agrotech, Economía, Innovación Marc Vidal

Invertir en innovación cuándo las vacas gordas se ponen a dieta

A los que ahora mandan y a los que les toca aportar una oposición responsable, se les exige un poco de visión estratégica, menos táctica y de alarma ante un ciclo económico malo para el que no tenemos ni un sólo amortiguador adecuadamente engrasado. Estamos a tiempo, por supuesto, pero hubiera sido mucho mejor haber actuado durante las vacas gordas y no tanto, ahora, con las vacas empezando la dieta. 

Entre las economías más innovadoras del mundo no está España. Tampoco ningún país latinoamericano. La revista económica Bloomberg presentó recientemente su clasificación anual sobre las economías más innovadoras del planeta, que en esta ocasión encabeza Alemania tras adelantar a Corea del Sur. Como decía, los países de habla hispana no aparecen en ese ranking hasta el puesto número 33, con España como el mejor situado y Argentina, en el puesto número 45. Que sigamos descendiendo en esa clasificación, tres posiciones en un año, no es sólo por la baja inversión destinada a la innovación, sino también por el incremento de ese tipo de inversión que hacen los países de nuestro entorno.  

Y es que tenemos un problema de productividad derivado de esto que se traduce en un modelo de crecimiento de escaso valor añadido. Un sistema económico focalizado en servicios muy básicos. Las tecnológicas no aportan demasiado al conjunto de la economía todavía pues esas inversiones no se centran en el capital intelectual. La industria tiene un aporte de un 11,2% al PIB. Estamos anclados en los servicios que representan un 67% del mismo producto interior bruto. Unos servicios, no obstante, que no son de alto valor tecnológico sino de modelos de bajo coste. Esta ecuación genera empleo precario con sueldos bajos. Precisamente el target más expuesto a cada cambio de ciclo o ante la automatización de la economía. 

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Y a todo esto nos ponemos a mirar nuestro índice de competitividad por el talento global y descubrimos que tras un salario insuficiente y una carencia de formación tecnológica, nuestro país sigue embarrado en puestos que no suponen liderar nada. Nos adelantaron Portugal, Chipre o Eslovenia. Nos mantenemos en el puesto 32 que establece una clasificación entre 132 países. Suiza y EEUU encabezan el ranking 2020 por cierto.

Nos sorprendemos con que los datos de empleo no sean buenos. Algo que no tendría que suceder si hubiéramos aprovechado adecuadamente los ciclos alcistas para crear ocupación en sectores que no dependan de la estacionalidad o de una potencial automatización que se los lleva por delante sin aportar recambio o alternativa. 

Los datos de paro publicados ayer inciden en el bucle que hemos entrado y sobre lo que llevamos años advirtiendo. La fragilidad de un modelo de crecimiento como el nuestro no tiene herramientas para revertir una oleada negativa en la generación de empleo. La dependencia del sector servicios y del empleo de escaso valor produce paro a carretas.  Enero ha sido nefasto con un aumento de 90.248 parados nuevos, el aumento más pronunciado desde 2014. Además en términos relativos esto supone una caída del 2,85% (el peor dato desde 2013). Ahora bien, en términos generales, lo grave es que enero destruyó 244.000 empleos, más de la mitad de todo el creado en 2019. Cae esa afiliación a la seguridad social tanto en el  el régimen general con 224.909 personas como en el régimen de autónomos que ha perdido 17.969 de éstos.

¿Quieres más datos para enmarcar el momento histórico y los elementos con los que vamos a enfrentarnos? Veamos. Las pensiones y el paro sostienen la economía de todo el oeste de España por ejemplo. Desde Asturias hasta Andalucía; un tercio de la renta disponible de los hogares procede de las transferencias sociales, básicamente pensiones y seguros de desempleo. ‘En Galicia y Castilla y León, el porcentaje de la renta disponible de los hogares que procede de las transferencias sociales supera el 31%; esto es, casi uno de cada tres euros. En el suroeste, por el contrario, la dependencia de las transferencias sociales no se debe solo a las pensiones, sino también al elevado desempleo. La tasa de paro en Extremadura supera el 19% y en Andalucía todavía es del 22%. Tal nivel de desempleo no solo afecta gravemente al desarrollo económico de estas regiones, sino que también genera una elevada dependencia. Esto explica que en Extremadura las transferencias sociales supongan el 32% de la renta de los hogares y en Andalucía superen el 30%’. 

Pero no acaba aquí. La plataforma sobre la que se sujeta la economía española tiene otros aspectos muy preocupantes. Veamos otra vez. En 14 provincias españolas, ‘más del 25% de los asalariados son funcionarios. Según la Encuesta de Población Activa (EPA), en España hay aproximadamente 3.150.000 trabajadores del sector público, lo que supone que casi uno de cada cinco (en concreto, el 19,41%) asalariados está ocupado en alguna administración pública’.  Las que tienen una mayor proporción, casi rozando lo insostenible, son Cáceres y Teruel, con más de un 30%. Y si a esto le sumas que el gobierno está formalizando un plan de contratación pública tal y como ha hecho durante el 2019, la cosa no va a hacer que empeorar. Y sí, mientras no tengamos una economía automatizada capaz de soportar el peso de una estado de servicios de esta envergadura, algo así es una mala noticia. 

Pero no te vayas todavía, que aún hay más. Ya tenemos alguna provincia donde hay más pensionistas que ocupados. Ourense es un ejemplo. La merienda es de espanto. Envejecemos con dificultad para soportar las pensiones, aumentamos el peso del empleo público, no innovamos como nuestros competidores, facturamos mucho y generamos cantidad de empleo en sectores frágiles y, por si fuera poco, ‘el Índice de Precios de Exportación caen, los precios de las importaciones aceleran su descenso, el Índice de Producción Industrial tiene una evolución anual negativa, los Indicadores de Confianza Empresarial publicados el 16 de enero experimentaron un retroceso del 0,4% respecto al cuarto trimestre de 2019, el total de empresas creadas durante la parte final de 2019 supone un 8% menos que en 2018, caen las transmisiones Derechos de la Propiedad, la compra-venta de viviendas inscritas, cae el Índice de Garantía de la Competitividad un 1,8% en el mes de noviembre del año pasado y las Entradas de Pedidos en la Industria experimentaron una caída del 20,2% hasta noviembre pasado también’.

La cruda realidad es que estamos ante el inicio de un ritmo de expansión que va a ir decreciendo y que se nos acaba el tiempo para poder aplicar políticas de modernización, reducción de costes laborales, estimulación de una economía tecnológica, de innovar, de reducir la fiscalidad y de, en definitiva, flexibilizar una estructura económica que necesita facilidades para afrontar un reto industrial, digital y de transformación socioeconómico. Impedirlo ahora es suicida. Sino se hace ahora, una verdadera apuesta por el cambio de modelo pero en todos sus frentes, laboral, tecnológico, fiscal, industrial y de automatización responsable y estratégica, o no se podrá hacer. A la caída de ingresos tributarios que más pronto que tarde se van a producir, la urgencia estará en los gastos sociales indispensables y poco quedará para afrontar ese reto. El tren se escapará y nos quedaremos en la estación de los países que la vieron venir y la dejaron pasar. 

Pero espera, el problema no termina aquí. Los datos del sector agrícola, que ha llegado al límite atendiendo a las movilizaciones que se están produciendo estos días, son la antesala de lo que sucederá en otros sectores dónde el salario no puede asociarse a la productividad por diferentes motivos. Los problemas laborales estimulados por la automatización y digitalización del campo, sin una estrategia de modificación del modelo en su momento, anticipa el mismo problema en la transformación de la pequeña industria e, incluso, los servicios o el empleo más básico y asociado, especialmente, al turismo y hostelería.

La solución ya no puede ser un tratamiento previo. Se trata de cuidados paliativos o de aplicar medidas urgentes sobre una masa líquida de problemas líquidos. Me temo que vamos a ver infinidad de despropósitos visto lo visto. Nadie parece darse cuenta de que tras el discurso pro tecnológico debe haber una verdadera estrategia de gestión al respecto. Algo que, por cierto, no podrá contentar a todos y que se deberá de apartar de las políticas buenistas o de tipo ‘social’ que exijan altos impuestos y poca inversión en innovación empresarial. 

Un ejemplo. En la configuración del consejo de ministros se ha troceado la política estratégica que debía afectar a la modernización del campo. La cohesión territorial necesaria para aplicar modelos de innovación no aparece en el cartapacio ministerial. Por lo menos depende de cinco ministerios ahora. Flipa. El de Transición Ecológica y el Reto Demográfico, el de Política Territorial y Función Pública, el de Inclusión Seguridad Social e Migraciones, el de Agricultura y, también, el del vicepresidente segundo y ministro de Derechos Sociales y Agenda 2030. Todo separado y muy mal separado. El futuro del campo pasa por la capacidad de entender que el problema es parte de uno mucho mayor y que nace en la Cuarta Revolución Industrial y en la globalización. Todo esto, por sí solo, no va a solucionarse.

Es urgente el cambio de modelo. Lo dice la OCDE y lo dice cualquiera con dos dedos de frente. Que el 40% de los jóvenes españoles piensan que se van a dedicar a profesiones que desconocen que van a desaparecer (o el modo en el que se van llevar a cabo será muy distinto al que piensan) antes de que puedan dedicarse a ellas, no hace más que evidenciar la lejanía del modelo económico necesario e imprescindible y el que nos están diseñando y estimulando. Las expectativas laborales de los jóvenes y las particularidades del mercado laboral influyen en el riesgo de que los empleos elegidos desaparezcan. Este riesgo supera la media es los países de nuestro entorno. Es muy grave que las diez expectativas principales para los jóvenes de hoy en día se encuentran muy concentrados en unas diez profesiones. Pero no es culpa de ellos ni de sus orientadores. El catálogo laboral español es el que es. Cuándo un modelo de crecimiento se basa en tres grandes sectores como son el turístico, el inmobiliario y los servicios en general, no puedes esperar que los que deben pensar en su futuro detecten expectativas en nuevos espacios profesionales. 

Tengamos en cuenta que esto no hará más que ampliarse ante la pasividad de las políticas educativas, tremendamente politizadas y de escasa visión estratégica, modificando planes educativos en cada legislatura, ante una estructura económica sujetada por profesiones de escaso valor añadido y, una expectativa de paro juvenil superior al 30%. Es evidente que podemos exponer a nuestros jóvenes videos  explicativos de un mundo tecnológico de todo tipo, pero la realidad no encajará con lo que les vamos a mostrar. Si a eso le sumas la gestión política de aurora boreal de las últimas dos décadas, en la que no se ha preparado nuestro país para un momento de emergencia tecnológica, tienes un cocido llamado paro. Los ingredientes que acompañan fueron aquellos que animaban el caldero con políticas seguidistas de impulso a los sectores de siempre, los que generaban ocupación rápida y pocos problemas a corto. 

A los que ahora mandan y a los que les toca aportar una oposición responsable, se les exige un poco de visión estratégica, menos táctica y de alarma ante un ciclo económico malo para el que no tenemos ni un sólo amortiguador adecuadamente engrasado. Estamos a tiempo, por supuesto, pero hubiera sido mucho mejor haber actuado durante las vacas gordas y no tanto, ahora, con las vacas empezando la dieta. 

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La transformación digital trata de personas, pero antes de tecnología.

Os va a costar encontrar una revolución tecnológica sin tecnología como protagonista. Existe un debate muy interesante acerca del peso que la tecnología debe tener en un proceso de transformación digital o, si por el contrario, lo relevante de dicho tránsito se debe sujetar en la gestión del cambio de la organización. Tengo la impresión que, por desgracia, mayoritariamente gana la segunda. Parece que, ante la incomprensión manifiesta de lo que realmente puede y no puede hacer la tecnología en una empresa, muchos se refugian en el discurso de que ‘antes de transformarte debes preparar a la organización’. Aun estando de acuerdo en parte, creo que trasladar a un papel secundario la tecnología aplicada es muy arriesgado. Me temo que muchas veces esto esconde un desconocimiento del significado de la propia digitalización y de lo que realmente es, por ejemplo, la inteligencia artificial, los protocolos de lectura de datos o, incluso, la tecnología que es capaz de optimizar procesos.

