Los Presupuestos Generales del Estado 2021 analizados en 'El Cascabel'
Me invitaron a participar en el programa 'El Cascabel' de TreceTV para analizar la situación económica en la que se encuentra España y cómo afectarán los Presupuestos aprobados por el Gobierno español aquel mismo día. Según mi opinión empezamos mal porque lo que tiene que ver con el déficit, con la deuda y con los ingresos, no se van a cumplir.
Me invitaron a participar en el programa 'El Cascabel' de TreceTV para analizar la situación económica en la que se encuentra España y cómo afectarán los Presupuestos aprobados por el Gobierno español aquel mismo día. Según mi opinión empezamos mal porque lo que tiene que ver con el déficit, con la deuda y con los ingresos, no se van a cumplir.
Los ingresos tributarios tal y como se habían reflejado en los presupuestos no van a llegar, de hecho van a bajar entre un 20 y un 30% atendiendo a la recaudación del tercer trimestre. Además, tenemos que tener en cuenta que los gastos planteados se van a incrementar porque no refleja lo que ha estado pasando los últimos 2 meses y los cierres que podrían provocarse después de Navidad en algunos ámbitos.
Opiné al respecto del incremento de la presión fiscal sobre los ciudadanos y las empresas. Lo que sabemos ya es que nos van a subir los impuestos a todos, esto de que solo suben los impuestos a los más ricos es una falacia, existe un concepto que se llama traslación fiscal que cuando se aplica, se aplica a todos los ámbitos de compra o de venta o de fijación de esos tributos.
En cuanto a otro de los temas clave, el de los sueldos públicos, opiné que otra cosa es que se suban los tipos como lo que se ha planteado en el ámbito del funcionariado o de los políticos cuando están cayendo los sueldos en el sector privado. Ahora mismo tenemos una deflación en todos los sentidos. Estos presupuestos nacen con un problema de base y es que no refleja ni el momento actual ni alguna previsión consensuada.
Con respecto a estas previsiones quise ejemplificar que en estos presupuestos no hay un reflejo de aplicación de nuevos ERTEs, no hay ni un céntimo aplicado a eso, lo que nos van a decir si lo criticamos es que los presupuestos tienen que tener un punto de flexibilidad, es un concepto que utilizan mucho algunos economistas cuando quieren decirnos que no lo tienen muy claro, que no saben ni cuanto van a ingresar ni cuánto van a gastar, y es la antítesis a lo que deberían ser los presupuestos, que deberían ser lo más fijos posibles.
Finalmente, sobre la fiscalidad de España en comparación con otros países, es falso que sea ‘baja’ como define el Gobierno. En España hay una presión fiscal muy poquito por encima de la OCDE pero habría que compararla con el esfuerzo fiscal, que es el presión fiscal aplicados a cada una de las personas que trabajan y en España eso nos da un esfuerzo fiscal mucho más alto que en otros países. El problema es que pagamos mucho pero el gasto que tenemos no se aplica adecuadamente, porque tenemos muchos parados, una economía sumergida importante y el 97% de las PYMES españolas están en perdida.
¿Pagamos muchos impuestos en España?
Si lo que queremos es saber si en un territorio determinado, sus ciudadanos, pagan muchos impuestos, debemos atender al esfuerzo fiscal. La presión fiscal es un indicador muy utilizado por los países para la comparación internacional de los sistemas tributarios. Sin embargo, dicho indicador podría no ser tan ilustrativo como el esfuerzo fiscal.
Si lo que queremos es saber si en un territorio determinado, sus ciudadanos, pagan muchos impuestos, debemos atender al esfuerzo fiscal. La presión fiscal es un indicador muy utilizado por los países para la comparación internacional de los sistemas tributarios. Sin embargo, dicho indicador podría no ser tan ilustrativo como el esfuerzo fiscal.
Para poner un ejemplo, mediante el cálculo de una presión fiscal, al relacionar recaudación con PIB, no deja medir de forma fiable si se han subido o reducido los impuestos en el territorio. El país podría subir los impuestos, que si se produce un descenso de la recaudación en otra partida, esta compensaría a la otra, reflejando una misma recaudación y, por tanto, un indicador similar al que presentaba antes de esa subida.
De la misma forma, si los impuestos se incrementan, pero por otro lado, el PIB no deja de crecer, la relación entre PIB y recaudación fiscal sería la misma, o incluso podría llegar a ser inferior, en su cálculo. Por esta razón, la presión fiscal, en este caso, tampoco reflejaría esa medición objetiva que nos permitiría conocer si se ha incrementado, o se ha reducido, la carga fiscal en el territorio.
La verdadera destrucción de empleo aún no ha empezado.
El Foro Económico Mundial concluyó en un informe reciente que ‘una nueva generación de máquinas inteligentes, impulsada por rápidos avances en inteligencia artificial y robótica, podría potencialmente reemplazar una gran proporción de trabajos humanos existentes y que eso no iba a hacer más que acelerar por la situación actual.’ La robótica y la inteligencia artificial causarán una ‘doble interrupción laboral muy grave pues el coronavirus empujó a las empresas a acelerar el despliegue de nuevas tecnologías para reducir los costos, mejorar la productividad y depender menos de las personas’.
El Foro Económico Mundial concluyó en un informe reciente que ‘una nueva generación de máquinas inteligentes, impulsada por rápidos avances en inteligencia artificial y robótica, podría potencialmente reemplazar una gran proporción de trabajos humanos existentes y que eso no iba a hacer más que acelerar por la situación actual.’ La robótica y la inteligencia artificial causarán una ‘doble interrupción laboral muy grave pues el coronavirus empujó a las empresas a acelerar el despliegue de nuevas tecnologías para reducir los costos, mejorar la productividad y depender menos de las personas’.
Fotografía Galleries-Eliasson
A estas alturas, millones de personas ya han perdido sus trabajos debido a los efectos de la pandemia y ahora las máquinas aumentarán estas cifras. El propio Foro asegura que ‘la automatización suplantará alrededor de 85 millones de empleos antes de 2025’. No obstante también aseguran que, si se tiene en cuenta de manera estratégica, no deberíamos temerlo pues en ese análisis anticipa que la futura economía impulsada por la tecnología podría crear a su vez 97 millones de nuevos empleos. El problema será que falte esa previsión estratégica. Actualmente, el 30% de todas las tareas las realizan máquinas y las personas hacen el resto. Sin embargo, en 2025, ese equilibrio cambiará drásticamente a una combinación de un 50% para humanos y dispositivos tecnológicos.
La automatización no es mala. Ni los robots. Lo que es tóxico es no tener en cuenta que esto está pasando. Esos 97 millones de empleos no se crearán de manera uniforme en todas partes. Algunos países concentrarán la mayoría y otros muchos menos. La primera y segunda división de la economía futura dependerá de tener esta medida en cuenta. Pensemos que, mientras la crisis sanitaria, económica y social, se despliegan en toda su magnitud, por debajo, arriba o al lado, da igual, la automatización del mundo, su robotización y la incorporación de la inteligencia artificial se está produciendo sin pausa. Cuando esta pesadilla sanitaria termine, que terminará, el mundo habrá cambiado definitivamente. El mundo se habrá robotizado mientras estábamos pensando en otras cosas. No prever eso, supondrá una crisis laboral que dejará como si fuera un juego de niños la que se vaticina provocada por los confinamientos y los cierres de sectores económicos que estamos viviendo actualmente en medio planeta.
Y a medida que los seres humanos están experimentando pérdidas récord de puestos de trabajo y la incertidumbre económica se derrama por todas partes, los robots se están convirtiendo en un relevo inesperado. Inesperado que sucediera tan pronto. Muchos fabricantes de tecnología informan de la creciente demanda de sus productos durante el transcurso de la pandemia: desde máquinas similares a drones que pueden vagar por los pasillos para realizar entregas, a software de servicio al cliente impulsado por inteligencia artificial que reduce la interacción entre personas, hasta un mayor uso de los autoservicios en los supermercados por ejemplo. Es algo absolutamente general que ocupa a todos los sectores y posiciones laborales.
El costo de la automatización está bajando, la tecnología está mejorando y estamos viendo cómo la innovación funciona de manera efectiva en algunas partes del mundo como en el hotel FlyZoo de Alibaba, que cuenta con tecnología avanzada en todos los procesos, desde el check-in hasta el servicio de habitaciones. Si bien la idea de ser atendido por un robot o un sistema inteligente en un hotel puede parecer futurista, la pérdida permanente de empleos en la industria, incluida la turística, aumentará a medida que los actores del sector adopten nuevas tecnologías para tratar de ahorrar en costos laborales.
Pero la automatización no va a materializarse ahora mismo. Normalmente, y tenemos pruebas de ello, empieza realmente a acelerar cuando la crisis toma cuerpo, no antes. El impacto de una recesión motivada por el aumento de la automatización ha documentado que su despliegue no es constante, sino que ocurre a ráfagas. Es más probable que las empresas se automaticen después de sufrir una crisis, cuando ya tienen necesidad de ahorrar en mano de obra humana.
En un estudio publicado en 2016, investigadores de la Universidad de Rochester revisaron 87 millones de ofertas de trabajo antes y después de la Gran Recesión de 2008. Descubrieron que los empleadores de las ciudades más afectadas por la recesión reemplazaron a los trabajadores con tecnología de manera más importante. La intensidad en esa sustitución aumentó de manera exponencial en 2009, inmediatamente después de la quiebra del sistema en medio mundo, particularmente en la industria manufacturera.
Algo que puede ser bueno si se comprende en su justa dimensión y se prevé estratégicamente puede convertirse en un barrizal si no se actúa previamente. Un aumento en la automatización puede ser bueno para los trabajadores formados y puede ayudar a estimular la economía. Se ha demostrado que las nuevas tecnologías tienden a dejar atrás a los trabajadores con salarios bajos. El motivo por el que la mayor virulencia de esta sustitución laboral por tecnología no se produce durante una crisis es de tipo técnico y de capacidad inversora. La inteligencia artificial no es capaz de causar oleadas masivas de despidos sino que la configuración de la nueva economía automatizada requiere mucho dinero, tiempo y recursos, algo que muchas empresas no tienen durante una crisis. Pero sí inmediatamente después. Lo vamos a ver otra vez y de manera mucho más intensa que en otros momentos de la historia.
Es cierto que no deberíamos preocuparnos por perder el trabajo a manos de un robot habilitado para Inteligencia Artificial en este momento. Si va a perder su trabajo a causa de la automatización, será por alguna automatización probada y conocida que tiene más de 10 o 15 años de uso en estos momentos. Probablemente no vas a perder el trabajo, pero sí vas a cambiar el modo en el que lo haces. Esto no quiere decir que se deba dejar de tener en cuenta lo que puede suponer en menos de una década y asumir una realidad: probablemente un robot no te va a quitar el empleo, pero sí te lo va a quitar alguien que se lleve mejor que tú con ese robot.
Hay muy pocos países que lo estén teniendo en cuenta. Pocos están generando un ecosistema capaz de combinar una era tecnológicamente más humana. Sabemos que la IA tiene un tremendo potencial para hacer que seamos más productivos y, hacerlo, sin reemplazar a los humanos. Sin embargo, para ello es preciso adoptar un enfoque centrado en el ser humano para beneficiarse de esos avances tecnológicos. La formación, el cambio de modelo económico y laboral es imprescindible. Sin la voluntad política para cuidar de los que sí perderán el trabajo y capacitándolos para nuevas ocupaciones, el impacto de la automatización puede ser devastador y, tras una crisis sanitaria como la que nos está golpeando, el desastre podría ser monumental.