Os va a costar encontrar una revolución tecnológica sin tecnología como protagonista. Existe un debate muy interesante acerca del peso que la tecnología debe tener en un proceso de transformación digital o, si por el contrario, lo relevante de dicho tránsito se debe sujetar en la gestión del cambio de la organización. Tengo la impresión que, por desgracia, mayoritariamente gana la segunda. Parece que, ante la incomprensión manifiesta de lo que realmente puede y no puede hacer la tecnología en una empresa, muchos se refugian en el discurso de que ‘antes de transformarte debes preparar a la organización’. Aun estando de acuerdo en parte, creo que trasladar a un papel secundario la tecnología aplicada es muy arriesgado. Me temo que muchas veces esto esconde un desconocimiento del significado de la propia digitalización y de lo que realmente es, por ejemplo, la inteligencia artificial, los protocolos de lectura de datos o, incluso, la tecnología que es capaz de optimizar procesos.

La transformación digital va de personas, sí, pero también, y mucho, de tecnología. No es solo ‘gestión del cambio’, es también con que ‘driver’ se produce ese cambio. Es clave saber que la tecnología es el hilo conductor de ese cambio y que debe estimular al que tiene que ver con las personas. Lo he dicho y lo defiendo encarecidamente, la tecnología es el cómo y las personas somos el porqué, pero eso no quita que los discursos que vocalizan exclusivamente en el mantra de las personas y esconden la imprescindible participación de la tecnología, sean como menos muy incautos. 

Una encuesta reciente descubrió que el riesgo de no hacer bien un proceso de transformación digital es la principal preocupación para la mayoría de directivos del mundo. Sin embargo también es cierto que según ese informe, el 70% de todas las iniciativas de Transformación Digital no alcanzan sus objetivos. ¿Por qué algunos esfuerzos de Transformación Digital tienen éxito y otros fracasan?

Fundamentalmente, se debe a que la mayoría de las tecnologías digitales ofrecen posibilidades para aumentar la eficiencia y la relación con el cliente. Pero si las personas carecen de la mentalidad adecuada para cambiar y las prácticas organizativas actuales son erróneas ni tampoco hay una predisposición a entender que tecnología y que elementos tecnológicos van a cambiar todo en nuestro entorno, las cosas no funcionan. Se suele decir que ese gasto inadecuado e ineficiente se debe a la falta de gestión del cambio, de no haber provocado, antes de instalar tecnología, una modificación en el modo de pensar de toda la organización. Estoy de acuerdo en parte, pero creo que es obligatorio decir que la tecnología en sí misma es el método del propio cambio y que, por mucho que modifiquemos el modo de pensamiento, si no se abraza esa tecnología, si no se comprende y si no se computeriza a la gente ese cambio bíblico no va a servir de nada tampoco. La pregunta que se debe de hacer toda la organización es ¿cuánto de computerizable eres?   

La adopción tecnológica no va a ser opcional. Es inevitable. Lo fascinante es como nuestra sociedad va a ser capaz de gestionar tanta transformación. Muchos de los cambios culturales, políticos, religiosos e incluso íntimos, tienen mucho que ver al acceso de la información ‘desintermediada’, del modelo de relación social de todo y de la capa automatizada de muchos de esos procesos de consumo. Ni fácil ni gratis, estos cambios serán complejos y caros, pero en todo caso fascinantes, rápidos e inéditos. El problema radica en que hay quienes deben liderar políticamente y económicamente muchas de esas mutaciones y hay quienes no querrán por que modifica un estatus dominante y otros que ni saben la verdadera profundidad de lo que se nos viene encima. Como siempre, oportunidad o riesgo. Tú, como directivo, emprendedor o empresario también eliges. 

Las claves que esencialmente nos permiten transformar digitalmente una organización y que, en mi caso, se basa el método que utilizo con mi equipo cuando atacamos un proyecto en una mediana o gran empresa se bas en 10 puntos:

(1) Discovering o fase de comprensión del estado real de digitalización. En esta fase inicial se busca (2) comprender la estrategia de negocio. A partir de este punto iniciamos una (3) definición de los procesos digitalizables. Adicionalmente cuando localizamos esos procesos buscamos la dinamización que proporciona (4) aprovechar a los intraemprendedores o insiders de la empresa. Por ejemplo, la atención al cliente no es un departamento, es una actitud de toda la empresa. A menudo, las nuevas tecnologías pueden dejar de mejorar la productividad de la organización, no debido a errores fundamentales en la tecnología, sino porque se ha pasado por alto el conocimiento interno de esa tecnología.

La necesidad de comprender el valor y significado tecnológico de lo que estamos haciendo parte de la fase en la que se (5) definen que plataformas de AI y/o Big Data vamos a usar. Diseñar la experiencia del cliente desde el exterior hacia adentro . Si el objetivo de Transformación Digital es mejorar la satisfacción y la intimidad del cliente, cualquier esfuerzo debe ir precedido por una fase de diagnóstico con información detallada de los clientes. Para ello el modo en el que conozcamos su comportamiento es clave. El uso de todo tipo  de captación de datos, gestión inteligente de los mismos y modelos de inteligencia de negocio aplicada, son el único aspecto que garantiza el éxito. Hay datos masivos, convirtámoslos en información.

Para (6) diseñar una nueva experiencia de cliente necesitaremos un Customer Data Hub capaz de alimentar las plataformas anteriores y eso, nos guste o no, trata de tecnología a la vez que de nuevos modelos organizativos o culturales. Cuando una organización sufre un cambio en la gestión y en la cultura, por si solo no es garantía de nada si esa mutación sólo representa algo epidérmico. Lo profundo, en mi opinión radica en la tecnología que se usará para que eso se produzca de verdad. La mejor manera de maximizar la satisfacción del cliente es a menudo realizar cambios a menor escala en diferentes puntos del ciclo de servicio. La única forma de saber dónde realizar modificaciones y cómo modificarlas es a través de la obtención de información extensa y detallada de los clientes. Una información que no puede partir exclusivamente de la gestión analógica o humana, se precisa alta tecnología y comprensión de la misma. Es matemática más que literatura.

Para ello es imprescindible (7) examinar drivers tecnológicos a incorporar desde la automatización o co-robots. A partir de aquí si que surgen necesidades de cambio puramente en las personas. Pero estamos en el punto (8) al reconocer el miedo de empleados a ser sustituidos cuando los empleados perciben que la transformación digital podría amenazar sus trabajos porque pueden resistirse consciente o inconscientemente a los cambios. Algunos miembros del equipo pueden llegar a boicotearla pues, si la transformación digital resulta ser inefectiva, la gerencia abandonará el esfuerzo y sus trabajos se salvarán. Un error de percepción que evidencia que esto no es sólo un cambio cultural, esto debe proceder de una definición clara de lo que va a ser tu trabajo en el futuro inmediato. Un empleo computerizable, no sólo culturalmente distinto. Explicar que esto va sólo de personas es engañar directamente.

Por esta razón anterior el trabajo deberá proponerse en (9) la formación en el uso de nuevas tecnologías a fin de que toda la organización esté en ‘beta constante’ como mecanismo de computerización de los equipos humanos. Es fundamental que los líderes reconozcan esos temores que siempre aparecen y enfaticen que el proceso de transformación digital es una oportunidad para que los empleados mejoren su experiencia para adaptarse al mercado del futuro. La matemática y la programación no serán opcionales, por lo menos en su comprensión. No nos servirá decir ‘yo de eso no entiendo’. Estaremos obligados a decir ‘no sé como funciona exactamente, pero se modificar aspectos para que lo haga de otro modo’. Elegir la mejor solución requiere una experimentación extensa en partes interdependientes y un conocimiento real de lo que significa la propia tecnología. Un matemático no debe saber como funciona una calculadora pero si debe tener claro que puede lograr con ella. 

Para ello es clave que se adopten (10) metodologías de trabajo ágiles. Este si es un modelo puramente no tecnológico pero que, sin duda, sólo es factible en plena revolución industrial 4.0, si se perfila desde una óptica tecnológica. Aquí si que acepto la clara y evidente necesidad del cambio cultural. Pero estamos en el punto 10, no en el previo. El proceso de transformación digital es intrínsecamente incierto: los cambios deben hacerse provisionalmente y luego ajustarse; las decisiones deben tomarse rápidamente y por ello hay grupos en toda la organización que necesitan involucrarse. Como resultado, las jerarquías tradicionales se interponen en el camino. Es mejor adoptar una estructura organizativa plana que se mantenga un tanto separada del resto de la organización. 

En mi experiencia, con más de un centenar de empresas en procesos de transformación, desde la banca hasta el sector automovilístico pasando por el retail o el sector inmobiliario y de la construcción entre otros, la transformación digital funciona porque sus líderes volvieron entendieron la intensa relación que hay entre tecnología y su conocimiento y el cambio de la organización. El éxito se produjo cuando no se localizaron en uno de los dos ámbitos por seguidismo a los discursos oficiales. Quienes solo se enfocaron en cambiar la mentalidad de sus miembros y la cultura de la organización o bien fracasaron o bien tardaron mucho en establecer sus objetivos. Quienes sólo enfocaron en tecnología sin intervenir a la vez en el cambio cultural también tuvieron serios problemas. Sólo surtió efectos plenos en aquellos proyectos que se le concedió valor de driver a la tecnología a la vez que se diseñaban los procesos y el cambio de cultura. 

Se puede decidir qué herramientas digitales se van a usar y el cómo usarlas a la vez que se estimula, impulsa y se define como va a ser la empresa en cuestión a 5 o 10 años. No te creas que sin hablar de ‘qué’ tecnología vamos a usar y sólo hablando de ‘cambios de la organización’, se puede definir el futuro. O se ataca todo o no sale. El discurso ‘efectista’ de las personas primero sin atender que la tecnología no va detrás sino al lado, suelen enarbolarlo quienes de tecnología no saben mucho. Os aseguro que todas las revoluciones tecnológicas tuvieron que ver con la tecnología. En serio.

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Tecnología, pensiones y miopía política. El desastre bíblico que se avecina.

Tenemos muchos problemas, que según como se analicen pueden verse como grandes oportunidades. Así lo vieron nuestros antepasados. Ante una revolución tecnológica habitualmente el ser humano suele afrontar el reto como si se tratase de una crisis transversal pero focalizada en el empleo. Ese empleo a sustituir por avances tecnológicos. Pasó en cada una de las revoluciones industriales que hemos vivido ya y vuelva a pasar en la que estamos sumidos. Ahora bien, la historia nos explica que cuando estos momentos de la historia han estado liderados por quienes fueron capaces de identificarlos y a afrontar con decisiones con visión estratégica, las cosas marcharon bien. Cuando eso no fue así, la derrota estaba asegurada. Ahora vivimos una encrucijada que voy a intentar explicar brevemente y que en próximos artículos desarrollaré. Algo que también tengo el placer de poder hacer en mis conferencias y talleres en los que presento el modo de afrontar este desafío histórico a nivel económico, empresarial, social y personal. 

Tenemos muchos problemas, que según como se analicen pueden verse como grandes oportunidades. Así lo vieron nuestros antepasados. Ante una revolución tecnológica habitualmente el ser humano suele afrontar el reto como si se tratase de una crisis transversal pero focalizada en el empleo. Ese empleo a sustituir por avances tecnológicos. Pasó en cada una de las revoluciones industriales que hemos vivido ya y vuelva a pasar en la que estamos sumidos. Ahora bien, la historia nos explica que cuando estos momentos de la historia han estado liderados por quienes fueron capaces de identificarlos y a afrontar con decisiones con visión estratégica, las cosas marcharon bien. Cuando eso no fue así, la derrota estaba asegurada. Ahora vivimos una encrucijada que voy a intentar explicar brevemente y que en próximos artículos desarrollaré. Algo que también tengo el placer de poder hacer en mis conferencias y talleres en los que presento el modo de afrontar este desafío histórico a nivel económico, empresarial, social y personal. 

Según la OCDE en 2050, cuando los nacidos en 1980 tengan apenas 70 años, es decir en la flor de su jubilación, habrá 77 pensionistas de cada 100 habitantes. Por ver la dimensión de la tragedia diremos que ahora son 29 y en 1970 apenas eran 19 por cada centenar de ciudadanos. Podemos seguir tocando la flauta, insistir en debates sobre banderines o atender a los chanchullos del político de turno, pero el problema se avecina y, al parecer, la decisión tomada por nuestros políticos es la de no hacer nada relevante y de valor que pudiera cambiar el asunto. Nos vamos a dar una hostia de dimensiones bíblicas. Lo jodido no es que esto parezca inevitable, no, lo peor es que en otros países las medidas para enfrentarse a este Miura es totalmente distinta.