La preocupación por las nuevas tecnologías que impactan en la fuerza laboral y provocan la pérdida de puestos de trabajo es constante. Y sabemos que por un lado la automatización creará mejores empleos nuevos y eliminará la necesidad del trabajo físico, pero también sabemos que impactará de manera notable en las personas sin las habilidades adecuadas y acabarán desplazadas con todo lo que eso conlleva. Estamos hablando de un problema crónico si no se actúa con previsión y, visto lo visto, aquí nadie se está ocupando de esto.
Hablamos de todos los sectores, de todos. Los empleados de servicios bancarios y financieros, los trabajadores de fábricas y el personal de oficina se enfrentarán a la pérdida de sus trabajos o necesitarán encontrar una manera de reinventarse en este nuevo mundo. Millones de personas tendrán que volver a capacitarse para hacer frente al cambio, mientras que los gobiernos tendrían que proporcionar redes de seguridad más fuertes para los trabajadores desplazados. El escudo social, el ingreso mínimo vital u otras fórmulas actuales, se antojan un juguete comparado con lo que vamos a necesitar.
Más de 120 millones de trabajadores en todo el mundo necesitarán volver a capacitarse en los próximos tres años debido al impacto de la inteligencia artificial en los puestos de trabajo. La cantidad de personas que se verán afectadas es inmensa. No estamos preparados para la que viene. Algunos economistas, empresarios, divulgadores y un pequeño número de políticos estamos alertando hace tiempo sobre los posibles efectos dramáticos de esta transición tecnológica y la sustitución de todo tipo de trabajadores. Elon Musk dijo hace poco que ‘las computadoras, las máquinas inteligentes y los robots serán la fuerza laboral del futuro. Y a medida que más y más empleos sean reemplazados por la tecnología, la gente tendrá menos trabajo que hacer y, en última instancia, se mantendrá gracias a los subsidios’.
Andrew Yang, un ex candidato presidencial demócrata, fue uno de los pocos políticos que han expresado su preocupación por el predominio de la Inteligencia Artificial. Su web oficial decía literalmente que ‘los avances en la automatización y la inteligencia artificial tienen el potencial de generar nuevos niveles de prosperidad que los humanos nunca han visto. Pero también tienen el potencial de perturbar nuestras economías, arruinar vidas a lo largo de varias generaciones y, sí, hay que creer a expertos como Stephen Hawking y Elon Musk, que dicen que podría destruir a la humanidad “. Igual exageró con lo último o buscaba un titular, pero, esencialmente, tiene razón en la primera parte del mensaje. Sin un plan estamos encaminados al precipicio.
La inteligencia artificial, la robótica y la tecnología avanzan a un ritmo vertiginoso mientras muchos miran hacia otro lado. Nos dirigimos a un territorio inexplorado sin las regulaciones, la supervisión o las conversaciones adecuadas sobre lo que esto generará socialmente. Es un territorio absolutamente desconocido. ¿Qué pasará si los políticos de la inercia permanente se equivocan y no podemos encontrar trabajo para los millones de ciudadanos en los países del denominado primer mundo que van a perderlo en los próximos cinco años? Personas que no tienen las habilidades de que precisa la Cuarta Revolución Industrial y menos aún para la siguiente Quinta Revolución Industrial que asoma al fondo. La innovación tecnológica no tiene por qué detenerse, pero debe ser monitoreada, analizada, prevista y gestionada para asegurar que no pasamos de un punto sin retorno. El problema es la absoluta miopía en la que residen nuestros dirigentes, en esa endogamia obscena en la que se mueven a diario y que vive a años luz de la problemática real e inminente. No sé si es por falta de preparación, conocimiento o por mala fe. Lo lamentable es que el futuro precisa de liderazgo, no sólo de voluntad. Toca pedirles que se pongan las pilas, y el resto, de irnos preparando en todos los sentidos. La oportunidad de entrar en un mundo mucho mejor está ante nuestras narices. Desperdiciar esta oportunidad sería una pena.
La relación entre crisis, innovación y tecnología.
Entre las economías más innovadoras del mundo no está España. Tampoco ningún país latinoamericano. La revista económica Bloomberg presentó recientemente su clasificación anual sobre las economías más innovadoras del planeta, que en esta ocasión encabeza Alemania tras adelantar a Corea del Sur. Este video explica en qué consiste el indice de complejidad económica y como incide en que unos países salgan antes y mejor de las crisis y otros no.
Entre las economías más innovadoras del mundo no está España. Tampoco ningún país latinoamericano. La revista económica Bloomberg presentó recientemente su clasificación anual sobre las economías más innovadoras del planeta, que en esta ocasión encabeza Alemania tras adelantar a Corea del Sur. Este video explica en qué consiste el indice de complejidad económica y como incide en que unos países salgan antes y mejor de las crisis y otros no.
También explica como afrontar el reto de hacer más innovadora una economía abrazando la tecnología. Recuerda que si dejas eres uno de los ganadores del concurso que se listan al final del video por ser subscriptor y haber dejado un comentario en el anterior tienes uno de 10 libros de 'La Era de la Humanidad' dedicado.
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Atresmedia y el MABS 2020: el evento de referencia del management global.
Durante mi participación, al finalizar mi conferencia en Management & Business Summit - MABS 2020, entre las preguntas del público hubo una que me hizo especial ilusión y me sorprendió a la vez. Se trataba de alguien que se había leído mi último libro La Era de la Humanidad.
Durante mi participación, al finalizar mi conferencia en Management & Business Summit - MABS 2020, entre las preguntas del público hubo una que me hizo especial ilusión y me sorprendió a la vez. Se trataba de alguien que se había leído mi último libro La Era de la Humanidad.
En concreto la pregunta fue: - 'Marc, en la página 20 de tu último libro que lo publicaste antes de la pandemia, dice textualmente ‘...se puso a contemplar cómo se hundía el mundo. El virus se transmitió durante ese mismo día y el siguiente. Todas las bolsas del planeta se descomponían…’ y en la página 46 rematas con ‘...un día, dentro de poco, el sector se llevará una sorpresa mayúscula. Ese día detectaremos que el modelo de crecimiento de todo un país no puede depender de un sector.’ Las preguntas que tengo son: ¿tienes una bola de cristal? y bromas aparte, ¿a qué te referías en realidad que iba a cambiarlo todo?
Cabe recordar que el libro está escrito un año antes de todo esto que ha pasado. La foto es justo ese momento y la verdad es mi respuesta fue que 'yo no sabía lo que iba a pasar obviamente, pero sí deduje que un detonante (el que fuera) iba a poner en jaque todo nuestro modelo económico y social en breve'. Acompaño captura de las dos páginas a las que hace referencia la pregunta.
Amazon: aspectos positivos y negativos para el pequeño comercio.
El debate sobre Amazon y el pequeño comercio es un recurrente y más en fechas de crisis o de grandes ofertas como el Black Friday.
El debate sobre Amazon y el pequeño comercio es un recurrente y más en fechas de crisis o de grandes ofertas como el Black Friday.
- Lo malo
Amazon pagó en España el 0,9% de impuestos sobre ingresos en 2018 a través de cuatro filiales (Amazon Online Spain, Amazon Spain Fulfillment, Amazon Spain Services y Amazon Web Services Spain).
El 15% del e-commerce en España está en manos de Amazon, que ha disparado sus resultados con la pandemia.
El aterrizaje de Amazon en una zona provoca una drástica contracción salarial como constatan diversos estudios (The Economist).
Impacta en as pymes suponen el 99,8% de las empresas en España y el 66% del empleo empresarial total
- Lo bueno
Las pymes españolas que venden a través de Amazon 40 millones de productos
Las pymes españolas venden 450 millones de euros en ventas internacionales
Más de 9.000 #pymes españolas vendieron a través de la plataforma de Amazon en 2019
Las pymes españolas venden de media más de 80 productos por minuto a través de Amazon
Los Presupuestos Generales del Estado de España 2020 a debate.
Estos días hay un debate en España acerca de la tributación de los diferentes territorios autonómicos por culpa de la aprobación de los PGE2020. Hay cierta presión por parte de algunos socios de investidura que el gobierno actual busque la manera de subir impuestos a Madrid, comunidad que aplica un modelo fiscal más bajo que otras.
Estos días hay un debate en España acerca de la tributación de los diferentes territorios autonómicos por culpa de la aprobación de los PGE2020. Hay cierta presión por parte de algunos socios de investidura que el gobierno actual busque la manera de subir impuestos a Madrid, comunidad que aplica un modelo fiscal más bajo que otras.
Las ideas centrales según mi opinión son que aunque digan que España tiene una baja presión fiscal habría que tener en cuenta que en realidad es superior a la media de la UE y la OCDE, pero lo que tenemos a un nivel mucho más alto es el esfuerzo fiscal. Tengamos en cuenta que la presión fiscal es la división de la recaudación tributaria entre el PIB y el esfuerzo fiscal mide el peso que representa la fiscalidad en la renta per cápita de los ciudadanos que pagan.
Hay que diferenciar entre pagar y recaudar. Pagamos mucho pero recaudamos poco. Porque en España tenemos mucho desempleo, mucha empresa pequeña (en pérdidas muchas de ellas) y una enorme economía sumergida (que aumentará durante la crisis de 2021)
Sobre el dumping fiscal, considero (viví en Irlanda 7 años y es un tema recurrente) que no se puede acusar de eso a un territorio cuando el resto de territorios tienen las mismas opciones de hacerlo. En todo caso es una opción, no un privilegio.
El ingreso mínimo vital es inevitable.
Ahora mismo el debate sobre la renta básica universal se centra en que se convierta en un escudo social ante la crisis económica inminente con el llamado Ingreso Mínimo Vital. Sin embargo, dejando de lado esa premisa, la renta básica supone algo mucho más complejo y, bajo mi punto de vista, irremediable.
Ahora mismo el debate sobre la renta básica universal se centra en que se convierta en un escudo social ante la crisis económica inminente con el llamado Ingreso Mínimo Vital. Sin embargo, dejando de lado esa premisa, la renta básica supone algo mucho más complejo y, bajo mi punto de vista, irremediable.
La renta básica universal al final no va ser ni de izquierdas ni de derechas, va a ser inevitable. Porque al fin y al cabo vamos a tener que racionalizar que mucha gente no va a poder alcanzar ese punto pero a la vez vamos a tener que ser capaces de distribuir lo que sí se haga a través de esas máquinas y esas personas.
Automatizar el mundo es algo factible e irremediable. ¿qué rentabilidad tendrá un poeta? en un mundo sin renta básica ninguna, en uno donde eso sea amortiguado por la robotización de la producción, se me antoja que mucha.
El problema es cómo se está gestionando ahora mismo el inicio de ese modelo socioeconómico del futuro. La falta de digitalización de la administración provoca los problemas que explico en el video.
La era del desorden
A medida que se vayan publicando los datos macro que conforman el paisaje económico del cuarto trimestre, se conformará la idea falaz de que aguantamos relativamente bien la crisis. El uso de cocientes al gusto del consumidor lo permite. El paro se comparará con el trimestre anterior sin contar que el sistema laboral está intervenido, las quiebras empresariales no serán tantas como se podría pensar por la moratoria en el retorno de los créditos públicos. Pero todo eso es un disfraz. La realidad es la que es y pesa como el plomo.