Pero vayamos por partes. Parece ser que el Consenso Económico para el primer trimestre de 2019 refleja un deterioro progresivo de las expectativas de crecimiento de nuestro entorno. Algo que no hace más que reforzar la urgencia de la toma de decisiones, decisiones que de momento no hay manera que nadie tome con algo de luces largas. La desaceleración se extiende a la mayor parte de las economías del mundo y se puede ver con especial preocupación la situación de nuestra Unión Europea. ¿Porque pasa esto? por varias razones detrás de las cuales está una revolución tecnológica que va arañando las estructuras económicas mientras nadie hace absolutamente nada.

La primera es que la eurozona se desfonda. Muchos de los indicadores de la economía internacional reflejan una ralentización de la actividad. La pérdida progresiva de pulso en la actividad económica europea se prolongará durante los próximos meses. A las vez que el Brexit se enquista, la economía española va retocando sus previsiones de crecimiento desde hace meses a la baja de manera periódica. Así duele menos. La menor velocidad del aumento del PIB de otros grandes países europeos comprime la demanda externa y lo complica todo.  

Sin embargo el gran asunto es cómo convertimos en una oportunidad histórica el hecho de abrazar un cambio socioeconómico provocado por un revolución industrial y tecnológica como nunca antes ha habido. El reto demográfico es el mayor desafío y riesgo social y económico al que nos enfrentamos y sólo la tecnología asociada y aplicada es capaz de darnos una solución. No hay otra. Ni la subida de impuestos, ni la inclusión constitucional de una pensión digna va a garantizar su estabilidad y supervivencia, ni pactos en Toledo o en Cordobilla de Lácara. Sólo será factible si conjugamos adecuadamente productividad, eficiencia, tecnología y garantías sociales. 

No somos conscientes del desafío demográfico. Ni los ciudadanos ni las empresas ni los políticos entendemos en términos generales la gravedad del problema. Entre las opciones planteadas para abordar el reto las más respaldadas son la promoción de la inmigración ordenada, el fomento de la natalidad y, en menor medida, incentivar la actividad laboral de los mayores, si bien los encuestados creen que lo más eficaz sería adoptar todas a la vez. Pocos se plantean asumir que este modelo está finiquitado, que ya toca fondo y que es insostenible. No lo es bajo los parámetros de una economía incierta, analógica y dependiente de ciclos. Toca otra visión, otro modelo, toca equilibrar el valor tecnológico con el peso de lo social. 

En España y el resto del mundo, la tónica dominante es de desaceleración de la actividad. Algo que acentuará cada vez más, gobierne quien gobierne, el problema demográfico y de pensiones. La renta universal se irá planteando como opción inclusive antes de tener el modelo resuelto. La idea que se nos va a presentar erróneamente, pues sólo será un parche, será una especie de jubilación flexible. Las dos razones más importantes de la no sostenibilidad del sistema español de pensiones son la disminución del número de trabajadores en proporción al de pensionistas y el aumento constante de la esperanza de vida. Teniendo en cuenta estos dos factores, y otros que amenazan la supervivencia del modelo actual, ¿cómo se puede plantear un sistema soportable? Con tecnología, con una economía capaz de producir más con menos. Con eficiencia, competitividad y con estrategia de transformación social y de estructura de crecimiento. Todo lo que ahora nadie plantea en ninguno de los programas ‘electorales’ que se presentan. 

Como parches tenemos varias opciones. Ninguna resuelve el asunto de verdad, el de un mundo automático con menos empleo, empleos temporales y con cada vez más gente sin nada que hacer. Algo que evidencia la solución: un sistema productivo tecnológico, vinculado a la sociedad del conocimiento, reconvirtiendo industrias que ahora parecen muy eficientes pero que en breve lo dejarán de ser en un mundo global y apartándose del modelo de crecimiento cíclico y de escaso valor.

Escucharemos que sería bueno elegir la edad de jubilación, dentro de un rango amplio, sabiendo las consecuencias que dicha decisión tiene en términos de descuento o mejora de su pensión. También que, cualquiera que sea el criterio para elegir la edad de jubilación, se pueda compatibilizar de forma eficaz la pensión con la actividad laboral remunerada. Otros dirán que habría que ajustar automáticamente la edad de jubilación en función del aumento de la esperanza de vida. Parches, luces cortas. 

Pues vamos a buscar el modo de que tú que rozas los cuarenta, y yo que rozo los cincuenta, tengamos pensiones dignas. De tus hijos y los míos no hay que preocuparse pues sus pensiones ya serán por definición ‘rentas mínimas’ a las que nosotros no llegaremos. Y es que, de momento, para garantizar las pensiones en este país la tasa de desempleo no debería estar por encima del 6% en los próximos años o será insostenible. Ese es el gran desafío. Es desesperante contemplar como pasan los días y los años y el plan para afrontar ese riesgo no es más que un conjunto de improvisaciones que asustan. 

Seguimos sin crecer en lo que hay que crecer. En innovación y preparación tecnológica. Ya no sólo es cuestión de ofrecer un espacio de desarrollo y crecimiento personal a las personas que quieren afrontar el futuro con cierta garantías. Ahora también está en juego el modelo de pensiones y el modo en el que se va a sujetar. 

Y los escucharemos, a los políticos y derivados, hablar de que las pensiones por aquí o por allí, que hay planes de solución, modernización, impulso de la economía digital y meriendas de todo tipo. Pero la verdad es que hablar de digitalizar es ir muy por detrás de otros. De lo que hay que hablar es de inteligencia cognitiva. Hola Pedro, Pablo 1, Albert, Pablo 2, Santiago… ¿sabéis la diferencia que hay entre inteligencia artificial e inteligencia cognitiva? Sería interesante, así igual lo podríamos incorporar en los planes de desarrollo económico de una sociedad moderna y competitiva. Es sólo un ejemplo anecdótico de cuanto hay que poner en las comisiones de trabajo político.  

Veamos el motivo. El motivo de la urgencia. En dos años, España ha caído cinco puestos en el ranking de los países más innovadores del planeta. Nos adelantan por la derecha, por la izquierda, por arriba y por abajo. Atraemos talento y capital riesgo pero se rentabiliza muy mal. Países como Irlanda crean 146 startups al día, centralizan el mayor volumen de inversión anglosajona y generan más empleo tecnológico que nadie. Alemania lidera la tasa de robots y automatizaciones por habitante rozando el pleno empleo. Francia invierte un presupuesto público 23 veces más que el nuestro en el desarrollo de la Industria 4.0 esperando volcar el modelo de crecimiento actual lo antes posible. Las pensiones dependen de ello como decíamos. La garantía de cubrir las pensiones del futuro está más cerca de esos modelos que no del nuestro. Lo digo a título personal como futuro pensionista francés, irlandés y español por haber trabajado en todos esos países. 

Y es que agota el debate político. Lo vivo en mis colaboraciones televisivas. Es imposible introducir temas de interés real y sólo es factible hablar de exhumaciones, lazos y fichajes sin interés en listas electorales. Seguimos siendo una potencia económica, cierto, pero persisten un enorme paro y un desequilibrio en el poder adquisitivo que desemboca en la creación de un estadio social llamado ‘pobre asalariado’. Un grupo gigantesco de personas que ansían llegar a ser, algún día, por lo menos, un mileurista. Los que deberían de pagar las pensiones no están ni para pagar el alquiler. 

Mientras España vive en la inopia, lo relevante sigue su curso. El 80% de las pymes españolas desconocen la diferencia que existe entre ‘digitalizarse’ y ‘transformarse digitalmente’. Lo demuestra que sólo el 20% de las pequeñas y medianas empresas de España no usaba ningún tipo de solución de cloud computing. Apenas un 25% de esas mismas compañías apostó por formar a sus trabajadores en competencias digitales, lo que demuestra que, aunque hubiera un plan, de momento hay poca predisposición a aprovecharlo. Así va a ser complicado. Depende de que empresarios y trabajadores lo vean como prioritario pero también que alguien les estimule a verlo. Fiscalmente por ejemplo, como hacen un buen número de países que nos están adelantando y, de paso, asegurando sus pensiones. 

Las pensiones están en juego. Todo un modelo de convivencia también. Hay que darse prisa y hacerlo con inteligencia y conocimiento. Bajo mi punto de vista, el debate acerca de la creación de puestos de trabajo que ahora no existen y que puedan ser capaces de cubrir la destrucción de otros que la robotización y la inteligencia artificial provoquen, es maniqueo. Esto no va de cálculos acerca de si eso se va a producir y cuando. No va a pasar, por lo menos no al nivel en el que sería exigible para evitar un conflicto social irreparable.

Hay países que avanzan en esa línea. Son países que ya lo han hecho antes y tienen muy claro el método. Nunca apuestan por la economía estacional o cíclica. Producen bajo conceptos de eficiencia, de conexión entre universidades y empresas y el estímulo público se basa en potenciar sectores capaces de exportar cualquier nuevo producto. El modelo es Alemania que en los últimos años ha destruido más de 600.000 puestos de trabajo que fueron sustituidos por máquinas mientras creaba 900.000 en espacios de valor añadido que antes no podían ni plantearse. 

Y es ahí cuando de repente te tienes que zampar el discurso de que ‘los robots pagarán nuestras pensiones’ y que ‘deberán cotizar a la seguridad social’. Tela marinera. Hay quien considera, como decía al principio, que los robots nos lo van a solucionar todo y por arte de magia y sin estrategia previa. Algo que, me vais a perdonar es más que revisable. Un robot puede ser una pantalla táctil o un algoritmo informático. Un robot que no ves. Por lo tanto nunca habrá un robot que sustituya al humano y cotice por él, porque muy probablemente no habrá un robot, sino que sea algo intangible como un software. Por lo tanto, cuando hablamos de que un robot pague las cotizaciones sociales en realidad nos estaríamos refiriendo a que sea la tecnología la que cotice a la seguridad social más o menos. Por supuesto eso parece una soberana tontería. 

Esto en realidad esconde lo de siempre: una subida de impuestos a las empresas. Y es una malísima idea. Un impuesto sobre la tecnología castigará los sectores que apuesten por un cambio tecnológico, por ser competitivos y exonerará a los que sigan sin apostar por un modelo menos tradicional y analógico. Estar en manos de esta gente es desesperante. 

O vamos a un modelo eficiente, tecnológico y que conjugue un verbo como el ‘optimizar’ antes que el de ‘crecer’ o nos vamos a dar una hostia de dimensiones bíblicas. Una sociedad digital y una economía transformada nos lleva a la eficiencia de los servicios y del reparto de pensiones más capaz. Mayor productividad y competitividad a ser modernos y capaces de reestructurar todo el sistema del bienestar y garantista del que somos incapaces de desprendernos. 

Por lo tanto, para garantizar las pensiones primero deberemos pensar en repensarlas como concepto, segundo apostar por una sociedad tecnológica y dejarse de idioteces como que los robots coticen y tres exigir a la clase política que se ponga en serio de una vez. La inercia, en este caso, solo conduce al desastre. Mi consejo, haz ahora lo que siempre has querido hacer, tal vez, cuando te jubiles no puedas pagártelo. Veremos a que llamamos clase media en unos años.

Pic: Rybakov

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En 2019 se hablará de estas tendencias tecnológicas. ¿Deducciones o predicciones?

A medida que avance este nuevo año vamos a llevarnos una sorpresa inesperada. Del mensaje repetitivo acerca de que los robots van a quitarnos el empleo, que van a ser el futuro de todo y de maravillarnos con titulares descontextualizados sobre robots capaces de hacer casi de todo, pasaremos a otro en el que será más cercano a la realidad inminente y que tiene que ver con el uso racional de este tipo de dispositivos. No olvidemos que, de momento, no son  más que eso, máquinas al servicio de unas funciones concretas.

A medida que avance este nuevo año vamos a llevarnos una sorpresa inesperada. Del mensaje repetitivo acerca de que los robots van a quitarnos el empleo, que van a ser el futuro de todo y de maravillarnos con titulares descontextualizados sobre robots capaces de hacer casi de todo, pasaremos a otro en el que será más cercano a la realidad inminente y que tiene que ver con el uso racional de este tipo de dispositivos. No olvidemos que, de momento, no son  más que eso, máquinas al servicio de unas funciones concretas.

El gran reto tecnológico de 2019 es eliminar la palabra ‘inteligente’ de todo aquello que realmente no lo es. De ahí que uno de los grandes objetivos será detectar el valor real de la robótica de consumo y la industrial, su estado concreto y su uso factible. Entre el resto de aspectos a tener en cuenta destacarán este año aquellos que tengan que ver con la ética, los datos, el blockchain, la tecnología 5G aunque no se despliegue, los mundos virtuales pero desde el punto de vista aumentado y la modificación de los procesos productivos que pasarán a ser ‘tiempos de prueba’ más que ‘tiempos de comercialización’. Esto último lo explicaré en un artículo futuro. 