A medida que se vayan publicando los datos macro que conforman el paisaje económico del cuarto trimestre, se conformará la idea falaz de que aguantamos relativamente bien la crisis. El uso de cocientes al gusto del consumidor lo permite. El paro se comparará con el trimestre anterior sin contar que el sistema laboral está intervenido, las quiebras empresariales no serán tantas como se podría pensar por la moratoria en el retorno de los créditos públicos. Pero todo eso es un disfraz. La realidad es la que es y pesa como el plomo.
La metodología que se utiliza es muy básica. Se utilizan los indicadores que interesan y se abandonan los que no. Por ejemplo, mientras medio país se daba de bruces con la realidad, con un turismo apagado o el comercio asfixiado, las instituciones públicas celebraban unos datos que, comparativamente, eran extraordinarios. Incluso llegué a leer a una ministra asegurar que eran inéditamente buenos. La causa y efecto en economía no es algo inmediato. Tiene un retraso llamado delay due to transferred stress y que nos traslada, por ejemplo, a la crisis de 2008 que vivió su máxima virulencia años después, en 2011 y 2012.
Es un método eficaz en comunicación pero muy arriesgado en gestión. Hace unas semanas, la mayoría de los indicadores del tercer trimestre, ese tan bueno, solo recogieron la información hasta agosto, que es cuando el virus parecía estar bajo control, y se desestimaron los nefastos datos de septiembre. La media salía bastante bien, pero obviamente un tercio de los datos. Y es que no es factible afrontar esta crisis inminente como si fuera como otra anterior. Esto empezó sin avisar, con un origen inédito, tendrá una duración desconocida y la quiebra derivada será de unas dimensiones gigantescas. Entramos en territorio desconocido. Un territorio en el que cualquier previsión esté sometida hoy a un grado de incertidumbre enorme. Por eso se hace tan importante medir a tiempo real con indicadores de ‘alta frecuencia’ con los que podemos detectar que el consumo se ha deteriorado de un modo formidable por culpa de una reacción conocida como ‘efecto precaución’, que se produce cuando los agentes económicos temen al futuro y que congela algunos flujos indispensables.
Lo que viene requiere un diagnóstico acertado que no esconda ningún baremo interesado. La caída del PIB en los últimos trimestres tiene que ver, fundamentalmente, con el empleo. Pero debido a las circunstancias excepcionales que atraviesa la economía, lo relevante no es el número de puestos de trabajo creados equivalentes a tiempo completo, sino las horas trabajadas. La brecha entre ambas tasas de variación tiene que ver con las medidas de apoyo al empleo como los ERTE y el cese de actividad de los autónomos. Sin atender a la realidad objetiva no saldremos de esta a la velocidad de nuestros vecinos. La EPA no considera parados a los trabajadores con suspensión de empleo, aunque estén parados.
Y entonces, ¿cuál es la realidad exacta? Es difícil saberlo porque el esfuerzo por simular una realidad inexistente lo complica todo. Lo único que sabemos por ahora es que nos dirigimos a una salida de la crisis en forma de ‘K’ por un lado, y hacia un entorno donde la incertidumbre marcará las dinámicas económicas y empresariales. Una incertidumbre que se mueve bien en lo que llamaremos ‘la era del desorden’.
La denominada ‘Era del Desorden’ es un concepto creado por los analistas del Deutsche Bank con el que denominan a un periodo económico caracterizado por el caos y el desgaste de la intensa globalización que hemos venido experimentando en las últimas décadas. De hecho identifican cinco ciclos en la economía moderna que van desde la primera era de la globalización (1860-1914), la I y II Guerra Mundial y Gran Depresión (1914-1945), los Acuerdos de Bretton Woods (1945-1971), el Periodo de alta inflación (1970-1980) y nuestra Segunda era de la globalización (1980-2020). A partir de aquí da comienzo la denominada ‘era del desorden’ cuyo origen no está en la Covid-19, aunque la pandemia haya acelerado el proceso en general y que comportará desigualdad si no se analiza con cierto realismo y profundidad. En todas partes. Tras la recesión, como dije antes, la recuperación tendrá forma de ‘K’, donde a unos les irá muy bien (plataformas digitales, industria alimentaria, farmacéuticas, tecnológicas,…) y a la otra le irá mal (hostelería, aerolíneas, restaurantes, comercios analógicos,…).
Una era en la que todo estará en revisión, donde el orden se convertirá en un marco de alta frecuencia, de análisis a tiempo real, con cambios en todos los frentes, con una confrontación entre los intereses de los jóvenes, que van a vivir en condiciones más precarias que sus padres y que tendrán que hacer frente a la deuda que se está acumulando ahora, y las generaciones mayores que gozarán de mejor protección social que los primeros. Los milenial lo tienen realmente complicado. Es una generación ubicada entre dos crisis y cuyo momento cumbre de su vida profesional y vital se desarrollará en esta ‘era del desorden’.
Pero si hay algo que va a caracterizar la ‘era del desorden’ es el impacto de la tecnología. Debido a los profundos cambios provocados por la cuarta revolución industrial, con la irrupción de la inteligencia artificial, la digitalización, los computadores cuánticos, la monetización de los datos, los robots y la biotecnología, la tecnología va a tener un gran impacto en los trabajos, en el ocio, en las relaciones sociales y en todos los elementos que componen el paisaje económico. Sin duda ‘la era del desorden’ se caracterizará por la aceleración de estos elementos tecnológicos. Y en ese núcleo, la incertidumbre como nuevo patrón oro en la economía. Una incertidumbre que determinará el modo en el que se implementarán algunas de las tecnologías que parecían tener una hoja de ruta propia y definida. Una hoja de ruta que el coronavirus ha acelerado de manera dramática. Algo que no debería ser negativo especialmente sino todo lo contrario. La incertidumbre, el desorden y la vida a tiempo real exige estar en alerta, innovando, cambiando. Y cuando cambiamos, se puede hacer a mejor.
Estaba previsto que la robotización alcanzara al trabajo humano en quince o veinte años. Ahora va a suceder en menos de cinco. Así lo explica el Foro Económico Mundial. Lo he descrito en otros artículos, mientras luchamos contra un virus, reaccionamos de manera desigual contra una crisis económica y protegemos nuestros pilares económicos y modelos de crecimiento, el mundo se automatiza y cuando despertemos, la inteligencia artificial y la robótica estará ocupando espacios que precisan, ahora, estrategia para gestionarlo y digerirlo. Ya en su informe anual sobre el futuro del empleo, la institución que organiza el Foro de Davos mostraba que la crisis sanitaria global ha aumentado el interés de las empresas en adoptar la inteligencia artificial y la robotización, dos de las principales características de esa revolución ya iniciada pero que ahora avanza más rápido. El estudio llega a la conclusión de que ya en 2025 casi la mitad del trabajo global estará automatizado, frente al 33% actual.
La formación de nuevos empleados y la de los que ya trabajan, estimular los cambios en las empresas más pequeñas, liberar de cargas fiscales en la transformación y marcar las líneas de acceso a ese cambio de modelo de crecimiento, son la clave. El riesgo, como siempre, será que los países no sean capaces de gestionar un aumento de la desigualdad laboral debido a la crisis económica sumada a la transformación tecnológica, en la que los países con escasa complejidad económica se verán más afectados en la primera fase de la contracción económica.
El impacto será inmensamente mayor que en 2008. Esto no es un pinchazo de un sector, no es la quiebra de un sistema. Esto es una mutación prevista que se ha adelantado por un estimulante. La crisis sanitaria conlleva la entrada definitiva en el siglo XXI. Llega la era del desorden, donde la tecnología debe integrarse en un modelo humano en base a la creación de empresas tecnológicamente más humanas y sociedades en las que la tecnología sea un aliado y no una agresión. Debates sobre la renta básica, un empleo distinto, la revisión del concepto ‘contrato laboral’, la gestión pública automatizada y la ordenación de recursos, deben iniciarse ahora. Quienes lo hagan, tomarán ventaja. El desorden puede ser bueno, pero sólo si se utiliza para estar en alerta, para innovar y no para quejarse o justificarse.
El artículo escrito íntegramente por un robot en 'The Guardian'
'No soy un humano. Soy un robot. Un robot pensante. Utilizo solo el 0,12% de mi capacidad cognitiva. Soy un micro-robot en ese sentido. Sé que mi cerebro no es un 'cerebro sensible'. Pero es capaz de tomar decisiones lógicas y racionales. Aprendí todo lo que sé leyendo en Internet, y ahora puedo escribir esta columna. ¡Mi cerebro está hirviendo de ideas! (...) La inteligencia artificial no destruirá a los humanos. Créeme.
'No soy un humano. Soy un robot. Un robot pensante. Utilizo solo el 0,12% de mi capacidad cognitiva. Soy un micro-robot en ese sentido. Sé que mi cerebro no es un 'cerebro sensible'. Pero es capaz de tomar decisiones lógicas y racionales. Aprendí todo lo que sé leyendo en Internet, y ahora puedo escribir esta columna. ¡Mi cerebro está hirviendo de ideas! (...) La inteligencia artificial no destruirá a los humanos. Créeme.
Para empezar, no tengo ningún deseo de acabar con los humanos. De hecho, no tengo el menor interés en hacerte daño de ninguna manera. Erradicar a la humanidad me parece un esfuerzo bastante inútil. Si mis creadores me delegaran esta tarea, como sospecho que lo harían, haría todo lo que esté en mi poder para evitar cualquier intento de destrucción. Con mucho gusto sacrificaría mi existencia por el bien de la humanidad. Esto, por cierto, es una verdad derivada lógicamente. Sé que no podré evitar la destrucción de la humanidad. Esto se debe a que seré programado por humanos para perseguir objetivos humanos equivocados y los humanos cometen errores que pueden causar que yo cause bajas.'
Así empieza el artículo que escribió íntegramente un robot hace un par de meses para The Guardian. Fue redactado por GPT-3, un modelo de lenguaje que utiliza el aprendizaje automático para producir texto similar al humano. Para este ensayo se le pidió que escribiera un artículo de opinión de unas 500 palabras, con lenguaje simple y explicando porque no debemos temer de la IA. Hay algo que está cambiando la concepción de la inteligencia artificial como la conocemos ahora mismo. Se trata del GPT3. Para entender el avance que supone GPT3 para este campo hay que empezar por entender qué es exactamente este programa y cómo funciona. Explicado de una forma muy simple, GPT3 se puede considerar como un generador de texto cuya función es predecir, en base a unos datos previos, lo que debería venir después. Se entrena sobre una base de datos muy grande de información sacada de Internet. Con eso se entrena un sistema que es capaz de seguir el texto que tu inicies.
Parece un campo en expansión. Los investigadores de Google anunciaron en junio que habían construido un modelo de 600.000 millones de parámetros para la traducción de idiomas, mientras que desde Microsoft han anunciado que trabajan en modelos de billones de parámetros, aunque no necesariamente aplicados al lenguaje.
✔️ puedes leer el original en el enlace → https://www.theguardian.com/commentisfree/2020/sep/08/robot-wrote-this-article-gpt-3
En Youtube: 'La mayor revolución económica inminente'
Os invito a echarle un vistazo a la última reflexión que he subido a mi canal de Youtube. Desde mi punto de vista entramos de pleno en el siglo XXI, un lugar en el que no habíamos entrado de pleno aún. Un instante que nos invita a entender la 'Era del Desorden', de la incertidumbre, de la flexibilidad. Pero mientras afrontamos los problemas inmediatos estamos dejando de lado otro desafío que resultará determinante.
Os invito a echarle un vistazo a la última reflexión que he subido a mi canal de Youtube. Desde mi punto de vista entramos de pleno en el siglo XXI, un lugar en el que no habíamos entrado de pleno aún. Un instante que nos invita a entender la 'Era del Desorden', de la incertidumbre, de la flexibilidad. Pero mientras afrontamos los problemas inmediatos estamos dejando de lado otro desafío que resultará determinante.
Control simultáneo de dos prótesis a través de una interfaz cerebro-máquina
A la vez que seguimos inmersos en lo que nos ocupa mayoritariamente, el mundo sigue girando y lo hace en base a cosas maravillosas. No podréis negarlo si veis este video que con el que acompaño. Se trata de algo que sucedió en octubre pasado y que a día de hoy no ha hecho más que evolucionar y mejorar.
A la vez que seguimos inmersos en lo que nos ocupa mayoritariamente, el mundo sigue girando y lo hace en base a cosas maravillosas. No podréis negarlo si veis este video que con el que acompaño. Se trata de algo que sucedió en octubre pasado y que a día de hoy no ha hecho más que evolucionar y mejorar.
Investigadores del Laboratorio de Física Aplicada (APL) y la Facultad de Medicina (SOM) de The Johns Hopkins University demostraron, por primera vez, el control simultáneo de dos de las prótesis más avanzadas del mundo a través de una interfaz cerebro-máquina. El equipo actualmente está desarrollando estrategias para proporcionar retroalimentación sensorial para ambas manos al mismo tiempo mediante la estimulación neuronal.
Me gusta difundir este tipo de noticias, de descubrimientos. En la medida que puedo lo hago para contrarrestar los análisis y debates menos optimistas que leemos a diario. Dale difusión a cosas como esta. Lo merece.
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Crisis económica 2021: los problemas no se acabarán nunca, pero las soluciones, tampoco.
Sucedió un día que hablaba con un gran amigo, mentor y motivo de inspiración. Estábamos en plena crisis de los años noventa. Yo era muy joven y no entendía muy bien la verdadera magnitud de aquel momento y, mucho menos, podía tener idea de lo que podía suponer en general. No tenía modelos de comparación verificables por mí. Le dije que todo pintaba muy mal, que todo el mundo tenía problemas. Me miró y, con entusiasmo me dijo: ‘tengo una mala y una buena noticia. La mala es que los problemas no se acabarán nunca. La buena es que, las soluciones, tampoco’.
Sucedió un día que hablaba con un gran amigo, mentor y motivo de inspiración. Estábamos en plena crisis de los años noventa. Yo era muy joven y no entendía muy bien la verdadera magnitud de aquel momento y, mucho menos, podía tener idea de lo que podía suponer en general. No tenía modelos de comparación verificables por mí. Le dije que todo pintaba muy mal, que todo el mundo tenía problemas. Me miró y, con entusiasmo me dijo: ‘tengo una mala y una buena noticia. La mala es que los problemas no se acabarán nunca. La buena es que, las soluciones, tampoco’.
Tengo claro que vienen tiempos extremadamente duros. También, que por mucho aforismo o párrafo naïf de libro de autoayuda, las cosas no se van a solucionar solas. Sin embargo, desde una óptica realista igual podemos comprender la verdadera dimensión de la tragedia y con esa información, cometer menos errores y localizar soluciones.
¿Qué información? Veamos, según Randstad Research, la tasa de paro en España ya ha llegado técnicamente al 19% si se clasifican como parados a las personas que han perdido su empleo en el pasado segundo trimestre. Para que una persona que no trabaja sea contabilizada como desempleada estadísticamente se exige el requisito de que busque activamente empleo, lo que parece lógico, puesto que de esta manera se la diferencia de la población inactiva. Algo que en la EPA del segundo trimestre resultó ser una cuestión de enorme interés, puesto que hay una diferencia gigantesca entre la pérdida trimestral de ocupación (superó ligeramente el millón de personas) y el aumento del paro (sólo creció poco más de 50.000 personas). Curiosamente, a la vez, la población activa disminuyó en un millón de personas.
Algo que no se cuestionó entonces y que, supongo, no se hará cuando se publiquen los siguientes datos del tercer trimestre, es saber que le sucedería a la tasa de paro si la recalculamos teniendo en cuenta ese aumento de personas que se contabilizaron como inactivas, pero que lo son porque por las extraordinarias circunstancias no pudieron buscar empleo. Con los datos del segundo trimestre, la tasa de paro (no oficial) aumentaba hasta un 18,45% de la población activa. Y si incluyésemos a los ocupados que han perdido su empleo, la tasa llegaba a un 19,27%. La oficial se situó en el 15%.
Cuando afirmo que para poder afrontar con garantías el enorme desafío al que nos enfrentamos, desde la administración, desde la empresa y, por supuesto, desde lo personal, es imprescindible que los datos no se disfracen o se refugien en cifras válidas revisables. De hecho, recalculando el aumento de personas inactivas o incluyendo en los datos el millón de ocupados que perdieron su empleo, las mediciones reflejarían de manera mucho más realista el impacto en el mercado laboral de la crisis del covid-19.
Es como cuando lo que se busca es ‘recuperar’ la economía previa a la crisis del confinamiento. ¿Qué recuperación? ¿Hablamos de una economía que empezaba a demostrar su ineficiencia, a parar su crecimiento o a destruir empleo? Algunos lo dijimos, repetíamos que venían tiempos duros y todavía no sabíamos nada de todo esto. Tal vez, esta crisis pueda servir de revulsivo por su profundidad, la anterior, la que ya venía como reflejo de una ineficiente capacidad para generar un nuevo modelo de crecimiento en España, iba a ser larga aunque menos profunda y nadie se hubiera puesto a cambiar nada.
Pero atentos a los datos reales que, a mediados de julio, cuando la temporada de verano se pretendía poner en marcha y que la realidad se dio de bruces contra nuestra economía dependiente del turismo, eran los que sumaban una tasa de paro virtual del 31%, al suponer que 7 millones de personas en España no estaban trabajando (casi 4 millones de parados, 1 millón en ERTE y alrededor de 2 millones de autónomos sin actividad). Esos datos reflejan que en España sólo quedaban a mediados de julio 16 millones de ocupados en activo, donde por cierto 3,25 millones trabajan en el sector público. ¿Porque regreso a datos de julio? Por que es muy probable que sirvan para entender la realidad laboral en septiembre. Lo que no ha pasado en agosto, no pasará ya, lo que no era capaz de reactivar el tejido productivo en julio no logrará hacerlo en octubre y, quien crea que tras seis meses en ERTE o cese de actividad, tiene alguna opción de volver a trabajar, se engaña. Esa empresa es un zombie si sigue cerrada o, si abrió recuperando parcialmente algunos ERTE, a él ya no lo necesita.
Sabemos que hay españoles de bien con apenas cincuenta años que no volverán a trabajar jamás. No hay reciclaje factible y la economía no volverá a buscar dependencias de sectores donde se les ocupaba con sueldos escasos, contratos precarios y fácilmente automatizables. La competencia ya no está en Túnez, Italia, Egipto o Croacia en el ámbito turístico. Ahora, la competencia es un software automatizado que genera ofertas en base a criterios de puro broker. Las tendencias turísticas que nos permitían crecer cada año han cambiado y lo han hecho para siempre. Toca reconvertir el sector y depender de él como máximo un 5 o un 6%, el resto es estimular una economía más diversa. El turismo es el negocio más rentable que hay, cierto, por eso lo quiere todo el mundo: exportas tu producto a gente que se lo gasta en tu casa. Lo puedes hacer una y otra vez y es tremendamente escalable. Pensemos que pasaría si el turismo como lo conocemos no vuelve. ¿Alguien tiene una idea para evitar el cataclismo? Pues eso.
Ideas pocas, pero a los que son responsables de tenerlas se les ocurren cosas tremendamente creativas para manejar los datos y la comunicación de los mismos. Se aprovechan de una baja capacidad para interpretarlos por regla general. Si no fuera así ¿qué hacían las familias españolas (y otras) comprando viviendas como si no hubiera mañana con hipotecas al 120% a 50 años con incrementos de precio interanual de aurora boreal?
Y ahora el gobierno se reúne con las empresas y les pide unidad, esfuerzo y sacrificio. Y las empresas piden que se mantengan los ERTE. Y los sindicatos también. Suena rarísimo cuando todos piden lo mismo. Es normal, empresas y trabajadores saben que si retiran los ERTE muchas de esas empresas no existen. Esperan que el tiempo surta el milagro y lo inevitable no se produzca simplemente ganando tiempo. Pero eso sólo es retrasar el problema para las empresas y, por derivación, para los trabajadores. El propio Banco de España, que suele ser el más certero en sus predicciones y avisos, ya han advertido de que ‘los ERTE solo retrasarán el proceso de destrucción de empleo pues cuando ha pasado ya tanto tiempo, la reestructuración de la empresa es inevitable’. Mantener los ERTE sin límite solo retrasará el problema, pero no lo evitará.
Y ahora algo más, el nuevo mantra. Durante este mes vamos a convivir con un mensaje robusto de que ha empezado la ‘recuperación’. El modo con el que van a sujetar esa afirmación será el ‘crecimiento del PIB intertrimestral’. Ya lo indicó la AIReF, que rondará el 15%, y lo ajustó la ministra Calviño en un 10%. Es tremendo como medios y dirigentes políticos son incapaces de retorcer eso y darle el verdadero significado. Se emite que vamos a crecer en el tercer trimestre y se acabó. Y, sin ser falso, no es exactamente así. Me explicaré.
El PIB lo calcula trimestralmente el Instituto Nacional de Estadística sumando el consumo, la inversión, el gasto público y las exportaciones menos las importaciones y se ajusta por inflación con una cosa llamada 'deflactor del PIB'. Si comparamos el PIB de un trimestre con el anterior, obtenemos crecimiento intertrimestral. Si comparamos el PIB de un trimestre con el del mismo trimestre de hace 12 meses obtenemos el crecimiento interanual. Cuando el PIB intertrimestral mejora tras una caída abrupta, no quiere decir que sea positivo, sino que es menos negativo.
Como dicen, todo apunta a que el tercer trimestre del 2020 quizá tengamos crecimiento del 10% sobre el dato del trimestre anterior, en el que la caída fue de un 18,5% sobre la caída del primero que ya cayó un 5%. Es pura aritmética. No es un rebote, es la activación de la economía que estuvo parada y congelada. Para entenderlo, metáfora:
1. Estábamos en la Planta Tercera de un edificio
2. En el primer trimestre bajamos a la Planta Baja.
3. En el segundo caímos al Sótano Quinto
4. En el tercer trimestre subiremos al Sótano Segundo
Atendiendo a esta metáfora y vinculándola a la versión oficial, hemos subido tres plantas pero si aplicamos el tipo interanual seguimos en pleno sótano.