Ahora bien, será importante que pongamos en posición de alerta todos nuestros mecanismos cuando nos describan mundos futuros. Cada vez sabemos más de tecnología, de lo que significa la transformación digital y de lo que supone vivir una revolución industrial del este calibre. Por eso debemos tener cada vez más claro que muchos emisarios del futuro que disfrutan como niños imaginando mundos que nadie sabe si serán posibles puede que en realidad estén hablando a la vez de mundos que no existirán jamás. Me gusta más hablar de deducciones para el año 2019 en lugar de predicciones. Creo más en deducir que en predecir, en la astronomía que en la astrología.

Aun así, ¿qué nos depara esta año? ¿qué tendencias tecnológicas se confirmarán durante 2019? En su artículo ‘Predicciones tecnológicas para 2019’, Jordi Pérez hace un listado interesante y el informe anual sobre tendencias tecnológicas estratégicas que Gartner ha publicado también aunque en este caso sus análisis van más hacia 2022 que sólo en el año actual.

  1. Se hablará de silencio tecnológico basado en la tendencia de las grandes empresas de limitar el tiempo que pasamos frente a una pantalla, dónde mirar el móvil constantemente en público será cada vez algo peor visto.  

  2. Se hablará de rostros artificiales y de cómo modificará de manera notable el modo en el que nos relacionamos con la verdad o no de aquello que vemos y por quién pueda estar protagonizado.

  3. Se hablará de cosas autónomas. Ya se trate de autos, robots o agricultura, las cosas autónomas usan la IA para realizar tareas que tradicionalmente realizan los humanos. La sofisticación de la inteligencia varía, pero todas las cosas autónomas utilizan la IA para interactuar de forma más natural con sus entornos. Esto pinta un panorama amplio de aplicaciones potenciales, y prácticamente todas las aplicaciones, servicios y objetos de IoT incorporarán algún tipo de IA para automatizar o aumentar procesos o acciones humanas. 

  4. Se hablará de analítica aumentada. Dada la cantidad de datos, explorar todas las posibilidades se vuelve imposible. Esto significa que las empresas pueden pasar por alto las perspectivas clave de las hipótesis que los analistas de datos no pueden explorar. La analítica aumentada representará una tercera ola importante para la comprensión de esos datos. La analítica aumentada identifica los patrones ocultos mientras elimina el sesgo personal. El crecimiento de este tipo de necesidad laboral no parará de crecer en 2019 y 2020. Gartner predice que para 2020, más del 40% de las tareas de la ciencia de datos estarán automatizadas, lo que, curiosamente, aportará un nuevo valor a la gestión humana de los mismos.

  5. Se hablará de salidas a Bolsa de grandes empresas tecnológicas que aun no pisan parquet se centrarán en Uber, Lyft, Slack, Airbnb y Pinterest.  

  6. Se hablará de desarrollo impulsado por Inteligencia Artificial. Las herramientas utilizadas para crear soluciones basadas en la inteligencia artificial se expandirán desde herramientas dirigidas a científicos de datos hasta herramientas dirigidas a la comunidad de desarrolladores profesionales. La analítica aumentada, las pruebas automatizadas, la generación automatizada de código y el desarrollo automatizado de soluciones acelerarán el proceso de desarrollo y permitirán a una gama más amplia de usuarios desarrollar aplicaciones. Cada vez tendremos soluciones tecnológicas más rápidas y generadas con mayor velocidad. Todo más rápido y sin fallos, sin ensayos, cada vez antes. El tiempo se convertirá en una moneda como nunca antes. 

  7. En 2019 hablaremos de Facebook cada vez con menos anuncios y más enfocado en la emisión de criptomonedas. Al parecer la red social más importante del planeta tiene dudas de su capacidad de crecimiento y, especialmente, de que el tiempo de uso de sus usuarios también crezca. De ahí que va a profundizar en campos en los que ahora está iniciando su camino. Desde seguir apretando en contenidos propios, en la compra de derechos de emisión y, especialmente, en el despliegue de proyectos paridos en el departamento ‘blockchain’ dirigido por el ex presidente de PayPal. ¿Será 2019 el año en el que Facebook lance una moneda descentralizada para 2.000 millones de usuarios? ¿Llegarán a establecer WhatsApp como un monedero de moneda electrónica?

  8. Se hablará de gemelos digitales. Un gemelo digital es una representación digital que refleja un objeto, proceso o sistema de la vida real. Los gemelos digitales también se pueden vincular para crear gemelos de sistemas más grandes, como una planta de energía o una ciudad. La idea de un gemelo digital no es nueva. Se remonta a representaciones de diseño asistidas por computadora de cosas o perfiles en línea de clientes, pero los gemelos digitales de hoy son más robustos, más reales, interactúan mejor con escenarios del tipo ‘qué pasaría si’. Se avecina un tiempo en el que muchos procesos que hoy en día ocupan nuestra vida, tendrán un gemelo que habrá testado todo el conjunto. Los errores costosos en el mundo real irán desapareciendo.

  9. Se hablará de Instagram. Parece que Instagram aspira a ser mucho mas que una red social de ególatras, influencers y amantes de los videos de 12 segundos. Podría ser que la aplicación que en su día compró Facebook quiere llegar a ser un centro de compras con una app independiente. De esto se habla hace tiempo pero no acaba de aparecer. Todo el mundo coincide que si la quiere lanzar no puede esperar mucho.

  10. Se hablará de tecnologías inmersivas. Hasta el 2028, las plataformas de conversación, que cambian la forma en que los usuarios interactúan con el mundo, y tecnologías como la realidad aumentada (AR), la realidad mixta (MR) y la realidad virtual (VR), que cambian la forma en que los usuarios perciben el mundo, conducirán a una nueva Experiencia inmersiva como nunca antes. Lo vemos en avances en medios de comunicación, en entretenimiento y en relaciones sociales pero lo que viene es absolutamente brutal. Cada vez será más difícil gestionar lo virtual y diferenciarlo de lo real. Para el año 2022, el 70% de las empresas experimentarán con tecnologías inmersivas para uso de los consumidores y el 25% lo habrá desplegado en sus modelos de producción. El futuro de las plataformas de conversación, que van desde asistentes personales virtuales hasta chatbots, incorporará canales sensoriales expandidos que permitirán que la plataforma detecte emociones basadas en expresiones faciales, y se volverán más conversacionales en las interacciones.

  11. Se hablará (y mucho) de Blockchain. Blockchain es un tipo de libro mayor distribuido, una lista en orden cronológico en expansión de registros transaccionales irrevocables y firmados criptográficamente que comparten todos los participantes en una red. Blockchain permite a las empresas rastrear una transacción y trabajar con partes no confiables sin la necesidad de una parte centralizada (un banco). Esto reduce en gran medida la fricción en los negocios y tiene aplicaciones que comenzaron en las finanzas, pero que se han expandido gobiernos, la salud, la fabricación, la cadena de suministro y otros. Blockchain podría potencialmente reducir los costos, reducir los tiempos de liquidación de las transacciones y mejorar el flujo de efectivo. Desde la propia industria bancaria, es decir, los actuales ‘enemigos’ del asunto, se descuenta ya que el blockchain generará 3.1 trillones de dólares en apenas una década.

  12. Se hablará de espacios inteligentes. Será importante definir bien que es eso de un espacio inteligente. Se trata de un entorno físico o digital en el que los humanos y los sistemas habilitados por la tecnología interactúan en ecosistemas cada vez más abiertos, conectados, coordinados e inteligentes. El ejemplo más extenso de espacios inteligentes son las ciudades inteligentes, donde las áreas que combinan comunidades comerciales, residenciales e industriales se diseñan utilizando marcos inteligentes de ecosistemas urbanos, con todos los sectores vinculados a la colaboración social y comunitaria. Cuidado con esto. Muchos hablan de Smart cities y en realidad no dejan de ser sólo ciudades con wifi compartido.

  13. Se hablará de ética digital y de privacidad. Las empresas que no presten atención a estos dos conceptos correrán el riesgo de una reacción negativa desde el consumidor. Las conversaciones sobre la privacidad deben basarse en la ética y la confianza. La idea que las empresas se irán preguntando pasará del ‘¿Cumplimos?’ al ‘¿Estamos haciendo lo correcto?’.

  14. Y se va a hablar de computación cuántica. La computación cuántica es un tipo de computación no clásica que se basa en el estado cuántico de las partículas subatómicas que representan información como elementos denotados como bits cuánticos o "qubits". Tela. Si no lo has entendido tranquilidad. Vamos con un ejemplo que el propio Gartner aporta en el informe. Una forma de imaginar la diferencia entre las computadoras tradicionales y cuánticas es imaginar una biblioteca gigante de libros. Mientras que una computadora clásica leería todos los libros de una biblioteca de forma lineal, una computadora cuántica leería todos los libros simultáneamente. Las computadoras cuánticas son capaces de trabajar (teóricamente) en millones de cálculos a la vez. La computación cuántica en la forma de un servicio comercialmente disponible, asequible y confiable transformaría la mayoría de las industrias. Las aplicaciones del mundo real van desde la medicina personalizada hasta la optimización del reconocimiento de patrones. Esta tecnología aún se encuentra en un estado emergente y parece ser que esto no es para 2019, pero todo el mundo implicado asegura que estamos en la antesala de otra revolución enorme de tipo cuántico.

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La mala idea de una tasa tecnológica para pagar las pensiones.

No dan una. Llevan tiempo dando tumbos a medida que la calle les exige una u otra cosa. Sea del signo que sea, el político medio español se rige por lo que se grita en las calles. A veces eso puede ser bueno, en otras puede obligar a tomar decisiones que seguro no tienen por donde cogerse. Y como hay que subir las pensiones para silenciar a un grupo importante de votantes, anestesiarlos con el cloroformo de las subidas a tiempo real, ya tenemos otro lío absurdo sobre la mesa que no se aguanta ni con cinta aislante.

No dan una. Llevan tiempo dando tumbos a medida que la calle les exige una u otra cosa. Sea del signo que sea, el político medio español se rige por lo que se grita en las calles. A veces eso puede ser bueno, en otras puede obligar a tomar decisiones que seguro no hay por dónde cogerlas. Y como hay que subir las pensiones para silenciar a un grupo importante de votantes, anestesiarlos con el cloroformo de las subidas en tiempo real, ya tenemos otro lío absurdo sobre la mesa que no se aguanta ni con cinta aislante.

Hace unos días el ministerio de todos, el de hacienda, propuso pagar parte de las pensiones a partir de un impuesto nuevo a las grandes tecnológicas. Cabe decir que no es nada original, esa propuesta ya la tienen algunos países europeos en marcha. Si esta es la gran idea de cómo garantizar la subida de pensiones cada año en base a la indexación con el IPC, la cosa pinta mal. Compren butacas en primera fila para la rueda de prensa en la que se nos comunique que ‘no ha salido como esperábamos’ y además ‘no sabemos por qué no creamos empleo’. Esto último muy vinculado a que en cuanto se resfríe la economía ibérica vamos a pasarlas duras al no tener un modelo económico estructuralmente no cíclico y dependiente de servicios de escaso valor.

En este caso, el Ministerio de Economía español asegura que tiene prisa en poner en marcha un impuesto a las grandes empresas digitales que tenga efecto en 2019 y, de este modo, esta tasa ayude a financiar las pensiones desde ya mismo. La idea es retorcida. Busco el dinero que soy incapaz de obtener por mecanismos estructurales, se lo calzo a empresas a las que poco o nada les afectará, que a nadie molesta que se les exija más y pinto de color pastel la subida miserable del año que viene. De este modo nadie podrá decir que no ha habido subida aunque escasa y nadie podrá quejarse que esa subida venga de un impuesto que sólo afecta a multinacionales que ‘ya ganan suficiente’ y son el demonio.

Todo esto es de un maniqueísmo que asusta. Demuestra que estamos en manos de malabaristas del dato y, no nos engañemos, que los que pretenden sustituirles se diferencian sólo en el número a representar en la pista central. La cosa es que en Europa van del mismo palo. Excepto, claro está, alguna honrosa excepción como Irlanda, Holanda, Bélgica, Luxemburgo o Austria

La propuesta es la siguiente: imponer un impuesto del 3% sobre la facturación por ciertos servicios digitales de las empresas que facturen más de 7 millones de euros, cuenten con más de 100.000 usuarios o con más de 3.000 contratos en un Estado miembro. Algo mucho más amplio que lo que se contemplaba hasta ahora que suponía tasar a empresas que facturen más de 750 millones de euros en todo el mundo y más de 50 millones en la UE. De momento, no obstante, la ventaja que supone que Europa sea una especie de dinosaurio viejuno con una falta de agilidad imponente, permite que la cosa vaya para largo.