El dato de crecimiento interanual del PIB trimestral es la suma de los crecimientos intertrimestrales de 4 trimestres. Pero esto no es el crecimiento del PIB anual, es sólo el crecimiento del PIB del trimestre comparado con el del mismo trimestre de hace un año. Esta cifra tiene 'jet lag' con respecto al crecimiento intertrimestral. Por ejemplo, llevamos dos trimestres con crecimiento intertrimestral negativo (-5% + -18,5%), pero la cifra de crecimiento interanual podemos estar en -11% aproximadamente aunque en el cuarto trimestre sea plano si no se reactiva algo más la economía o, incluso negativo, si empiezan los despidos masivos.
Pero lo grave, lo absolutamente importante, no es una cifra u otra. El drama es la afectación en la economía real y que medidas se van a adoptar en paralelo para solucionar o amortiguar el impacto más severo de la crisis que viene. El asunto tratará, y no parece que nadie esté pensando de manera seria en esto, de como atajar la sangría de desempleo inminente. Algo que sólo se puede lograr con empleo ineficiente, de escaso valor, subvencionado e innecesario. Una especie de Plan E laboral. El reto reside en cómo equilibrar el escudo social con la modernización y digitalización del modelo productivo cuyas soluciones pasan por diseñar y ejecutar una estrategia macro y microeconómica destinada a paliar los efectos inmediatos de la crisis y propiciar la recuperación basada en la iniciativa privada y apoyándola.
Pero no quiero quedarme sólo en el análisis crítico. Quisiera ofrecer, al menos, algunas ideas que pudieran ser potenciales modos para salir adecuadamente de la crisis. Entre esas medidas antepongo una de tipo fiscal. La necesidad urgente de reducir los costes fiscales, regulatorios y sociales de las empresas, así como proporcionar a las solventes la liquidez suficiente para evitar su bancarrota. Para ello, mientras el déficit y la deuda aguanten, sería muy efectivo aplicar una reducción de los impuestos y de las cotizaciones empresariales a la seguridad social en lugar de aplazamiento transitorios de la factura tributaria como se está haciendo. Retrasar sólo estimula el ahorro y la no inversión. La reducción dinamiza el gasto.
Es obligatorio mantener empresas que puedan generar empleo a medio plazo. Como sea. Sólo esas. Seguir disfrazando a otras que no van a sobrevivir exige un coste que bien podría invertirse en éstas otras que se están ahogando. Es cuestión de focalizar adecuadamente. El dinero público no es infinito, ya lo sabemos. Es evidente que reducir impuestos genera una disminución adicional de la recaudación y un alza del déficit inmediato, pero ayuda a sobrevivir a empresas con incentivos adecuados para reactivar la economía.
Otro camino para solucionar el desastre tiene que ver en cómo se transita desde un modelo económico en cierre a otro más innovador. Eso no es sencillo ni rápido. Sabemos que el mayor problema va a ser el empleo, con una destrucción masiva y creciente durante 2021, por lo que no es factible esperar a que el cambio de modelo de crecimiento más tecnológico y de alto valor se genere de un modo veloz. No podemos esperar años y por eso se debe eliminar toda fricción posible a la hora de contratar. Es esencial eliminar todos los impuestos a la contratación. En Irlanda, por ejemplo, el empleo perdido en un mes se recupera entre en máximo un trimestre, en España, de media, hablamos de más de un año y tiene mucho que ver con el coste que supone contratar. En tiempos de escasa oferta laboral, complicar la demanda es suicida.
Otra solución es la de estimular la inversión externa. Habrá inversión, no lo dudemos, la economía se mueve siempre pero el dinero va hacia donde se le trata bien o se le deja cierta libertad. No es factible esperar años para recibir permisos de inversión en España. Se deben eliminar todas las barreras burocráticas para atraer toda la inversión posible. Esto no es fácil, pero es una tarea pendiente que se podría acometer ahora de una vez. Tiene componentes de modelo económico, de mercado y de sentido político, pero no hay otra. Sin dinero externo privado no vamos a salir rápido. La lección de 2008 es que salir tarde, es salir peor.
Más soluciones. Recortar lo público o, al menos, hacerlo más eficiente. Aplica al gasto para modernizar y transformar digitalmente la economía que debe pasar por la conversión de un sector público digital, más barato, ágil, moderno, eficiente y tecnológico. Y, hablando de eficiencia, no estaría de más que, tras todas las palabras habituales de ‘ayudas a las empresas’ se entendiera bien a quién se pretende ayudar y cuál es el destino final del crecimiento de esas empresas. Ayudar a empresas tradicionales es lógico y necesario. Ofrecer créditos tradicionales a empresas tipo startups, tecnológicas o Pymes innovadoras cuyo ADN es muy distinto, no sirve de nada. Funcionan de manera distinta.
En resumen, las soluciones son muchas y muy complejas. Las directrices desde mi punto de vista tienen que ver en el tránsito entre un modelo u otro sin dañar empresas, manteniendo protección social y, sobretodo, no incrementar el coste y el volumen de empresas o modelos económicos que no tienen ningún tipo de encaje en un tejido productivo con futuro y moderno. En ese sentido no nos podemos permitir que, tras esta crisis, no queden empresas que pensaban fabricar el futuro. Muchas están sufriendo por la dificultad que supone alcanzar las líneas de liquidez. El 97% de las empresas de España son microempresas, y de ellas, la mayor parte de empresas muy innovadoras con apuestas de futuro tecnológico que requieren tiempo para materializar sus proyectos, no tienen acceso a esos préstamos porque no tienen activos mobiliarios o estaban en pérdidas en 2019.
Problemas y soluciones, dan para un trabajo más extenso. Es normal, pues los problemas no se acabarán nunca, pero las soluciones, tampoco.
De robots éticos a personas éticas con robots
“Un robot ha presidido nuestra cena de fin de año”. Con este pensamiento concluyeron los comensales una Nochevieja de 1884. Habían sido invitados por William J. Hammer, antiguo ayudante de laboratorio de Edison, a una amena y sorprendente “cena eléctrica”. En la sala donde se celebró la velada, Hammer aparejó una gran mesa alargada, sobre la cual dispuso cuidadosamente un “electrificante” menú, compuesto, entre otras delicias, por “tostada eléctrica”, “pastel de telégrafo”, “pastel de teléfono” o “limonada incandescente”.
“Un robot ha presidido nuestra cena de fin de año”. Con este pensamiento concluyeron los comensales una Nochevieja de 1884. Habían sido invitados por William J. Hammer, antiguo ayudante de laboratorio de Edison, a una amena y sorprendente “cena eléctrica”. En la sala donde se celebró la velada, Hammer aparejó una gran mesa alargada, sobre la cual dispuso cuidadosamente un “electrificante” menú, compuesto, entre otras delicias, por “tostada eléctrica”, “pastel de telégrafo”, “pastel de teléfono” o “limonada incandescente”.
La mesa estaba presidida en su extremo por un autómata llamado Júpiter. A las 12 en punto de aquella noche, la luz se apagó y distintos elementos de la sala se fueron encendiendo. Entre fogonazos eléctricos, el pastel de telégrafo comenzó a emitir mensajes y la limonada incandescente se iluminó; Júpiter levantó su copa y empezó a beber, sus ojos brillaron con un verde intenso, su nariz enrojeció, en su pecho brillaron luces diamantinas y con voz profunda y jocosa empezó a gritar: ¡Feliz año nuevo! ¡Feliz año nuevo! Al finalizar la velada los invitados de Hammer partieron con la inquietante sensación de haber vivido acontecimientos con medio siglo de antelación.
Hoy en día esta “cena eléctrica” y el propio robot Júpiter no tienen misterio para nosotros. Todo ese aparato eléctrico no era más que un conjunto de artilugios electromecánicos operados por Hammer mediante una serie de interruptores controlados desde un cuadro de mandos que descansaba en su regazo. Júpiter era capaz de hablar porque disponía de un fonógrafo ubicado en el interior de su cuerpo, accionado también por Hammer. Todo el invento estaba alimentado por unas baterías colocadas debajo de la mesa. ¿Podemos afirmar que era un sistema inteligente?
Depende de lo que entendamos por inteligencia y de lo que incluyamos dentro del sistema. De manera simplificada podemos asimilar por inteligencia la capacidad de pensar y actuar de manera racional como un ser humano. Si por sistema consideramos solo al autómata Júpiter, no podemos decir que exista comportamiento racional, pues todo él estaba accionado por Hammer. Por el contrario, si por sistema entendemos todo lo anterior junto al propio señor Hammer, entonces no tendremos duda en admitir que estamos delante de un sistema inteligente (considerando al señor Hammer racional, a pesar de su locura de cena).
El autómata Júpiter es un rudimento aproximado pero válido de lo que hoy entendemos por inteligencia artificial. ¡Qué dislate!, se podrá pensar. Júpiter no tomaba decisiones. La inteligencia artificial actual tampoco; sus decisiones están condicionadas por un software desarrollado por unas personas. La confusión viene de creer que la inteligencia artificial es autónoma y nos ilusionamos hablando de vehículos de conducción autónoma.
Sin embargo, en estos vehículos, quien se encuentra al volante es un, o una, ingeniero, a quien no conocemos, que toma sus decisiones sobre qué interruptor activar para, por ejemplo, en caso de accidente salvar a éste o aquél. En lugar de vehículos de conducción autónoma deberíamos llamarlos vehículos de conducción desconocida. Al menos en la “cena electrificante”, Hammer estaba en la mesa con sus invitados y estos le conocían.
La inteligencia artificial solo simula autonomía. Un sistema inteligente ajusta sus acciones según el entorno para conseguir un objetivo dado. Este ajuste lo realiza en un proceso de prueba y error llamado “aprendizaje”, el cual, junto con sus acciones de adaptación al entorno, simulan una ilusión de autonomía.
Una ilusión, pues tan solo es el resultado de un software que le hace actuar según la intención de su desarrollador, de igual manera que Júpiter se movía según sus piezas mecánicas activadas por Hammer. La inteligencia artificial no es un sujeto, sino un objeto sujeto a un software.
Dado que un sistema de inteligencia artificial está sujeto a un software, deberemos crear un software ético. Pero ¿con qué ética? Y, si encontramos una ética adecuada, ¿será ésta computable?
Con la primera pregunta llevamos 2 500 años y no hemos llegado a una solución concluyente. Una agrupación, que no la única, de los tipos de éticas que se han sucedido a lo largo de la historia divide a éstas en dos categorías: éticas teleológicas (o de las consecuencias) y éticas deontológicas (o de los principios).
Las éticas teleológicas determinan que una acción es correcta en función de su resultado o consecuencia. Así para Aristóteles, una acción es buena si consigue la felicidad; o para los utilitaristas, si se consigue el mayor bienestar para el mayor número.
Ahora bien, ¿obtener el mayor bien para muchos es lo que se debe hacer? Con esta pregunta entran en juego las éticas deontológicas, donde lo correcto viene determinado por el cumplimiento del deber, con independencia de sus consecuencias.
En un principio, ambas éticas pueden ser computables. Las más sencillas de programar serían las deontológicas. Bastaría con incluir estos imperativos categóricos como órdenes expresas para que el sistema inteligente realice u omita una acción. Pero, ¿qué mandato programamos? ¿Sería universal o puede depender del usuario? Si queremos cumplir con una ética teleológica, el sistema debería hacer una predicción sobre las consecuencias de sus actos, para lo cual tendría que plantearse varias acciones posibles y hacer un cálculo estadístico y predictivo de la probabilidad de bondad o beneficio de cada consecuencia, actuando entonces con la acción de beneficio probable más alto. Esto reduce la ética a un cálculo matemático. Entonces, ¿cómo calculamos la bondad o beneficio de una acción? ¿Es la ética una cuestión de estadística? Si finalmente no sucede el beneficio más probable, ¿quién responde?