Y en eso que España quiere liderar el pelotón. Cuando se trata de proponer impuestos que serán avalados tarde o temprano por Europa quién no se apuntaría. El Gobierno español prevé introducir este tipo de tasa incluso antes de que haya acuerdo a nivel europeo como ya hicieron en el Reino Unido, Italia, Francia o Alemania. Cabe destacar que, excepto Italia, el resto de países compensan de manera importante esa carga con múltiples aspectos de estímulo de la economía tecnológica y que esas tasas suelen ir dirigidas no a pagar pensiones sino a dinamizar la transición del modelo de crecimiento del país. En Francia, parte de esa tasa paga el presupuesto destinado a la modernización industrial del país. De hecho sirve para que Francia destine 23 veces más que España a la Industria 4.0 y no a lastrar la economía. En Alemania tres cuartos de lo mismo y en Reino Unido la 'tasa-tech' no es comparable a esto.

Aquí lo venderán como que España se suma al grupo de principales países que ya tiene estas nuevas figuras. Se dirá que en el contexto del debate que están teniendo, incorporar a nuestra legislación nacional figuras como esta de la tasa tecnológica para pagar pensiones, es una gran idea. De verdad que asusta el grado de simpleza y el cómo nos deben ver para trasladar esas decisiones al arco informativo. Tengo la sensación de que en España habrá dos tasas al final. La propia, esta que ahora quieren imponer, y luego la europea. Al tiempo.

Pero si todo esto ya tiene un punto trágico, lo bueno viene con los cálculos. El ministro de Hacienda dijo que esta ‘nueva fiscalidad’ se llevará al Pacto de Toledo y ayudará a financiar la subida de las pensiones que tendrá un coste de 1.500 millones de euros para 2018 y 1.800 millones para 2019. Siempre y cuando España crezca por encima del 2,2 y el déficit actual no se incremente.  Técnicamente me cuesta verlo. ¿Cómo piensan abordar los criterios para distribuir los beneficios de cada multinacional en cada país miembro como la horquilla en la que se permitirá establecer el recargo en el Impuesto sobre Sociedades nacional? Los propios técnicos de Hacienda dicen que 'tras todo este ruido y griterío solo se recaudarían como mucho 500 millones, muy lejos de los 1.600 que se necesitan para abordar la subida del año que viene'. No les va a salir y este modelo evidenciará lo complicado de indexar las pensiones al IPC. Ya verán.

En Irlanda se frotan las manos. Con lo fácil que es entender que una presión fiscal menor incentiva la inversión, la contratación, los beneficios que se pueden revertir en los trabajadores. En Irlanda el salario mínimo supera los 1.600 euros y las prestaciones sociales en la jubilación tienen múltiples fórmulas para que sean dignas. El coste de todo ello no se sujeta en la empresa sino en los ciudadanos que tienen una presión fiscal más alta que las empresas precisamente para no dañar las opciones de crecimiento del país vinculado a esa productividad y competitividad.

En pleno análisis de cómo debe ser nuestro modelo económico y cuál la estructura de crecimiento de un país como España, nos salen con esta. Es obvio que las grandes multinacionales no son las que sujetan ese cambio de modelo económico y no son el estandarte de una sociedad del conocimiento en cada país. Cierto, pero si son mecanismos de dinamización y modernidad de una economía. Así ha pasado en múltiples lugares del mundo. Estados Unidos, Singapore, Irlanda, Alemania, Suecia, etc. Imponer una tasa como esta no es grave en si misma pero si es un síntoma de cómo se entiende a este tipo de empresas y el modelo que representan. No se les da la importancia que tienen ni se ve el papel que juegan en una transición como la actual.

Los países que apuestan por el cambio de cultura económica no penalizan la tecnología ni sus motores. Los que están pensando en recaudar para acallar voces en la calle sí. Luego nos sorprendemos porque no nacen, crecen o se desarrollan grandes tecnológicas nacidas en Europa o, incluso, en España. Detrás de esta anécdota en forma de tasa se esconde una manera de pensar, de ver en la tecnología un asunto menor o paralelo en lugar de identificar el mecanismo de cambio que nuestra sociedad exige. Penalizar no ayudará y alejará el progreso que se le supone a la futura sociedad del conocimiento.

Seguramente la jubilación se parecerá mucho a la renta básica universal y ésta será abonada por un ejército de automatismos, 'softwares' y robots que trabajarán eficientemente para que eso suceda en gran medida. El problema es que eso no sucederá en todas partes ni del mismo modo. Los que penalicen el tránsito a ese lugar tasando las empresas que lideran los cambios socioeconómicos tardarán más o no llegarán. Los que premien, estimulen o faciliten que ese tipo de modelos económicos se puedan desarrollar adecuadamente, sí tendrán ese equilibrio entre sociedades envejecidas y pensiones tecnológicas.

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Conferencias, Industria 4.0, Agrotech Marc Vidal Conferencias, Industria 4.0, Agrotech Marc Vidal

Agrifood y Agrotech, los grandes retos tecnológicos del sector Agroalimentario.

La tecnología agroalimentaria es, sin duda, un espacio con alto potencial de crecimiento y donde la disrupción tecnológica todavía está por llegar. España ha visto como en poco más de tres décadas el peso del sector agrícola ha pasado del 11% al 2,6% y su peso en el empleo del 29% al 5%. Este suele ser un error de lectura. Hoy en día no obstante, no se puede hablar de agricultura sin incorporar otros sectores de la industria y de los servicios derivados. De ahí que, gracias a una nueva conceptualización generada a partir de un modelo tecnológico que lo asocia todo, al hablar de 'agrifood' (agricultura y alimentación) nos referimos a un modelo transversal de todo el sector agroalimentario cuyo peso real es muy superior a esas cifras y, donde probablemente, la suma esté creciendo de manera importante. Hablamos de todo cuanto sucede desde la producción en una granja hasta que se consume con un tenedor.

La tecnología agroalimentaria es, sin duda, un espacio con alto potencial de crecimiento y donde la disrupción tecnológica todavía está por llegar. España ha visto como en poco más de tres décadas el peso del sector agrícola ha pasado del 11% al 2,6% y su peso en el empleo del 29% al 5%. Este suele ser un error de lectura. Hoy en día no obstante, no se puede hablar de agricultura sin incorporar otros sectores de la industria y de los servicios derivados. De ahí que, gracias a una nueva conceptualización generada a partir de un modelo tecnológico que lo asocia todo, al hablar de 'agrifood' (agricultura y alimentación) nos referimos a un modelo transversal de todo el sector agroalimentario cuyo peso real es muy superior a esas cifras y, donde probablemente, la suma esté creciendo de manera importante. Hablamos de todo cuanto sucede desde la producción en una granja hasta que se consume con un tenedor.

La semana pasada ofrecí dos conferencias, una en Jaen y otra en Sevilla, con motivo de los primeros eventos satélite del llamado Smart Agrifood Summit que se desarrollará en Málaga el próximo marzo. Un evento en el que podremos exponer ante miles de compromisarios de todo el mundo hacia donde se dirige el llamado 'Agrotech', tecnologías asociadas a la Industria 4.0 en su vinculación a la agricultura y la alimentación. Por cierto, eventos en los que diversas startups presentaron proyectos que darán mucho que hablar muy pronto y que, la semana que viene, se repetirán en Málaga y Granada. Un buen anticipo de lo que supondrá el congreso de referencia mundial del sector Agrotech y que tenemos la suerte y el honor de que se organice en España.

A nivel mundial, el sector agrifood es la industria responsable de alimentar al planeta y de contratar a más del 40% de los trabajadores del mundo. También, por desgracia, es responsable de una gran parte de las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero pues la agricultura por sí sola contribuye a alrededor de una tercera parte de todas las emisiones de carbono, sin contar la contribución de los procesos de la cadena de suministro antes de que llegue al consumidor, como el procesamiento de alimentos, el transporte y el comercio minorista.

Al igual que con todas las industrias, la tecnología desempeña un papel clave en la operación del sector agroalimentario, pero el ritmo de la innovación en la agricultura no ha seguido el ritmo de otros sectores. La agricultura es la menos digitalizada de todas las industrias principales, según el índice de digitalización del McKinsey Global Institute.

El sector agroalimentario industrial de hoy en día es en gran parte ineficiente, lo que hace que la necesidad de tecnología e innovación agroalimentaria sea cada vez más importante. Unas necesidades que provienen de problemas enormes a los que nos vamos a enfrentar: 

  • Una población mundial cercana a los 9 billones de personas antes del 2050,
  • un cambio climático y calentamiento global cada vez más evidente,
  • cambios en la demanda de los consumidores requiriendo menos alimentos procesados,
  • recursos naturales limitados,
  • desperdicio de alimentos
  • afectaciones en la salud humana como la creciente obesidad infantil.

Agrifood es una industria compleja cuyo desafío incluye una amplia gama de procesos y operaciones a medida que los alimentos viajan desde la planta agrícola hasta nuestra mesa. Esto crea muchas oportunidades a emprendedores y tecnólogos. Algunos de ellos son:

  • Los espacios en los que la tecnología agrifood puede ser disruptiva son:
  • Agricultura y acuicultura: cultivos, ganado y mariscos.
  • Fabricación de insumos agrícolas: agroquímicos, maquinaria agrícola, semillas, productos farmacéuticos para ganado y otros suministros.
  • Procesamiento de alimentos: preparación de productos frescos, fabricación de productos alimenticios preparados e ingredientes.
  • Procesamiento no alimentario: extracción de bioenergía y biomateriales de cultivos y productos agrícolas.
  • Mercadeo, venta al por mayor y distribución, logística , transporte y almacenamiento.
  • Venta al por menor y servicio de comidas: supermercados, mercados de agricultores, restaurantes y otros comercios minoristas.
  • Cocina enfocada al consumidor y al descubrimiento de los valores de todo tipo de alimentos.
  • Regulación: calidad de los alimentos y seguridad alimentaria.
  • Investigación y desarrollo del propio sector agroalimentario.
  • Servicios financieros vinculados al blockchain y sus derivados a nuevos modos de financiar proyectos disruptivos en la cadena de valor agrifood.

Si algo evidencia este nuevo concepto llamado agrifood, es que alimentación y agricultura son un mismo espacio cuando hablamos de industria. Ambos conceptos, a menudo, se consideran elementos separados, lo que significa que sus funciones suelen aparecer segmentadas en planes de negocio u hojas de inversión. Sin embargo, la interconexión de la cadena de suministro exige una visión más integral de nuestro sistema de alimentación y agricultura.

El consumidor de hoy ya no se contenta con un sistema de alimentación ciego. Ahora es más sensible acerca de cómo se cultivan nuestros alimentos y cómo se procesan, con una mayor conciencia y preocupación por la huella social y ambiental de la propia agricultura. El impacto de esos alimentos en nuestra salud es de alta preocupación entre los consumidores, probablemente más que nunca.

Al mismo tiempo, tenemos una cadena de suministro inflexible que hace que el cambio sea muy difícil de realizar. Una cadena de valor acostumbrada a operar en un escenario opaco y que ha invertido poco en rastreabilidad de alimentos. Precisamente la falta de transparencia y comunicación hacia los consumidores ha creado, en ocasiones, una reacción negativa por parte de los consumidores a medida que continúan aprendiendo sobre cómo se cultivan sus alimentos. Cultivos revisables, fosfatos en carne, aceite de palma, atunes que no son atunes y decenas de ejemplos, están obligando a las marcas agroalimentarias a fijar modelos de exposición que demuestren sus buenas prácticas y a, tecnológicamente, lograrlas.

La tecnología agroalimentaria puede ayudar a reparar muchos de estos aspectos, hacer que la industria agroalimentaria sea más sostenible, transparente, ágil y capaz de responder más rápidamente a las cambiantes demandas de los consumidores. Cuestiones como el desperdicio de alimentos, que se produce en toda la cadena alimentaria, se pueden resolver mejor con una visión transversal de la industria. De ahí que conceptos como ‘Agrifood’ y 'Agrotech' sean claves. Una sola industria que abarque toda la cadena de valor permitirá la modernización de todo el sector irremediablemente.

Además, cada vez es más evidente la convergencia de la agricultura y la alimentación en el capital riesgo. Fondos como Avrio Capital o, modestamente nuestro fondo Idodi Venture Capital, invierten sin problemas en desarrollos enclavados en toda la cadena de valor agroalimentaria. Desarrollos que, entre otros, caben en los siguientes escenarios:

Biotecnología, bioenergía y biomateriales.