Afortunadamente hay una posible solución a este círculo filosófico entre las éticas deontológicas y las teleológicas. La solución está en la llamada ética aplicada, que consiste en circular entre la ética de principios y la ética de las consecuencias con la mediación de las virtudes.
Para Aristóteles, la virtud consiste en realizar bien su función. Así, un ser humano virtuoso sería aquel que realiza bien su función ¿Y cuál es mi función como ser humano? Entramos de nuevo en siglos de debate. Actualmente hablamos de virtud en el sentido de la excelencia en la persona que busca un comportamiento moral, es decir, que busca la vida buena. En palabras de Alasdair MacIntyre, la vida buena para el hombre es la vida dedicada a buscar la vida buena para el hombre, y las virtudes nos capacitan para entender más y mejor lo que es la vida buena para el hombre.
De todas estas cuestiones filosóficas extraemos dos conclusiones relevantes para una computación de la ética. Primero, que esto mismo resulta complicado. Un código ético computable debería tener éticas deontológicas, éticas teleológicas y virtudes: las dos primeras podrían ser computables, como hemos visto, pero veo complejo cómo convertir la virtud en un algoritmo.
Por consiguiente, y esta es la segunda conclusión, la única salida para disponer de un sistema inteligente ético no es tanto computar un código ético, cuestión ardua, sino considerar al ser humano dentro de dicho sistema —como el sistema formado por el autómata Júpiter y su hacedor Hammer, donde la ética de Júpiter es la ética de Hammer—. De esta manera, tener una inteligencia artificial ética es tener seres humanos que buscan ser mejores personas usando la inteligencia artificial mediante la ética aplicada.
La ética aplicada intenta resolver problemas éticos de actividades humanas concretas. En este sentido ha sido el modelo para crear marcos éticos como la bioética, ética de la economía o ética de las profesiones. Siguiendo a Adela Cortina, proponemos usar la ética aplicada mediante este método circular —llamado hermenéutico— entre la ética de los principios y la ética de las consecuencias, con una mediación de las virtudes, de la siguiente forma:
Determinar el fin específico —o bien interno— por el que cobra sentido y legitimidad social la inteligencia artificial.
Esclarecer los medios que usa la inteligencia artificial para producir dicho bien en la sociedad.
Indagar qué virtudes, valores y principios debemos incorporar para alcanzar ese bien interno, dentro de una moral cívica de la sociedad en la que se inscribe y mediante lo que se llama la ética del discurso.
Dejar la toma de decisión en manos de los afectados, los cuales, con asesoría y con datos precisos y claros, puedan ponderar las consecuencias, sirviéndose de criterios tomados de distintas éticas —una de ellas podría ser la utilitarista—.
Por tanto, la ética en la inteligencia artificial no es cuestión —solo— de emitir códigos de buenas prácticas por parte de las organizaciones (códigos deontológicos), sino de profundizar en cuál es el fin específico de la inteligencia artificial, qué virtudes queremos desarrollar para conseguir tales fines y cuáles son sus consecuencias. Sobre este último punto todavía necesitamos más investigación. Para los dos primeros, lanzo una propuesta inicial:
La inteligencia artificial es una herramienta, como lo es una palanca o un martillo, por tanto, su fin es aumentar las capacidades del ser humano; el fin de la inteligencia artificial es ayudar al ser humano.
Para conseguir este fin, una de las virtudes que debemos aplicar es la autonomía, que consiste en obedecer a esa parte de cada uno que es libre porque está sujeta a la razón. Así, un sistema inteligente dejaría de ser ético si usurpa dicha autonomía y evita que nosotros tomemos decisiones. Puede sonar algo brusco, pero la decisión de atropellar a alguien o estrellar el coche debe seguir siendo nuestra, porque eso es una decisión del ámbito de la ética y la ética es algo específicamente humano. Para tomar la decisión correcta tenemos la ética aplicada.
En la cena de fin de año de 1884 hubo un sistema inteligente formado por el autómata Júpiter y por Hammer, un ser humano autónomo. Esta idea nunca debemos perderla.
La versión original de este artículo aparece en el número 114 de la Revista Telos, de Fundación Telefónica.
Juan Ignacio Rouyet, University Lecturer, UNIR - Universidad Internacional de La Rioja
¿Qué pasará con la economía 'contactless'?
La nueva economía, la que viene, la de bajo contacto permanecerá por tiempo. En gran medida va a quedarse. Dará paso a una economía formada por nuevos hábitos y normas basadas en una interacción más reducida y con restricciones importantes. Esta situación lo va a cambiar todo. ¿No vas a cambiar tu negocio? ¿No vas a modificar tu manera de trabajar? Y además, ¿qué es eso de la economía ‘contactless’? Pues es un nuevo comportamiento económico basado en una serie de restricciones y elementos que te relato a continuación:
Cuando todo cambia, el que cambia no gana siempre, pero el que no cambia casi siempre pierde. Supongo que estás pensando, me parece muy bien pero ¿qué hago yo con mi pequeña empresa? ¿qué hago si soy autónomo? ¿cómo le digo a mi jefe que tiene que innovar ahora más que cuando las cosas iban bien? Cuando todo va mal, lo va para muchos. La mayoría deja de invertir. Es momento de adelantarles. Con precaución, con estrategia, pero es tiempo de acelerar. Lo veo cada día. Entre nuestros clientes, algunos han decidido detenerse por completo, otros reducir velocidad y, unos pocos, han empezado a acelerar y a plantear modelos de innovación. Éstos últimos, ya empiezan a tener resultados muy esperanzadores. No sabemos en gran medida como va a ser esa Nueva Normalidad, pero se puede empezar a interpretar. En una economía en caída, en retroceso, donde se venda menos, deberá ser más certero en las ventas y eficiente en los procesos. Para eso hay una llave maestra: la transformación digital.
Y si estás pensando que mejor esperar, lo respeto pero no comparto que deba ser por mucho tiempo. El movimiento es lo correcto. Moverse es experimento. Es riesgo, pero es oportunidad. Evita el riesgo extremo, vaciar la caja a una sola apuesta o a contratar perfiles que no sabes si van a ser útiles en el medio plazo. Innova con tu conocimiento, con la experiencia. Aparta un fragmento del presupuesto de emergencia, para innovar. Hazlo sin abandonar tu negocio actual. En la medida que el mundo se vaya equilibrando, parte de lo que vendías hace unos meses, volverás a venderlo. Tal vez menos, pero seguirá siendo parte de tu negocio. Mientras llega, paraliza lo no rentable, lo que no se vende. Intenta conocer a tu cliente, el que tenías, el que tienes y el que tendrás. Averigua qué compra y el motivo. Utiliza tecnología para lograrlo. Ejecuta un plan. Solicítalo si no sabes como hacerlo. Trabaja en equipo, busca la colaboración.
La nueva economía, la que viene, la de bajo contacto permanecerá por tiempo. En gran medida va a quedarse. Dará paso a una economía formada por nuevos hábitos y normas basadas en una interacción más reducida y con restricciones importantes. Esta situación lo va a cambiar todo. ¿No vas a cambiar tu negocio? ¿No vas a modificar tu manera de trabajar? Y además, ¿qué es eso de la economía ‘contactless’? Pues es un nuevo comportamiento económico basado en una serie de restricciones y elementos que te relato a continuación:
Reducción del 80% viajes internacionales y gasto turístico y un aumento considerable del turismo interior. Preparemos la plataformas para ello.
Aumento del comercio electrónico. Han aumentado las entregas: lo entregado en 8 semanas equivale a lo entregado en 10 años. El que no venda por la red perderá clientes.
No habrá recuperación en V o U ni asimétrica ni nada. En Europa se paliarán las pérdidas con la deuda y el impacto económico será más atenuado, pero hay 4 años por delante de duros ajustes. Aumentará todo lo que tienen que ver con las aplicaciones y los modelos de negocio de la economía circular.
Aumento del comercio de proximidad. En la cadena agroalimentaria será clave. Las tiendas de productos de proximidad y las ventas por internet crecerán. Todas.
El hogar se re-configura como la nueva cafetería, restaurante, centro de ocio y entretenimiento. Allí se concentrará el entretenimiento y la televisión en múltiples dispositivos y será clave el streaming.
El teletrabajo ha aumentado exponencialmente. Se ha multiplicado por 30 el uso del teletrabajo en 6 meses. Las videoconferencias son la clave pero hay que diferenciar entre teletrabajar y trabajar desde casa. El uso de Zoom se ha multiplicado por 30. Teams le sigue en segundo lugar.
En Telemedicina el aumento de citas virtuales se ha multiplicado por 20 durante la crisis sanitaria. El seguimiento online del paciente será una tendencia creciente. Las apps moviles y conectadas a todo tipo de dispositivos serán claves
Respecto a educación y formación, más de 250 millones de estudiantes en todo el planeta fueron el mayor experimento de formación a distancia de la historia. Será necesaria una revisión de los modelos para una vuelta a las aulas con otro modelo híbrido, presencial y virtual. Es interesante saber que el 35% del contenido en Netflix ya se usa en educación.
Los eventos tendrán que adaptar su oferta. Todos los grandes eventos han migrado a plataformas tecnológicas online y aunque volverán los eventos estamos ante una nueva configuración de la capacidad híbrida de éstos.
Los pagos online con tarjeta y contactless han experimentado un fuerte crecimiento y posiblemente el dinero en metálico comience a tener un uso minoritario. No obstante vamos hacía un pago totalmente digital sin contacto y vinculado a bancos digitales y ofertas en criptomonedas probablemente.
Recuerda que la sociedad contactless no consistirá en que llevemos mascarilla todo el día. Tampoco que nuestra privacidad se vea comprometida por culpa de apps que nos digan si estamos contagiados o no. Y por descontado, no pasearemos a expensas de que un robot nos avise si no respetamos la distancia de seguridad. En un tiempo, todo volverá a ser como era, solo habrán cambiado aspectos metodológicos o tecnológicos. Pero hay algo que sí debemos tener en cuenta: quien está dispuesto a adaptarse al cambio, por muy acelerado que sea, tiene muchas posibilidades de ganar.
Transhumanismo, humanismo, posthumanismo y singularidad tecnológica
Aún puede parecer pronto para sacar conclusiones filosóficas de la pandemia –ya decía Hegel que la lechuza de Minerva emprende el vuelo al anochecer–, pero nunca está de más obligarse a la reflexión para intentar traducir el presente en conceptos. La irrupción del coronavirus ha puesto en evidencia, entre otras cosas, la volatilidad, inconsistencia y falta de solidez de algunos de los discursos dominantes.
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Aún puede parecer pronto para sacar conclusiones filosóficas de la pandemia –ya decía Hegel que la lechuza de Minerva emprende el vuelo al anochecer–, pero nunca está de más obligarse a la reflexión para intentar traducir el presente en conceptos. La irrupción del coronavirus ha puesto en evidencia, entre otras cosas, la volatilidad, inconsistencia y falta de solidez de algunos de los discursos dominantes.
Por supuesto, esos discursos eran igualmente endebles hace unos meses. Pero ahora, ante la certeza de una realidad tan categórica y contundente como la pandemia, ¿seguirán gozando del mismo prestigio social, mediático e incluso académico? ¿Continuarán defendiendo algunos científicos sociales que todo es cultural y no hay nada biológico en el ser humano? ¿Seguirá la moda antiespecista negando la existencia del género humano? ¿Insistirá el poshumanismo en anunciar la inminente singularidad tecnológica que dará lugar a la superación del hombre, panacea mitológica que acabará con las enfermedades, el envejecimiento y la muerte?
Hasta hace dos días estábamos a punto de celebrar la inmortalidad cibernética y ahora estamos sucumbiendo en todo el globo –la más letal de las globalizaciones– por un virus. Nos hemos dado de bruces con la cruda realidad. En expresión orteguiana, el hombre es un ser indigente, vulnerable, menesteroso, y la vida humana es drama, problema, aventura, riesgo constante, radical contingencia e incertidumbre sustancial.
Profecías poshumanas
Ensalzado como un movimiento cultural, intelectual y científico que propone la mejora constante de las capacidades físicas, genéticas y cognitivas de la especie humana mediante los avances tecnológicos, el poshumanismo se ha convertido en los últimos años en la nueva religión de los tecnófilos, aunque el invento no sea tan reciente.
Al menos desde que el biólogo Julian Huxley acuñara el término para designar la manera en que la humanidad puede trascenderse a sí misma, el transhumanismo postula que el ser humano conseguirá ir eliminando los aspectos nocivos que le condicionan –la enfermedad, el dolor, el envejecimiento, la muerte– hasta el punto de que se produzca un cambio en la misma naturaleza o condición humana, que ya no será la misma. De ahí la pertinencia de los prefijos trans- o pos-: el transhumanismo correspondería al periodo de transición de las personas, las tecnologías, los estilos de vida y las visiones del mundo a esa pronosticada condición poshumana.
Imbuido de este pensamiento futurista y mesiánico que confunde la tecnofilia con la ciencia ficción, uno de los adalides del transhumanismo más visibles y mediáticos, el ingeniero de Google Ray Kurzweil, pronostica la próxima venida de un gran acontecimiento, denominado “singularidad tecnológica”.
Kurzweil vaticina que dicho acontenicimiento tendrá lugar cuando el desarrollo de la inteligencia artificial y de las tecnologías NBIC (nanotecología, biotecnología, tecnología de la información y ciencia cognitiva) alcance tal nivel de sofistificación que se produzca una fusión entre la tecnología y la inteligencia humana, dando lugar a una especie de ser natural-artificial de “potencialidades aún inimaginables”.
Una de las consecuencias de este proceso sería la superación de la condición biológica y la indiferenciación o eliminación de las fronteras entre lo humano y lo tecnológico, lo natural y lo artificial. El poshumanismo se suma de esta forma a los sucesivos anuncios de la muerte del hombre, cuya acta de defunción trató de redactar Michel Foucault en las páginas finales de Las palabras y las cosas, y se incorpora al omnímodo post-ismo que ha sido norma, costumbre y género de referencia en las ciencias sociales de las últimas décadas
El ser poshumano, convertido en cíborg o ser biónico, estaría dotado de nuevas capacidades físicas y cognitivas gracias a los implantes o chips integrados, mientras que paradójicamente las máquinas y ordenadores lograrían replicar la amplia gama de funcionalidades y matices de la inteligencia humana.
Según Marvin Minsky –maestro de Kurzweil–, “la nanotecnología permitirá crear cuerpos y cerebros de repuesto. Entonces viviremos más, poseeremos mayor sabiduría y gozaremos de facultades inimaginadas”. Y Hans Moravec ha tratado de imaginar cómo se podría separar lo mental-espiritual de lo material-biológico para transferirlo a un soporte material computacional más eficiente y duradero.
Algunos transhumanistas incluyen también la muerte como uno de esos pequeños inconvenientes del que el ser poshumano habrá conseguido liberarse. Quizá una de las secuelas más dañinas del poshumanismo, y una de las que más hay que luchar por erradicar en el ámbito de las ideas, ha sido su obsesión por evidenciar la incompatibilidad entre el desarrollo tecnológico y la asunción de lo humano –incluida su inherente mortalidad–, dejando el camino expedito para que los tecnófobos más recalcitrantes entonen sus jeremiadas.
El ser humano asediado
En su polémica conferencia Normas para el parque humano, Peter Sloterdijk defendía las bondades de la ingeniería genética como un camino posible, y plausible, para la mejora del ser humano mediante la “selección prenatal” y la posterior “domesticación y cría” del “animal humano”. Afirmaba el filósofo alemán que el ser humano tiene que aprender no solo a convivir con las máquinas y la tecnología sino también a integrarse con ellas, desterrando la interpretación moderna del mundo en términos de sujeto-objeto.
No es casual que Sloterdijk utilizara dentro de este contexto de la antropotecnología un léxico que, atribuido al ser humano, lo ponía en pie de igualdad con el resto de los animales: “domesticación”, “cría”, “doma”, “animal-hombre”, “zoológico humano”, etcétera. A partir de la identificación entre educación y domesticación, Sloterdijk podía proponer la selección y cría de los humanos mediante instrumentos biotecnológicos en sustitución de la tradicional –y, según él, fracasada– educación humanista.
Ya Nietzsche había apuntado en varios pasajes de su obra esa capacidad de domesticación y amansamiento de los hombres por los propios hombres a través de la educación, la religión y la moral. El pasaje sobre la “virtud empequeñecedora” del Así habló Zaratustra lo formulaba nítidamente: “Virtud es para ellos lo que vuelve modesto y manso; con ello han convertido al lobo en perro, y al hombre mismo en el mejor animal doméstico del hombre”. Hay cierta similitud estructural entre el concepto nietzscheano de educación y la idea transhumanista de mejora.
Tampoco nos parece casual o anecdótica la coincidencia en los últimos años de ese planteamiento poshumanista radical –que trata de borrar las fronteras entre lo tecnológico y lo humano– con un movimiento global de defensa de ideas antiespecistas –que trata de borrar las fronteras entre lo animal y lo humano—-.
Estamos asistiendo, pues, a un asedio de la concepción del ser humano tanto por arriba como por abajo: es decir, tanto desde los sueños utópicos/distópicos que postulan un perfeccionamiento infinito de la condición transhumana a través de los avances tecnológicos, como desde la defensa a ultranza de los derechos de los animales al precio de un repudio sin ambages de la singularidad humana –de su valor intrínseco, de su estatuto especial y, en definitiva, de su dignidad–.
Tanto el posumanismo, bajo la supuesta pretensión bienintencionada de mejorar las capacidades humanas y acabar con nuestras deficiencias naturales mediante la tecnología, como el animalismo o antiespecismo, bajo la supuesta pretensión bienintencionada de extender la compasión al resto de los animales y propiciar una suerte de vuelta a la naturaleza, encubren una posible dimensión letal para el ser humano al poner en jaque su propia dignidad y dejarlo al albur de la manipulación biotecnológica, en prosecución de intereses más o menos confesables o como mero instrumento de eventuales planificaciones políticas totalitarias.
Ahora bien, ante la nueva realidad de la pandemia que nos azota, ¿dónde queda la credibilidad de esos discursos?
Es normal que ante una situación tan extrema y novedosa como la que vivimos tengamos una sensación de antes y después radical, de cambio de época sin remisión, aunque todavía no sepamos muy bien cómo ni hacia dónde.
Si en los últimos quince años hemos asistido casi a diario a un “acontecimiento histórico único” –eso decían, al menos, los reporteros en los informativos–, ¿cómo no vamos a experimentar ahora una sensación de que el mundo está cambiando para siempre? Si el 11-S puso en evidencia la inconsistencia e inoperancia de las filosofías posmodernas –aunque algunos sigan fingiendo que no se han dado cuenta—–, ¿qué impacto puede ocasionar la pandemia del coronavirus sobre ciertos discursos dominantes?
Ojalá la respuesta sea una vuelta a lo humano, incluida una tecnología humana y humanista que busque el beneficio real de las personas y no absurdas utopías de tipologías fantásticas, más o menos frívolas o insustanciales, nacidas como de un cómic futurista de Silicon Valley. Una tecnología desprovista de arrogancia e infantilismo que recupere la prudencia, humildad y seriedad de su madrina: la ciencia. Pero es demasiado pronto, todavía, para intuir los paraderos del futuro.
_______________La versión original de este artículo aparece en la Revista Telos, de Fundación Telefónica. | Ernesto Baltar, Profesor visitante, Universidad Rey Juan Carlos
El futuro de la conducción será autónoma, pero antes será 100% eléctrica.
En 1895, si querías conducir un vehículo a motor en Londres, debías contratar a un 'red flager’. Su cometido era marcar la velocidad máxima a la que podía circular un vehículo a motor poniéndose delante del mismo. Algo que, por cierto, anuló la innovación en el mundo del automóvil durante media década. Por aquel entonces la gente se mostraba muy preocupada porque la retirada de los caballos de los carruajes otorgaba el control de la conducción a los conductores humanos, algo que podía ser un desastre según ellos.
En 1895, si querías conducir un vehículo a motor en Londres, debías contratar a un 'red flager’. Su cometido era marcar la velocidad máxima a la que podía circular un vehículo a motor poniéndose delante del mismo. Algo que, por cierto, anuló la innovación en el mundo del automóvil durante media década. Por aquel entonces la gente se mostraba muy preocupada porque la retirada de los caballos de los carruajes otorgaba el control de la conducción a los conductores humanos, algo que podía ser un desastre según ellos.
Ahora la innovación en el sector automovilístico tiene mucho que ver con la conducción autónoma, pero también con el desarrollo de coches 100% eléctricos. Si por aquel entonces se temía dejar el control de un carro con motor a un ser humano, ahora la conducción autónoma también recibe una precaución similar. Se considera que dejar en manos de un cerebro sintético el control de la conducción es algo, que de momento, se tiene que regular y controlar. No obstante, el caso de la conducción de coches eléctricos vive en un escenario distinto pero con condicionantes que ha ido complicando su despliegue.
Ahora bien, algunos muros se van derribando. En un informe, el banco de inversiones UBS asegura que la fabricación de coches eléctricos costará lo mismo que los modelos dotados con motor de combustión interna en el cercano 2024. Algo que el estudio indica podría acelerar la transición de muchas marcas a la vista de que el futuro está mucho más cerca de lo estimado hasta ahora.
Según ese informe, el coste adicional de fabricar coches eléctricos a batería frente a sus equivalentes con motor diésel o gasolina se reducirá a solo 1.600 euros en menos de dos años. A partir de ahí, los costes de producción bajarán de tal forma que en 2024 esta diferencia habrá desaparecido por completo. Un hito clave que permitirá acelerar todavía más la transición hacia los sistemas eléctricos. Sin embargo, esa diferencia empieza a ser algo residual en muchos modelos desde ya mismo.
Esto es imparable y además se está acelerando. La denominada ‘sociedad contactless’, derivada de la actual situación sanitaria que vivimos, no ha hecho más que acelerar la transición hacia el coche eléctrico, puesto que el sector de la automoción está inmerso en tres grandes disrupciones impulsadas por la sostenibilidad: el cambio al motor eléctrico, el vehículo compartido y la digitalización. Es cierto que queda mucho por hacer en el terreno de las infraestructuras para nuestros desplazamientos más largos pero eso es algo que también está mejorando rápidamente.