Esta categoría de tecnología agroalimentaria incluye la mayoría de los insumos agrícolas, incluidas semillas, fertilizantes, pesticidas y productos farmacéuticos para animales. La reacción de los consumidores contra el uso de algunos compuestos químicos está empujando a algunas startups a crear alternativas. Además, los productos agrícolas se están utilizado para aplicaciones no alimenticias, particularmente bioetanol, lo que exige también un uso de la tecnología que permita la sostenibilidad.

eComercio.

Esta categoría abarca las tiendas digitales y los marketplaces para la venta y entrega de productos agrícolas procesados o no procesados al consumidor final. Startups que venden productos de marca de terceros como Instacart o la española Deliberry son un ejemplo.

Software de gestión agrícola, detección y IoT.

Es la captura y análisis de big data utilizando tecnologías que se han extendido a otras industrias. Abarca sensores e imágenes satelitales, herramientas de planificación de recursos empresariales en línea, software de soporte de decisiones, algoritmos de análisis de datos, aprendizaje automático, Internet of Things y todo tipo de tecnologías de conectividad para cualquier sistema de producción agrícola.

Robótica de granja, mecanización y equipamiento.

Si bien esta categoría abarca toda la innovación en maquinaria agrícola, la mayoría de las nuevas empresas aquí trabajan en la automatización de muchas tareas que los agricultores realizan con su maquinaria existente utilizando inteligencia artificial y automatización. Esto será crucial a medida que persista la escasez de mano de obra y aumente la necesidad de precisión. 

Tecnología de hogar y cocina.

Las nuevas empresas de tecnología agroalimentaria proponen nuevas tecnologías para ser disruptivas y mejorar la relación de los consumidores con la cocina casera. Esta categoría incluye electrodomésticos inteligentes de cocina, tecnologías de cocción automáticas, tecnologías de nutrición y dispositivos de prueba de alimentos.

Comida i+D

Los alimentos ricos en proteínas son particularmente demandados, pero con la industria cárnica responsable del 18% de las emisiones de gases de efecto invernadero, los innovadores buscan formas alternativas de dar a los consumidores lo que quieren. Esto incluye carne y pescado cultivados de manera sostenible y orgánica o hamburguesas vegetales. Esta categoría centrada en productos también incluye nuevos ingredientes y suplementos como algas, o como he visto estos días en Andalucía, derivados extraordinarios de la hoja de olivo.

Tienda minorista y tecnología en restaurante.

Las tecnologías están transformando la forma en que las empresas de servicios alimentarios operan en las tiendas. Lo están haciendo aumentando el control de calidad, la gestión de inventario, los recursos humanos y el análisis del desperdicio de alimentos. Las nuevas tecnologías también están afectando la forma en que estas empresas interactúan con sus consumidores en tiendas y restaurantes. Hablamos de robots automatizados de apilamiento en estanterías, impresoras de alimentos 3D, sistemas de punto de venta, gestión de datos masivos big data, inteligencia artificial aplicada al consumidor y sistemas de IoT para el control de residuos alimentarios.

Tecnologías de Trazabilidad.

El aumento de la demanda de transparencia, trazabilidad y alimentos limpios y seguros impulsa gran parte de la innovación a lo largo de la cadena de suministro, una vez que los alimentos abandonan la granja y antes de que lleguen al consumidor. Las empresas emergentes de tecnología agroalimentaria en esta categoría abarcan varios tipos de tecnología, incluidos dispositivos de prueba de alimentos, software de seguimiento de logística, sensores de frescura de alimentos, tecnología de mejora de vida útil y tecnología de procesamiento de alimentos.

Nuevos sistemas agrícolas

Esta categoría incluye granjas de interior: cultivo de productos en invernaderos de alta tecnología y granjas verticales automáticas, granjas de insectos, producción de alternativas proteínicas para reemplazar los alimentos destinados a animales y acuicultura y la producción de nuevos ingredientes vivos como algas y microbios para su uso en alimentos.

Restaurantes online y kits alimentarios.

Los consumidores quieren más control sobre lo que comen, pero también quieren experimentar con sus compras en casa. Los restaurantes en línea, donde la startup prepara, cocina y ofrece comidas a los clientes, abren el acceso a nuevos tipos de alimentos para que los consumidores los disfruten, a menudo con un ángulo o tema particular, como una dieta especial por ejemplo. En este caso, el modelo de take-out se está imponiendo. Plataformas como Glovo o Deliveroo reducen la fricción en toda la cadena de suministro.

En conclusión, el sector Agrifood ha iniciado la carrera inevitable. La disrupción ha llegado y, a mi entender, la mayor de todas es la conceptualización unitaria y en conjunto de todo aquello que sucede desde la producción inicial hasta el consumo final. Algo que, sin la tecnología actual, seguiría siendo entendido como espacios inconexos a la hora de innovar. Ahora se innova de cabo a rabo.

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Conferencias Marc Vidal Conferencias Marc Vidal

Predicciones para 2025 que afectarán nuestra economía y nuestra vida.

De niño me gastaba la paga semanal en una colección de libros de ciencia ficción que el quiosquero del barrio me entregaba orgulloso cada sábado por la mañana. Era mi momento. Conectaba con el futuro a la vez que descubría que lo que imaginamos y lo que sucede suele ser muy distinto. Lo más relevante es siempre la misma variable: la tecnología que cambiará todo no existe cuando imaginamos ese futuro. Hoy en día se lanzan predicciones, algunas desde universidades y organizaciones de gran prestigio, acerca de cómo será el mundo allá por el 2070. Vengan de donde vengan, nadie sabe, no se puede saber, como será el mundo por entonces.

De niño me gastaba la paga semanal en una colección de libros de ciencia ficción que el quiosquero del barrio me entregaba orgulloso cada sábado por la mañana. Era mi momento. Conectaba con el futuro a la vez que descubría que lo que imaginamos y lo que sucede suele ser muy distinto. Lo más relevante es siempre la misma variable: la tecnología que cambiará todo no existe cuando imaginamos ese futuro. Hoy en día se lanzan predicciones, algunas desde universidades y organizaciones de gran prestigio, acerca de cómo será el mundo allá por el 2070. Vengan de donde vengan, nadie sabe, no se puede saber, como será el mundo por entonces.

Si tienes mi edad, si naciste en los años setenta, y no te ocurre nada fuera de lo común, conocerás el mundo del año 2060. La media de edad de la que ya te beneficias rondará los 90 años. Si las cosas evolucionan como está previsto, tal vez, esa edad será superada con cierta entidad cuando tú, y yo espero, la alcancemos. Se considera que nuestra media de edad nos propulsará a poder ser testigos de los sucesos en el año 2080 o 2090. Imagina como será todo. No puedes. Lo más apasionante es pensar que mi hijo, de 12 años, llegará a ver un mundo inimaginable ahora mismo en el año 2150. ¿Qué tecnologías actuales habrán evolucionado exponencialmente? ¿Qué tecnología, que ni tan siquiera hemos pensado, dominarán nuestra vida cotidiana?

En el año que nació mi abuela, 1919, era difícil imaginar la televisión, complicado la telefonía móvil e imposible pensar en algo parecido a Internet o disponer del mundo entero en un solo objeto de bolsillo. Y lo vio. Lo usó. Cuando leía en aquellos primeros años como lector de ciencia ficción los mundos que imaginaban Arthur C. Clarke, Asimov, Wells, Bradbury o Huxley, a pesar de que aparecían detalles identificables hoy en día, el modo y la forma en que eran representados nada tienen que ver con un mundo real completamente distinto. Escribieron sobre el espacio, la inteligencia artificial, los robots o la comunicación instantánea, pero ninguno imaginó Apple, Google, Amazon o el bitcoin. Nadie reflejó tal y como es en tamaño e importancia la tecnología que nos gobierna.

Por ese motivo, y por otros más pragmáticos, me gusta hablar de futuro en una dimensión temporal lógica. Abarcable, potencialmente asumible. La Singularity University suele hacer predicciones a medio siglo vista. Es muy efectista y permite a sus embajadores dar conferencias tipo ‘wao’ por todo el mundo. Sin embargo, probablemente, la mayoría de lo que explican no será como advierten. Ahora bien, al estar compuesta por los investigadores brillantes, sus predicciones más inmediatas si tienen muchísimas posibilidades de ser ciertas.

Recientemente, uno de sus fundadores, Peter Diamandis, ha compilado en un listado, las 8 que considera que van a cumplirse de un modo exacto en apenas una década. Son las siguientes:

1. Un cerebro humano en nuestro bolsillo por menos de 1000 euros. En 2025 Diamandis asegura que una computadora portátil calculará 10.000 trillones de ciclos por segundo.

2. En ese mismo 2025, la Internet del Todo superará los 100 mil millones de dispositivos conectados, cada uno con una docena o más de sensores que recopilen datos. Le llaman la economía del trillón de sensores. La revolución de los datos que viene no es imaginable y el valor económico rondará los 20 trillones de dólares.

3. No es difícil pensar que nos dirigimos hacia un mundo donde el conocimiento alcance la perfección. Un billón de sensores tomando datos a todas horas y en todas partes (coches, drones, satélites, dispositivos de todo tipo, cámaras) podremos saber todo lo que queramos instantáneamente y procesado previamente. La respuesta perfecta a cualquier duda cada vez está más cerca.

4. Por esa fecha, cerca de 8.000 millones de personas estarán conectadas. Proyectos como Facebook (Internet.org), SpaceX, Google (Project Loon), Qualcomm y Virgin (OneWeb) calculan que a mediados de la próxima década podrán proporcionar conectividad global a todos los seres humanos en la Tierra a velocidades que superarán una mega por segundo. Vamos a pasar de tres mil millones a ocho mil millones los seres conectados. Eso va a cambiarlo todo. Económicamente y socialmente. Esa población conectada superior al doble de la que actualmente lo está no lo hará a partir de algún tipo de cachivache básico como fueran los módem a 9600 con los que empezó todo este lío digital. No, hablamos de personas conectadas y usando la nube, la inteligencia artificial, el crowdfunding, el bitcoin, las redes o plataformas de economía circular.

5. Las instituciones de salud existentes van a ser sustituidas y muy rápido a partir de la irrupción de nuevos modelos de negocio que sean más eficientes que los convencionales. La detección biométrica (wearables) y la AI nos velarán por nuestra propia salud. La secuenciación genómica a gran escala y el aprendizaje automático nos permitirán comprender la causa raíz del cáncer, las enfermedades cardíacas y las enfermedades neurodegenerativas, y qué hacer al respecto. Tal vez, a finales de la próxima década, no mucho más, los cirujanos robots operarán a un coste muy reducido.  

6. Cuando se invierten miles de millones se espera algo a cambio. Cuando, en un mismo sentido, lo hacen un buen número de empresas es más que probable que algo suceda. Facebook (Oculus), Google (Magic Leap), Microsoft (Hololens), Sony, Qualcomm, HTC y otros están creando una nueva generación de pantallas e interfaces de usuario que suponen la entrada de lleno a un mundo desconocido, y virtual.

La pantalla tal y como la conocemos, en tu teléfono, en tu computadora o en tu televisor, desaparecerá progresivamente y será reemplazada por gafas. Pero según la Singularity, en menos de 10 años esa sustitución no será por unas gafas geek tipo Google Glass, sino el equivalente a lo que conocemos por unas gafas graduadas o de sol tradicional. El resultado será una disrupción masiva en una serie de industrias que van desde el retail, lo inmobiliario, la educación, los viajes, el entretenimiento y las formas más básicas y fundamentales con las que operamos como seres humanos.

7. La investigación en inteligencia artificial avanzará más que nada en esta década que viene. Si crees que Siri es útil ahora, la generación de Siri de la próxima década se parecerá mucho más a un asistente de cualquier película de ciencia ficción que conversa, aconseja y propone con sus ‘dueños’. Empresas como IBM Watson, DeepMind y Vicarious continúan trabajando, ya con cierto éxito, en ofrecer en pocos años una nueva ‘Siri’ pero con capacidades ampliadas para comprender y responder inteligentemente y a un coste residual. Es muy probable, al igual que ahora damos acceso a Google a que sepa que hacemos en la red, que le demos acceso a un software inteligente a todas nuestras conversaciones, correos, datos biométricos, agenda o lo que sea a cambio de una comodidad a la que poco a poco iremos acostumbrándonos y a la que no estaremos dispuestos a renunciar.

8. A menos que vivas en una cueva y no hayas salido de ella en los últimos cuatro años, habrás oído hablar del blockchain, del bitcoin o de ethereum. Las criptomonedas descentralizadas que se considera van a cambiar el mundo económico. El problema, o virtud, es que el tema vinculado a la divisa es lo de menos. La verdadera innovación es el blockchain en si mismo. Un protocolo que permite transferencias digitales de valor seguras y directas (sin intermediarios) y activos (no solo dinero sino también contratos, acciones o identidades). En menos de diez años, el concepto blockchain va a conmocionar el mundo como lo hizo Internet hace apenas un par de décadas.

Tal vez no pasé todo esto en 10 años, podría ser en 15, pero también en 5. No obstante, en estos 8 puntos no hay que preguntarse si pasará o no, la pregunta es ¿mañana o pasado? Curiosamente no habla de coches autónomos.

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Economía, Industria 4.0 Marc Vidal Economía, Industria 4.0 Marc Vidal

Llamaron crisis a una deflación del capital. Ahora llaman recuperación a una deflación social.

En agosto de 2008 el mundo empezó a tambalearse. Alguien se dio cuenta de que en los paquetes financieros que se enviaban los agentes de cambio franceses y americanos había un componente que apestaba. En unas horas medio planeta sabía que la bola de estiércol que habíamos anunciado algunos años antes había empezado a rodar y se iba haciendo cada vez más grande. Se desconocía cual iba a ser su tamaño. Y así, creciendo una denominada crisis financiera, fue engordando y engordando. La esfera pasó de ser un asunto bancario a convertirse en el lodazal donde la economía ‘real’ ha estado embarrada todo este tiempo.

En agosto de 2008 el mundo empezó a tambalearse. Alguien se dio cuenta de que en los paquetes financieros que se enviaban los agentes de cambio franceses y americanos había un componente que apestaba. En unas horas medio planeta sabía que la bola de estiércol que habíamos anunciado algunos años antes había empezado a rodar y se iba haciendo cada vez más grande. Se desconocía cual iba a ser su tamaño. Y así, creciendo una denominada crisis financiera, fue engordando y engordando. La esfera pasó de ser un asunto bancario a convertirse en el lodazal donde la economía ‘real’ ha estado embarrada todo este tiempo.

Y todo el mundo la llamó ‘crisis financiera’, ‘crisis inmobiliaria’, ‘crisis subprime’ o, incluso directamente, ‘crisis de la hostia’. Y lo era. Obviamente era un agujero en el sistema de valor incalculable y que, de alguna manera, seguimos saboreando. Además, las soluciones que se impusieron tenían más que ver en falsear cuentas que en respuestas auténticas. Bancos que desaparecían al fusionarse entre ellos para finalmente aparecer un banco resultante de menor valor que la suma de los anteriores pero sin que por ello sucediera nada y todo el mundo se lo tragara como 'ingeniería financiera'. Y así nos ha ido. La deuda y el déficit no es que se estén arreglando mucho en ningún lugar. Cada vez más dinero de los presupuestos se destina a pagar intereses y no a lo que debería de ser: los servicios y estímulos precisos para que la gente viva mejor. De eso iba todo esto. De joderlo todo con dinero fabricado a expensas de la ciudadanía, de 'ponerlo en el sistema' y de que ya se pagará solo. Solo no se paga. Lo pagamos todos. De ahí que aunque estemos saliendo de la parte más profunda de la cueva, no se refleje en mejoras sustanciales. Hay más trabajo pero hay peores servicios. Pagamos más impuestos directos e indirectos y repercute en que las empresas no puedan invertir en bienes de manera tranquila. Hay que recaudar más porque se ha impreso demasiado dinero, se ha engordado el problema aunque no sea evidente a todos.

El boquete era inmenso y la imprenta de dinero ha sido un insulto a la inteligencia. Mientras tanto el mundo seguía girando. El planeta se iba automatizando. Un término sobrevolaba. Se le denomina ‘deflación del capital’ y, hasta hace menos de un año nadie utilizaba este concepto al referirse a nuestro momento económico. Fue en Davos hace poco más de un año que se inauguró oficialmente la era de la deflación del capital. Hasta entonces, ganadores del Premios Nobel, presidentes bancarios, directivos universales y demás reputados ‘expertos’ se dedicaron a definirlo todo como ‘la mayor crisis financiera desde 1929’.

Pero como decía, fue en un momento determinado que uno de ellos, tomó su Smartphone y se puso a hacer un vídeo. Etiquetó los protagonistas, lo geolocalizó, lo subió a la red, miró la televisión desde su teléfono, conversó por Skype, hizo varias fotos más, navegó, escribió una nota para un medio, contestó a su secretaria y se puso música finalmente para relajarse tras comprar un mes Premium en Spotify. Digamos que pasó así. Sin apenas pensarlo había definido con acciones lo que se denomina ‘la deflación del capital’. Todo cuanto hizo con un dedo y una pantalla requería una decena de dispositivos hacía tan solo veinte años antes. El importe para pagarlos también era diez veces más. ¿Debía tener alguna importancia sobre lo que estaban tratando allí? ¿Que lo sustituyera cada 18 meses también debía tener algo que ver? Antes su cámara de fotos duraba una década. Sonrió y siguió jugando al Candy Crush.

Pero al terminar la partida propuso, casi sin fe, que se creara una comisión de estudio que controlase a otro grupo de análisis que a su vez estableciera un equipo que investigara a los responsables del departamento del foro encargado de redactar el informe pertinente y que, en unos meses, se discutiría en ponencia marco a fin de saber si valía la pena o no redactar conclusiones para debatir en comisión. Ni idea si lo hicieron o lo están haciendo. Sin embargo, algún milenial, que para esto son más rápidos y no necesitan tantos intermediarios, ya estaba escribiendo sobre el tema.

La deflación del capital tuvo que ver con todo. Sigue teniendo que ver. Pensar que lo que vivimos sólo es derivado financiero no sujeto a un cambio productivo mundial fue el error y puede estar siendo un suicidio actualmente. Pocos gobiernos están entendiendo el problema. Se acaba la propiedad tal y como la hemos entendido. Se termina la compra para el deshecho. El producto pasa a servicio y el control del Estado es una entelequia. La economía circular, las plataformas sociales, la impresión en tres dimensiones, la inteligencia artificial y el nuevo consumo colaborativo están cambiando todo definitivamente.

La deflación del capital, o llámalo como quieras, no es más que una manera de definir un mundo nuevo que ha explotado frente a uno anterior. Prometer empleo a día de hoy tal y como se plantea es un ejercicio de irresponsabilidad o desconocimiento que asusta de nuestros gobernantes o postulantes a serlo. Un insulto a la inteligencia cuando lo que sabemos es que la tecnología, al principio, se funde el empleo que da gusto. Bien estaría que, para que esa transición, a un mundo donde trabajaremos menos horas, donde trabajaremos de otro modo, donde trabajaremos en cosas que no sean substituibles por máquinas y donde el concepto trabajo será un nuevo contrato social a definir todavía, se empezara a establecer directrices y liderazgo realista y al respecto. Esto no va de ir prometiendo hasta meter, va de mitigar un tremendo y doloroso escenario a cinco años vista. El mundo puede ser mejor, mucho mejor, pero sólo lo va a ser allí donde la previsión no sea la que tuvo el Fondo Monetario Internacional o gobiernos de café y pastas.

Esto no va de hablar de rentas mínimas a jóvenes menores de no sé que edad. Ni de ajustar la vida laboral por arriba o por abajo. No va de subir impuestos para soportar una sociedad del bienestar inasumible. Va de preparar todo ello para que sea posible. No va a haber trabajo para todos. Ni con nuevas habilidades. La tecnología se va a encargar de ello como ya jubiló nuestra cámara de fotos, nuestro GPS, nuestra televisión del cuarto, nuestro vídeo, nuestro ordenador de mesa o nuestro propio teléfono tradicional. Lo va a hacer con nuestro empleo. 

Por eso debemos exigir que el comportamiento de quienes ‘dirigen’ no sea maniqueo. Ni blanco ni negro, ni bueno ni malo, ni rentas mínimas de derechas ni de izquierdas. ¿Cómo piensan pagar ‘los de izquierdas’ una renta mínima? ¿Cómo piensan no instaurarla ‘los de derechas’ y que el mundo siga girando? A ver si la solución pasa por dinamizar la empresa privada, estimularla para que se modernice y rebajar los impuestos para facilitar su competitividad. Con empresas eficientes, rentables e internacionalmente competitivas se podrá plantear un mundo cuya deflación económica bien podría estar ya gestando una deflación estructural, de tipo social. O bajan impuestos a las empresas de una puta vez o no va a haber manera de sujetar este tinglado a medio plazo.

El tiempo disponible para preparar esa sociedad inmediata se va agotando. Seguir presionando a la empresa para que pague el dispendio y sus intereses convierte en crónica una situación que sólo tenía que ser transitoria. Le llamaron Crisis y era una deflación del capital. Ahora le llaman recuperación y puede ser una deflación social.

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Robotica, Sociedad, Tecnologia Marc Vidal Robotica, Sociedad, Tecnologia Marc Vidal

Prepárate para ser el valor añadido del empleo robótico inminente.

En días de ataques a sistemas masivos por todo el planeta y de anuncios apocalípticos, parece imprescindible que busquemos explicaciones serenas y alejadas del sensacionalismo habitual. Es obvio que estamos gestionando muy mal el asunto de los datos, la seguridad de los mismos y el importantísimo aspecto de la privacidad en la era de la información. También es más que evidente que las informaciones que se lanzan por todas partes sobre el hipotético mundo robótico que se avecina son de una falta de rigor preocupante.

En días de ataques a sistemas masivos por todo el planeta y de anuncios apocalípticos, parece imprescindible que busquemos explicaciones serenas y alejadas del sensacionalismo habitual. Es obvio que estamos gestionando muy mal el asunto de los datos, la seguridad de los mismos y el importantísimo aspecto de la privacidad en la era de la información. También es más que evidente que las informaciones que se lanzan por todas partes sobre el hipotético mundo robótico que se avecina son de una falta de rigor preocupante.

Suplementos dominicales que hablan de la deshumanización de todo, del catastrófico horizonte de un mundo sin empleo o repletos de ridículos comentarios sobre el dichoso asunto de que los robots paguen impuestos. Obviamente vamos a tener que modificar muchas cosas y adaptar nuestro modelo económico, productivo y laboral, ¡faltaría más!, pero eso no es compatible con el continuo discurso sobre el futuro de mierda que nos espera a todos los que no nos enchufamos a una toma de corriente para cargarnos las baterías.

Siempre ha pasado. Una tecnología ha modificado todo y ha generado complicaciones mientras se asimila su potencial. Ahora no es diferente, es únicamente más rápido. El futuro reflejado en una innovación exponencial está provocando que las tonterías también lo sean. Pegas una patada a una piedra y de debajo salen decenas de expertos asegurando que vamos a ser inmortales, no vamos a trabajar, la renta mínima es la solución y en tres décadas no sé qué. Sólo uno de cada mil millones de personas es capaz de decirnos como va a ser todo esto en treinta años. Arthur C. Clarke habló de una especie de Internet en los años setenta pero en la Expo de Sevilla, a tres años de la llegada masiva de la red, ningún pabellón mostraba alguna cosa que tuviera que ver con ella. Pues eso, que ni puta idea de lo que será de nosotros en cinco años, a saber que sucederá en treinta. Mirar el video inferior y la actitud del niño es ilustrativo.

Podemos intuir pero no saber. No soy experto, es imposible. Soy especialista. Que es muy distinto. Ser experto hoy en día en todo esto de lo digital o lo robótico es imposible y además no puede ser. En seis meses todo lo que consideras que conoces lo puedes desconocer totalmente. Sólo puedes ser especialista y estar al día de las cosas que pasan, llegan o aparecen. Un especialista investiga y muestra lo que aprende. Experto sólo se puede ser en materias cuya mutación sea lenta. No es el caso. De ahí que sorprenda como el discurso aceptado por los medios proveniente de expertos sea el que habla de un mundo interpretado desde el miedo, el temor, la falta de comparativa histórica y la nula confianza en el propio ser humano.

La tecnología tiene como fin no sólo hacernos el trabajo más fácil sino, incluso, cambiar el propio concepto del trabajo tal y como ahora lo entendemos. Es obvio que los avances tecnológicos obligan a sustituir personas en muchos lugares por inteligencia artificial, robots y automatismos. Pero no deja de ser cierto que muchas empresas que abordan esa transformación con energía y estrategia decidida alcanzan pronto resultados muy positivos que les lleva a contratar más personas para nuevos espacios laborales que no existían hace unos meses.