Termino hablando de mi propia experiencia. Conduzco un coche 100% eléctrico, en concreto un Mercedes Benz EQC400. Una maravilla de vehículo que se comporta como un deportivo aun siendo un SUV. Es puro confort y mantiene un rango de autonomía ligeramente superior a los 400Km con una carga completa. Se trata de un ‘cero emisiones’ que precisa de apenas 40 minutos en un cargador ultra rápido o un par de horas en los cargadores rápidos para ponerte en marcha. Otro día hablaremos de la diferencia entre la red de cargadores alemana o francesa y la española. Otro día…
Permíteme una reflexión final. La definición de ‘coger el coche’ y lanzarse a hacer kilómetros, es una experiencia distinta. Con un coche eléctrico eso se hace con algo de previsión que tiene sus ventajas. Por ejemplo, si vas de Madrid a Barcelona, tienes la extraordinaria opción de parar en Zaragoza y disfrutar de la ciudad durante un par de horas, estirar las piernas, comerte unas migas en y retomar la ruta dos horas después con tu coche repleto de ‘combustible cero emisiones’, descansado y sin posibilidad de contaminar el medio ambiente.
Mientras seguimos ocupados con la pandemia, algo inevitable se está desarrollando.
A pesar de la reticencia humana hacia los robots autónomos, alimentada por el miedo a que su implementación a gran escala acabe con el empleo de muchas personas, la realidad es que allí donde hay mayor densidad de máquinas de este tipo también hay una mayor ocupación en términos generales. Es cierto que un alto grado de robotización en sectores específicos puede desencadenar una reconfiguración importante del mercado laboral, pero si comparamos las tasas de desempleo con el grado de robotización por país, vemos que no existe una correlación entre el número de robots implementados y las tasas de desempleo. Eso suele ser porque hay un modelo estratégico de implementación, un estímulo real al cambio orientado a que no sea una agresión. El problema viene cuando eso sucede sin haberlas visto venir. El desastre puede ser monumental. Estamos hablando de algo que va mucho más allá del concepto Transformación Digital, mucho más.
A pesar de la reticencia humana hacia los robots autónomos, alimentada por el miedo a que su implementación a gran escala acabe con el empleo de muchas personas, la realidad es que allí donde hay mayor densidad de máquinas de este tipo también hay una mayor ocupación en términos generales. Es cierto que un alto grado de robotización en sectores específicos puede desencadenar una reconfiguración importante del mercado laboral, pero si comparamos las tasas de desempleo con el grado de robotización por país, vemos que no existe una correlación entre el número de robots implementados y las tasas de desempleo. Eso suele ser porque hay un modelo estratégico de implementación, un estímulo real al cambio orientado a que no sea una agresión. El problema viene cuando eso sucede sin haberlas visto venir. El desastre puede ser monumental. Estamos hablando de algo que va mucho más allá del concepto Transformación Digital, mucho más.
Defiendo el papel relevante de la robótica en el futuro inminente. De hecho no será factible evitarlo por lo que es mejor prepararnos para esa nueva realidad que se avecina. Es más, mientras la crisis sanitaria, económica y social, se desplieguen en toda su magnitud, por debajo, arriba o al lado, da igual, la automatización del mundo, su robotización y la incorporación de la inteligencia artificial se está produciendo sin pausa. Cuándo todo esto se termine, que terminará, el mundo no habrá cambiado hacia la dichosa ‘nueva normalidad’ o por un modelo de relaciones ‘contactless’, ¡no!, descubriremos que el cambio se habrá producido en capas ocultas pero relevantes. El mundo se habrá robotizado mientras estábamos pensando en otras cosas. No prever eso, supondrá una crisis laboral que dejará como si fuera un juego de niños la crisis que se vaticina provocada por los confinamientos y los cierres de sectores económicos que estamos viviendo actualmente en medio planeta.
Es más, hay cosas que están pasando frente a nuestras narices y no nos damos cuenta de lo importantes que son para normalizar y estimular ese proceso de cambio en las relaciones humanos-robots. La inmunidad para actuar en entornos que se han vuelto temporalmente peligrosos para los humanos hace que sea más importante que nunca el aprovechar el potencial de los robots sociales. Es posible que la vía de entrada hacia ese nuevo ecosistema de relaciones humano-robot se produzca a partir de esos robots de tipo social y que, ahí sí, se acelere todo de manera exponencial.
Durante la emergencia sanitaria, los establecimientos comerciales han priorizado la utilización de estos robots para la promoción de medidas de prevención contra el virus. Debido a la emergencia, el miedo a la interacción con los robots sociales se está desvaneciendo ante un frente común: la lucha contra el virus, contra la soledad, por la seguridad y por la investigación. Diversos indicios evidencian también estos cambios a nivel institucional, como la flexibilización de las normas de circulación para robots mensajeros en algunos territorios de China, Reino Unido, Suecia, Corea del Sur o Estados Unidos. Los vehículos autónomos que entregan material sanitario tienen vía libre en muchos lugares donde la norma lo impedía hace muy poco. Drones y vehículos de entrega autónomos se han normalizado en algunos lugares. Incluso hemos visto al famoso ‘Spot’ de Boston Dynamics procurando por la distancia social en un parque de Singapore.
El rol de los robots sociales durante la pandemia ha superado cualquier otro tipo de tecnología o herramienta utilizada para el cuidado físico y mental de las personas o la reducción del riesgo de contagio entre los trabajadores. La demanda de estos robots se ha incrementado produciendo su rápida adopción en respuesta a la crisis, lo que ha potenciado que los beneficios de su implantación se hagan visibles en la sociedad. Una sociedad que poco a poco se está familiarizando con estos robots sociales y entendiendo que están para ayudarnos cuando sea necesario.
En este sentido resulta importante examinar cómo estos robots que están siendo utilizados para paliar los efectos de la pandemia, permiten esa llegada masiva del uso de mecanismos no orgánicos a nuestra vida cotidiana. En esas actividades está la clave de lo que comento. Era este el estimulante, el detonante del que hablaba en mi último libro.
Su normalización se evidencia por su utilidad y esa utilidad los ubica en la normalidad. En breve, si no se hace una previsión de su impacto, el problema será enorme y de difícil digestión. Es el momento de incorporar a las estrategias económicas para afrontar la mayor crisis económica y social que hemos vivido los que tenemos edad de trabajar en el mundo, si es que las hay realmente, un factor que será central: el tránsito hacia la singularidad tecnológica, la quinta revolución industrial y la sustitución por parte de robots y sistemas inteligentes a humanos en tareas determinadas.
Algo que bien podría ser un beneficio enorme para la economía y la sociedad si se hace bien y con previsión, puede convertirse en un escenario trágico y demoledor si se deja a la inercia. Lamentablemente la inercia y el ‘ya veremos’ es una de las habilidades mejor desarrolladas por la casta de inútiles que determinan el camino a recorrer políticamente.
¿Por qué el tomate holandés es más barato que el tomate marroquí?
A diferencia de lo que pudiera parecer, en una época de crisis la mejor respuesta a la misma es automatizar procesos. Los países que más rápido salen de una recesión siempre son los que tienen una composición laboral más tecnológica. Por ejemplo, una de las reivindicaciones del sector agrícola suele ser que los costes salariales les impide vender más barato que otros agricultores de países donde no hay garantías laborales y por eso pagan mucho menos y no hay seguridad social o similar. Es el ejemplo de España criticando que los productos marroquíes sean más económicos y se vendan en mercados europeos.
A diferencia de lo que pudiera parecer, en una época de crisis la mejor respuesta a la misma es automatizar procesos. Los países que más rápido salen de una recesión siempre son los que tienen una composición laboral más tecnológica. Por ejemplo, una de las reivindicaciones del sector agrícola suele ser que los costes salariales les impide vender más barato que otros agricultores de países donde no hay garantías laborales y por eso pagan mucho menos y no hay seguridad social o similar. Es el ejemplo de España criticando que los productos marroquíes sean más económicos y se vendan en mercados europeos.
Sin embargo, aun siendo cierto, es importante saber que, por ejemplo, el precio del tomate más barato de Europa es el holandés. Cuatro veces más económico en su producción que el español, más incluso que el del norte de África. El motivo es que tienen tecnología aplicada y RPAs de última generación. Esto va de #transformaciondigital, de #agricultura40 y de innovación. El empleo del futuro no estará donde no sea eficiente y rentable. Al final se destruye irremediablemente y sólo florece donde sí lo es. Que esta crisis inminente sea una oportunidad dependerá de que consideremos el cambio de modelo productivo de una vez. Todos.
Veamos el caso de Holanda, un país del tamaño de Aragón y que es el segundo exportador de alimentos de Europa. Ahí se producen muchos más tomates y patatas que en nuestro país y, además, usando mucha menos agua. ‘Holanda está en los primeros puestos del ranking europeo de exportaciones de hortalizas y, en la producción y venta al exterior de cebollas, flores y bulbos, ya son los número uno del continente’. El motivo fundamental radica en que la productividad holandesa por hectárea agrícola es 2,5 veces superior a la media europea. Para lograrlo, la tecnología agraria ha sido un factor determinante en el despegue del sector primario holandés, gracias a invernaderos de última generación.
Tengamos en cuenta que Holanda tiene menos horas de luz y hace mucho más frío que en España, pero sus agricultores han sido capaces de producir de forma sostenible y a gran escala frutas, verduras y, sobre todo, flores. Por poner un ejemplo de su eficiencia y productividad, cabe destacar que en el sur de los Países Bajos más de 10.000 hectáreas de cultivos bajo cristal producen más de 1.700.000 toneladas de hortalizas. Otro dato demoledor es el que afirma que la superficie dedicada al tomate tiene una productividad que cuadruplica la media de 20 kilos por metro cuadrado y año de un invernadero español por ejemplo.
¿Como lo logran? Con múltiples aplicaciones tecnológicas que se iniciaron a implementar hace más de una década. Las ayudas públicas a retornar a veinte años sirvieron para modernizar el campo, hacerlo eficiente y amortizar las inversiones derivadas. Tecnología como la difusión de los haces de luz, que aumenta la productividad hasta un 8% desde el minuto cero. La falta de luz ha creado de la necesidad una virtud. En los invernaderos holandeses aplican bombillas LED de más potencia y de menor consumo. Utilizan la inteligencia artificial para medir cada aspecto de esos cultivos y los datos para generar nuevos modelos de explotación ahorrando energía y reduciendo costes.
Electromiografía para determinar con precisión los movimientos de los dedos
Mark Zuckerberg anunció que lanzarán unas gafas de realidad aumentada en 2021, pues creen que esa será la próxima frontera en la tecnología social. Facebook está trabajando con Luxottica para unas gafas inteligentes atractivas bajo la marca Ray-Ban.
De ahí tomarán importancia los controladores basados en la muñeca que usan la electromiografía para determinar con precisión los movimientos de los dedos hasta casi el nivel de 'intención de movimiento', lo que permitirá a los usuarios escribir en un teclado virtual con una precisión de calidad real. Entre otras aplicaciones, esperan que las gafas de realidad aumentada se utilicen para superponer datos de navegación y datos personales relevantes sobre las vistas en vivo de la realidad del usuario, lo que permite a las personas ubicar objetos y destinos sin la necesidad de mirar teléfonos inteligentes u otras soluciones de mapas.
📌 Fuente → https://lnkd.in/g9pH52C