Las cadenas de montaje en múltiples sectores son territorios sin humanos hace tiempo. Esas fábricas no están destruyendo todo el empleo neto que resultaría. En realidad están generando nuevo basado en el diseño, la creatividad y el valor añadido que supone hacer cosas que ningún robot podrá hacer en mucho tiempo. Tal vez el problema está en que seguimos pensando que lo que viene es una agresión y no una oportunidad. Deberíamos pensar que mucho de lo que hacemos ahora en nuestro tiempo libre, en el futuro, será empleo. Todo va a cambiar pero con según que titulares, políticas pérdidas y meriendas diversas no lo vamos a solucionar.

El ejemplo más notable está en la educación. En toda. La formación profesional sigue ocupando horas y horas de jóvenes que quieren prepararse para empleos del futuro inminente y la oferta no se adecua a lo que van a tener que saber. Menos soldar y más diseñar. Seguramente cuando aterricen al mercado laboral esos jóvenes no podrán soldar nada. Lo hará una máquina. En la educación, en general, seguimos preparando a nuestros hijos en lo que consideramos el mejor escenario posible. Se les dice que tienen que saber programar, calcular, saber de memoria listas infinitas, leyes o lo que sea, pero, con toda seguridad, lo que deberían de desarrollar son habilidades muy alejadas de todo ello.

La creatividad, la intuición, el valor de la sociabilidad, la sostenibilidad en la economía circular o la propia ética. Expliquemos a los jóvenes como se ejecuta un algoritmo, su naturaleza, su composición, su estructura, pero dejemos que lo desarrolle un software y ellos ocupen su tiempo, comprendiendo el modelo, en crear.

El reto es enorme. Dejar de escuchar jinetes del apocalipsis y empezar a exigir una nueva formación social y educativa a todos a fin de que en el futuro incierto veamos un territorio de conquista y no un campo arrasado. A cada revolución tecnológica surgió una industrial y a cada industrial le sucedió una sociedad exigiendo derechos, amortiguando el cataclismo. Sucedió antes y sucederá ahora. En lugar de temer un futuro robótico, prepárate para él. El ser humano siempre lo ha hecho. ¿Por qué esta vez iba a ser distinto?

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Apps, Big Data, Politica Marc Vidal Apps, Big Data, Politica Marc Vidal

El debate sobre los datos, los avances tecnológicos y la ética. Privacidad y autonomía.

Te despiertas y un mundo tecnológico se te viene encima. En horas de cambio climático, política inservible e incertidumbre económica, que la innovación tecnológica avance a la velocidad que lo hace se suele celebrar mayoritariamente. A excepción de algunos países como el nuestro, la mayoría de gobiernos compiten entre sí para atraer a las empresas de tecnología, con políticas fiscales y educativas cada vez más centradas en las necesidades de los desarrolladores de tecnología. Estamos en medio de una nueva Revolución Industrial y reverenciamos las nuevas tecnologías fijando nuestras esperanzas para el futuro en ellas.

Te despiertas y un mundo tecnológico se te viene encima. En horas de cambio climático, política inservible e incertidumbre económica, que la innovación tecnológica avance a la velocidad que lo hace se suele celebrar mayoritariamente. A excepción de algunos países como el nuestro, la mayoría de gobiernos compiten entre sí para atraer a las empresas de tecnología, con políticas fiscales y educativas cada vez más centradas en las necesidades de los desarrolladores de tecnología. Estamos en medio de una nueva Revolución Industrial y reverenciamos las nuevas tecnologías fijando nuestras esperanzas para el futuro en ellas.

Vivimos avances tecnológicos que aportan muchos beneficios sociales. Esta erupción tecnológica nos aporta datos masivos, coches sin conductor, ingeniería genética, ciudades inteligentes, inteligencia artificial o automatismos robóticos asombrosos. No seré yo quien diga que la tecnología no es algo a lo que hay que abrazarse con entusiasmo. No seré yo quien ponga en duda sus virtudes. Obviamente no seré yo, pero no tengo claro como la sociedad está realmente asumiendo el cambio más trascendental que ha vivido la humanidad en siglos.

A veces parecemos una especie de jinete que lleva una venda en los ojos. El poder y el ritmo del caballo es estimulante, pero tenemos poca o ninguna idea de hacia dónde nos lleva. Las nuevas tecnologías cambiarán significativamente nuestro mundo, es obvio. Queda por ver si sabremos convertirlo en algo beneficioso o tóxico. Las nuevas tecnologías y las que se encuentran en las primeras etapas del desarrollo tienen el potencial de aumentar los innumerables problemas del mundo o de mitigarlos. En gran medida dependerá de decisiones políticas el efecto que produzcan. Dependerá finalmente de que a quienes votemos tengan claro el momento histórico que vivimos y las decisiones que deberán adoptar al respecto.

La desgracia de algunos es que no se atisba a nadie en su catálogo electoral y político a líderes, o subalternos, que tengan la más remota idea de que supone realmente un mundo sin empleo, con un empleo distinto, automatizado, gestionando datos masivos, artificialmente inteligente o robotizado. No lo saben ni tienen interés por saberlo. Ese es el drama. Las decisiones que no se tomen ahora, las estrategias que no se determinen ahora o los programas de gestión de esta mutación socioeconómica que no se diseñen, serán las semillas de un desastre colectivo sin precedentes.

Además, si no hay política debatiendo estos cambios, tampoco hay debate ético que pueda hacerlo en base a esas decisiones oficiales. Básicamente por que, como ciudadanos digitales, las opciones disponibles para nosotros en relación con estas nuevas tecnologías son elecciones éticas. Tenemos que guiarnos por nuestros mejores principios si queremos asegurar que la revolución tecnológica actual no genere miseria para las generaciones futuras. Los líderes políticos no lo van a hacer en muchos lugares. 

Tomemos, por ejemplo, el campo de las tecnologías asistencial. Actualmente se está desarrollando toda una gama de tecnologías de asistencia para ayudar a las personas con discapacidades físicas o intelectuales, así como al envejecimiento de la población en todo el mundo occidental. Abordando una gama de necesidades, estas herramientas están diseñadas para facilitar la vida de los usuarios y de los cuidadores. Serán utilizadas por los miembros más vulnerables de nuestra sociedad, haciendo que las cuestiones éticas sean particularmente importantes.

Concretamente, como miembro del d-Lab Mobile World Capital, el primer desafío convocado iba en esta dirección. Es uno de los espacios más interesantes para afrontar el debate ético y político con respecto a la tecnología y su utilidad para mejorar la vida de las personas. De hecho, la población en general está utilizando cada vez más dispositivos de ayuda, desde teléfonos móviles a portátiles. Sin embargo, tras los evidentes beneficios de las tecnologías de asistencia, hay preocupaciones de tipo ético. Desde mi punto de vista la que más me preocupa es la que tiene que ver con la privacidad.

A menudo, en los planes de transformación digital de algunos clientes, especialmente los que tienen una estructura mayor, acabamos trazando modelos de gestión de la privacidad internos basados en límites éticos. La respuesta a que queremos decir cuando hablamos de privacidad no es simple. El significado de la privacidad es histórico y filosóficamente complejo. Algunos sostienen que es un derecho moral otros aseguran que su valor es instrumental. Conceptualmente, la privacidad se asocia a menudo con la dignidad humana. Es probable que las personas se comporten de manera diferente cuando saben que están siendo observadas.

Las nuevas tecnologías, incluidas las tecnologías de asistencia, que supervisan y recopilan datos sobre la persona constituyen una amenaza para la privacidad en ese sentido. Pero no es la única zona de conflicto. Pasa en el comercio digital, en la sexualidad, en el transporte, en la educación o en la vida en general. Somos aspersores de datos desperdigando sobre nosotros sin demasiado control. Tenemos la sensación que nadie usa toda esa amalgama de datos y si la usa no es nocivo. Empieza a ser algo aceptado ese pago. Entrego mi privacidad y a cambio obtengo cosas ‘gratis’. Esa percepción del mundo se ha instalado y es un riesgo enorme. Privacidad es sinónimo de autonomía, de toma de decisiones independientes, de no sufrir influencia externa antes de tomarlas.

El individuo autónomo analiza, reflexiona sobre sus opciones y toma decisiones individuales sin una influencia externa indebida. A medida que las nuevas tecnologías eliminan la privacidad, nuestra autonomía está amenazada. El aumento de los datos sobre la forma en que los individuos se comportan, sus preferencias y aversiones, y sus respuestas emocionales a diversos estímulos, los hace más fáciles de manipular y controlar. Probablemente por esto algunos ya han decidido que les está bien y mejor no hacer mucho al respecto.

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La Transformación Digital va de personas. Luego de tecnología.

El discurso sobre la obligatoriedad de la transformación digital es unánime. Pocos son los que defienden un camino contrario para empresas y organizaciones. Es pura agenda, hoja de ruta para quien quiera afrontar los retos de un futuro inminente con garantías. Su importancia es estratégica y crece su impacto en todos los ámbitos. Por este motivo miles de compañías encargan a sus equipos gestores que desarrollen la puesta en marcha planes de digitalización. En ocasiones erróneamente. 

El discurso sobre la obligatoriedad de la transformación digital es unánime. Pocos son los que defienden un camino contrario para empresas y organizaciones. Es pura agenda, hoja de ruta para quien quiera afrontar los retos de un futuro inminente con garantías. Su importancia es estratégica y crece su impacto en todos los ámbitos. Por este motivo miles de compañías encargan a sus equipos gestores que desarrollen la puesta en marcha planes de digitalización. En ocasiones erróneamente. 

No es lo mismo digitalizarse que transformarse digitalmente. El primer concepto es incorporar tecnología. El segundo representa el uso de esa tecnología para la gestación de nuevos modelos de negocio. Este punto es trascendente puesmuchos creen estar sujetos a un proceso de transformación digital cuando en realidad solo se están digitalizando.

Ese error también se repite en otro ámbito. Toda la tecnología disponible como el cloud, la inteligencia artificial, los sistemas expertos de automatización, la gestión de datos masivos o la movilidad no son más que eso, puntos de contacto tecnológico. Sin embargo un buen proyecto de transformación digital no será relevante sino está determinado por el valor de las personas que la van a disfrutar. Incluso si se aplica en nuevas formas y combinaciones innovadoras, la tecnología por sí misma no transforma a una empresa.

La transformación digital exitosa está determinada principalmente por el grado en que las personas están capacitadas para adoptar activamente el cambio constante como una oportunidad para el crecimiento y la innovación.

La innovación tecnológica ha perturbado históricamente a los mercados y los modelos de negocio. La magnitud de la tragedia actual es exponencial y no tiene referencias homologables. Es un aspecto clave, que utilizo en cualquiera de los proyectos en los que participo, promover una cultura en la empresa u organización que estimule a las personas a adoptar activamente ese cambio y lo fomente continuamente. Es imprescindible crear empresas en ‘beta’ constante.

La innovación que pretenda poner a la venta no lo será si el mercado no la acepta y, para ello, será fundamental que la dimensión humana no desaparezca en los procesos, en el contacto con el cliente, en la comunicación y en los nuevos modelos de negocio. Por lo tanto, la transformación digital es un componente integral de algo más importante, la propia Transformación Empresarial. Para ello el foco debe estar en las personas a partir de la integración tecnológica. Como Christoph Zohlen comenta, para cumplir con este objetivo es imprescindible cumplir algunos preceptos:

La autonomía para fomentar la calidad y agilidad de la toma de decisiones en la implementación tecnológica. La confianza en el liderazgo de las personas que dirigen el proceso que se ha iniciado. El respeto por los valores que representa corporativamente la transformación digital. La predisposición por compartir decisiones a partir del acceso a la información basando ese espacio en la bondad de la colaboración. La permisividad del error pues suele ser un paso previo a la innovación. De hecho la segunda existe tras el riesgo y éste suele acarrear fracasos en el camino. Y posicionar al cliente en el centro de todo el proyecto. El nuevo cliente es poderoso. Su poder emana de la tecnología digital y toma decisiones de modo agregado, complementario y complejo. No es un elemento sin fisuras, es poliédrico y sofisticado. Conocer todas sus variables es el objetivo final, por eso, no podemos olvidar el papel de las personas en la hoja de ruta de cualquier empresa que inicie su transformación digital.

Recuerda, no es lo mismo digitalizarse que transformarse digitalmente, lo primero es pura tecnología, lo segundo humanismo.

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